La casa en que crecí: Jeanette de la Torre

Reportajes y Entrevistas

La casa en que crecí: Jeanette de la Torre

Por Constanza Gutiérrez

“La casa en que crecí está en Chiloé, en un sector que se llama Huicha, a cuatro kilómetros de Chonchi, y fue construida por mis papás recién casados. Eso debe haber sido aproximadamente en el año 1964. Es una casa de dos pisos, con una cocina chilota donde había una estufa a leña encendida invierno y verano, porque servía para mantener la casa calentita y también para cocinar las ricas comidas que nos preparaba mi mamá, como cazuelas con gallina de campo, galletas de quáker, milcaos, sopaipillas y torta de piña. Al costado de la casa había un fogón, donde se hacían los reitimientos de chancho en una olla de fierro y el asado de cordero ensartado en una vara de palo y cocinado con leña.

Esta casa queda en un alto y tiene una hermosa vista: al frente se puede ver la Isla de Lemuy, que cuando yo era chica estaba rodeada de pinos, pero con los años y los vientos se fueron cayendo. Hoy solo quedan unos pocos. Cuando el mar bajaba y el tiempo estaba bueno, podíamos ir a sacar algunos mariscos y en verano íbamos a bañarnos. Mi papá tenía un bote a remo y nos llevaba de paseo a la isla para sacar un tipo de frutos que llaman chupones, que se sacan de una planta que se llama Quiscal, parecida al aloevera, pero con hojas más delgadas y con espinas.

Crecí rodeada de naturaleza, animales y aves. Mis animales favoritos eran lejos el caballo Muñeco y el perro Perón, a quien mi papá le puso así por el ex presidente argentino. En la parte trasera de la casa había una quinta de árboles de diferentes tipos, como manzanos de muchas variedades, ciruelos y cerezos, a los que trepábamos con mis hermanas para alcanzar los frutos más ricos y maduros. Mi mamá tenía un huerto con verduras y legumbres como arvejas, habas, repollos, lechugas y zanahorias. Con mis hermanas también cooperábamos en las labores del campo y de la casa. Teníamos que cumplir con lo que nuestros papás nos pidieran: aprendimos a ordeñar vacas, andar en caballo y a ayudar a entrar la leña para la estufa.

En esos años mi casa era una casa solitaria, no había vecinos cercanos que tuvieran niños para compartir. Yo solo jugaba con niños en mi escuelita o cuando llegaban personas a trabajar a mi casa, como en las siembras y cosechas de papas y trigo, y cuando se guardaba el pasto seco para darle a las vacas y ovejitas en invierno. Estos trabajadores algunas veces llevaban a sus hijos y yo me entretenía jugando con ellos. También me entretenía haciendo tortitas de barro y saltando la cuerda con mis hermanas Hilda y Anita María, que eran cuatro y cinco años mayores que yo.

Estudié en la escuelita de Chonchi desde kinder hasta octavo básico. Caminaba los cuatro kilómetros todos los días, ida y regreso, con lluvia y frío, para llegar a mi escuelita nº 4.  Después, como solo tenía hasta octavo básico, tuve que irme a estudiar al Liceo de Castro, y más tarde emigré a Punta Arenas, donde se había ido a vivir mi hermana Anita María. Desde el año 1993 vivo en Puerto Montt, donde formé mi propia familia. Cada vez que podemos nos escapamos a Huicha. Solo en este lugar encuentro la libertad, paz y conexión con mis raíces. Quiero volver y envejecer ahí, mirando y admirando su soñado paisaje”.

Jeanette de la Torre García tiene 50 años y trabaja en recursos humanos en una empresa.

Seguir leyendo