La belleza según Carolina Parsons

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La belleza según Carolina Parsons

Por Guillermina Altomonte / Fotografía: Mike Mabes / Producción: Valentina Ríos / Maquillaje y pelo: David Tibolla para Creative Management at MC2 / Retoque digital: Carlos Salcedo / Agradecimientos: Edificio Cipriani y James Hotel

En tiempos en que es políticamente correcto afirmar que las apariencias no importan, la modelo defiende a brazo partido la relevancia de que las mujeres se preocupen de su aspecto. “No por ser jefas nos vamos a dejar bigotes”, dice.

Carolina Parsons vive en dos continentes. Viene de pasar una larga temporada en París, en un hotel en Place Vendôme Otras veces vuelve por algunos meses a Santiago de Chile, donde nació, y ahora está instalada en Nueva York. Su departamento, ubicado en Wall Street, corazón del distrito financiero, es amplio, sin grandes lujos. En el living de paredes blancas hay un póster de la película Gilda, protagonizada por Rita Hayworth; un anorme abanico chino con un tigre pintado y un gigantesco espejo enmarcado en madera. Más adornos al azar: un globo terráqueo, cuchillos orientales, mantas de lana gruesa sobre sillas tapizadas en cuero.

Carolina Parsons tiene 32 años y empezó a modelar a los 14. A los 15 se fue a trabajar a Tokio y por años desfiló para Valentino, Carolina Herrera y Roberto Cavalli. Ahora se pasea por galas de beneficencia y alfombras rojas; Wimbledon y Cannes; el yate del magnate mexicano Carlos Slim y la fiesta privada de cumpleaños de Madonna. Habla inglés, italiano y portugués fluido.

Hoy anda a pata pelada, jeans pitillo y blusa blanca semitransparente que deja ver su abdomen planísimo. El pelo, otrora castaño, lo tiene rubio. La cara lavada. Durante la hora y media que durará la entrevista se beberá casi un litro de agua y me irá sirviendo más apenas tomo un sorbo de mi vaso. Y repetirá, como si fuera un mantra, que hay que preocuparse de verse bien y estar sana.

El doble poder de la mujer

La familia Parsons parece un matriarcado de mujeres bellas y altas: su mamá y hermanas miden entre 1,70 y 1,80 m. Las hermanas son Rosa, ícono del modelaje chileno en los 80, y Ema, empresaria. La hija de Rosa, Lorenza Izzo, es actriz y también modelo. Ahora, de hecho, está de visita en la casa de su tía y se asoma al living para despedirse antes de salir. Ojos verdes, pómulos marcados, facciones armoniosas: la genética Parsons es fuerte. Carolina le pide que compre fruta.

¿Cómo te inculcaron la femineidad en tu casa?
Fue una parte súper importante de mi educación. Para la Navidad todos andan de vestidito, chalequito cruzado, zapatitos, peinaditas. Ni se te ocurra andar con hawaianas. En Chile veo que las cabras chicas van a comer con buzo y zapatillas. Yo cuando era chica me ponía zapatillas para ir a la plaza, ¿pero para ir a comer? Jamás.

¿Tu mamá es bonita?
Muy linda. Tiene su gusto y su estilo, y nos lo inculcó. Si algo hay en mi casa es el sentido de la estética. Es muy importante, desde que eres niña, preocuparte de estar bien como mujer: que tu pelo esté bien, que tu piel esté bien, tu cuerpo, estar sana. La gente muchas veces lo asocia al dinero. Yo siempre he dicho: para estar en forma solo se necesita un parque y zapatillas. Que te corte el pelo una amiga, por último.

¿Y por qué es tan importante cuidarse las manos o el pelo?
Denota amor por ti misma. En el colegio hay una nota para la presentación personal: que la falda esté planchada, el jumper limpio, el pelo peinado. Son pequeñas cosas que hay que inculcarles a las niñas para que saquen provecho de su femineidad. Porque las hace sentir más seguras cuando son grandes y se ven más lindas. Se sienten mejor y lo proyectan. No es caer en la vanidad.

Pero esta gran preocupación por ser linda…
No es por ser linda, es por estar bien. Es tan feo que una mujer no se cuide los pies, ponte tú. Además, que es tan chileno esto de la femineidad. O sea, mira a las carabineras. Son un ejemplo para el mundo. Los aros, el maquillaje, el pelo, están perfectas, y más encima con esto de la autoridad que podría ser masculina, pero ellas son lo más femenino. Todas estas mujeres que salen a trabajar, llevan una casa, educan a sus niños, y se preocupan por ellas mismas. En las oficinas en Chile están todas impecables.

El discurso feminista del último tiempo dice que no se les exija a las mujeres, llenas de responsabilidades que, además, estén presionadas por su apariencia. A los hombres no se les exige.
El hecho de que hemos asumido parte del rol masculino, como trabajar, no significa que tengamos que dejarnos bigotes. La mujer no tiene por qué dejarse bigotes porque ahora es jefa. Un hombre no sabe dónde meterse cuando ve entrar a una mujer con traje dos piezas, acinturada, con un buen maquillaje y taco alto. Las mujeres tenemos un doble poder: el de la inteligencia, de ser súper capaces, disciplinadas, hacer carrera, y el de la belleza.

¿La belleza es un arma?
De todas maneras. Es bueno sacarle provecho. Todas tenemos algo lindo: los ojos, el pelo, la figura. Parte de ser mujer es atraer, ser linda.

¿Cómo no caer en ser esclavas de la belleza?
La vanidad no es una virtud, pero en Brasil “vaidosa”, o sea vanidosa, es un piropo, una mujer linda. La cosa es quererse. Una vez que te quieres, no te quieres ver fea.

¿Quererte a ti misma no es más bien aceptarte como eres?
Toda la razón, va por ahí. Es mirarse y sacarse partido. Y si tengo que bajar unos kilitos, me pondré un par de zapatillas e iré a correr un poco. O me voy a una plaza a hacer abdominales.

Y una mujer con unos kilos de más, ¿no puede sentirse linda?
Bueno, claro, puede ser tu contextura. No creo que sea bueno compararse con cuerpos que no son el tuyo. ¡Yo no conozco a nadie 90-60-90! Eso es lavado de cerebro que las niñas tienen sobre todo cuando son jovencitas. La Scarlett Johansson es voluptuosa y preciosa. Imagínate si estuviera haciendo dieta y pesara 40 kilos.

¿Scarlett Johansson no está bien lejos de la mayoría de las mujeres?
La he visto en persona, es una mujer bajita, muy voluptuosa, que hace mucha gimnasia, pero su cuerpo es así. Y ella lo acepta y lo adora, y todo el mundo lo adora.

¿Te has sentido tratada como mujer-objeto?
Nunca. Si tampoco soy Claudia Schiffer.

¿Y nunca te ha jugado en contra ser linda?
No, fíjate.

La recompensa de ser modelo

Desde 2011 Carolina Parsons ha hecho una pausa en el modelaje, aunque aún tiene agencias en París y Nueva York. Está dedicada principalmente a otras cosas, como un proyecto de televisión del que no quiere adelantar nada, salvo que se tratará de compartir en cámara algo de ese mundo glamoroso que brilla a lo lejos.

¿Cómo resumirías tu estilo de vida?
Tengo la suerte de viajar y codearme con actores famosos y gente de la moda, deportistas, ese es el mundo que la gente dice qué entretenido y qué ganas de tenerlo más cerca. También me metí a ayudar a organizar Amfar, la gala benéfica más importante de sida, que fundó la Elizabeth Taylor. No quiero ser una socialité, pero me invitan a muchas galas.

¿Qué perspectivas tiene una modelo pasados los 30 años?
Pasados los 30 todavía es temprano, ponte tú, la modelo mejor pagada del mundo tiene 32, que es la Gisele Bündchen. Después la Kate Moss, que tiene 39. Pero igual viene un momento en que una dice: ‘hay que parar un poco’. El modelaje es como la carrera de los deportistas: es una carrera que dura lo que dura tu juventud. Pero la recompensa es enorme.

¿Cuál es la recompensa?
He tenido una vida espectacular, me independicé súper joven y tengo un montón de amigos en todo el mundo. O sea, ponme un mapamundi y a dónde no he ido. Es una experiencia que de ninguna otra manera la podría haber obtenido. Si tuviese que recomendarle a una niña que sea modelo, lo hago de todas maneras.

¿Por qué crees que eres la modelo chilena más famosa afuera?
Porque me lo tomé como una profesión cuando era niña. Cuando llegó un scouter y me ofreció ir a Tokio, yo dije bueno, voy a Tokio y luego con esa plata estudio en la universidad. Pero después me salió otro contrato en Europa, y otro en Estados Unidos, y empezó el negocio. Dices: ‘bueno, me está yendo bien en esto, ¿por qué voy a parar? Lo hago bien’. Quizás hay cosas que podría haber hecho mejor si hubiera tenido alguna guía, pero siempre digo que la pega de modelo es como la del taxista: la aprendes en la calle. El mundo de la moda internacional es súper serio, no existe eso de que las modelos salen y carretean. No: tienes que levantarte a las 5 de la mañana, estar con buena piel y la competencia es enorme. Las agencias no tienen tiempo para perder. Tienes que tomártelo como una profesión. Y disfrutarlo también. Si no quieres cuidarte para estar en el peso adecuado ni lo pasas bien fotografiando, no tiene sentido.

¿No tuviste inseguridades sobre tu cuerpo cuando empezaste a modelar?
Cuando era chica, sí. Se sabía poco sobre la comida sana. Nadie iba al nutricionista. Veía a niñas que hacían dietas estrictas porque tenían un desfile, y pensaba: si voy a estar en esto, tiene que haber una manera saludable. No puedes pretender que comiendo una lechuga te vas a levantar a las 5 de la mañana, estar todo el día arriba de un par de tacos, llegar a tu casa en la noche a sacarte el maquillaje, ducharte, dormir poco, al otro día de nuevo, tomar un avión. Entonces buscaba en libros e internet.

¿Ha ido cambiando tu alimentación?
Sí, porque he tenido la oportunidad de ir a spas y centros de desintoxicación donde aprendí harto, especialmente en uno que está en el norte de Italia. Antes de ir, mis desayunos eran pobres y mis cenas pesadas. Comía muchos lácteos. Me resfriaba mucho. Me preguntaron sobre mi dieta y en base a eso me dijeron todos mis síntomas. Hasta entonces pensaba que mis bronquios eran débiles, pero se trataba de mi alimentación. Me enseñaron que comer proteínas animales en la mañana no era bueno, es mejor comer azúcares naturales. Dejé los huevos, los lácteos, menos el yogurt; como muchos granos, frutas y panes cereales bien negros. Me siento y duermo mejor y no me resfrié más.

Estar siempre sana y linda, ¿nunca se te ha hecho agotador?
Obviamente voy al gimnasio y a veces digo: ‘¡uf!, no quiero estar acá, quiero estar en mi cama’. Pero le doy y le doy. Me lo propongo como disciplina. Ya sea ir a correr a una plaza, a la playa o al gimnasio de un hotel. Y siempre digo: el gimnasio no lo empiezo ni los lunes ni en marzo.

¿Cómo te imaginas a los 70? ¿Pelo blanco?
Nunca voy a dejar de preocuparme de mí misma. No importa la edad que tenga.

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