Karla Rubilar: las nuevas reglas de su juego

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Karla Rubilar: las nuevas reglas de su juego

Por Claudia Godoy / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Camila Letelier / Maquillaje: Yani Urbina

Se había retirado del Congreso y tomado la decisión de llevar una vida más tranquila, cuando recibió el llamado de Piñera. Y, de un momento a otro, tuvo que cambiar las reglas del juego con su marido. “Al Presidente no se le dice que no”, explica. Aquí, la nueva intendenta de la Región Metropolitana, habla de los temores que le despierta su nuevo cargo y dice que competir por la Intendencia “es algo que hay que evaluar”.

Paula 1246. Sábado 10 de marzo de 2018.

Si a los 20 años, cuando estaba en segundo de medicina, se atrevió a sentarse frente a su mamá, Vicky Barahona (UDI, ex alcaldesa de Renca por cuatro periodos hasta 2016) y enfrentar uno de los mayores miedos de juventud de la mujeres: decir “Estoy embarazada” y salir airosa, era imposible que no se atreviera, en julio de 2009 frente a una cámara de diputados encendida y un público presente descontrolado, a tomar el micrófono y afirmar: “Soy Karla Rubilar, médico cirujano, soy de derecha y receto la píldora del día después”.

“Me gritaron asesina”, recuerda la hoy flamante nueva intendenta de la Región Metropolitana,  a quien los vecinos que circulan por la Plaza de Armas la intersectan –entre foto y foto para esta entrevista– para preguntarle qué hará con la ciudad y también para desearle suerte en su nuevo cargo.

¿Por qué es liberal?
Nunca me voy a olvidar de un juego que crearon en algún momento en internet, que era “ayuden a Karla Rubilar a salir de RN” y salía un Carlos Larraín persiguiéndome (se ríe). No creo que los liberales están solamente en la izquierda, estoy convencida de que ser liberal es una forma de entender la vida y que las personas tenemos derecho a construirla según nuestras propias creencias, y que en esa construcción el Estado tiene poco que decir. Lo trascendental es respetar al otro, que tiene experiencias que no necesariamente son las mismas mías, pero eso no significa que esté equivocado.

¿Eso quiere decir que respeta todo lo que hizo el gobierno de Bachelet?
Así es. Respeto lo que hizo este gobierno. Soy una convencida de que todos queremos un país con mejores condiciones, donde todos tengan sus necesidades lo suficientemente cubiertas para vivir un poquito más felices. Pero los caminos son diferentes.

¿Quién marca esa apertura de pensamiento? Porque su madre, Vicky Barahona, es UDI y a ese partido se le relaciona con menos libertades.
Sí, mi mamá es UDI y nunca olvidaré que cuando decidí entrar a RN, ella tuvo algunas llamadas telefónicas preguntándole qué hacía yo ahí. Su respuesta fue que había criado hijos libres, que tomaban sus propias decisiones. Ella ha sido muy importante para mí en la formación política, pero en lo cotidiano, en el día a día, es mi papá.

¿Fue él quien la marcó?
Sí, harto. Él es muy querido por todos. Es médico, hasta hoy, de un hospital público, y no he conocido a nadie que haya dicho algo malo de mi papá, y eso tiene que ver con lo respetuoso que es con todo el mundo. Tiene su pensamiento, sus convicciones, dice lo que piensa, pero es respetuoso. Él es… (suspira).

¿Es amor loco por su papá? ¿Como Electra?
Loco.

O sea, ¿es de las que se hubiera casado con el papá?
No sé si tanto (se ríe), lo que pasa es que mi mamá también es un referente, ella me hizo ver que la política era un camino para cambiarle la vida a la gente. Pero la relación con mi papá es… como mi viejito, no sé… el que me apapacha.

¿Usted se siente más del pueblo que de la elite?
Sí. Tampoco es que quiera parecer como “ah ya, la del pueblo”, pero nunca me he sentido parte de la elite, a pesar de que he tenido muchos privilegios en mi vida, pero no me siento parte de la elite, ni de la elite política ni nada.

¿Le han dicho arribista por estar en la derecha siendo que toda la vida ha estado en trabajos en consultorios o en el hospital El Pino?
Me han dicho que no tengo nada que hacer en la derecha. Discrepo, creo que hay gente en la derecha con un compromiso social increíble, que admiro. Entonces digo: “Esta caricatura hay que cambiarla”.

¿Por qué cree que el Presidente la eligió?
Bueno, creo que hay razones políticas, no las puedo negar. Creo que hubo hartos problemas en los partidos.

¿Se siente como la tercera en la lista?
No se pusieron de acuerdo, no vamos a mentir y creo que el Presidente quiso optar por lo sano y poner un nombre que fuera independiente y también piñerista.

Y que fuera una muy buena candidata para las próximas elecciones a intendente.
Me imagino que me considera buena candidata.

¿Se presentaría?
Es algo que hay que evaluar.

Porque no le dice que no a Piñera.
Cuesta. O sea, este no era mi cargo, digamos (se ríe). Quería ser superintendenta de salud hace mucho rato, sentía que lo podía hacer bien. Tenía muchas ganas de que la Superintendencia fuera como un defensor del usuario del sistema público. Tenía todo un rollo, un relato construido. Y bueno, el Presidente determinó otra cosa.

¿Por qué no le puede dar una negativa a Piñera?
Eso que se dice de que al Presidente no se le puede decir que no, siempre pensé que era medio eslogan. Pero la verdad es que cuando te llama el Presidente de la República, hay un sentido patriótico, algo que se despierta en uno que es imposible negarse. Y en particular, le tengo un cariño infinito al Presidente: lo quiero, y él lo sabe. No es el Presidente nomás.

Y entre el Presidente y el marido, ¿qué pasa ahí con sus decisiones?
Buena pregunta. Estaba tomando decisiones completamente diferentes: quería una vida un poquito más tranquila, me había retirado del Congreso. Y ahora, efectivamente estoy cambiando las reglas del juego. No es tan fácil para él, creo yo. Todavía nos falta conversar, no voy a mentir. Solo pedirle comprensión.

Madre soltera vs aborto 

La nueva intendenta se deja maquillar para las fotos de esta entrevista sin chistar. Confía, porque en la vida diaria es un tema que no le quita el sueño, incluso lleva sus canas sin censura y delinearse los ojos parece no estar en sus prioridades.

Su mamá siempre está muy arreglada, ¿ella fue un referente en estos temas?
No, y creo que sufre un poco con eso. Creo que quería una hija que se pareciera más a ella en eso. Porque mi mamá es de tener las uñas, el pelo, todo impecable. Yo soy más despelotada, más hippienta.

¿No jugaba con Barbies de chica?
Nooo, ¿qué es eso? No, yo era de jugar a la payaya, las bolitas, el fútbol, la bicicleta, subir a los árboles, salir a acampar. O sea, creo que si le dijera a mi mamá “vamos a acampar”, ella me diría…

“¿Dónde está el baño?”.
Claro. Ahí somos muy diferentes.

Fue a esa madre diferente a la que Karla debió enfrentar a los 20 años cuando quedó embarazada, a pesar de tener dos papás médicos y estar cursando segundo año de medicina en la Universidad de Santiago. Llegó a tener el título de madre soltera, aunque después de casó con el padre de su hijo. Matrimonio que no duró mucho.

¿Cómo fue esa experiencia? ¿Ir y sentarse donde el papá doctor y la mamá UDI y decirles que estaba embarazada?
A ver, debo reconocer de que esto no fue culpa de que no me hayan enseñado, ni que no supiera. Cuando conversé primero con mi mamá, me dijo:  “Ok, pero usted tiene claro que el aborto no es una opción”. Y la verdad es que para mí no era una opción.

¿Nunca lo fue?
No, mi mamá siempre me había dicho que: “Si uno finalmente termina embarazada, apechuga”. Lo tenía interiorizado. Hoy mi Patito tiene 20 años y es mi partner: me acompaña, me escucha, me da consejos. Me siento orgullosa de él. No dimensiono la vida sin él.

¿Y su papá qué le dijo?
Siempre me apoyó.  Lo que sí, no era “Aquí no ha pasado nada”.  Hay que hacerse responsable, aperrar, trabajar. Después me ayudaron a arrendar un departamento.

Y si hubiera pasado hoy, con toda esta discusión, con todo este momento que estamos viviendo las mujeres, ¿cree que habría abortado?
No. Creo que eso, además, fue de lo que más me permitió defender mi voto, porque no es que yo dijera: “Si yo hubiese podido hace 20 años o este es el derecho y no lo tuve”. No, sino que era “Mis convicciones las puedo ejercer sobre mí”.

¿Cree que partir antes la vida, con un hijo, estudiando, trabajando, sin tener plata, la marcó como política y mujer?
Espero que sí, porque las vivencias van formando. Justo cuando quedé embarazada estuve a punto de echarme un ramo en la universidad y eso significaba estar un año con un solo ramo, lo que era un desastre. Y me acuerdo que fui adonde San Judas Tadeo y le dije: “Si me ayudas, te juro que nunca más voy a volver a pasar por esto”. Di el examen, había estudiado nada, dormía todo el día por mi embarazo y cuando publicaron en una ventana los resultados, había aprobado. Ahí dije: “Se acabó, nunca más”. Y estudié, estudié, y terminé con distinción máxima, un 6,2 de promedio. Creo que si uno lo pasa mal y te dan otra oportunidad, hay que aprovecharla. En la casa de mis papás, que se sacaban la mugre, no entendía mucho esto de apagar las luces, de no dejar la ropa botada en el suelo porque había alguien que me la recogía. Uno no valora… Pero luego empiezas a darte cuenta. Por ejemplo, cuando hacía reemplazos de auxiliar técnico y me tocaba poner chatas, veía cómo los médicos ni siquiera miraban a las auxiliares.

¿Se daba cuenta de las desigualdades?
Desigualdades. Eras como invisible. Después, cuando llegué a ser interna de medicina y me tocó hacer mi práctica en los Sapu, aprendí de las auxiliares y las miraba de otra forma: entendía que tenían mucho que enseñarme. Hoy me molesta el médico que no es capaz de mirar a la cara a su paciente y ni siquiera sabe cómo se llama. O del diputado que puede pasar por al lado del señor que le abre el ascensor y no lo saluda. No entiendo eso. Y eso tiene que ver con lo que he vivido. No es justo que no seamos todos iguales porque no tuvimos las mismas oportunidades.

¿Es feminista?
El Congreso me hizo darme cuenta de que sí había barreras de los partidos: había muchas mujeres de base que hacían mucha pega, pero cuando había que empezar a subir… Eso me hizo  entender de que había que abrir espacios, y era importante.

¿Ha visto acoso sexual en la política?
Sí, claro. No como lo que vemos en Hollywood de “Ándate a mi pieza y negociamos”. Pero sí comentarios que rayan en el sexismo como “¿Por qué está tan enojada? ¿Hoy día no le tocó?”. Una vez  estaba dando pecho en el Congreso a mi hija y un diputado me dijo que si Laurita lo invitaba a tomar té. Ese tipo de cosas.

En el último lugar

Después de separarse se casó con el abogado penalista Rubén Malvoa, ex alcalde de Conchalí, con quien tuvo tres hijos (Laura, Karla y Rubén).  Es con él con quien analiza los problemas del país y llega a la conclusión de que Chile se ha vuelto demasiado individualista. “Un país un poquito menos feliz”, dice.

¿Un país con más consumidores y menos ciudadanos?
Lo que veo en la calle no es esta discusión ideológica del consumismo, porque a la señora no le importa si su problema lo ve en el hospital público o le dieron un bono para atenderse en la Clínica Dávila; su tema es que le resuelvan el problema de salud. La discusión de fondo, es cuánto nos importa el de al lado.

¿Siente que la van a acompañar todos los alcaldes?
Hay que buscar una figura, un relato, un leitmotiv. Obviamente lo quiero conversar con el Presidente Piñera para ver hacia dónde quiere llevar Santiago, porque ahí no me pierdo: ahora yo represento al Presidente.

Pero no es tan difícil, usted es piñerista.
Sí. Fui, soy y seré. Esa es mi frase habitual, él la conoce bien. Voy a ser representante del Presidente y lo que él determine. Pero si me preguntas a mí, quiero un Santiago más amable, más participativo. Quiero que la gente sienta que a la Intendencia le importa.

¿Tiene algo de miedo al tomar este cargo?
Diría que tengo un miedo en lo profesional político y uno en lo familiar. En lo profesional, tiene que ver con no ser capaz de cumplir con las expectativas ciudadanas. Es un miedo que está ahí presente y latente. No me da lo mismo cuando me equivoco, cuando no alcanzo a responder. No lo paso bien.

¿Y cuál es su miedo en el ámbito familiar?
Que para cumplir las expectativas de la gente, probablemente hay mucho que sacrificar en la familia. Tengo hijos chicos. Mi hija, cuando la entrevistaron después de que estuve grave, dijo: “Mi mamá se va los martes y vuelve los jueves”.

Debe haber sido como un cuchillo en el alma.
En el alma. Muchas horas, muchas cosas perdidas, que no vuelven. Lo viví siendo parlamentaria: mientras estaba votando la Ley Marco de la Infancia, tenía por primera vez a mi hija bailando en su colegio y no podía ir a verla. Me acuerdo de haber estado votando, y sin que nadie se diera cuenta me cayó una lágrima por el lado.

¿Tiene miedo de que los hijos le pasen la cuenta?
Uno siempre se siente en deuda. Porque no hay supergirl, siempre uno hace algo bien y hace otra cosa no tan bien. En general, las mujeres somos bien mágicas, pero no nos podemos mentir. Me da miedo, sí. No sé el nivel de comprensión que vaya a tener con Rubén…

Pero, ¿cree que puede llegar a perder la familia por la Intendencia?
No, creo que puede dañarse la familia.

Dañarse, pero va a estar ahí.
Yo creo. O sea, estoy aquí con toda la convicción de lo que he vivido durante 12 años, que he tenido un partner que me ha acompañado en todas, y que parte de lo que soy y de lo que he logrado ha sido por eso, por mi familia, por mi marido, por mis hijos, por todo, por mi mamá, por mi papá, por los amigos.

Y en sus prioridades, ¿la Karla se pone en último lugar?
¿Sabes qué? La Karla siempre se ha puesto como medio en último lugar.

Pucha, la voy a mandar al sicólogo.
Todo el mundo me dice lo mismo. “La Karla se ha puesto en último lugar siempre”. Entiendo y estoy haciendo este proceso, porque, además, y con justa razón, me retan porque estuve a punto de morirme (en 2016 por una infección estuvo en la UTI). Entonces, todo el mundo me dice “¿Cómo después estar a punto de morirte y no haces ese cambio de switch?”. Pero voy dando pasitos, no soy la misma Karla de hace dos años.

Ya. Dijo que iba a aprender a tejer a crochet. ¿Qué otra cosa más se va a regalar?
Voy a volver a bucear.

Bien. Lo vamos a cobrar, estará escrito en esta revista.
Sí, ponlo. Voy a volver a bucear, y buceé en las vacaciones después de un año. Voy a correr todos los días aunque llegue muerta, o en la hora de almuerzo en la Intendencia por el centro de Santiago. Y voy por lo menos un día a la semana a dedicarme 100% a mis hijos.

¿Se siente querida, Karla?
Sí, estoy agradecida. Soy una mujer agradecida de Dios, se ha portado bien conmigo.

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