Karen Van Godtsenhoven: “Usualmente la creatividad viene de lugares que escapan de la norma”

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Karen Van Godtsenhoven: “Usualmente la creatividad viene de lugares que escapan de la norma”

Por CONSTANZA ESPINOZA / FOTOGRAFÍA RODRIGO CISTERNA

La curadora del Custome Institute del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET) estuvo por primera vez en Chile durante la segunda versión de Moda Desobediente, organizado por el colectivo Malvestidas y presentado en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC). Hablamos sobre moda, su trabajo y su impresión respecto al vestir de nuestro país.

Antes de llegar al MET -el que año a año rompe récords con sus exposiciones de moda y que inicia con su popular gala repleta de celebridades-, la curadora belga Karen van Godtsenhoven (35) trabajó por nueve años en el Mode Museum Provincie Antwerpen (MoMu). “Es pequeño pero bastante renombrado en arte europeo y especialmente belga, que es mi especialidad. Cuando el antiguo director del MET se retiró y su entonces curador se convirtió en director, me llamaron porque necesitaban que alguien lo reemplazara”. De eso ya ha pasado un año y, también, una exhibición de moda: Heavenly Bodies, la más visitada en la historia del MET, con más de 1.6 millones de visitantes. Pero antes de los Cuerpos Celestiales estuvo Savage Beauty, en 2011. “El éxito de la exhibición de Alexander McQueen cambió el resto de las exhibiciones de moda en el mundo. En ese tiempo estaba trabajando en el MoMu, pero podías sentir incluso en Europa los efectos de su éxito. Antes la gente miraba en menos la moda en los museos sosteniendo que no es realmente arte. Pero luego un montón de equipos de arte comenzaron a colaborar con la moda para crear exhibiciones. Sientes que el MET es realmente importante y no solo por sus exposiciones, sino por el efecto que tiene en otros museos. Es realmente bueno que hayan traído la moda a una entidad tan respetada”.

¿Y qué significa formar parte de él?
El MET es bastante grande, somos casi 3.000 personas trabajando allí. La mayoría de las oficinas están bajo el suelo, son unas especies de catacumbas porque arriba están las galerías. Al principio debes aprender a ubicarte, pero es muy agradable. Tenemos una pequeña galería subterránea de los años de Diana Vreeland, aunque no existe un gran espacio permanente como, por ejemplo, la colección egipcia, así que nos movemos por los otros departamentos, y creo que eso ha formado parte de nuestro éxito. La exhibición China: Through the Looking Glass (2015) se estableció en el departamento de arte chino, y ahora Heavenly Bodies fue en el ala medieval, así que estábamos rodeados de arte medieval. Cuando mis padres me visitaron me dijeron: “Oh, pusiste todo aquí”, y yo les expliqué que solo agregamos los artículos de moda y que las increíbles piezas de arte ya estaban allí. Creo que la moda no es autónoma, es bueno verla en un diálogo porque al ser una expresión cultural funciona mejor cuando la muestras junto a movimientos, épocas, o ahora que funcionó tan bien con artículos católicos y ver todos estos viejos monumentos y reliquias junto a joyería y piezas de diseñadores contemporáneos. Me gusta enseñar piezas que tienen cosas en común y la gente al verlas no sabe distinguir si es un diseño contemporáneo o del pasado. Siento que gran parte del éxito del MET radica en que muestra la moda en un contexto más amplio.

¿Cómo es el proceso de desarrollar una exposición?
En Bélgica hacía dos cada año y en el MET es una, aun así es un montón de trabajo. La mayoría de los curadores tienen unos dos o tres años, pero creo que eso es parte de su popularidad: hay que hacer una exhibición detrás de otra. El proceso depende del tema; en Bélgica teníamos un par de exhibiciones junto a los diseñadores y el MET también tuvo una con Comme des Garçons. Pero esto es muy diferente a una exposición temática. Cuando trabajas junto a un diseñador es más fácil porque las ideas son más consistentes al venir de la imaginación de una persona, pero usualmente es más complicado porque debes trabajar con un gran equipo. En el proceso tú estás más a ‘cargo’ que si estuvieses solo junto a un diseñador de modas, pero aumenta la presión. En Heavenly Bodies teníamos más de trescientos vestidos que venían de todas partes, había piezas de arte del Vaticano que por primera vez se mostraban fuera de él. Andrew, nuestro director, tuvo que ir seis veces a Roma a pedir permiso… el estilo italiano, ¿sabes? (ríe). Es un gran proceso, porque si viene de un diseñador es más simple, aunque ellos no sean personas fáciles pero al menos todo viene de uno.

¿Tienes algún diseñador favorito en estos tiempos?
Me gusta mucho Y/Project. Creo que es más bien un colectivo, pero está liderado por Glenn Martens (diseñador belga) y es una marca muy actual. Va más allá de esta ropa es para mujeres y esta otra es para hombres, y eso me gusta mucho de esta generación.

¿Qué es lo que te gusta de la moda?
Me gusta la creatividad de todas las personas que trabajan en la industria; en términos de género y sexualidad la moda puede ser muy liberadora. Sé que en otros ámbitos, como la imagen de un cuerpo perfecto, la moda ha ejercido una mala influencia, pero también creo que los diseñadores más jóvenes son más conscientes de eso y espero que lo usen positivamente. La moda puede ser una fuerza positiva.

¿Podemos pensar la moda como arte?
Pienso que realmente no es necesario, creo que es arte aplicado, por lo que es más que una imagen. Recibo mucho esta pregunta en Estados Unidos, y siento que en Europa decíamos ‘no, no lo es’, pero en el MET es más importante decir que sí, porque la moda ha tenido que luchar para ser respetada. Así que diré que sí (ríe). En realidad, creo que la moda es un tipo de arte pero no autónomo. Suele mostrarse en un contexto social o cultural, tiene que ver con el cuerpo y, de cierta manera, es muy cercana a todos. Si tienes una exposición de arte o lo que sea, sabes que habrá cuadros en las paredes, pero con la moda nunca se sabe cómo será presentada, y eso me gusta. Como curadora puedes ser más creativo en ese sentido.

Aquel carnaval belga

Una de las temáticas desarrolladas por Karen durante Moda Desobediente se llamó “In Praise of Folly. Carnivalesque and satire in Belgian fashion”, donde cruzó humor, sátira, lo grotesco y lo carnavalesco con la curatoría en moda. “Diseñadores belgas como Maison Margiela y Walter van Beirendonck usualmente toman lo grotesco y proponen una moda, de acuerdo a muchos, como conceptualmente más oscura y difícil. Quise destacarlos mostrando el otro lado de ellos; por ejemplo, Margiela juega con los volúmenes como una forma humorística de burlarse de los cuerpos ideales que la moda ha impuesto, y Walter ha hecho mucho al romper los estereotipos de la moda masculina”.

¿Qué te inspiró a exponer un tema sobre el humor y la moda?
Bélgica tiene una fuerte tradición de carnavales por toda la influencia que hemos recibido a lo largo de la historia. En honor a eso, muchos diseñadores utilizan esa expresividad en sus trabajos. Los franceses, por ejemplo, tienen una identidad nacional muy característica, a diferencia nuestra. Para los belgas lo carnavalesco parece ser más una protesta. Es interesante ver cómo diseñadores belgas como Walter, Margiela y Raf Simons fueron ‘entrenados’ clásicamente, su educación no fue para nada avant-garde sino que muy clásica, pero ellos se alzaron como diseñadores avant-garde que rompieron un montón de reglas, y eso creo que tiene que ver con esa tradición de carnaval.

¿De qué manera es posible conectar todos estos conceptos?
Usualmente la creatividad viene de lugares que escapan de la norma. Creo que hay una fuente importante para la innovación en la moda que nace del humor y un enfoque no clásico. Ahí es donde las cosas comienzan a suceder y retan al resto del sistema. En la inauguración (de Moda Desobediente) había tantas personas y activistas que utilizaban la moda como una forma de hacer una declaración y autoexpresión de su género, y yo no sabía que hay una gran comunidad de moda aquí en Chile, la gente es bastante seria sobre el tema y parece jugar un gran papel. Yo tengo la impresión de que en Nueva York y también en Europa a la juventud le importa cada vez menos la moda. La gente siempre está con las mismas sudaderas y todo está muy estandarizado. Los jóvenes gastan más dinero haciendo algo ‘cool’ para postear en redes que en ropa; y quizás está bien que sean menos materialistas. Pero vestirse de cierta manera para demostrar una identidad es algo que he visto mucho aquí en Chile. Usualmente veo en gente que no tiene tanto dinero una mayor preocupación por lo que usan y más creatividad, la gente rica de Nueva York solo llevan calzas de yoga, ¡me vuelve loca! Siento que no hacen un esfuerzo y eso es un poco triste.

La moda siempre ha tenido un discurso sobre lo que es feo y lo que no. Pero para ti, ¿qué es la fealdad?
Es una buena pregunta; hay normas de la sociedad respecto a esa figura, pero creo que no es desagradable para mí, por ejemplo, lo que se ve con estos jóvenes en situaciones difíciles que se visten exageradamente y sabes que están en problemas, y lo que están haciendo es casi, no voy a decir que sea de buen gusto porque es demasiado, pero sabes que están diciendo u ocultando algo. No lo llamaría feo, para mí es feo ese estilo deportivo y los pantalones de yoga de Nueva York, estoy tan harta de eso (ríe). Prefiero que alguien use demasiado, o sea loco o incluso de mal gusto por encima de cientos de esas calzas de yoga. Pienso que si todo el mundo usara ropa deportiva, la moda estaría muerta y solo se trataría de tecnología.

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