La imperfección del amor

Reportajes y Entrevistas

La imperfección del amor

Por Equipo paula

Sabemos que el cuento nunca termina en “se casaron y fueron felices”. Desde mucho antes y por mucho tiempo después estas historias tuvieron motivos para fracasar. Sin embargo, el amor apareció, se hizo un espacio, creció y se fortaleció. Incluso, después de la muerte.

Más allá de los géneros

Cuando León Bulnes (25) comenzó su transición hace casi cuatro años, alejó de su vida a Carla Cornejo (27). Se habían conocido en 2013, cuando entraron a estudiar Odontología en la Universidad Andrés Bello y, aunque en un principio no se convirtieron en amigos, sí existía cierta cercanía. “Teníamos grupos de amigos por separado pero siempre en los carretes conversábamos porque nos llevábamos bien”, cuenta Carla. “A mí siempre me gustó su forma de pensar. En ese tiempo él no había hecho la transición. Hablábamos un montón y León me enseñaba muchas cosas, me entretenía con él. Cuando comencé a acercarme más, me di cuenta de que me gustaba pero a mí nunca me había gustado una mujer”. León afirma que Carla tenía una “vibra” distinta al resto de sus compañeras de ese entonces, otra ideología, una forma de pensar más libre. “A mí me chocaba mucho que la carrera fuese tan cuadrada y tuve como un golpe contra la realidad. Empecé a cuestionarme cosas y a redescubrir mi identidad”. En 2015 León decidió comenzar el camino de la transición. “Toda la vida sentí que era distinto. Sentía que ya no podía aguantar más, como que era una olla a presión. Siento que me rebelé, contra el mundo y mi familia, que ahí salió otra parte de mí que estaba en modo automático porque viví momentos fuertes; quizás otros chicos y chicas lo han vivido peor pero para mí fue uno de los años más difíciles que me ha tocado vivir con mi familia, con el entorno e incluso con personas que no conocía. La Carla, por su parte, quería tanto ayudarme y estar ahí, que a la vez me sentía ahogado y sentía que ese proceso lo tenía que vivir solo. Y sí, fui pesado, hiriente y la alejé pero necesitaba renacer solo. Pasó mucho tiempo en que la relación quedó en stand by, hubo un tiempo en que ni siquiera nos saludábamos”. Carla agrega: “León estaba pasando por un período muy negro en su vida y andaba tóxico con el mundo”. Pero nueve meses después de que León comenzara su terapia hormonal decidió buscarla. “De la nada, de un día para otro, León me habló para que lo intentáramos. Yo me hacía la loca y decía: “No, si ya no me gusta”, pero era mentira, ¡me encantaba! Siempre me encantó. Él era lo que buscaba y yo era lo que él buscaba”, afirma Carla. “Como todas las parejas tenemos altos y bajos, pero somos un buen complemento. Ambos nos educamos por el otro. La Carla ha crecido conmigo y, también, ha hecho la transición conmigo. Ya han pasado más de tres años desde que partió todo y vale la pena. A pesar de todas las adversidades que puedas vivir como persona trans, el resultado es muy lindo. Todo encaja, todas las piezas del puzzle están listas y este se arma. Eso para mí es lo mejor que pudo haber pasado porque uno les va demostrando a las personas que esto no fue un capricho, ni un llamado de atención o que solamente quería llevar la contraria, y así un montón de cosas que me dijeron familiares y amigos. Es bonito vivir esa transición pero queda mucho por cambiar, compartir y enseñar. Yo lo único que quiero es ser feliz y luchar por estos derechos que no todas las personas tienen. Es complicado hacer la transición y sin recursos, sin apoyo de la familia uno se va a pique… pero se puede lograr, especialmente cuando se tiene el soporte de una pareja que te entiende y respeta”.

 

 

Amor a toda prueba

El año 2006 un accidente de moto dejó cuadripléjico a Javier Urzúa (32). Con el 75% de su cuerpo inmóvil este publicista debió aprender todo de nuevo y a movilizarse en silla de ruedas, pero eso jamás impidió que continuara con su vida y sus sueños. “Siempre hay algo por lo que sentirse orgulloso de uno mismo y no iba a dejar que un accidente fuera un impedimento para quererme, para tener aventuras, sueños y ser feliz”. Hoy, casado hace dos años con María José Suric (27), recuerdan entre risas y complicidad cómo se conocieron. “Fue el 2015. Yo estudié Fonoaudiología y nos conocimos cuando estaba saliendo de la universidad”, cuenta María José, y Javier interrumpe: “Pero la historia empezó un poco antes. Cuando sufrí el accidente estuve hospitalizado, y dentro de todos los médicos que uno ve está el fonoaudiólogo. Años después del accidente, yo estaba trabajando en el Lollapalooza desarrollando el área de accesibilidad e inclusión y necesitaba voluntarios del área de salud, y dentro de mis redes de contactos estaba la fonoaudióloga que me había visto años atrás. La llamé, y me dijo que feliz me ayudaba, pero me pidió que a cambio fuera a dar mi testimonio a una fiesta de pacientes que se organiza todos los años en su lugar de trabajo. Cuando llegué estaba lleno de gente. Empecé a mirar y de repente vi a una flaca estupenda de espalda. Empecé a hablar fuerte para ver si se daba vuelta, ¡hasta que lo logré! Me pegó una doble mirada, y ahí decidí ir a hablarle. Fue un flechazo”, recuerda Javier. Paralelamente, María José estaba conversando con una amiga y una voz le llamó la atención. “Volví a mirarlo porque lo encontré minísimo. Ahí pregunté quién era, me ‘datié’ un poco, pero no mucho porque yo estaba pololeando”. Por esas cosas de la vida al día siguiente ‘la patearon’ y, en paralelo, Javier logró conseguirse su contacto. “Pololeamos casi un año, y en un viaje a San Pedro, Javier me pidió matrimonio; nos casamos y a las dos semanas partimos a vivir a Australia”. Estuvieron un año y medio, Javier estudió un MBA y María José trabajó en distintas cosas. “Fue un tiempo muy entretenido y que nos sirvió mucho, sobre todo nos permitió atrevernos a hacer cosas nuevas como irnos de camping. De hecho, ahí nos dimos cuenta de que no hay barreras, solo las que uno se pone, y eso nos motivó para quedarnos recorriendo y viajando unos meses”, dice María José. Egipto, Israel, Tailandia, Japón y Turquía son algunos de los 11 países que conocieron y que hoy comparten en su Instagram y blog Rueda Nómada. “En el viaje nos dimos cuenta de que casi nadie en silla de ruedas viaja acompañado de una sola persona… lamentablemente la gente le tiene susto a la inaccesibilidad, al cómo hacerlo, a cargarle la mano a la otra persona, pero ¡todo es posible! Fue muy lindo ver cómo en todas partes del mundo siempre alguien nos ayudó, por eso quisimos compartirlo, porque queremos mostrar que sí se puede, incluso en un viaje estilo mochilero. Nosotros no nos fuimos a nada lujoso, alojábamos en hostales, piezas compartidas, y estuvimos en las ciudades más inaccesibles, y todo lo logramos con ayuda de la gente”. Hoy, de vuelta en Santiago y sin ningún ahorro, viven con los papás de Javier y con la idea de seguir compartiendo sus paseos cotidianos en Rueda Nómada.

 

El cuento que quiere cobrar vida

“Teníamos la idea (de formar familia) hace muchos años, pero debía ser en el tiempo correcto”, dice Gonzalo Velásquez, periodista, presidente del Movihl y autor del libro Nicolás tiene 2 papás, (escrito junto a Leslie Nicholls diseñado por Ramón Gómez) lanzado en 2014. Ramón y Gonzalo son pareja y se vieron envueltos en una polémica cuando ese cuento fue distribuido en bibliotecas públicas y jardines infantiles del país. El texto reivindicaba que las parejas homoparentales pueden, como cualquier otra, formar familia. Parejas como ellos, que hoy ven ese paso como la consolidación de su amor. Gonzalo y Ramón llevan juntos 19 años y han intentado casarse desde 2006 a pesar de que la legislación chilena no lo permite. “Primero pensamos en el matrimonio para que Gonzalo pudiese adquirir mis bienes en caso de que me sucediese algo, pero luego fue otra nuestra prioridad; queríamos adoptar un hijo que pueda tener dos papás legalmente”, cuenta Ramón. “Es un deseo de entregar amor y ver cómo un niño o niña crece”, agrega. Ambos creen poder criar con menos prejuicios y más capacidad de adaptación al hijo que vendrá. Por eso el 15 de enero de este año, solicitaron una hora para casarse en el Registro Civil, se basaron en el fallo de la Corte Suprema de noviembre de 2018 en el que se declaró: “toda persona que habita el Estado de Chile es titular del derecho a contraer matrimonio y fundar una familia”. Tras ser rechazada nuevamente su hora, presentaron un recurso de protección a la Corte de Apelaciones de Santiago junto al Movilh. Su petición ante la Corte de Apelaciones fue derivada a la Corte Suprema el viernes 25 de enero de 2019. En marzo serán notificados para saber qué sigue, según les informó su abogada. Pero, de ser descartado su sueño, no se detendrán. “La vida nos puso en esta situación y se ha vuelto un objetivo en nuestras vidas”, declara Gonzalo. “El libro representa a las familias distintas y es nuestro sueño mostrar que existe diversidad”, finaliza.

 

El homenaje de flavia moritán

“Fernando, mi marido, falleció el 5 de febrero de 2016. Tenía 50 años. Lo conocí en Brasil, adonde llegamos de vacaciones. Yo lo había soñado. A él, su cara, su nombre. Y ahí estaba, con su pelo largo, bronceado, picado por los bichos. Nunca más nos separamos y emprendimos una vida juntos que nos regaló tres hermosos hijos: Andrés, Julieta y Santiago.

Nuestra vida nunca fue quieta ni rutinaria. Su padre fabricaba zapatos y él siguió sus pasos. Tenía una frase que me encantaba. Cuando terminaba un diseño, decía: “Qué pena que hay que hacer más de uno”. Durante una de las tantas crisis de nuestro país, Argentina, decidimos probar suerte en Chile y fuimos muy felices aquí. La vida nos devolvió a nuestro país atravesando nuevas dificultades, pero nuestro amor era tan fuerte que pudimos pelearlas juntos. Hasta que un día, una vez que estábamos más afianzados económicamente y que pensé que era el tiempo para empezar a disfrutar, Fer empezó a sentir un tremendo dolor en las cervicales que terminó con una operación donde le fijaron la columna con una prótesis. Empezó a recuperarse pero rápidamente volvió a sentir dolor y fue cuando nos enteramos de que no era la columna, sino un cáncer de pulmón grado IV que había hecho metástasis. El tratamiento sería solo paliativo.

De pronto, sin aviso y con la fuerza de un tsunami, nuestra vida dio un giro en 180 grados. Durante el año que duró su vida desde la noticia, se dedicó a prepararse y prepararnos. Nunca más encendió la televisión, pasaba horas meditando y se ocupó de decirnos todo lo que tenía adentro. No sé de qué habló con cada uno, pero sé lo que me dijo a mí y esas palabras de amor incondicional, de saber que no se llevaba nada malo con él, que había sido inmensamente feliz, me acompañan hasta hoy. También me dijo que si quería intentara con la fábrica de zapatos, pero que si veía que no era lo mío, no me sintiera obligada ni dudara de tomar otro camino. Y así fue como, de un día para otro, llena de dolor, entré a su lugar, a su mundo, a sus diseños, a sus papeles, a su caos creativo y me puse el objetivo de probar.

No fue nada fácil, diría que fue muy doloroso. Todo lo que hay en la fábrica tiene su letra, todos los moldes tienen su espíritu. Pero comencé a hacer cosas que jamás hubiera imaginado como a dibujar una horma, a hacer moldes y a disfrutar del proceso creativo que era lo que Fer más amaba. Es la mejor manera de recordarlo, de tenerlo cerca, de rendirle un homenaje y de poder convivir con el dolor de su partida. Él siempre está en mi corazón”.

En donde menos lo esperas

Francisca Parada (31) es periodista y en el año 2012 era parte del departamento de Prensa de Canal 13 en el turno de noche. Daniel Medina (33) recién había salido de la Escuela de Oficiales de Carabineros y trabajaba en la 4ª Comisaría de Santiago. “¿Esto fue en enero del 2012?”, le pregunta Francisca a su marido. “Sí, y era mi primer día”, responde Daniel. “Esa noche hubo un femicidio frustrado y un robo a un cajero automático. Con el Dani nos encontramos primero en el robo al cajero automático y, como yo andaba muy enojada por culpa de un ex pololo, ni lo pesqué. Él habló con mis colegas, yo dejé que mi camarógrafo hiciera ‘los monos’ (las imágenes), saqué las cuñas y, chao, me fui”, cuenta ella. “Después nos llamaron diciendo que en Matucana había pasado algo, que al parecer era un femicidio pero que al final resultó ser nada. En eso, Daniel me fue a saludar, a preguntar información y bueno, como periodista yo le pregunté más cosas. ¡Pero él se acercó primero!”, recalca Francisca. Se pusieron a conversar y terminaron intercambiando números, pero la cosa no fue inmediata. “Fuimos muy amigos por un año. Yo estaba pololeando, después terminé y me dediqué a carretear, carretear y carretear, vivir la vida loca”, ríe ella. La ‘friendzone’ era tal que Francisca casi le presenta una de sus mejores amigas a Daniel. Recién un año después de conocerse volvieron a coincidir. “Con mi familia, veníamos en un radiotaxi tipo 3-4 de la mañana, del matrimonio de mi prima. De repente apareció un furgón de Carabineros y en alta voz nos dijeron: “¡Detengan el vehículo, bájense todos!”, y yo no entendía nada, les explicaba que venía de un matrimonio y que andaba con mi abuelita. Y en eso me acordé de mi ‘amigo’ Daniel, quien ahora trabajaba en la Comisaría de Los Dominicos. Entonces mire Whatsapp y dije: “Ya, si aparece conectado a esta hora está carreteando o está de turno”. Le conté lo que estaba pasando y me respondió: “Voy para allá” y entremedio de eso él llamaba y les decía que yo era su prima”. Esa noche quedaron en que Francisca pasaría a la comisaría a saludar cuando anduviese reporteando. “Y entremedio de esos reporteos lo fui a ver, nos quedamos conversando como dos horas y ahí me dijo: “Oye, podríamos salir”. La primera cita fue al cine y después hubo más. Fue ella la que le pidió matrimonio. “Después de tres meses, un día lo miré y le dije: ‘Cásate conmigo’. Es que me vi pensando: ‘Oh, el día que este cabro sea papá va a ser maravilloso’. Y ahí dije: ‘ Ya, cagué. Él es el indicado’”. El próximo 7 de marzo Francisca y Daniel cumplirán cuatro años de casados y su hijo Martín celebrará exactos 6 meses. “La forma de conocernos fue súper distinta. Nadie nos presentó, no fue una fiesta, tampoco un cumpleaños ni una aplicación. Fue la vida. Y, de hecho, si vuelvo para atrás y regreso a ese día que nos conocimos, jamás en la vida me habría imaginado que él sería mi marido. Nunca, nunca. Es que es heavy, pero siempre pienso que si fue así era porque teníamos que dar la vuelta completa y madurar lo que era necesario para llegar al punto que llegamos”.

 

Unidos por el dolor

Lucía y Diana eran mejores amigas desde los 4 años. Compañeras de colegio en Arequipa, compartieron prácticamente toda su infancia y adolescencia. Eso, hasta que Diana conoció a Roberto. “Con Diana nos conocimos de niños porque los dos veraneábamos en Arica. Nos pusimos de novios y a los 19 años ella se embarazó. Decidimos venirnos a vivir a Chile y en el avión le pedí matrimonio. Cuando llevábamos 7 años casados y con dos hijos (Cami y Robertito) le diagnosticaron cáncer de mamas con metástasis en hígado y pulmón. Le dieron 6 meses de vida, pero duró 5 años”, cuenta Roberto León (36). Es ahí cuando Lucía y Diana retomaron la intensa amistad que cultivaron de niñas. “A pesar de que nos veíamos cada vez que ‘Di’, visitaba a su familia en Arequipa, sobre todo porque nuestras hijas se hicieron también muy amigas. Cuando Diana enfermó fue todo más intenso, su tratamiento fue entre Curicó y Arequipa, de los 30 días del mes se pasaba 15 en Perú, y siempre estábamos juntas”, recuerda Lucía Medina (37). En uno de esos viajes Roberto acompañó a Diana y, como tenía que estar hospitalizada una semana, le insistió a su marido que fuera a comer con su amiga Lucía. “Yo no soy de salir con desconocidos, así que no quería, pero como estaba todo el día encerrado en el hospital finalmente dije que sí. Me pasó a buscar la Cucha (como le dicen todos) y tengo que reconocer que me llamó la atención desde el primer día. Tuvimos mucha buena onda y salimos toda esa semana”, dice Roberto. “Yo estaba con la cabeza en otra relación, así que nunca lo vi con otros ojos”, confidencia Cucha. Unidos por el dolor de la enfermedad de Diana, comenzaron a cultivar una amistad cada vez más cercana. Los últimos días de Diana, Cucha viajó a Curicó a acompañarla. Falleció el 20 de marzo de 2014. “Por estar tanto tiempo juntos empecé a conocerlo en todo sentido, como esposo, papá, hijo, hermano… Lo vi en su mundo y me gustó. Nos acompañamos mucho en la pena de la partida de Diana, hacíamos turnos para que nunca estuviese sola. Los últimos días fueron muy dolorosos, pero ella siempre supo que estuvimos ahí”, cuenta. “Cuando la Cucha volvió a Arequipa mantuvimos el contacto, hablábamos todos los días. La atracción se hizo cada vez más fuerte hasta que decidí invitarla a un matrimonio en Chile en octubre de ese año”, recuerda Roberto. La relación empezó tímidamente, pero con el tiempo fue innegable y decidieron formalizarla. “En un principio yo no estaba muy seguro, había enviudado hacía poco y sentía que no tenía nada que ofrecerle, pero ella estaba muy segura de todo”, dice. “Nos pusimos a pololear y al año me vine a vivir a Curicó con mi hija”, cuenta ella. Llevan juntos 3 años, y hoy viven en Curicó con Niki (17), la hija de Cucha, y Cami (17) y Robertito (11), los hijos de Diana y Roberto. “La fusión no fue fácil, pero todo ha valido la pena. En algún momento se vendrá el matrimonio, pero por ahora estamos enfocados en la familia, en que todo marche bien, y felizmente ha sido así”, concluye Cucha.

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