La nostalgia de Pedro Ibáñez

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La nostalgia de Pedro Ibáñez

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Chile es el destino de moda para 2018, por San Pedro, la Patagonia e Isla de Pascua, los lugares donde este empresario levantó los premiados hoteles Explora. Pero esa visión de vanguardia, que instaló de algún modo la marca “Chile” en el mundo, está teñida por la nostalgia y la búsqueda de sus propios paraísos perdidos. De ellos habla aquí en primera persona.

Paula 1244. Sábado 27 de enero de 2018.

Mi relación con la naturaleza

“Pasé muchos años de mi juventud, como suele ser normal, sin tener mayor noción del transcurso del tiempo, sin fijarme demasiado en el paisaje, sin interesarme especialmente en la naturaleza. Pero de a poco, tal vez mirando el jardín y fijándome en las épocas en que aparecían las distintas flores, me empecé a conectar. Ello se acelera cuando uno nota el cambio de las estaciones. De joven lo único que uno quería era que llegara rápido el verano para no tener clases e ir a la playa. Pero cuando ya se puede apreciar el otoño con sus colores, o el invierno con el frío y la lluvia, creo que uno empieza a entender el ritmo de la naturaleza. A mí se me acentuó este descubrimiento cuando empecé a apreciar –y a disfrutar–, además, las diferencias en las luces, tanto durante el día como entre las estaciones.

Creo que las etapas que marca la naturaleza tienen mucho que ver con las etapas de la vida. Me imagino que una vida desconectada, plana, donde las cosas pasan ‘por encima’, donde tal vez se pueda decir ‘aquí no ha pasado nada’, provocaría que al llegar a los 60 años, uno solo sintiera que la vida pasó. La noción del cambio, en tanto, marca un ritmo que te hace tomar conciencia de ti mismo, de lo que ocurre a lo largo de los años. Y eso, en mi caso, me ha permitido enriquecer la vida. Así es que tener conciencia de lo que uno vive, me lo enseñó la naturaleza.

He sido empresario toda mi vida, he sido una persona bien dedicada a lo que, por distintas circunstancias, me tocó. Y lo hice, a veces más a gusto y otras, no tanto. Y hoy día, que ya dejé los negocios, me siento más liberado. ¿Explorador? Todo el mundo es explorador de alguna manera. Todos los que tratamos de tener conciencia de sí mismos vamos buscando aquellas cosas que mejoran y hacen más valiosa la vida.

Me siento muy relacionado al territorio chileno. Cuando me proponen viajar a Europa, pienso: ‘¿Por qué no mejor al altiplano?’. Cuesta cambiar estos quereres. Para mí, estar en Chile es muy vital; las cosas que pasan en la naturaleza chilena, su paisaje, el clima, las estaciones, la cordillera, me revitalizan y, si dejo de tenerlas, las echo de menos.

Identidades de Chile

Explora fue una nostalgia del Chile de hace 25 años, de ese presente; de sus paisajes, de sus contrastes, de lo que era la gente, de su naturalidad, su falta de pretensión, autenticidad, de la simpleza de la vida. De su aislamiento respecto del resto del mundo, de lo desconocido que era… Considerábamos que todo esto otorgaba una identidad muy única a nuestro país respecto a otros lugares del mundo y veíamos que, a pesar de ser Chile, a fines de los 80 o principios de los 90, un país muy desconocido, muy lejano para todos los viajeros, terminaría haciéndose conocido e integrándose a los circuitos turísticos. Quisimos entonces proponer una forma de visitarlo que le hiciera justicia, que respetara su identidad y le diera valor. Explora nació como programa de exploración de aquellas áreas que eran las más expresivas de su naturaleza. Los hoteles que usamos como base de estas exploraciones fueron diseñados teniendo en cuenta las características o estilos de cada lugar. Si no había un estilo claro, definíamos uno que se aviniera con el paisaje o con la historia de ese sitio. Nuestras construcciones pretenden dar valor al paisaje, complementándolo. La arquitectura es una actividad humana que, bien hecha, se suma a lo natural produciendo un conjunto más rico.

También Explora fue una nostalgia del pasado, o de aquel pasado que yo alcancé a atisbar, y que me dejó recuerdos inolvidables: los largos viajes en buque, o las estadías en los hoteles termales, o las que por las dificultades del terreno hacían del caballo un medio de transporte. Ello te daba la oportunidad de tener tiempo, de encontrarte con gente insospechada, tener conversaciones largas. Y de leer.

Antes las ciudades, poco comunicadas entre sí, daban también origen a diferentes tipos de vida, a idiosincrasias distintas, que hacían que cada lugar tuviera una personalidad propia. Había en este aspecto una diversidad que hacía del nuestro un país más profundo.

Rescatamos la identidad del hotel en oposición a las “cabañas” que se desarrollaron entre los 60 y los 90 y que no eran una buena forma de convivir con otros. Por diferentes razones los antiguos hoteles chilenos habían desaparecido o estaban en mal pie. Definimos el concepto del lujo de lo esencial; tener solo aquellas cosas que fuesen requeridas por la necesidad de vivir en la lejanía, en un clima adverso o en condiciones demandantes. Abundante agua, buena cama, comida liviana, interiores simples. El lujo de lo esencial es lo opuesto al lujo de lo accesorio, que es el lujo típico, donde las cosas o los espacios a veces están demás y casi siempre resultan pretenciosos. Y, desde luego, queríamos mantener aquel espíritu de austeridad, de vivir con poco.

En lo que a descanso se refiere, la moda chilena de antes se asociaba con ir a un campo o al hotel San Martín en Viña, en levantarse a las 11, tomarse un pisco sour, ir a la Avenida Perú y después dormir una siesta. Quisimos ofrecer algo completamente diferente, basado en el trekking, en levantarse temprano, conocer múltiples otros lugares, etcétera. Fue notable la buena reacción del público chileno a esa propuesta y hoy el descanso activo y movido por el territorio es una práctica bastante generalizada.

Y Explora fue también nostalgia del futuro: aportar en lo que fuere, con un grano de arena, a que Chile mantuviera sus cualidades como país; que el progreso que se venía no borrara lo bueno, que el país se hiciera conocido también para los chilenos, de modo que entre todos nos preocupáramos de su naturaleza, de su identidad… y que esta identidad se acrecentara cada día.

Otro aspecto de la identidad chilena que tuvimos que redefinir es que Chile no es un país donde se pueda hacer turismo: en Chile hay que viajar. No tenemos ni monumentos religiosos ni pueblos atractivos ni muchos museos, todos estos, puntos culminantes del ‘turismo’. El viaje, por el contrario, consiste en el transcurso, no en el punto final de la llegada. El transcurso se puede hacer más lento o más rápido pero permite conectarse con realidades. En el caso de Explora, el viaje a pie, a caballo o en bicicleta permite mirar lo que sucede en los alrededores, permite encontrarse con lo inesperado, permite conocer más a fondo; permite, incluso, cambiar de destino.

La inspiración de Viña y de Amereida

Viví en Viña hasta los 24 años y me tocó presenciar el fin de su etapa dorada como ciudad. Viña la crearon los gringos a los que les había ido bien en Valparaíso y que inicialmente vivían en el cerro Alegre o en el Concepción de Valparaíso, donde tenían sus casas modestas. Estos extranjeros, una vez que hicieron fortuna, crearon Viña, donde se construyeron muy buenas casas y donde desde un principio crearon el club de viña y el Sporting. Como dice Gastón Soublette, Viña fue como una flor que se abrió en un momento dado y que coincidió con la riqueza del salitre, con el movimiento en el puerto, con la especulación financiera. La ciudad era de gente con situación holgada, a la que le gustaba pasarlo bien dentro de un ambiente cosmopolita y entretenido. Viña y Valparaíso fueron de alguna manera el origen de la movilidad dentro y hacia fuera de Chile y también de la vida deportiva y al aire libre. Explora reconoce en la vida viñamarina, entonces, una influencia importante. La otra influencia de Viña fue la que se originó en la Escuela de Arquitectura PUCV donde un grupo de profesores no solo habían desarrollado aquel viaje a lo largo y ancho del continente sudamericano que se llamó Amereida, sino que también habían dado origen a una forma de pensar en cómo habitar y vivir el territorio, lo que nos fue muy inspirador.

Una experiencia vital

‘Nunca dejes de explorar porque cada vez que vuelvas a tu lugar de origen, lo verás como si fuera la primera vez’, (T.S.Eliot).

Los viajes y la exploración, por el verdadero contacto con las diferentes realidades, suelen producir tal cambio de perspectiva, que hacen ver las cosas de manera distinta. Y la exploración a lo remoto, a lo más lejano, acrecienta esta mayor perspectiva respecto de tu lugar de origen, de tu propia vida; te hará ver las cosas cotidianas de una manera diferente. Y bueno, la mayor, la más profunda identidad de Chile es el de ser un país remoto…

Cabe preocuparse, sin embargo, de que, debido a la alta movilidad social y al atraso del Estado, no se haya generado una cultura, un espacio compartido de miradas comunes y de acuerdos básicos para tratar a nuestro territorio. Las ciudades han crecido desorganizadamente, sin reglas claras, sin un fundamento teórico de largo plazo y han debido sucumbir a la inmediatez, a la urgencia de los parches, lo que en definitiva solo logra que los problemas se acumulen. En el resto del país, la acción humana, que afortunadamente todavía no es excesiva, ha tenido poco cuidado con la topografía y con el paisaje. Las instituciones que debieran preocuparse rara vez dan el ancho, sea por falta de conocimientos o por incapacidad administrativa”.

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