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19 octubre, 2017
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La fe de Christopher Murray

¿Qué tiene en común el acto creativo, la fe y la política? Aquí, el director de la película El Cristo ciego –que llegará por primera vez a la Región del Maule de la mano del Festival Linarense de Cine Nacional Felina– reflexiona sobre la fuerza de la creación y sobre su participación en la franja electoral de Beatriz Sánchez. .

Por Daniela González A. / Fotografía: Carolina Vargas


Paula.cl

¿A qué le tienes fe?
Al rol del cine en las comunidades. Eso hace que quiera dedicarme día a día a la noble tarea de hacer películas y construir relatos.

¿Por qué? ¿Qué ves en el cine?
Una capacidad única de poder construir universos que nos permitan reflexionar sobre los propios, y eso me mueve harto. No sé si le llamaría fe en el sentido religioso del término. Pero sí me moviliza.

Tu última cinta se llama El Cristo ciego ¿Tienes fe religiosa?
No me considero una persona creyente, en el sentido tradicional. No comulgo con ningún credo oficial, pese a que mi educación fue cercana a la formación católica. Aunque sí, esa pregunta (sobre la fe religiosa) me pareció interesante desde siempre. Porque está presente en todas las comunidades, sea cual sea. Las preguntas movilizan más que las repuestas.

¿Tu película fue una manera de responder a esa pregunta?
Sí, es un tema que siempre me ha inquietado. La idea de un Cristo criollo la tenía muy puesta en mi cabeza, y así fue como comencé a desarrollar el relato. Hasta que encontré el lugar perfecto para encarnar esa pregunta, en la pampa del Tamarugal, en el norte, que es un lugar de mucho relato asociado a la fe. Fui conociendo personas allá, hilvanando historias de vida y ciertamente dialogando con experiencias de fe. Tanto, que el relato se fue construyendo solo. Me fui impregnando de esa vivencia y la fe fue ganando una dimensión más política, más social. Porque creo que no hay manera de preguntarse sobre la fe, si no es desde un ámbito político y social.

El trabajo de la cinta fue, precisamente, muy político y social. Te relacionaste con una comunidad. De hecho, los actores son personas que viven allá, no son actores profesionales.
Cada película tiene su metodología, su forma de realizarse y en este caso fue un trabajo muy comunitario: de no solamente de invitar a gente a sumarse a un proyecto, sino que impregnar el proyecto de las vivencias personales de quienes lo integraban. Me interesaba que las personas que participaran no fueran una decoración, ni un elemento más del paisaje geográfico, sino que tuvieran una incumbencia. Eso se fue dando orgánicamente, a tal punto que, cuando llegamos al rodaje, las diferencias entre el personaje y la persona se volvían difusas. Pero también había en eso un acto creativo. De hecho, si hay algo a lo que le tengo fe –volviendo al inicio– es a esa capacidad transformadora del acto de crear.

¿Y cuál es la fuerza de un acto creativo?
A mí me hace mantenerme en movimiento. El acto creativo se puede dar en el ámbito artístico, pero también en el político. La inercia política, el estancamiento, se produce cuando no hay fuerzas políticas que sean capaces de tener una idea de país distinto.

Eres el director de franja política de la candidata Beatriz Sánchez. ¿Esa decisión se condice con tu visión del cine como acto político? ¿Tu interés por romper la inercia?
Desde mi trabajo en cine he sido muy crítico del sistema político y económico en Chile, pero creo que a cada crítica hay que responder con una acción. En mi caso, ha sido aportar lo que pueda, junto a otros compañeros y compañeras del cine, a un proyecto político naciente que busca democratizar en profundidad este país y quitar de la manos del mercado nuestros derechos sociales. Creo que Chile necesita urgente romper su inercia neoliberal que ha dañado tan profundamente nuestro sentido del colectivo y devolver espacios de decisión a la ciudadanía. Y eso se relaciona al acto creativo del que hablábamos, porque es finalmente la capacidad de crear realidad y no solo padecerla según lo que otros han decidido.

Tu película se presentará en el festival Felina, en Linares, un proyecto que apuesta por poner cine con contenido en regiones. ¿Ves a la cultura como una fuerza que aporte a la descentralización?

Creo que aporta sobre todo cuando se trata de iniciativas que generan vínculos que se puedan proyectar en el tiempo. Los festivales de cine son espacios de encuentro únicos para compartir relatos y para conectar a los realizadores con la comunidad. Por ello deben estar extendidos por todas las regiones y con un sistema que asegure que sean iniciativas que se puedan perpetuar con seguridad en el tiempo.

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