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4 Abril, 2017
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La inyección que quita el hambre

Un medicamento para diabéticos que inhibe el apetito está siendo usado por chilenas con sobrepeso dispuestas a inyectárselo todos los días para bajar los kilos de más. Aunque es segura, la liraglutida –que se vende con receta médica bajo el nombre de Victoza y Saxenda– puede provocar cálculos biliares, pancreatitis y cáncer a la tiroides. Algo que pasan por alto las mujeres que se la administran sin supervisión médica. Aquí, todo sobre el pinchazo que adelgaza.

Por Bárbara Riedemann / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Álvaro Renner


Paula 1223. Sábado 8 de abril de 2017.

Todas las mañanas la rutina de Natalia (quien pide reserva de su apellido) sigue el mismo orden: se ducha, se maquilla y se viste. Antes de abrochar los últimos botones de su blusa, va a la cocina y abre el refrigerador. Saca una cajita que en su interior guarda lo que ella llama el “señor lápiz”, un aplicador similar a un bolígrafo, cuya punta es una finísima jeringa que contiene un medicamento que se inyecta cerca de su ombligo. “Es un peñizquito mínimo, no duele nada. Y su efecto es inmediato: apenas me pincho me olvido de la comida”, cuenta con naturalidad sobre el peculiar método que sagradamente sigue cada día desde hace 4 meses, cuando pesaba 61 kilos. Hoy, con 1,60 m de estatura, Natalia está en 54 kilos y con orgullo dice que sus jeans son talla 36, aunque su autoimpuesta meta es llegar a los 51 kilos.

Natalia tiene 43 años, dos hijos y una exitosa carrera como ejecutiva de ventas de una importante empresa del barrio alto. No tiene tiempo, asegura, para adquirir hábitos alimenticios saludables o hacer ejercicios. “Vivo en reuniones y eventos. Cero posibilidad de sentarme a comer tranquila o de ir al gimnasio. Me pasa que termino picoteando un sándwich o alguna cosita dulce a deshoras y eso me tenían rellenita”, dice.

Una amiga le contó que se estaba inyectando un remedio que quitaba el hambre y que se vendía sin receta en la farmacia. “Partí y me lo compré. Obvio que lo de la inyeccción me dio susto, pero mi amiga me dijo que ni a ella ni a sus conocidas les había pasado nada y me recomendó ver un tutorial en Youtube para aprender a inyectarme correctamente. Desde ese día el señor lápiz ha hecho su magia: se me quitó el hambre”, afirma.

Lo que Natalia se inyecta se llama liraglutida, un análogo 97% igual a la GLP-1, una hormona natural del organismo que se secreta en el intestino delgado en respuesta a la ingesta de alimentos. “Su principal función es actuar en el páncreas para estimular la secreción de insulina (que baja la glicemia) e inhibir la liberación de glucagón (que sube la glicemia) y, de esta forma, disminuir los niveles de azúcar en la sangre”, explica el doctor Gonzalo Godoy, diabetólogo de Clínica Alemana. Precisamente por este efecto regulador de la glicemia el medicamento fue creado para diabéticos tipo 2, aquellos en los que el páncreas no produce suficiente insulina como para controlar el nivel de azúcar en la sangre o en la que el organismo es incapaz de utilizar la insulina de forma eficaz.

Lanzada en 2009 por el laboratorio danés Novo Nordisk bajo el nombre comercial de Victoza, un año más tarde fue aprobada por la FDA –Food and Drug Administration, organismo regulador de Estados Unidos– y desde entonces su uso se masificó por el mundo. Tanto que en Brasil, México, Estados Unidos y España se han levantado verdaderos mercados negros online que la venden de forma directa y no en la farmacia con receta médica, como es la indicación de las agencias reguladoras. Y es que el furor por la Victoza –que viene en un lápiz precargado con liraglutida, que se inyecta de forma subcutánea en abdomen, parte superior de muslos o brazos en dosis ajustables y progresivas de 0,6; 1,2 y 1,8 mg, y que se definen según la respuesta de cada paciente– tiene que ver con un efecto secundario que se observó durante las investigaciones del medicamento: los diabéticos reportaron una pérdida drástica del apetito y una sensación de saciedad permanente, con lo que consiguieron bajar de peso.

“Se produce un efecto anorexígeno, ya que el medicamento también actúa en el hipotálamo, donde se encuentran los centros reguladores del hambre, disminuyendo el apetito. Junto a ello, el mecanismo de bajar los niveles de glucosa en la sangre también retarda el vaciamiento gástrico, que induce a mayor saciedad. Algo contrario a lo que sucede cuando los niveles de glicemia son altos y que producen polifagia o la necesidad imperiosa e incontenible de hambre”, aclara la doctora Julieta Klaassen, nutrióloga del Centro de Tratamiento de la Obesidad de la Red Salud UC Christus.

Lo anterior motivó a Novo Nordisk a experimentar con mayores dosis de liraglutida para el tratamiento exclusivo de la obesidad. Y en 2014 el laboratorio lanzó Saxenda, el mismo fármaco solo que en una dosis mayor, de 3 mg. Su indicación es clara: se usa en obesos cuyo Índice de Masa Corporal (IMC) sea superior a 30 y, excepcionalmente, en personas con sobrepeso que exhiban un IMC superior a 27 y que en sus exámenes se observe al menos una comorbilidad relacionada con el peso, como pre diabetes, hipertensión, dislipidemia –niveles altos de colesterol, triglicéridos o ambos– y apneas del sueño. “Liraglutide (SaxendaR) es un tratamiento coadyuvante para reducir el peso, siempre y cuando se incluya un abordaje integral de la enfermedad, vale decir, cambios en el estilo de vida con una dieta sana y ejercicio”, enfatiza el doctor Rodrigo Alonso, nutriólogo jefe de Clínica Las Condes, quien agrega: “La liraglutida tiene un efecto inhibidor del apetito, y la sensación de saciedad dura alrededor de 24 horas y por eso se debe inyectar a diario, idealmente a la misma hora. El objetivo es aprovechar su efecto anorexígeno para que al paciente le sea más fácil acoplarse al plan de alimentación propuesto por el médico tratante con tal de que, en un año aproximadamente, este pueda perder alrededor de 10% de su peso inicial y reducir así el riesgo de enfermedades asociadas”, explica el especialista.

Pero mientras Saxenda aún no se lanzaba al mercado, el boca en boca del prometedor efecto de la Victoza para bajar de peso sin grandes sufrimientos, se expandió a la velocidad de la luz y en internet abundan grupos de Facebook y foros internacionales con testimonios –la mayoría femeninos– dando cuenta de los buenos resultados que han obtenido usando el medicamento. Incluso allí algunas diabéticas reconocen haberles recomendado el remedio a amigas que no tenían la enfermedad pero sí necesitaban bajar de peso. Otras, se lo automedicaron y otras comparten el dato del doctor que les recetó Victoza, teniendo un sobrepeso mínimo y niguna comorbilidad asociada. “Aunque en Chile esto aún no sucede, no extrañaría que el fenómeno comience a divulgarse a través de las redes sociales, tal como ya ha ocurrido con otros métodos de moda para adelgazar”, advierte el doctor Godoy.

Coca light y cigarrillos

Sandra (55) es ingeniera comercial y colega de Natalia y, al igual que ella, quería bajar los 8 kilos demás que le fueron imposible perder con las clases de spinning que practicaba tres veces por semana, incluso comiendo solo ensaladas. “Por la pega paso ocupadísima, entonces dejo de hacer ejercicios una semana y engordo de inmediato. A los 20 años hubiese bajado de peso rápido, pero estoy entrando en la menopausia y todo se ha enlentecido y me quedo pegada en un peso que no me identifica y me incomoda. Así que cuando Natalia me habló de este atajo fácil, no dudé en tomarlo”, cuenta Sandra, quien es mamá de 4 hijos y hace dos meses se inyecta Victoza. Con 1,65 m de altura, empezó con 68 kilos y su meta es llegar a los 60. Hoy va en 65. “No ha sido tan rápido como esperaba, pero estoy aprovechando su efecto quita-hambre al máximo. Además, he mantenido la dieta
que siguen la mayoría de mis colegas ultra flacas y estupendas: me tomo unas cinco latas de Coca light al día y fumo como
carretonera”, cuenta Sandra sobre el peculiar régimen que sigue.

Por su parte, Natalia ha restringido su alimentación. “La inyección es tan potente que de verdad te tienes que acordar de comer, porque si no podrías pasar de largo. Así que hojas verdes y una proteína pequeña es lo que como todo los días porque es lo que menos calorías tiene. Obvio que no puedo dejar la Coca light porque tengo como una adicción”, bromea. Y agrega: “Inyectarme esto me recuerda a la sibutramina que también tomé hace un par de años. Mi marido me dice que cómo soy capaz de inyectarme para ser flaca, pero de todas maneras él está feliz de verme así de regia. Además, me muevo en un mundo donde ser flaca es un valor tan importante como ser inteligente. Suena muy banal, pero es la realidad”, reflexiona.

En Chile, Victoza y Saxenda son relativamente nuevos. El primero fue aprobado por el Instituto de Salud Pública (ISP) en febrero de 2012 y circuló en el mercado a mediados de ese año. Saxenda, en tanto, se inscribió en el ISP en mayo de 2016 y recién desde febrero de este año está disponible en farmacias. Aunque se venden con receta médica, es posible comprarlos sin que se exija una. Así al menos declaran conseguirla Natalia y Sandra. Y este reporteo lo comprobó. Se pidió comprar ambos medicamentos en 10 farmacias de las tres cadenas más grandes del país, ubicadas en Santiago Centro, Providencia y Las Condes y en ninguna exigieron ver la receta médica. Victoza cuesta entre 65 mil y 75 mil pesos, y Saxenda entre 180 y 198 mil pesos, además hay que comprar el pack de agujas para un mes que cuesta alrededor de 7 mil pesos. Y, según la dosis que se administre, ambos duran entre 15 días y un mes. Sandra, por ejemplo, se ha comprado indistintamente Victoza y Saxenda y, en dos meses ha gastado unos 300 mil pesos. “Es caro y no está al alcance de todos, pero más me costó la depilación láser”, justifica.

“Antes ya existían moléculas análogas de GLP-1 y, al igual que la liraglutide, cuando salió en Estados Unidos a las mujeres que la usaban se les llamaba ‘mujeres gordas, pero ricas’, porque este es un tratamiento caro y hoy sigue siendo igual. Es una herramienta muy válida para bajar de peso pero hace ruido el contraste: mientras hay pacientes en lista de espera para hacerse una endoscopia, hay gente dispuesta a inyectarse por más de cien mil pesos y exponer su salud, en lugar de cambiar sus hábitos”, dice la doctora Klaassen.

Que en algunas farmacias se pueda comprar sin receta genera problemas: cada día más mujeres como Natalia y Sandra podrían estar inyectándose sin supervisión médica. Los especialistas consultados para este artículo observan con preocupación que la automedicación de Victoza y Saxenda se pueda disparar como consecuencia de las escasas herramientas farmacológicas disponibles para controlar la ingesta alimentaria, como la fentermina, anorexígeno de la familia de las anfetaminas; el orlistat, que inhibe la absorción de grasas y el fenproporex, que también tiene efecto lipolítico. “Esto puede llevar a un uso inadecuado de Victoza y Saxenda. Creen que basta con el fármaco y no se restringen en los alimentos que consumen o llevan una dieta hipocalórica que solo las hace perder agua y masa muscular, en lugar de grasas. Sin la debida supervisón médica, esto es pan para hoy y hambre para mañana”, advirte el doctor Godoy.

Aunque a Natalia le faltan 3 kilos para llegar a su meta de 51, asegura que muchas veces se ha sentido débil, con frío, desgano e incluso se ha desmayado dos veces. “Como eliminé los carbohidratos, sé que esta molesta sensación es más por mi dieta hipocalórica que por la Victoza, pero es lo único que me ha resultado para bajar. Estoy consciente de que no me puedo inyectar para siempre y, ahora que estoy pronta a llegar a mi meta, me da miedo dejar de pincharme porque no quiero sufrir el rebote. De verdad espero que en este tiempo mi cuerpo se haya acostumbrado a la lechuga y la Coca light”.

La doctora Julieta Klaassen es enfática en señalar que el tratamiento de nada sirve en mujeres que se automedican. “Aprovechan el efecto anorexígeno sin calcular si el aporte de nutrientes, como vitaminas y proteínas es el adecuado para el funcionamiento del organismo. De esta forma no le están sacando el máximo provecho al medicamento porque lo más probable es que inicialmente bajan mucho, pero, apenas dejen de pincharse van a reganar. La gente quiere la inmediatez, pero si no está dispuesta a cambiar, entonces que no empiecen a inyectarse cosas”, puntualiza.

Indicación off label

María Luisa tiene 42 años, es dueña de casa y tiene 6 hijos con edades entre 17 y un año medio. Con esa última guagua subió 25 kilos de los 54 kilos que siempre ha pesado y que con su 1,68 m de estatura la han definido siempre como una mujer delgada. “Me pesaba el cuerpo de lo gorda que estaba y dando de mamar no bajé ni un gramo, como sí me había pasado con mis otras guaguas cuando era más joven”, dice. Determinada a conseguir su figura de siempre, ni siquiera se compró ropa más grande para no sentirse cómoda y se forzaba a entrar en los mismos jeans de antes del embarazo para sentirse apretujada y obligarse a bajar. “Fui adonde la nutrióloga y me dijo la clásica: ‘tienes que comer sano, en pequeñas porciones y varias veces al día’. Hacerlo no fue un esfuerzo porque yo siempre he comido sano, sin frituras ni chanchadas. Aunque sí me costó bajar las porciones y estuve 4 meses con ese régimen que me dejó en 73 kilos. Ahí me estanqué y todavía me quedaban 18 kilos por bajar. Así que la doctora me sugirió probar con Victoza, que era la última generación de medicamentos para perder peso en Estados Unidos. Yo jamás había escuchado sobre este tratamiento y me dio susto eso de los pinchazos”, cuenta.

la inyección que quita el hambre 2

María Luisa tenía sobrepeso con un IMC cercano a 26. Y, aunque la indicación es un IMC superior a 27, los especialistas consultados en este reportaje coinciden en que muchas veces hay fármacos que combaten el sobrepeso y la obesidad, pero que no necesariamente fueron creados para ese fin. “Es el caso de algunos antidepresivos y antiepilépticos que funcionan como herramientas eficaces para el tratamiento en algunas personas con exceso de peso. A esto se le llama indicación off label”, explica el doctor Alonso. Y agrega: “Por ejemplo, Victoza no está indicado para personas con sobrepeso discreto, sin embargo, que algunos colegas la indiquen tiene que ver con que hay una buena interacción médico-paciente, quien explica los pros y contras y establece periodos definidos de tratamiento, tiempo durante el cual hay un acompañamiento y monitoreo de su evolución porque, como todo fármaco, no está exento de efectos secundarios que el paciente debe conocer”, aclara.

Antes de comenzar a pincharse, la doctora de María Luisa le explicó el tratamiento y cómo inyectarse. “Y me mandó a hacer millones de exámenes, como los clásicos perfiles bioquímicos, a la tiroides, al hígado, niveles de azúcar en la sangre e incluso vitamina D. Ninguno arrojó nada, soy una persona súper sana”, dice. En octubre pasado comenzó el tratamiento. “El efecto fue realmente inmediato. Los primeros días sentí dolor de cabeza, que se me pasaron con paracetamol. Ninguna otra molestia”, cuenta María Luisa quien hoy está en 56 kilos y le faltan dos para llegar a la meta acordada con su doctora. Juntas, definieron la dosis de Victoza que se iba a inyectar. “Uso una dosis de 0,9, muy bajita. Probé con una más alta pero el efecto anorexígeno es tan potente que sentía que no estaba en control. Con la dosis de ahora no paso hambre, pero igual siento un poco y así puedo controlarme. En lugar de comer un plato lleno de lentejas, ahora solo puedo comer la mitad y, aunque podría seguir comiendo un poco más, yo soy quien elige decir ‘suficiente’ y no la Victoza”, cuenta. El éxito de su tratamiento se lo debe a lo ordenada que ha sido en la pauta de alimentación que le dio su nutrióloga y, a punto de terminar el tratamiento, no tiene miedo de ganar peso. “La pérdida de peso ha sido muy gradual. Como ya estoy terminando, hay días en que no me inyecto y como igual de bien que los días que lo hago. Eso me demuestra que durante este tiempo he logrado entrenarme para seguir, sin la ayuda de la inyección, con hábitos saludables y mantenerme en mi peso a largo plazo”, cuenta María Luisa, quien le ha recomendado el tratamiento a 5 de sus amigas. A todas ellas la palabra “inyección” les asusta. “Pero no duele nada el pinchazo”, les asegura.

Que la liraglutida sea inyectable y que no exista su símil de ingesta oral tiene una razón: “La liraglutida es una molécula peptídica, o sea, de la familia de las proteínas que al ingerirse vía oral, los jugos gástricos la desnaturalizan rápidamente y esta pierde su efecto”, explica la doctora Mónica Manrique, nutrióloga, coordinadora del Programa de Obesidad de Clínica Meds.

Los especialistas coinciden en que casos como el de María Luisa son cada vez más frecuentes. Dice el doctor Alonso: “A mi consulta llegan pacientes preguntando por Victoza. Son hombres y mujeres –que están en un rango normal– pero que han subido en el último tiempo y que, luego de haber seguido muchas pautas de alimentación, quieren perder unos kilos adicionales porque les ha costado mucho deshacerse de ellos. Por supuesto que las mujeres son las que más consultan. Por lo general tienen entre 40 y 55 años. Llegan postembarazo y otras están entrando en la menopausia y, como su metabolismo se va enlenteciendo, les cuesta mucho más bajar”, detalla el especialista. En todas ellas el tratamiento se evalúa caso a caso. “Hay que recordar que para tratar el sobrepeso y obesidad hay 5 pilares. Los primeros son dieta personalizada, ejercicios y cambios en el estilo de vida. Solo después de esto y comprobar que los resultados no son los deseados, se indican medicamentos y, posteriormente, cirugía bariátrica a los pacientes que lo requieran”, agrega la doctora Manrique.

El llamado es que la indicación de este medicamento sea evaluado caso a caso. “Quienes lo recetan sin la indicación específica, como es un IMC superior a 27 están cometiendo una imprudencia, pues no hay evidencia a largo plazo de sus interacciones en pacientes sanos, dado que el medicamento es aún muy nuevo”, alarma el doctor Godoy.

Efectos adversos

Según el ISP la liraglutida se considera un medicamento con un perfil de seguridad favorable. Incluso está indicada para ser usada de forma prolongada en tanto la diabetes y la obesidad son enfermades crónicas. “Es un excelente fármaco que, además de inducir a la baja de peso, disminuye el riesgo cardiovascular”, dice el doctor Jaime Díaz, diabetólogo y nutriólogo de Clínica Santa María. Pero, como todo medicamento, tiene riesgos que Natalia y Sandra ignoran.

En primer lugar la liraglutida puede causar serias reacciones adversas como posibles tumores en la tiroides –incluyendo cáncer–, inflamación del páncreas (pancreatitis), cálculos a la vesícula, hipoglicemia en diabéticos tipo 2 que toman otros medicamentos para tratarse, aceleramiento del ritmo cardiaco, problemas renales y hepáticos, reacciones alérgicas severas e incluso depresión o pensamientos suicidas. Y, en ningún caso, está indicado para embarazadas y niños. Personas con antecedentes a cualquiera de estas reacciones adversas tampoco pueden administarse el medicamento. “Quienes se automedican desconocen si tienen algún daño hepático, por ejemplo. Administrarse Victoza sin los exámenes correspondientes previos al tratamiento podría producir cálculos biliares o pancreatitis que, si no se trata a tiempo, podría resultar en una cirugía mayor”, advierte el doctor Díaz. Aunque poco frecuente, él mismo tuvo un caso de un paciente diabético con tratamiento de Victoza a quien le dio pancreatitis. “En casos como esos la suspensión del medicamento es inmediata”, dice.

Más frecuentes son sus eventos adversos leves como náuseas, diarrea, constipación, vómitos, cefalea y mareos. Algunas pacientes incluso han declarado tener alergias en la zona de punción. Eso le pasó a Sandra, que observó un sarpullido alrededor de su ombligo. “La zona me ardía y dejé de inyectarme allí. Ahora lo hago en el brazo. También han aparecido unas ronchitas, pero nada molesto”, asegura.

Entre los años 2013 y 2016 el ISP ha registrado 35 notificaciones de sospechas de reacciones adversas con Victoza. “19 de ellas corresponden a reacciones cutáneas en el sitio de inyección, 3 problemas de otro tipo en el sitio de inyección como hematomas o dolor, 4 problemas digestivos, 2 de pancreatitis. También hay reportes de hipoglicemia, problemas de tiroides, cefaleas y somnolencia, molestias articulares e incluso un caso de infarto cardiaco en el que no se pudo descartar si fue por efecto de este medicamento u otros hipoglicemientes que recibía el paciente”, detalla Juan Roldán, jefe del Subdepartamento de Farmacovigilancia del ISP, quien aclara que la notificación de una sospecha de reacción adversa no constituye una denuncia. “Estos efectos son conocidos. Lo que monitoreamos es si se presenta alguno no identificado para evaluar y garantizar la seguridad del producto. Por tanto, Victoza y Saxenda y todos los medicamentos aprobados por el ISP son seguros siempre que se utilicen con la indicación médica correcta”, concluye.

 

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