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10 febrero, 2017
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La hermana menor de Lissette

Desde que murió Lissette Villa en un hogar del Sename, su hermana menor, de 11 años, sufre de ataques de llanto, se ha fugado cuatro veces de la residencia de María Ayuda –donde está interna– y lo único que quiere es volver a vivir con su madre. Pero una reciente decisión del tribunal echó por tierra ese deseo, pues será trasladada a otro hogar. “Quiero que me digan qué tengo que hacer para recuperarla. Ya no confío en ningún hogar”, reclama la madre.

Por Carolina Rojas / Fotografía: Alejandro Araya


Paula 1219. Sábado 11 de febrero de 2017.

Es un día sábado de enero, son pasadas las tres de la tarde y el sol cae pesado en Til Til, donde vive Juana Poblete, la madre de Lissette, la niña cuya muerte en un hogar del Sename develó una profunda crisis de la institución. Los dos perros de la casa, Kiara y Campanita, salen a recibir a los intrusos. Una señora anciana descansa en una silla de plástico. La casa es pequeña y de material ligero, pero se ve limpia y ordenada. Juana está en la cocina. En uno de los muros cuelga un cuadro con varias fotos de Lissette.

Juana tiene 46 años. Solo cursó la enseñanza básica y se ha ganado la vida trabajando de auxiliar de aseo en un supermercado o cosechando cebollas. Ahora trabaja como temporera en una viña cercana. Tiene siete hijos, de dos parejas distintas: Cristián, Fernando, Juan, Solange, J.D., Lisette y V.V. Las dos menores son hijas de Juan Villa, un hombre agresivo y maltratador, que hoy se sabe abusó sexualmente de Lissette y de Solange, que era su hijastra.

Juana revuelve una olla humeante en la cocina. Mientras se seca el sudor de la frente, reconoce ahora, los errores que cometió como madre. El primero: no alejar a Juan Villa a tiempo. “Le tenía mucho miedo”, dice. El segundo, que debería haber cuidado mejor a sus hijos menores quienes, por una medida del tribunal, fueron alejados de su lado y dejados bajo la protección de la red de hogares dependientes del Sename. “Cuando yo salía a trabajar, dejaba a los niños con mi hija Solange, que entonces tenía 15 años. Y los fines de semana tomaba: estaba muy depresiva en ese tiempo. Tuve que ser mamá y papá de todos mis hijos y dejarlos solos para salir a trabajar. ¿Qué más podía hacer?”, dice.

Por los antecedentes de violencia intrafamiliar y consumo de alcohol de los padres, en 2010 un tribunal decretó que Lissette, que entonces tenía 6 años y presentaba conductas agresivas hacia sus compañeros y profesores, fuera internada en el Hogar Regacito.

En 2012 el tribunal de familia de Colina amplió esa medida de protección a los otros dos hijos menores de Juana, –J.D. y V.V.– “por abandono, maltrato y negligencia”. Un informe del 2012 del Centro Comunitario de Salud Mental (Cosam) de Til Til, al que asistía Lissette, relata que: “El equipo clínico ha recibido reportes desde carabineros de la comuna, que Lissette deambula junto a su hermano J.D. (entonces de 11 años) y su hermana menor V.V. (entonces de 5) a horas inadecuadas de la noche por las calles de Til Til, trasladándolos muchas veces a su domicilio”.

Pero la muerte de Lissette, en abril del 2016, fue un remezón para Juana y sus hijos. “Todavía no lo supero. Es una carga que voy a llevar el resto de mi vida”, dice. Tras ese hecho, comenzó un tratamiento de rehabilitación por consumo de alcohol, depresión y de refuerzo de habilidades parentales en el Centro Comunitario de Salud Mental de Til Til, del que ya fue egresada.

Juana se separó de Villa en el 2011. Hoy vive con su nueva pareja y está en plena lucha para que su hija menor vuelva a la casa, a vivir con ella. “Yo me la había jugado tanto para que me entregaran a la Lissette. No entiendo por qué no lo hicieron y mira lo que pasó”, cuenta.

J.D., de 14 años, ya está con ella desde el 2015. Pero falta V.V., la menor de sus hijos, que hoy tiene 11 años y se encuentra en el hogar Villa Santa María del Bosque de María Ayuda, ubicado en la comuna de Maipú. En abril de 2016, poco después de la muerte de Lissette, Juana interpuso un recurso de protección en la Corte de Apelaciones y pidió recuperar a V.V.

“A la V.V. la afectó mucho la muerte de su hermana. El día del funeral lloraba sin parar. Gritaba: ‘Mi hermana noooo’. Me pedía que no sacaran el ataúd de la casa. No quería que la enterraran”, cuenta Juana. Y agrega: “Empezó a portarse mal en el hogar. Si ve en las noticias que hablan de su hermana, se derrumba, se siente mal, llora. Estoy preocupada por ella. No quiero que le pase lo mismo que a la Lissette”, dice. Y tiene razones para pensar así.

Cuatro fugas

Desde que murió Lissette, V.V. cambió completamente. Durante el 2016, se fugó cuatro veces. Un informe del Tribunal de Familia de Colina, con fecha el 9 de enero del 2017, anota dos fechas: el 26 y el 28 de diciembre.

Juana Poblete (46), madre de Lisette, a días de enfrentar la audiencia que decidirá el futuro de su hija.

Juana Poblete (46), madre de Lissette, a días de enfrentar la audiencia que decidirá el futuro de su hija.

Otro documento de María Ayuda, del 22 de enero pasado, anota dos escapes más: el 25 de noviembre y el 15 de diciembre. Las dos primeras veces terminó en la casa de Juana con dos amigas; las otras dos, en la calle. Según consta en los informes, la primera fuga ocurrió luego que una educadora la empujó, la niña cayó a unas rosas y quedó llena de rasguños. La segunda vez, vagó con sus amigas, terminaron en un supermercado Lider y robaron cervezas. Al hogar volvieron de madrugada, somnolientas y con hambre. Otras veces llegaron eufóricas, “como si hubieran consumido alguna droga”, elucubran los documentos.A Juana le preocupa esa línea de comportamiento, porque le recuerda a Lissette, quien también se fugaba de los hogares.Pero las escapadas de V.V. esconden algo más grave.

“La V.V Empezó a portarse mal en el hogar. Si ve en las noticias que hablan de su hermana, se derrumba, se siente mal, llora. Estoy preocupada por ella. No quiero que le pase lo mismo que a la Lissette”, dice Juana (La madre de las niñas).

Recientemente, en enero pasado, Juana visitó el Programa de Reparación (PRM) de la Fundación Tierra de Esperanza, al que V.V. asiste desde enero del 2015, y asegura que un trabajador social le reveló los motivos de porqué su hija asiste a ese tratamiento sicológico: habría sufrido una agresión de carácter sexual.“Quedé mal. La V.V. es muy reservada, hay sacarle las cosas con tirabuzón; ella jamás me lo contó”, dice la madre. “Sentí mucha rabia e impotencia, ganas de ir a buscar a la V.V. y traérmela corriendo a la casa. Ella es una niña, tiene 11 años. Es mi guagua”.

Un informe, fechado el 4 de abril del 2016 y firmado por la directora de la Fundación Tierra de Esperanza, reconoce el abuso ante tribunal. “Además, en la permanencia del sistema residencial, la niña habría sido víctima de transgresiones en la esfera de la sexualidad por parte de un ex funcionario (nochero), situación denunciada por las profesionales de la residencia al Ministerio Público”.

Otro documento de la misma fundación, fechado el 12 de abril de 2016, insiste en que V.V. debe asistir al programa ambulatorio porque habría sido víctima de abuso sexual, lo que le gatilló “una crisis emocional”.

La denuncia del posible abuso sexual quedó estampada en diciembre del 2014, en la Fiscalía Occidente: V.V. y otras tres niñas del hogar habrían sido agredidas sexualmente por un “nochero” de la residencia.

El abogado de Juana, y querellante en el caso de Lissette, Sebastián Lafaurie, asegura que nadie le había informado sobre esto a la madre. A pocos días de la muerte de Lissette, en abril pasado, él presentó un recurso de amparo para sacar a V.V. de la residencia. Y luego presentó otro más, en noviembre, cuando se enteraron que la niña había sido maltratada por una de sus cuidadoras, argumentando que había que resguardar la salud física y síquica. “Pero la corte nos dio un portazo, el argumento fue que no era la vía idónea para recuperar a V.V., pese al daño a su integridad. Y después nos enteramos que dos años atrás la niña había sido abusada sexualmente por una persona que trabajaba en el hogar. Todo estaba oculto, a su mamá jamás le habían informado. ¿Te puedes poner un minuto en el lugar de esa madre?”, pregunta el abogado.

Lafaurie asegura que golpearon varias puertas pidiendo explicaciones. Nadie supo darles una respuesta. En la residencia, a Juana le explicaron que no le informaron de lo sucedido porque ella se había cambiado de casa a la comuna de Renca, lo que nunca ocurrió. Luego pidieron información a la Fundación Tierra de Esperanza donde V.V. asiste a un programa de reparación, donde le explicaron al abogado que los tutores de las niñas son la residencia y el Sename. “Es realmente frustrante y traumático saber eso: que en el lugar en que debían cuidar a la niña, fue abusada y, además, la madre se entera dos años después…”, alega Lafaurie.

Día de visita

A Juana le toma tres horas de viaje ir a ver a su hija menor, desde su casa en Til Til (dos horas en bus y una en micro), al hogar en Maipú donde reside. Este lunes de enero toca visita. Lo primero que hace V.V. cuando ve a Juana es echarle los brazos alrededor del cuello. Al mismo tiempo, le murmura unas palabras al oído y ambas se ríen cómplices. La niña es morena y mide un metro cuarenta. Tiene un piercing en la nariz, las uñas pintadas de rojo y las pestañas tupidas de su mamá.

V.V. le dice a Juana que la echa tanto de menos, que ella misma se tatuó una jota de Juana cerca del pulgar derecho. Se ríe mientras le muestra el dorso de la mano. Parece orgullosa del resultado. Juana le entrega un chocolate que le trajo de regalo. La niña se alegra.

Mientras camina por un parque tomada de la mano de su hija menor, Juana dice que solo quiere recuperarla, traerla de vuelta a la casa. Ha hecho esfuerzos y méritos para demostrar que sí es apta para cuidarla. “A veces le pido a la Lissette que me ilumine, que si me porté mal con ella, que me ayude a ser mejor con su hermana”.

Frontis del hogar Villa Santa María del Bosque de María Ayuda.

Frontis del hogar Villa Santa María del Bosque de María Ayuda.

En un informe preaudiencia emitido desde el hogar y firmado por la sicóloga y coordinadora técnica de la residencia Villa Santa María del Bosque de María Ayuda, se revelan aspectos más positivos sobre el comportamineto de Juana: “Cabe destacar que la vinculación de V.V. con la madre se ha visto fuertemente afectada luego de la muerte de Lissette en el mes de abril. Ambas requieren de contacto permanente, como una forma de contención. La señora Juana ha resultado un adulto adecuado frente a situaciones complejas de V.V. en el espacio intrarresidencial, pudiendo generar control, incluso, telefónicamente. Ha sido constante y ordenada en los días acordados (…). A pesar de que la señora Juana ha estado expuesta a situaciones altamente complejas y estresantes, en relación al cuidado y deceso de su hija Lissette, ha sido capaz de mantener una actitud de respeto para comprender los objetivos que se siguen respecto a V.V.”.

El 24 de enero fue la última audiencia para decidir el futuro de V.V. El tribunal esgrimió que debían existir mayores avances en el trabajo de las habilidades parentales de la madre y se determinó que se solicitará la revisión del caso en seis meses. Mientras, la niña deberá seguir interna en una nueva residencia: el Hogar Arica de Estación Central.

“(…) La señora Juana ha resultado un adulto adecuado frente a situaciones complejas de V.V., pudiendo generar control (…). A pesar de que ha estado expuesta a situaciones altamente complejas y estresantes, en relación al deceso de su hija Lissette, ha sido capaz de mantener una actitud de respeto para comprender los objetivos que siguen respecto a V.V.”, señala un informe de María Ayuda.

El abogado relata cómo fue esa audiencia. “El sistema proteccional en Chile, a cargo de los tribunales de familia, es totalmente perverso, no tiene alma, ahí está el problema madre de toda la crisis del Sename. Una vez terminada la audiencia, cuando ya se había resuelto trasladarla a otra residencia, me di cuenta que ninguno de los encargados proteccionales de V.V. tuvo un gesto de humanidad hacia ella y le explicó la decisión del tribunal, decisión a la que me opuse y que, por cierto, para ella era terrible. Debíamos retirarnos. Pedí hablar con ella. Le dije: ‘Hoy tomamos una decisión, que es mejor para ti, pronto podrás volver a tu casa con tu mamá y tus hermanos, pero ahora te trasladaran a otra residencia por tres meses’.

Ella me respondió: ‘Pero ¿cómo? ¿Otros tres meses? Lo mismo me dijeron en María Ayuda y ya llevo cuatro años’. En ese minuto, supe que ella entendía todo lo que estaba pasando”.

Ya son las dos de la tarde y Juana debe partir: se acaba el tiempo de la visita a su hija menor. Suena el timbre de la puerta electrónica del hogar, V.V. le da un abrazo a su madre, no quiere que se vaya. La acompaña hasta la entrada de la residencia y se queda con las manos agarradas de los barrotes. -Ya mamá, beso por aquí-, dice la niña y Juana incrusta su cara entre los fierros para besar a su hija.

La madre camina, se aleja de la residencia, prometiéndose que no va a permitir que a V.V. le pase lo mismo que a Lissette. “Quiero que me digan qué tengo que hacer para recuperarla. Ya no confío en ningún hogar. Un hijo siempre está mejor con la mamá, aunque solo comamos sopa de pan”, dice.

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