La muerte virtual

Reportajes y Entrevistas

La muerte virtual

Por Roberto Farías / Fotografía: Alejandro Araya / Ilustración: Julie Carles

En Facebook hay más de 35 millones de usuarios muertos y 5 millones de perfiles conmemorativos. También existen sitios web en los que se pueden elevar oraciones o prender flores digitales a los difuntos. Y en Chile ya hay un primer cementerio virtual que suma 15 mil tumbas. Así es el rito y la memoria fúnebre en tiempos de internet.

Paula 1195. Sábado 12 de marzo de 2016.

Uno de esos primeros domingos de regreso en Chile, después de vivir 15 años en Estados Unidos, Juan Álvarez (47) revisaba en Facebook sus viejas amistades chilenas, como una forma de retomar el tiempo perdido. Etiquetó a un par de amigos y a otros que habían partido durante su ausencia. Visitó el perfil de Rodrigo “Pájaro” García, un productor de Canal 13 que se suicidó en 2011, con quien había sido cercano.

Como muchos deudos y parientes cuando alguien muere, fue a su perfil en busca de una respuesta. Leyó los mensajes que había:
“Donde sea que estés Rodrigo, siempre estarás en nuestros corazones…”; “Pensar en todo el dolor que soportaste hasta más no poder…”; “Espero que haya un cielo…”.

Juan etiquetó a Rodrigo en una foto común y escribió: “No te llegué a conocer mucho, pero te consideré un alma especial”.

A los 15 minutos una campana sonó en su computador. Era un “Me gusta” sobre ese mensaje. Siguió el link sobre el nombre y apareció el perfil de una joven mujer.

Días después, Juan Álvarez etiquetó otra foto universitaria donde salía su antiguo amigo. Y recibió, casi de inmediato otro like.

Averiguó con los amigos y supo que quien ponía esos likes era Constanza (nombre ha sido cambiado), la pareja de Rodrigo; ella lo encontró muerto en el dormitorio de su departamento.

Juan le pidió amistad. Tiempo después, llegó la respuesta de Constanza y hablaron de sus mutuos recuerdos de Rodrigo.

Juan se sorprendió que Constanza estaba siempre atenta a los mensajes que le enviaban a Rodrigo. O a las fotos nuevas en que lo etiquetaban. Ella le contó que hacer eso le servía de consuelo, que abría el perfil de su difunto pololo tanto como el de ella misma y que siempre leía los mensajes que le dejaban.

Desde fines de 2009 Facebook permite convertir en conmemorativas las páginas de las personas fallecidas, siempre que lo soliciten los parientes cercanos. Una de las primeras y más famosas es la dedicada a Steve Jobs que acumuló un millón de mensajes en poco tiempo cuando murió en 2011.

Los amigos pensaron que era una reacción normal de Constanza. Parte del duelo de una pareja que se quería mucho. Ella escribió en su propio perfil: “Desde tu partida, me han pasado cosas que me han decepcionado y me han hecho daño”.

Hay muchos perfiles abiertos en Facebook de personas fallecidas: cerca de 35 millones, de sus 1350 millones de perfiles de usuarios, son de gente muerta, según datos de la red social.

Susan Sepúlveda (39), una joven viuda, confiesa que para ella es más fácil visitar la página de Facebook de su marido Henri Fieldhouse y escribir alguna anotación, que ir al cementerio, donde solo ha visitado su tumba un par de veces. “No porque no quiera; no es eso. Sino porque me causa mucho menos dolor. Es como recordarlo vivo”, explica.

La página de Henri todavía sigue abierta y sus amigos le escriben en las fechas importantes o incluso cuando juega la selección chilena de fútbol, y eso que murió hace cinco años.

Sandra Rivera (36), la viuda del periodista Héctor Escárate quien murió de cáncer hace un año, cuenta que: “a veces cuando voy al cementerio, vuelvo destruida. Prefiero mostrarles las fotos de su papá a mis hijos (mellizos) en el computador y que lean los mensajes y recuerdos que postean sus amigos en la página. Es menos frío que una tumba”, dice Sandra.

muertevirtual2
Para Susan Sepúlveda es más fácil visitar la página de Facebook de su fallecido marido, y escribir alguna anotación, que ir al cementerio, donde ha visitado su tumba un par de veces. “Me causa mucho menos dolor. Es como recordarlo vivo”.

PERFILES SIN HEREDERO
Desde fines de 2009 Facebook permite convertir en conmemorativas las páginas de las personas fallecidas, siempre que lo soliciten los parientes cercanos mediante el envío de un certificado de defunción y cumplan algunos procedimientos de verificación de identidad.

Los perfiles conmemorativos solo quedan disponibles para los que previamente eran amigos aceptados del fallecido; solamente ellos pueden ver el contenido y dejar mensajes. Pero no pueden revisar mensajes o conversaciones anteriores, bajar las fotografías, ni descargar el contenido audiovisual.

Una de las primeras y más famosas de las “remembering page” es la dedicada a Steve Jobs que acumuló un millón de mensajes en poco tiempo cuando murió en 2011. Otra reciente es la del copiloto de la aerolínea Germanwings Andreas Lubitz, quien estrelló un avión de pasajeros con 150 personas a bordo y que Facebook motu proprio convirtió en conmemorativa para evitar agravios e insultos.
Facebook en su blog corporativo informa que hay ya más de 5 millones de perfiles conmemorativos en ese actual “cementerio virtual”.

“Cuando alguien nos deja, no abandona ni nuestra memoria ni nuestra red social”, escribió Max Kelly, responsable de seguridad de Facebook, en el blog de la empresa. “Hemos creado los ‘perfiles conmemorativos’ donde la gente puede guardar y compartir los recuerdos de aquellos que han fallecido”.

Todo muy bonito. Salvo que –según reza en el contrato de términos y condiciones del servicio, que se firman al abrir el perfil–: “Usted le otorga a Facebook el derecho irrevocable, perpetuo, no exclusivo, transferible y mundial (con la autorización de acordar una licencia secundaria) de utilizar, copiar, publicar, difundir, almacenar, ejecutar, transmitir, escanear, modificar, editar, traducir, adaptar, redistribuir cualquier contenido depositado en el portal”.

Hace unos meses la británica Luisa Palmer intentó recuperar el material que su hija Becky había subido a Facebook antes de morir hace un año. Ella seguía visitando el perfil de su hija y leía los mensajes que aún le enviaban sus amigas. Como a todos los que cuidan perfiles abiertos, le proveía algo de consuelo. Pero cuando Facebook decidió motu proprio convertir la página de Becky en conmemorativa, Luisa no pudo acceder más al perfil de su hija. A pesar de que sabía la contraseña.

Facebook respondió que “de acuerdo a su política de usuarios fallecidos, solo los amigos confirmados en Facebook pueden ver el perfil y no es posible hacer ningún cambio ni proveer información sobre cómo entrar a la cuenta”. Luisa, incluso, le escribió al fundador de Facebook, Mark Zuckerberg pero no obtuvo respuesta.

Palmer le dijo a la BBC que entendía las razones de Facebook pero “yo soy la madre y ese era su perfil en Facebook. Siento que todo el contenido de esa cuenta es mi herencia. Debería tener derecho a todo lo que hay guardado ahí”. Con la ayuda de una organización humanitaria Luisa Palmer iniciará la primera batalla legal en Gran Bretaña sobre la llamada “herencia digital” de su hija en Facebook.

Facebook habilitó recientemente un sistema para nombrar herederos del material y contraseñas. Pero tiene validez legal solo en Estados Unidos en forma experimental.

Si en Chile Facebook optara por convertir en conmemorativas las páginas abiertas de usuarios muertos como Henri Fieldhouse o Tito Escárate, sus familiares perderían lo que hay ahí: contactos, fotos, imágenes, posteos, conversaciones…

sandrarivera
Sandra Rivera.

AGREGAR AL CARRITO
Un notebook estuvo permanentemente conectado al Messenger de Facebook mientras duró el velorio de Marco Antilef en el living de su casa en La Florida, en mayo de 2015. En la pantalla, se veía en Suecia a su hermana Carmen Antilef llorando. Los deudos que llegaban a la casa poco acostumbrados a internet y los computadores, pasaban de largo cuando veían su rostro en la pantalla. “O hacían como que les fallaba la vista y no me reconocían”, dice Carmen desde Suecia. Los más jóvenes la saludaban y le daban el pésame como a otro miembro presente en el velorio. Pero en las largas horas de la noche en el notebook a veces solo se vía el living de su departamento vacío o unas flores en la vereda de su calle en Estocolmo. Cuando después de un día y una noche levantaban el ataúd de su hermano para subirlo a la carroza, Carmen lloraba desconsolada en el cuadrito de Messenger de Facebook mientras se quedaba atrapada en el notebook sin poder seguir al cortejo al cementerio como todo el mundo. Vio cómo sacaban el ataúd online. Posteó de inmediato en la página de Marco: “Hasta siempre hermano querido”.

Cuando la anciana china Shae He, murió en junio de un infarto al corazón en Ñuñoa, pasó algo parecido. Contrataron a un fotógrafo que tomó fotos y grabó videos del sepelio para subir luego a Facebook, para que la vieran sus parientes en China. Después del recorrido al Parque del Recuerdo, los parientes de Shae tomaban puñados de arroz y monedas, lo vertían en montoncitos en las esquinas del ataúd y partían. Pocas horas después, las fotos y los videos estaban en la página de Facebook que hicieron para que los familiares en China vieran en el mundo virtual, la partida de Shae He del mundo real.

“Hace diez años a un fotógrafo lo echaban a patadas de un entierro”, comenta el fotógrafo que se vio en esas lides. Hoy que la gente grabe imágenes con sus celulares y las suban a las redes sociales es parte del ritual.

Funeraria Carrasco Hermanos, unas de las más grandes de Santiago y uno de las principales proveedores de ataúdes en Chile, abrió hace poco Cementeriomemorial.cl. Y le ha ido bien: ya hay 15.233 almas que están sepultadas en sus pantallasLos muertos tienen una lápida, un obituario y jardines virtuales donde los parientes pueden visitar a las personas fallecidas.

“Hay jardines separados por religión, por edad o fuerzas armadas”, dice Gabriel Carrasco, el gerente de la funeraria. Comenzaron hace 5 años, pero desde el año pasado está funcionando plenamente. “En la lápida la familia coloca un epitafio, fotos y videos”. A través de la sepultura virtual no se puede acceder a información real del cementerio ni a otros datos reales del fallecido. Tampoco dejar mensajes: “Es que el tema de la muerte es muy sensible” explica Carrasco “y son los parientes los que deben tener control sobre la información que se coloca ahí”.

El entierro digital todavía no tiene costo y es parte de los servicios que ofrece la funeraria a sus clientes. “Pero ya tiene 60 mil visitas solo en este año”, dice el desarrollador del sitio, el ingeniero Edmundo Vidal. “Y se han acercado una docena de chilenos que desde el extranjero u otros que quieren dejar contratado el servicio antes de morir”.

La Funeraria Carrasco Hermanos, una de las más grandes de Santiago, abrió un cementerio web donde ya se cuentan 15.233 almas sepultadas en pantalla: ahí tienen una lápida, un obituario y jardines virtuales.

LACRE NEGRO
Una tarde en La Reina, la periodista Gabriela Bade (43) sollozaba como una magdalena. Su marido le preguntó: “¿qué te pasa?” y ella le sonrió con pena volviéndose desde la pantalla.

–Es que un amigo murió y me enteré por Twitter. No lo conoces. Bueno, yo tampoco… era un amigo solo virtual.

Carlos Valenzuela era un joven periodista de 29 años que solía postear mucho de música. Con observaciones sutiles acerca de los temas que algo revelaban un estado de ánimo y un tono a veces melancólico. Gabriela lo seguía ya hacía un año y a veces conversaban. De pronto, desapareció. Sus tuits no llegaron más. Gabriela pensó que podía estar de vacaciones o ausente por cosas del trabajo. Le escribió a otra seguidora de Carlos y le respondió que había muerto hacía un par de meses.

Nunca se vieron en persona.

“¡Llevaba meses muerto!”, suspira Gabriela Bade “de inmediato empecé a revisar los mensajes que tenía con él. ¡Me dio una pena! Algunos los copié por temor a que desaparecieran. Pero la real tristeza era la fugacidad de todo eso. De que era una persona que apenas dejó un leve paso por nuestras vidas”.

Gabriel García Márquez dijo que la gente tenía una vida real, otra vida privada y otros, hasta una vida secreta. Yo agregaría que casi todos tenemos hoy una vida virtual. Docenas de amigos que no conocemos en persona.

La antropología explica que si bien los cementerios comienzan por higiene comunitaria, el rito para esa práctica –el ir a dejar al muerto envuelto en tela, ataúdes, prenderle flores– lo convierte en asunto místico. Detiene la vida. Cierra el ciclo.

La vida virtual también necesita ritos virtuales. Les pregunto a todos los entrevistados si cerrarían los perfiles de Facebook de sus seres queridos y nadie sabe. O no se sienten capaces de tomar esa decisión. Y eso de escoger unas flores y unas velas y agregarlas al carrito, no parece suficiente. ¿Cuál será el rito para la muerte virtual que se impondrá? Nadie lo sabe.

El perfil de Marcos Antilef sigue abierto. El de Tito Escárate sigue abierto. El de Shae He. El perfil de Carlos Valenzuela también sigue abierto. Sus compañeros de la universidad le dedican poemas. Le dejan mensajes. De pronto, en los últimos meses comenzaron a aparecer agradecimientos: “Gracias Carlos por ayudarme este semestre”; “Te debo una, tú sabes por qué, eres mi ángel de la guarda”; “Ayúdame Carlos a salir de esta…”.

Karems Benítez, de 29, la mejor amiga de Carlos reclamó en su Facebook: “Ya está pareciendo animita esta cuestión”. Pero después como que se sintió culpable. Me dice: “Carlos no hace favores, pero quién soy yo para decirlo. A lo mejor sí”.

En febrero de 2015 Juan Álvarez entró de nuevo al perfil de Constanza. No había mensajes nuevos. Comenzó a recorrer las páginas y de pronto se topó con cierto tipo de posteos: “Vuela alto, Constanza”. “Te mando un beso a donde estés, que sin duda es un lugar lleno de luz…”. Y una respuesta muy precisa a alguien que preguntó qué había pasado con ella: “Constanza decidió partir el 14 de enero. Sus funerales serán el lunes a las 15:00 horas en el Parque del Recuerdo”.

Tres años y cinco meses después de la muerte de Rodrigo, Constanza se quitó la vida del mismo modo. La noche anterior escribió en Facebook: “Tengo un pasado que me gustaría volver a besar…”.

–¡Me enteré por Facebook!– dice Juan Álvarez–. Ella era linda, joven, le iba bien. Tenía 36 años. Cuando hablábamos no parecía que estuviera tan triste. Pero siempre recordaba a Rodrigo, siempre estaba presente en su conversación…

Los perfiles de Rodrigo y Constanza siguen abiertos y sus amigos y familiares continúan escribiendo en ellos.

Juan no llegó a conocer a Constanza en persona. Soñó hace poco que le arrojaba un salvavidas desde un barco en marcha.
Y despertó.·

Seguir leyendo