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3 mayo, 2017
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La dieta del metabolismo

La nutrióloga estadounidense Haylie Pomroy, asesora de celebridades como Reese Witherspoon y Jennifer López, postula que para adelgazar no hay que comer menos sino que más, y hay que ingerir estratégicamente todos los tipos de alimentos para mantener acelerado el metabolismo y quemar grasas en vez de acumularlas. Un sistema que causa especial interés en mujeres maduras, cuyos metabolismos se vuelven más lentos, pero que tiene defensores y detractores.

Por Josefina Hirane / Fotografía: Álvaro de la Fuente / Producción: Paulina Wiegand / Agradecimientos: Simple by Puro


Paula 1225. Sábado 6 de mayo de 2017. Especial Belleza.

Luego de dar un mordisco a una manzana, tomar un sorbo de bebida o devorarse un chocolate, el cuerpo procesa los nutrientes para convertirlos en energía, necesaria para vivir: respirar, moverse, pensar, reaccionar. Ese proceso se llama metabolismo. Un metabolismo sano y funcional permite tener la cantidad exacta de energía disponible, una cantidad adecuada de energía de reserva lista para ser usada, así como un cuerpo fuerte y estable.
La nutrióloga de Clínica Alemana Jessica Ahuad explica que “el metabolismo es distinto en cada persona, no todos necesitamos ni gastamos la misma cantidad de energía. El metabolismo varía según la edad (se pone más lento con los años), el sexo (es más lento en las mujeres) y la composición corporal (a mayor masa muscular, mayor gasto energético)”.
Tener un metabolismo rápido significa que el cuerpo es capaz de procesar nutrientes fácilmente para convertirlos en calor y energía, o para tener fuerza. En cambio, si el metabolismo es lento, en vez de quemar, el cuerpo almacena. De esta manera la comida se acumula en forma de grasa. El escenario es aún más crítico en mujeres que pasan los 45 años: “Además de que el metabolismo se enlentece con la edad, la menopausia favorece el aumento de la masa grasa, por la disminución de la producción de estrógenos”, explica Ahuad.

Que la comida haga el trabajo por ti
Proclamada “la gurú del metabolismo”, la nutrióloga estadounidense Haylie Pomroy publicó en 2013 el libro La dieta del metabolismo acelerado que durante todo ese año lideró el ranking de bestsellers de The New York Times. Cuatro años después de ese lanzamiento, ya sea por la palabra “metabolismo” asociada a los kilos de más o al sentido que adquiere entre quienes entran en la fase menopáusica, el libro de Pomroy sigue siendo una suerte de biblia para las mujeres maduras.
“Con este plan alimenticio vas a comer bastante. Y vas a perder peso. Lo que no vas a hacer es contar calorías ni gramos de grasa. No vas a eliminar grupos enteros de alimentos. No vas a renunciar a los carbohidratos, no te harás vegetariano ni renunciarás a la comida que amas”, dice en la presentación y promete que, de seguirse este sistema, se pueden bajar 10 kilos en 28 días gracias a un plan de aceleramiento del metabolismo. Es con este mismo método que Pomroy mantiene en forma a muchas celebridades de Hollywood, como Reese Witherspoon (41), Jennifer López (47) y Robert Downey Jr.(52).
“He visto que la gente pierde peso, que disminuyen sus niveles de colesterol, que sus niveles de azúcar en la sangre se estabilizan, que duermen mejor y que superan la depresión. Estos resultados se mantienen en el tiempo”, escribe el doctor Bruce M. Stark, académico de la Universidad de California, en el prólogo.

“No vas a renunciar a los carbohidratos, no te harás vegetariano ni renunciarás a la comida que amas”, dice la nutrióloga y autora de este sistema que promete bajar 10 kilos en 28 días gracias a un plan de aceleramiento del metabolismo.

Antes de estudiar Nutrición, cuando cursaba la carrera de Licenciatura en Ciencias Animales, Pomroy empezó a entender que la comida puede utilizarse para moldear el cuerpo.  “Cuanto más aprendía sobre la alimentación animal, más creía que algunos de los mismos conceptos eran aplicables a las personas; que la dieta humana también podía ser manipulada con cuidado para acelerar el metabolismo e incrementar la velocidad de la quema de grasas”, escribe. Añade que “estoy aquí para revolucionar la manera en la que la gente se vincula con la comida y hace uso de ella. La comida no es el enemigo: la comida es, por el contrario, la rehabilitación que necesitas para revitalizar tu metabolismo lento y averiado, y convertir así tu cuerpo en una máquina quema grasa”, escribe.
La nutrióloga postula que lo que en realidad determina lo que ocurre en el cuerpo al comer no son las calorías, sino la velocidad de combustión o metabolismo. “Una de las creencias erróneas más generalizadas es la idea de que perder peso es solo cuestión de sumar y restar calorías. En mi opinión, es una herramienta mercadológica maliciosa que se ha utilizado para defender alimentos poco saludables y hasta dañinos”.

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Además, Pomroy notó que muchos de sus pacientes con sobrepeso hacían dieta tras dieta y eso, en vez de ayudarlos, los perjudicaba. “Cuando te privas de comida, tu cuerpo se ajusta para subsistir con un número reducido de calorías y hace más lento el metabolismo, intentando salvarte de una posible hambruna en el futuro. El organismo interpreta la privación de alimento como inanición. La inanición estresa las glándulas suprarrenales, las cuales, a su vez, inducen una cadena de reacciones químicas en el cuerpo que suprimen la producción normal de las hormonas que promueven la quema de grasa (T3) y favorecen una mayor producción de una hormona tiroidea distinta que fomenta el almacenamiento de la grasa (T3 reversa o Tr3). Esta es la razón por la cual muchas personas son incapaces de perder peso, a pesar de que comen poco”, explica la autora. “Cuando el metabolismo es demasiado lento, hasta la lechuga se almacena como grasa”.
Otro factor que hace que las dietas tengan efectos nefastos sobre el metabolismo es el estrés. Hacer una dieta consiste en privarse, en limitar las porciones, en reducir o modificar los horarios de comida. “La mayoría de mis clientes obesos que hacen dietas nunca disfrutan lo que comen y repiten muchos de los mismos platos aburridos. No solo se quedan hambrientos, sino que también se deprimen. Las dietas pueden ser experiencias que aíslan a la gente”, dice la autora.
El estrés provoca que el metabolismo se haga lento, porque el sistema detecta la emergencia y entra en modalidad de almacenamiento de grasas. También incrementa la producción de cortisol y reduce el efecto de la hormona tiroidea en el metabolismo. El placer tiene el efecto contrario: estimula el metabolismo al detonar la producción de endorfinas en las glándulas suprarrenales. Dichas endorfinas estimulan la producción de serotonina, hormona cerebral que mejora el estado de ánimo y que, a su vez, estimula la producción de la hormona tiroidea quemagrasas.

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En definitiva, Pomroy establece que las dietas comunes y corrientes desaceleran el metabolismo por la privación de alimentos y el estrés psicológico.  La dieta del metabolismo acelerado, en cambio, lo encendería y activaría. La premisa, entonces, es que hay que confundir al cuerpo para perder peso y para ello se debe realizar una rotación sistemática de alimentos definidos en días específicos y a horas estratégicas con el fin de entrenar el metabolismo, con un ciclo de descanso y recuperación activa. “Es lógico: si solo haces un tipo de ejercicio, como correr o subirte a la elíptica, el cuerpo se acostumbra y al poco tiempo dejas de ver resultados. Con esta dieta es lo mismo: dos días comes de una forma, dos días de otra y luego tres días comes una mezcla de nutrientes específicos completamente nueva. Así se estimula el metabolismo”, explica. Cada semana se come de tres formas distintas, siguiendo las fases 1, 2 y 3.

Las tres fases
Fase 1 (días 1 y 2): controlar el estrés y calmar las suprarrenales. Elevados índices glicémicos, niveles moderados de proteína y baja en grasas. Alimentos ricos en carbohidratos. Esta fase convence al metabolismo gradualmente de que ya no está en una situación de emergencia.

Fase 2 (días 3 y 4): desbloquear la grasa almacenada y generar músculo. Alta en proteínas y verduras y baja en carbohidratos y grasas. Alta en alimentos que favorecen la función hepática (la cual ayuda a las células a liberar la grasa). Los alimentos de la fase 2, proteína magra y verduras, permiten la movilización de la energía almacenada en forma de grasa, de modo de quemarla como energía real. El cuerpo se prepara para la fase 3, la cual se concentrará en el estímulo de la producción de hormonas para quemar las grasas recién liberadas con rapidez. Pero es imposible quemarlas si primero no se les desbloquea el paso.

Fase 3 (días 5, 6 y 7): desatar la combustión: hormonas, corazón y calor. Alta en grasas saludables, con niveles moderados de carbohidratos y proteínas, y fruta con bajo índice glicémico. En esta fase, tras cuatro días de una alimentación baja en grasas, se consume grasa de nuevo durante tres días. El cuerpo está listo para ello: las enzimas digestivas están al máximo, los músculos están fortalecidos, el cuerpo está bien alimentado con comida rica en nutrientes y ahora, cuando más se necesita, llega el flujo de grasas buenas para el corazón, las cuales detonan los mecanismos del cuerpo que convierten la grasa en combustible.La rotación de fases continúa durante cuatro semanas.

Pomroy propone un mantenimiento basado en hacer las paces con la dieta. “Y no con la palabra dieta, sino con el acrónimo D.I.E.T.A.: Debo Ingerir Estratégicamente
Todos mis Alimentos. Este es el nuevo mantra”.

“Más vale una orden judicial”
El libro de Pomroy está plagado de frases del tipo nutriocional-coach-autoayuda como “más vale una orden judicial que comida artificial”. Para la autora la comida es algo que alguna vez estuvo vivo y viene de la tierra, el cielo o el mar y descarta cualquier tipo de alimento que tenga la etiqueta “light” o “diet”, porque no los considera alimento real. “El organismo paga un precio muy alto por todos esos años de hacer dietas a base de productos químicos light disfrazados como comida. La comida real está llena de nutrientes y de fibra, y el cuerpo es capaz de aprovechar todos sus componentes. Si te alimentas de ella, tu organismo no necesitará filtrar las sustancias químicas, los conservadores no bloquearán la absorción de nutrientes y los aditivos no realizarán extraños experimentos científicos en tu interior. Como dato, el hígado se encarga tanto de descomponer las sustancias químicas como de metabolizar la grasa de los alimentos, de tus nalgas y del colesterol. ¿Qué prefieres? ¿Que tu hígado se la pase todo el día descomponiendo las sustancias químicas que consumes bajo el engaño de que se trata de comida?, ¿o quemando la grasa de tus nalgas, abdomen, cuello y muslos?”.Luego de cumplir los 28 días y bajar los 10 kilos, Pomroy propone mantener, eliminando la palabra dieta y usando el acrónimo D.I.E.T.A.: Debo Ingerir Estratégicamente Todos mis Alimentos. Este es el nuevo mantra. “Cuando pienses en DIETA, no quiero que lo asocies de nuevo con pasar hambre o privarte. La nueva DIETA consiste en comer”.

¿Sirve para todos?
La nutrióloga María José Escaffi, de Clínica Las Condes, respalda la hipótesis de Pomroy: “Si te restringes haciendo dieta, tu cuerpo se acostumbra y genera mecanismos para ahorrar. Está demostrado. Pasó en la hambruna de Holanda y en las guerras mundiales. La gente sobrevivió igual con escasez de alimentos, porque el metabolismo de cierta forma se protege y busca preservar y no morir. Además, al estar estresado se liberan algunas hormonas de estrés que pueden aumentar otras hormonas que nos llevan a comer o a ahorrar”. Pero no es una dieta que recomiende para todos. “Esto no es llegar y comprar un libro para bajar de peso. Nosotros hacemos exámenes a los pacientes y les indicamos una dieta según sus necesidades. Va a depender si tú no toleras bien los lácteos, los huevos, los vegetales, hay algunos que hinchan, otros que no. Va a depender del paciente. Tampoco estoy de acuerdo con las fases, creo que no se puede estar jugando con el metabolismo. La clave es llevar una vida sana, comer bien y hacer ejercicio”, dice la especialista.
A la nutrióloga Jessica Ahuad le preocupa, además, la promesa de los 10 kilos en 28 días. “Una pérdida saludable de peso, debe ser gradual, es decir, no mayor a un kilogramo semanal, ya que las bajas de peso mayores solo promueven la pérdida de masa muscular, que afecta directamente nuestro gasto energético, disminuyéndolo”, dice.


La misma dieta, dos resultados
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La corredora de propiedades Judy Ameche-Kromschroder (60) tiene una historia que se repite entre las mujeres de su edad: toda su vida ha luchado contra los kilos de más. Entre los 17 y los 24 años logró tener el cuerpo que quería, pero luego, con su segundo embarazo, engordó casi 30 kilos. Así se pasó adelgazando y engordando bruscamente. Ha probado todas las dietas que han llegado a sus oídos, con efectos rebote potentes. Todo empeoró cuando se empezó a acercar a los 50 años. “Dejé de fumar, me llegó la menopausia y los kilos que alguna vez logré bajar con facilidad solo cerrando la boca, ahora no me los podía sacar. Y lo que pasa con la edad es que uno se empieza a encontrar grasa en partes que antes no tenías. En mi caso, el cuello y la espalda. Fui a la clínica de Yaisy Picrin, me hice un lavado de colon, me dieron una dieta estricta y aun así no logré bajar de peso. Es que mi cuerpo, no importa lo que esté comiendo, a los tres o cuatro días de dieta, empieza a ahorrar grasa. Entonces no me servía ningún régimen. En julio del año pasado mi hija me prestó este libro y fue santo remedio. Bajé 10 kilos y repetí la misma fórmula durante cuatro meses. Hoy estoy en el mantenimiento. Sigo haciendo la dieta, pero un poco más relajada. No solo bajé, sino que mi piel se ve mejor y yo me siento mejor”, dice Judy.
Claudia Muñoz (51), dueña de casa, tiene un relato contrario. “Perseveré durante los 28 días que propone el libro, pero con suerte bajé un kilo y medio. Entonces, prefiero la típica dieta de una ingesta baja o nula de carbohidratos, mucha proteína y verduras. Esa no me falla”, dice.

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