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21 marzo, 2018
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Karyn Coo digital

La diseñadora de 29 años celebra los cinco de su marca con una primera colección de estampados digitales sublimados. Una cápsula que presentó en el Digital Couture Project– Epson New York Fashion Week 2018.

Por Rita Cox / Fotografía Rodrigo Chodi l / Producción Camila Letelier / Agradecimiento Espacio Urbano MUB


Paula 1247. Sábado 24 de marzo de 2018. Especial Moda.

Tiene cuatro tiendas, ha diseñado para grandes retails y su marca cumplió cinco años. Pero hasta el verano, Karyn Coo jamás había experimentado con los estampados, y menos con la sublimación de tintas e impresión directa. Desde que su nombre se hizo conocido, cuando ganó Project Runway Latin America, en 2011, Karyn ha desarrollado una silueta más bien orgánica en unitonos blancos, negros, crudos y grises, a veces con detalles metalizados o de amarras. Eso hasta que a fines de 2017 fue invitada por Epson Chile a sumarse al grupo de 13 diseñadores selecionados de Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Paraguay y Perú, para que por separado trabajaran en el tema ¿Cómo se viste tu cultura? El 6 de febrero, un día antes del arranque de la Semana de la Moda de Nueva York, todos mostraron sus propuestas en el Digital Couture Proyect-Epson NYFW 2018. El escenario fue un galpón de ladrillo con enormes ventanales que miraban hacia el East River y Brooklyn.

“Los plisados me fascinan. Son elegantes y tienen un efectos de movimiento sobre la pasarela. En esta colección representan, además, las aletas de los peces y la fuerza del mar”.

“Todo fue un gran desafío, partiendo por acercarme al estampado como un recurso, que para mí nunca ha sido fácil. Cuando uno se compra una prenda estampada es porque el estampado te fascina y esa fascinación cuesta encontrarla. Trabajé, entonces, con Pía Larraguibel para diseñar algo que me encantara realmente y que tuviera que ver con el tema que elegí: la leyenda chilota de La Pincoya, la sirena que le baila a la Luna y que de ella depende
la abundancia o escasez en la pesca”.

Tus diseños son súper femeninos. ¿Cómo explicas esa sensibilidad que también se ve en la decoración de tus tiendas y de tu casa?
Es algo que reconozco en mí desde chica. Somos cuatro hermanos, tres mujeres, siempre muy fuertes, todas independientes, con sus propias empresas. Mi mamá, por su parte, casada aún con mi papá, siempre ha sido la que lidera en la casa, la que termina la última oración. Yo creo que todo ese contexto ha sido muy determinante en mí, en mi forma de trabajar, de diseñar y de vivir. Una vez estampada su propia tela con la tecnología Epson, dice que se sintió como “una reina con el resultado y con la certeza de que en mis manos tenía algo que había creado yo y que nadie más puede tener”. Luego, trabajó sus diseños en la fábrica Plisados Giacoman; es decir, unió toda la tradición del plisado ligado a la alta costura con el uso de nuevas tecnologías.

Karyn Coo se inspiró en La Pincoya, la sirena de la leyenda chilota, para estos diseños. El resultado es una figura muy femenina, que tiene un gran escote y un tajo en la falda para que se le vean las piernas cuando camina.

¿Cuál es el origen de tu interés por la belleza expresada en la moda?
Siempre me gustó el vintage, desde chica, cuando iba una vez al año al departamento de  mis abuelos que vivían en Suiza. Mi abuelo era arquitecto y, a su taller, contiguo a la casa, se accedía con un código, como en una película de James Bond. Entrabas y estaban todos sus implementos de trabajo, sus pinceles, pinturas, las esculturas increíbles que hacía, todo tipo de lupas, un refrigerador lleno de chocolates suizos, y baúles con textiles que mis abuelos traían desde Filipinas, no sé por qué. Ahí encontrabas botones, encajes, pedrería, sedas hechas con raíces de piña, entre otras curiosidades. Desde chica tuve contacto con textiles poco tradicionales y hechos con fibras naturales. Mi abuela, por su parte, era lo más femenina que hay. Siempre con el pelo arreglado, la boca roja, sus tacos chicos, tipo Chanel. En ese contexto crecí.

Tu casa y tus tiendas comparten una visualidad.
Absolutamente. Trabajo mucho en mi casa y me gusta que esté linda y ordenada o me cuesta mucho funcionar. Por otra parte, me gusta que todos los espacios donde me muevo sean armónicos y tengan una estética que al final es la que ves en mis tiendas. Las plantas son para mi fundamental en mi día a día, por ejemplo, porque dan energía, vibra, fuerza. Lo mismo trato de plasmar en mis diseños y me sale totalmente orgánico todo. Mi casa, mis tiendas y mi ropa son una prolongación de mí.

Estás cumpliendo 5 años con tu marca y desde el principio fuiste bien categórica al alejarte del tradicional camino del “diseño de autor”.
No soy una persona que planifique mucho, ni piense tanto las cosas. He ido tomando las oportunidades que se han ido presentando. Partí con una primera tienda en un segundo piso, un sucucho en Nueva Costanera, sin saber nada sobre cómo armar una colección, los flujos de gente, el público al que quería apuntar. Nunca me senté y dije: “Ya, quiero tener una marca que lleve mi nombre, que llegue a un target de los 25 a los 45, que sea para tal nivel socioeconómico”. Eso se fue armando en el camino.

Karyn dice que “cuando partí, no había mucho mercado nacional, o sea la industria textil en Chile era súper limitada,  y sigue siendo es súper difícil hacer una marca como uno las ve afuera, donde en verdad hay productos de muy buena calidad, con muy buena manufactura, con detalles que marcan la diferencia. Pero en cinco años he visto el crecimiento de mi marca, no solo en términos de diseño, sino en el producto final y acabado”.

¿A quién le diseñas?
No me interesa una mujer híper consumista que esté obsesionada con comprar y que deje las cosas guardadas en su clóset. Quiero que le saque el jugo a cada cosa que compra, que venga con su hija y que también se vista aquí. El motor de partida de todo lo que diseño es que las piezas se puedan combinar entre sí, y así que cada una vaya armando sus outfits.

¿Cómo es un día laboral típico tuyo?
Mi trabajo es de 9:00 a 19:00 horas, que es también el horario de mi equipo. El día a día es súper diverso. A veces son muchas reuniones, otras, jornadas largas de taller, ir a las tiendas, que es fundamental. A veces en la tarde me quiero dedicar a ir con la Pippa al parque, y me tomo las libertades que quiero, aunque tenga cientos de pendientes.

Hiciste una pausa en la alta costura.
En todo este proceso he diseñado mis cosas, he trabajado para marcas de retail haciendo colecciones firmadas por mí, he ido conociendo e identificando los talleres y personas de esos talleres que logran mejores resultados y tuve una época en la que quise bajar mis revoluciones. Fue cuando quedé esperando a mi hija. Empecé, entonces, a dedicarme más a la alta costura, que tiene un ritmo más lento, e hice muchos vestidos de novias, de noche, para celebridades y alfombras rojas. Pero me di cuenta en el camino de que no me gustaba tanto. Lo mío es tener mi marca, me gusta moverme todo el día de un taller a otro, de una tienda a otra. Me gusta el juego de la moda, el mundo fashion en el que hay que estar siempre al día. Me gusta esa adrenalina.

Tienes cuatro tiendas en las que compartes espacio con otras etiquetas. ¿Cómo llegaste a ese modelo?
Por ensayo y error concluí que era bueno en términos de costos, y atractivo para las clientas, asociarme con marcas de dueñas o de diseñadoras que no necesariamente tienen mi edad, pero con tengo una comunicación súper fluida en términos estéticos, como es el caso de Aurora Conejero. Entendí que mis pares diseñadores no son el enemigo, sino que junto a ellos puedo tener un win-win y armar un espacio atractivo, como ocurre hoy en muchas tiendas que encuentras recorriendo Brooklyn. El proyecto en Nueva Costanera, que es la tienda más grande, lo hice yo sola y por eso se llama Karyn Coo, es un concept store. Nació porque el local es muy grande y yo no tengo una colección para llenar 120 metros cuadrados. Entonces, es una vitrina para que cada un año entren nuevos diseñadores, marcas aún no tan consolidadas, que no pueden tener  locales propios, pero que sí tienen una clientela. Es el caso de Camille. Estuvo conmigo, y ahora al lado acaba de abrir su tienda sola con sus zapatos.

¿Qué has aprendido como empresaria?
Lo más importante es tener a gente que reme para el mismo lado y que se sienta parte de una marca que va a ir creciendo con el tiempo. En eso mis talleres han sido fundamentales. También he aprendido a que hay que saber pedir favores y saber asesorarse bien por quienes saben más. Yo recurro mucho a Mariano Toledo (diseñador argentino, invitado internacional a la primera edición de Ropero Paula). Él fue mi mentor en Project Runway y en todo este camino, él ha estado presente. Es mi amigo. En lo más comercial, he trabajado con asesores financieros que me han ayudado a tener claridad frente a la típica pregunta: ¿Cómo ves tú marca en cinco años más? Esa pregunta es importantísima. Trabajo junto a un ingeniero comercial y a un contador.

Has tenido ofertas para vender tu marca.
Sí. Me han llegado oportunidades para vender y ofertas de inversionistas para poner  lucas y llevar la marca a regiones. Pero he sentido que no es el momento.