La colombiana que ayuda a morir con dignidad

Reportajes y Entrevistas

La colombiana que ayuda a morir con dignidad

Por Andrea Hartung

Colombia es el séptimo país del mundo con más católicos y el cuarto del continente con más personas bautizadas, pero también es el primer país latinoamericano donde existe una reglamentación de la eutanasia, o muerte digna como prefieren llamarla sus defensores, quienes consideran que no es noble que una persona se vea forzada a sufrir hasta dar su último aliento. Hablamos con Carmenza Ochoa, una de las más acérrimas defensoras de esta opción en su país, a pocos días de que en Chile se vote un proyecto en la Cámara de Diputados.

Con la misma paciencia y amabilidad con las que recibe a las cerca de 200 personas que todos los años llegan hasta su oficina en Bogotá a preguntar sobre eutanasia, Carmenza Ochoa (61), directora ejecutiva de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente (DMD), cuenta cómo se convirtió en un personaje clave en la discusión sobre la eutanasia -o muerte digna, como prefiere llamarla- en su país y cómo Colombia se transformó en el primero de la región donde la muerte asistida está despenalizada y reglamentada. Porque hoy solo Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Canadá acompañan a los colombianos como estados donde está reglamentada la aplicación de la eutanasia.

Todo esto es algo que Carmenza atribuye al cambio de Constitución de 1991, “cuando pasamos de tener una Constitución basada en que nos debíamos a Dios a una basada en la dignidad de la persona”, pero no fue hasta hace tres años, en medio de acalorados debates con las áreas más conservadoras y la Iglesia -quienes califican este procedimiento como un asesinato, contrario al derecho a la vida-, que finalmente se reglamentó la eutanasia.
La fundación DMD se fundó en 1979 bajo el nombre Fundación Solidaria, basada en la experiencia de la filántropa Beatriz Kopp de Gómez, quien luego de ver morir a una joven pariente después de años de lucha contra el cáncer conoció los movimientos de muerte digna en Estados Unidos, y ya de regreso en Colombia se reunió con enfermeras, médicos y abogados para dar inicio a la organización. Carmenza, en cambio, no tuvo una experiencia cercana traumática, sino que se interesó en el tema cuando, en los años 80, conoció la historia de Karen Ann Quinlan, una joven estadounidense que a los 21 años quedó en estado vegetativo producto de una sobredosis de drogas y que no logró recuperarse hasta morir recién 10 años después, en 1985.

“Yo pensaba, bueno, si uno está en esa situación y no puede ni moverse ni parpadear ni nada, pues ¿para qué seguir existiendo? Entonces vi que la fundación DMD dio algunas entrevistas al respecto y dije ‘yo quiero firmar un documento que diga que si a mí alguna vez me pasa eso no quiero que me mantengan viva en forma artificial ni me prolonguen la vida en vez de dejarme morir plácidamente’”, explica.

Desde entonces comenzó a indagar en el tema de la muerte digna, convirtiéndose en voluntaria por 13 años, hasta que la llamaron a unirse como directora. “Durante ese período tomé muchos cursos e hice la especialización en bioética, además de dictar clases sobre el duelo, la muerte y el final de la vida, hasta que me invitaron a formar parte de la fundación y a dirigirla”, recuerda, y agrega: “Ya estando ahí conocí de primera fuente todos estos casos donde los cuidados paliativos no eran una opción para las personas a las que no se podía ayudar, y cuya única solución era que los ayudaran a morir”.

¿Cuál es el trabajo que se realiza en la fundación DMD?
Principalmente es un trabajo de educación. Nosotros damos charlas, conferencias, y a través de la web y redes sociales damos a conocer qué es muerte digna y cuáles son las opciones de muerte digna para que las personas decidan, cuál es la forma que ellos quieren para concretarla. También educamos a profesionales y al personal médico para que conozcan la ley. Porque desafortunadamente hay mucha desinformación.

En Colombia puede haber objeción de conciencia por parte de los médicos pero no por parte de la institución hospitalaria, ¿qué se hace en estos casos?
En cada hospital tiene que haber alguien que realice la eutanasia o la institución debe contactarse con alguien que haga el procedimiento. Si no es posible, deben remitir al paciente a otra institución donde no tengan objeción de conciencia.

LA RUTA DE LA MUERTE

La primera eutanasia legal en Colombia fue concedida el 3 de julio de 2015 a Ovidio González, de 79 años y padre de Julio César González, famoso caricaturista conocido como Matador, quien solicitó la muerte asistida por un creciente dolor provocado por un cáncer en la boca, maxilares y tejidos blandos, que además le estaba desfigurando la cara.

Este caso no estuvo exento de polémicas. “Fue muy sonado, pues el Comité de Muerte Digna autorizó la eutanasia, la cual fue programada pero luego cancelada cuando el paciente iba camino al hospital, con el argumento de que los médicos no podían medir su intenso dolor”, recuerda Carmenza, y agrega que como fundación intervinieron para que se respetara la decisión del enfermo: “Nos comunicamos con los médicos tratantes y les aclaramos que el sufrimiento lo mide el paciente, no el médico, y tras eso decidieron reprogramar el procedimiento para dos días después”.

La eutanasia se realizó mediante la inyección de sedantes, relajantes musculares y analgésicos, que primero llevaron al paciente a un estado de inconciencia y, posteriormente, a su muerte.

¿Cuándo se regularizó la eutanasia en Colombia?
Esto comenzó en 2014, cuando una señora con cáncer terminal e intenso dolor le pidió a su médico que le aplicara la eutanasia y el médico le dijo que no, porque no estaba reglamentado. A partir de este caso el Gobierno pidió al Congreso que se tramite una legislación y es así como en 2015 se reglamentó la eutanasia en Colombia.

¿Esto llevó a un boom de solicitudes de eutanasia?
No. Desde entonces ha habido solo 30 casos, o sea, superpoquitos.

¿Es un proceso engorroso?
El paciente hace la solicitud de eutanasia ante su médico tratante, quien confirma que este tiene una enfermedad en estado terminal y que lidia con un intenso dolor que no se puede tratar de otra manera. Además se establece que el paciente lo solicita de manera libre y formal, y se lleva la solicitud ante el Comité de Muerte Digna. Si se aprueba, se llevan las actas ante Ministerio de Salud, quienes tras un control muy estricto toman la decisión final.

CUESTIÓN DE FE

Según el Anuario Pontificio 2018, América es el continente con más católicos, con el 48,6% de los bautizados, mientras que Colombia es el séptimo país con más creyentes de esta fe en el mundo (45,3 millones). Aun así, es un país donde además de tener reglamentada la eutanasia, el aborto está permitido en las mismas tres causales que en Chile. Todo esto, nos recuerda Carmenza, se debe a la Constitución del 91, que separa al Estado de la Iglesia, pero que no ha impedido que los sectores conservadores alcen la voz a través de declaraciones de altos mandos eclesiásticos o con manifestaciones como la del pasado 5 de mayo, en la que se protestó tanto en contra de la eutanasia como contra el aborto.

¿Se enfrentaron a mucha oposición de parte de la Iglesia y las áreas más conservadoras?
Hay oposición pero no con la fuerza que habíamos temido. Nosotros pensamos que íbamos a encontrar una oposición muy fuerte, pero no fue así, aunque indudablemente la Iglesia Católica se ha manifestado en contra de los casos de eutanasia, pero protestas masivas o cosas más fuertes, no.

Este año se despenalizó la eutanasia para niños y adolescentes en Colombia…
Se reglamentó, porque antes se hablaba solo de las personas mayores de edad, pero no se nombraba en ninguna parte que un menor no pudiera pedir eutanasia. Pasó que en 2016 los padres de un niño de 13 años que nació con una parálisis cerebral severa pidieron que se le garantizara al menor el derecho a morir dignamente, pues aseguraban que no se le estaba dando la atención adecuada. La Corte consideró que no era justo que a alguien, por ser niño, se le obligara a sufrir hasta los 18 años, entonces se le pidió al Ministerio que se ampliara la resolución para que incluyera a niños.

¿Y esta familia pudo acceder a la muerte digna para su hijo?
Murió, pero por causa de su enfermedad, pues tenía esta parálisis cerebral congénita y una cantidad de patologías asociadas a su mal que no lo convertían en candidato para la eutanasia, aunque fuera adulto, lo que necesitaba era una buena atención médica. Pero gracias a los cuidados paliativos que se le entregaron pudo tener, finalmente, una muerte digna.

¿Ha habido casos de eutanasia en menores de edad?
No, pero un efecto buenísimo que ha tenido esta reglamentación es que todas las asociaciones de cuidados paliativos y el mismo Ministerio han trabajado mucho en mejorar la atención e indudablemente la mayoría de pacientes bien atendidos con cuidados paliativos no van a solicitar la eutanasia.

¿Para usted la eutanasia es un tema de ética, de dignidad, o más bien espiritual?
Es todo eso y mucho más. Si el paciente está sufriendo de manera indigna, no hay forma de ayudarlo a través de cuidados paliativos y pide que le ayuden a morir, que de todas maneras va a pasar muy pronto, entonces indudablemente tiene que tener derecho a la eutanasia.

LA SITUACIÓN EN CHILE

Para el 31 de julio está fijada la votación del proyecto de eutanasia en la Cámara de Diputados, debate que ha estado marcado fuertemente por la historia de Paula Díaz, una mujer de 19 años quien le pidió tanto a la expresidenta Michelle Bachelet como al Gobierno actual que se le concediera una “muerte digna”, debido a una extraña enfermedad no diagnosticada que la mantiene viviendo con un intenso dolor crónico. La respuesta del Gobierno fue clara: “Somos partidarios de la vida desde el primer inicio hasta la última etapa”.

Se trata de un proyecto que en 2014 el diputado liberal Vlado Mirosevic ingresó a la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados y que, al igual que la ley de aborto, incluye tres causales: que el paciente esté desahuciado o terminal; en caso de enfermedades invalidantes, incurables y que impliquen sufrimiento, y dolor mental que no pueda ser apaciguado por la medicina.

Por otro lado, diputados de Renovación Nacional liderados por Marcela Sabat presentaron otro proyecto en mayo, en el cual quedan claros los límites ante la aplicación de la eutanasia, restringiéndolo solo a “casos de enfermedades letales y a dolor físico insoportable”, dejando fuera dolores psicológicos contemplados en la propuesta de oposición. Sabat explica, sobre el proyecto de su conglomerado: “Se basa en la libertad individual, pero también en la responsabilidad. Nos hacemos cargo de la evidencia científica que da cuenta de realidades tangibles, y al mismo tiempo en reconocer que el dolor humano se puede enfrentar de diferentes formas. Nos hacemos cargo, no solo de la eutanasia propiamente tal, sino que también abordamos el derecho a que la persona que se vea enfrentada a un estado de salud terminal y doloroso pueda ser acompañada en la toma de decisiones, que pueda ser apoyada en este proceso de sufrimiento”.

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