Julio Milostich: “Maduro no es un dictador”

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Julio Milostich: “Maduro no es un dictador”

Por verónica marinao / retratos nicolás abalo / producción male chahín / agradecimiento centro gam

En Río oscuro, la nueva teleserie nocturna de Canal 13, interpreta al malvado Juan Echeverría. El actor dice que los canales de TV lo llaman para hacer de malo porque saben que él se va “al chancho” con los personajes. Fuera de la ficción, Julio Milostich cuenta que su cerebro, su mano y su corazón están a la izquierda. Aunque se considera más chavista que madurista, defiende al gobierno venezolano, critica la intervención internacional y la manera en que los medios de comunicación cubren las noticias sobre ese país.

Hace dos décadas Julio Milostich (52) fue al casting de Iorana, de TVN. Estaba entusiasmado no solo porque, si le iba bien, sería su debut en televisión, sino también porque esa telenovela se grabaría en Isla de Pascua. Qué mejor. Pero le fue mal. “Yo estaba haciendo teatro, ese intento fue una anécdota y dije ‘ah, no quedé, chao, para qué voy a insistir’. Además, no tenía una buena opinión de los actores de televisión, pero eso era una huevada, era como porque no quedé, ¿cachái?”, dice el actor.

¿De ‘picao’?
No, no de ‘picao’, sino de decir ‘no pertenezco nomás’. Pensé ‘yo soy de acá (del teatro) y estoy feliz acá’.

¿Y te gustaban las teleseries?
Sí, cuando era pendejo veía todas las teleseries, pero desde el punto de vista del espectador, no de decir ‘qué ganas de trabajar en una teleserie’. Lo mío era ‘qué ganas de hacer teatro, de ser actor ‘. Me vine de Punta Arenas a hacer teatro y durante mucho tiempo hice solo eso. Un día me dijeron ‘anda a probar a la tele’ y fui, pero no me pescaron ni pa’l hueveo, fue un ‘gracias, compadre, que pase el siguiente’, y yo entonces pensé ‘no es lo mío’.

Cuando Milostich cuenta que de niño se entretuvo con todas las teleseries, en realidad se refiere a las de TVN, porque a Punta Arenas no llegaba Canal 13, así que no vio La madrastra. Pero sí siguió con entusiasmo La represa (1984) y quedó prendado del malvado personaje Roberto Betancourt, interpretado por Luis Alarcón. Años después obtuvo roles secundarios en ficciones como Hippie y Papi Ricky, y en 2007 interpretó a O’Higgins en la miniserie Héroes. A Quena Rencoret, en ese entonces directora ejecutiva del área dramática del canal estatal, le llamó la atención su actuación y lo llamó para encarnar a José Luis Echeñique, el protagonista perverso de El señor de La Querencia. Entonces el actor recordó la energía que Luis Alarcón había puesto en La represa y esa fuerza interpretativa fue una inspiración para su primer protagónico en telenovelas. En esa ficción hubo una linda coincidencia; al personaje interpretado por Milostich se le aparecía su padre en forma de fantasma y ese espíritu, casualmente, era Luis Alarcón.

Gracias a José Luis Echeñique empezó a ser conocido por la gente. Dice que solo dos veces se ha molestado con personas que se le han acercado y que, en ambos casos, fue porque lo hicieron de manera incorrecta; lo tironearon. Pero esas únicas experiencias fueron malas. “El señor de La Querencia sedujo. Reconocían mi pega, me decían en buena ‘oye, el weón maaaalo’. A mí me encanta ver la sonrisa de la gente, soy lo más amplio y dadivoso en ese sentido. Incluso hay personas que, en broma, me han pedido que diga ‘china de mierda’ (su frase típica en El señor de La Querencia) y yo les digo ‘cómo voy a decir eso’, ja ja ja. El personaje pasó una especie de barrera, no sé qué cosa ocurre exactamente, pero hay una valoración. Creo que la gente me quiere caleta, te juro que yo siento un tremendo cariño”.

De todos tus malos, ¿cuál es el más malo?
Yo me entero a medida que vamos grabando los capítulos de Río oscuro de que algunos tronos están en peligro, incluido el de El señor de La Querencia, pero no te puedo adelantar algunas cosas, solo te digo que vamos por un camino como ese río, o sea oscuro, pero no sabemos todavía si es el más oscuro de los personajes de la teleserie. De lo que he hecho hasta ahora, el señor de La Querencia es el más malvado. No debo decir más, pero pienso que sería interesante un encuentro imaginario entre José Luis Echeñique y Juan Echeverría (Río oscuro). ¿Quién le diría al otro ‘yo soy malo, pero voh te pasaaaaaste’? No sé quién lo haría, pero uno de ellos tendría toda la razón (pone cara de misterio). El señor de La Querencia estaba mal de la cabeza y era polvorita, este personaje es más sicológico y no tiene empatía, cero.

¿Por qué crees que te llaman para hacer de malo?
Porque me sale bien poh, ja ja ja. No estoy menospreciando el trabajo de otros compañeros, al contrario, creo que hay grandes actorazos y uno aprende de compañeros como el Álvaro (Rudolphy), que le ha tocado hacer personajes rudos, es un gran actor y un compañero maravilloso, además es una bella persona. La gente de los canales tiene a algunos actores a los que pueden recurrir para personajes que son heavy y entre ellos estamos nosotros. Otro actorazo es Álvaro Espinoza.

Mi forma de trabajo es tratar de no mentir, de no ‘actuar’ entre paréntesis, es paradójico, pero me meto sin permiso y descaradamente en la mierda para que convenza, para que pueda traspasar (la pantalla). Si te inhibes, no estás siendo el personaje. Yo no, yo hago la weá al chancho, esa es la clave para mí. En El señor de La Querencia yo estaba descubriendo esa veta en la que no me había movido nunca y, al final del día, los directores de trabajo me decían ‘weón, bien’, entonces eso también era alimento, nunca me pidieron que me calmara o que no me fuera al chancho; decían ‘eso es’, y cuando escuchas ‘eso es’, para un actor es lo mejor”.

En Río oscuro (de Canal 13), Milostich interpreta a Juan Echeverría, el dueño de un fundo, de un olivar. “Es un empresario con mucho poder en el pueblo creado por él. Tiene muchos trabajadores, varios de ellos inmigrantes, y ellos no están en las mejores condiciones. Es un personaje muy atractivo y seductor. Hay una mujer, Clara (Amparo Noguera), que llega a este lugar buscando a su hijo desaparecido y yo, con todo el poder y los cables que puedo mover, le entrego mi ayuda para que ese niño aparezca lo antes posible (sonríe, sembrando la duda). Yo estoy tremendamente enamorado de esa mujer, entonces empieza a pasar algo con esta atracción, aunque no sé si llamarlo exactamente amor, es más bien una obsesión. Veremos cómo el amor, o la obsesión, puede influir en un personaje que es de fierro, acerado, y que tiene un punto, un talón de Aquiles, un puntito por donde puede entrar un poco de emoción y de luz, y es exactamente por donde se introduce Amparo.

¿Tuviste referentes para este personaje?
No, no tuve, mi único referente es Víctor Carrasco, ja ja ja, el mismo creador de El señor de La Querencia; en esa cabeza trato de meterme cada vez que puedo y tenemos conversaciones para escudriñar o para no equivocarnos. Y si nos equivocamos, tratamos de que esos errores aporten y no desdibujen.

En los últimos años Milostich ha hecho musicales (El hombre de La Mancha, en el Teatro Municipal, por ejemplo) y también junto Alejandra Guerzoni tiene un caballito de batalla, la comedia romántica Tenías que ser tú, que presentan cada cierto tiempo en diferentes lugares. Pero en el teatro históricamente ha demostrado su veta más opinante. “Yo viví del teatro casi toda mi vida, hice obras con La Batuta y con otras compañías, con Alejandro Trejo y Mateo Iribarren (entre otros)”, dice. Ha actuado en obras de gran contenido político y con crítica social, como por ejemplo Galileo Galilei, de Bertold Brecht, en la versión dirigida por Mateo Iribarren, o Loco afán, una adaptación del libro homónimo de Pedro Lemebel, bajo la dirección de Alejandro Trejo. Fuera de las tablas es bien analítico y en 2009 fue uno de los rostros de la campaña presidencial de Jorge Arrate.

Tu corazón está a la izquierda, obviamente.
Mi cerebro, mi mano y mi corazón son de izquierda, pero también soy crítico y creo que los dolores más grandes, políticamente hablando, me han surgido de los errores de la izquierda, porque para qué vamos a conversar de la derecha, que es decadente (…) Cuando se corrompen personajes que uno admira o les tiene mucho respeto, eso duele mucho y da mucha rabia. Da pena porque las utopías o los sueños que uno tiene de un país mejor se derrumban a pedazos cuando quedan en duda y puedes llenarles la boca a otros para que hablen de ti o de tu posición, eso es muy penca en cualquier aspecto de la vida.

Una de las cosas que muchos opinan es que hoy no existe una verdadera oposición, ¿qué crees tú?
No hay oposición porque nunca ha habido verdadera democracia. Realmente no estamos defendiendo ninguna postura, excepto algunos ejemplos como la nueva izquierda o los jóvenes, por eso yo soy admirador de Gabriel Boric y de la Camila (Vallejo), pero no pertenezco a ningún partido político, prefiero ser de una izquierda independiente, un ciudadano cualquiera de la calle y tener mi opinión libre. ¿Qué dice el ejemplo común y silvestre?, que no hay justicia ni libertad, en este país se muere un niño porque no tiene plata para comprarse un remedio que cuesta dos millones de pesos, los que se coluden quedan libres. En vez de pagar con cárcel, los cogoteros de cuello y corbata ejercen cargos públicos y están ahí, cagándose de la risa. Da lata vivir en un país así, sobre todo ahora que siento la vergüenza de que Chile esté en el Grupo de Lima, en el “cartel de Lima”, apoyando esa atrocidad que es meterse en asuntos de países con gobiernos democráticamente elegidos. Y hay personajes de izquierda que opinan “bueno, el hombre es un dictador”, y no, Maduro no es un dictador, para mí no lo es, fue democráticamente elegido. ¿Dictador? No. Nosotros tuvimos un dictador, pero Maduro no. Yo soy más chavista que madurista, eso sí. Y veo noticias internacionales porque en las noticias nacionales escuchamos a Trump en la televisión todos los días, no son noticias objetivas.

Si bien Venezuela eligió al presidente Maduro democráticamente, ¿no crees que hoy en día hay violación a los derechos humanos en ese país?
Según mi punto de vista, no. Para mí hay democracia y no hay violación a los derechos humanos. Ahora, uno desde esta distancia no lo puede saber a ciencia cierta (…) Mira, una de las formas de intervención en un país es la mediática, es decir a través del periodismo, y yo no sé si las medidas que se han tomado en Venezuela acerca de eso han sido tan democráticas, pero a veces hay que tener alguna manera de luchar contra eso. Y no me refiero a meter presos a los periodistas, pero sí confrontar y no dejar que se mienta descaradamente, o sea, cómo vas a dejar pasar esa noticia de que Venezuela quemó los camiones de “ayuda humanitaria”, eso es mentira. Y, como Presidente, Maduro tiene que ser crítico a esa intervención mediática. La intervención mediática es superpotente a nivel global; las fakes news y el descaro han llegado a niveles exorbitantes. Yo trato de informarme y estar al día a través de canales que no son nacionales, no escucho CNN porque para qué voy a perder el tiempo, esa weá es una aberración.

¿Quieres decir que CNN tiene una tendencia anti-Maduro?
¡Qué tendencia! No solo son anti-Maduro, son imperialistas a cagar. En la guerra de Irak fue vergonzoso, defendieron a pie junto una intervención argumentando armas de destrucción y, después de no sé cuántos años, dijeron que no existían y hoy Irak está destrozado. ¿Por qué vamos a permitir que eso pase en Venezuela? Yo comparo a Venezuela con lo que ocurrió en Latinoamérica, lo que vivieron Chile, Argentina, Uruguay o Bolivia como dictadura, ese es mi parámetro. En Venezuela no pasa eso y te lo aclaran con pruebas, los ministros salen a hablar con pruebas efectivas. Frente a eso, me quedo con las pruebas, porque no se trata de las ‘fuentes’, qué ganas de conocer al famoso señor Fuentes.

¿Y te ha llamado la atención el emplazamiento de Miguel Bosé a Michelle a Bachelet?
Sí, claro, Bosé se me cayó absolutamente.

¿Te gustaba?
Sí, y no deja de gustarme como artista, pero me dio una pena atroz, yo pensaba que él tenía otra opinión acerca de la vida, ¿cachái?, porque lo que ha hecho demuestra su parada sobre el mundo, sobre lo que está pasando, o sea él fue a apoyar ese montaje con Piñera, ¡Macri!, Duque y Bolsonaro, ¡cáchate los locos poh!

Hasta hace un tiempo, Milostich figuraba en Twitter con la cuenta @Julio_milostich. Ahí aparecían sus gustos musicales e ideas políticas, pero plasmados por alguien que no era él, según cuenta. “Los chicos del canal me decían ‘qué bueno tu twitter’ y yo respondía ‘weón, no soy yo’. No sé quién la hizo, pero es alguien que me conoce mucho, parece que era con mucho cariño, que era bien positiva y no tenía nada de malo, pero no es mía, mis amigos sabían que no era yo el que estaba hablando y me lo decían. Eso me podía traer problemas, así que pedí (a Twitter) que la cerraran. Lo que más siento es haber perdido esa cantidad de seguidores…”.

¿Serías rostro de una marca?
Sí, sería rostro de una marca porque creo que es una manera entretenida de sacarles plata a los weones. No tengo rollos con esa cuestión, no le hago daño a nadie ni contravengo mis posiciones en la vida. Uno necesita plata para vivir, y si me la gano actuando o haciendo un spot, bienvenida sea. Y es una muy bonita y entretenida forma de sacarle plata al sistema.

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