La ola feminista desembarca en la U. de Los Andes
Alumnas de la U. Andes que asistieron a la marcha feminista convocada por la Confech

Reportajes y Entrevistas

La ola feminista desembarca en la U. de Los Andes

Por Alejandra Jara

Hace algunos años, la universidad hizo noticia por dictar la carrera de Administración de Servicios, catalogada por muchos como una “escuela para dueñas de casa”, lo que puso en discusión los currículums ofrecidos por el establecimiento. Hoy un grupo de estudiantes lideran movimientos para terminar con la violencia de género, pero también con el sexismo en cuanto a trabajos y roles que a su juicio podría existir dentro de la institución. Aquí cuentan su experiencia.

“Contra la violencia machista, educación no sexista”, fue una de las consignas que se repitió en la mayoría de los lienzos que portaron las estudiantes que marcharon por La Alameda el pasado miércoles 6 de junio.

Uno de estos carteles tenía fondo blanco y la mayoría de sus letras pintadas de color púrpura, salvo dos palabras que estaban escritas con color rojo y que llamaban la atención: “no” y “U. Andes”.

La tarde anterior, varias jóvenes que estudian distintas carreras en la Universidad de Los Andes pintó cuidadosamente el cartel que sostuvieron durante casi toda la manifestación que se desarrolló esa fría mañana de miércoles.

Algunas incluso faltaron a clases con tal de ir a marchar, a diferencia de la mayoría de sus compañeras que continuaron con normalidad su jornada en el campus emplazado en San Carlos de Apoquindo, ajenas a las tomas que afectan a una decena de establecimientos a lo largo de Chile.

Alumnas de la U. Andes que asistieron a la marcha feminista convocada por la Confech

Justamente fue este escenario país, las marchas y los paros, los que incentivaron a estas alumnas a organizarse para llevar las demandas feministas a su universidad. Para eso, hace algunas semanas fundaron la agrupación “Frente Feminista U. Andes” que busca sumar a la institución a la discusión nacional.

“No podemos negar el hecho de que estudiamos en una de las instituciones más conservadoras del país, por lo que queremos concientizar a la comunidad tanto estudiantil como docente y de funcionarias y funcionarios, visibilizando hechos y dichos que ocurren en nuestra universidad”, explica Antonia Gazzana (21), estudiante de cuarto año de Periodismo de la U. Andes, una de las integrantes de la agrupación que para este reportaje actúa como vocera.

El movimiento, según describen sus fundadoras, busca “remover todas las manifestaciones machistas”, para que estudiantes, profesoras, funcionarias, trabajadoras y las disidencias sexuales “puedan encontrar un espacio seguro dentro de nuestra casa de estudios”, agrega Antonia. Por eso no sorprende que Antonia también esté a cargo de la comisión de diversidad y de equidad de género que impulsó la actual Federación, liderada por el movimiento político Avanza.

Para ellas, no es un tema menor. Hace algunos años esta casa de estudios -históricamente vinculada al Opus Dei- hizo noticia por dictar la carrera de Administración de Servicios, catalogada por muchos como una “escuela para dueñas de casa”, lo que puso en discusión los currículums ofrecidos por el establecimiento.

“La idea que tenemos es poder cambiar la forma de producción del conocimiento de manera que esté orientado a terminar con la división sexual del trabajo y con determinación de roles en base de género. En esto consiste una educación feminista y es donde apuntamos”, dice la estudiante de Periodismo.

Antonia hace esta aclaración porque actualmente la Universidad está impulsando el desarrollo de un nuevo protocolo contra el abuso y el acoso sexual que considere aspectos que no están presentes en el que ya existe. Y aunque sus integrantes están participando en esta instancia, no quieren que su trabajo sólo se reduzca a la elaboración de este protocolo: “Esto no ataca el problema estructural”, asegura.

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Actualmente, el Frente Feminista se encuentra eligiendo las vocerías que representarán a la agrupación ante la comunidad. Y aunque todavía han realizado pocas actividades como asistir a la marcha convocada por la Confech el pasado 6 de junio, su presencia ya ha generado crispaciones entre los alumnos.

La semana pasada una integrante del Frente denunció que le gritaron “feminazi” y la insultaron mientras caminaba por el patio Los Ciruelos, según se lee en una publicación en el Facebook de la Federación de Estudiantes de la Universidad, lo que generó una polémica entre los alumnos que quedó en evidencia en los comentarios.

– ¿Cómo ha sido tomada la idea de un Frente Feminista en la universidad?
– A simple vista el panorama es duro por el ambiente conservador, por lo que como Frente, debemos trabajar en un proceso de deconstrucción que abarque a toda la comunidad “uandina”. Se debe considerar también que muches estudiantes provienen de contextos en donde no han tenido la necesidad de cuestionarse la manera en cómo se desenvuelve la sociedad, de modo que siguen estando dentro de la heteronorma, por lo que reproducen patrones machistas y de violencia de género-, dice Antonia Gazzana.

Pese a este incidente, y a las suspicacias que este movimiento ha generado en la comunidad educativa, sus mismas integrantes se han llevado más de una sorpresa respecto al apoyo que han recibido: “Hemos tenido una alta convocatoria, tanto de mujeres como de hombres, dentro de las diferentes instancias que hemos organizado como Frente, además de una buena recepción por parte de algunos profesores, que incluso han estado presentes, escuchando e informándose, en las asambleas que se han realizado”, dice.

Desde la Universidad de Los Andes, el vicerrector de alumnos Francisco Javier Lavín explica a Paula que la casa de estudios está “plenamente al tanto del nacimiento del movimiento feminista” y que han colaborado “con la facilitación de espacios de reunión y con su difusión al interior de la Universidad”.

“Nos parece muy positiva toda iniciativa destinada a promover a la mujer, sea en la sociedad, en el mundo profesional, en la cultura y en cualquier ámbito de desarrollo humano, siempre con pleno respeto a su propia dignidad. Por algo somos una universidad donde el 60% de nuestros estudiantes son alumnas, y el 53% del profesorado y el 72% de funcionarios son mujeres”, dice el vicerrector

“Esto no es por azar, sino por mérito. Un reflejo más de lo anterior es que la presidencia de nuestra Junta Directiva la asumió hace un par de meses una destacada mujer, Carmen Luz Valenzuela, que hizo una larga carrera académica y directiva en la universidad”, agrega Lavín.

Lavín reconoce que hasta ahora han mantenido “muy pocas conversaciones” con la agrupación porque aún están en proceso de elección de vocerías. Y destaca que la casa de estudios está trabajando “hace tiempo” en la agrupación Universitarias Líderes, nacida el año, pasado, “con el fin de promover el liderazgo femenino”.

¿Pero se puede, por ejemplo, ser feminista y Opus Dei? Ante esta pregunta, Antonia, integrante del movimiento, responde que cree que no puede existir ningún tipo de exclusiones: “Si bien no cabe duda que pueda haber discrepancias sobre este tema al interior del Frente, el movimiento no tiene motivos de exclusión hacia quien desee unirse. En este sentido, tenemos un universo muy diverso”.

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La formación de un Frente en la U. Andes refleja el impacto que ha tenido el movimiento feminista en todo el país y especialmente en las universidades.

En mayo de este año, tuvo su punto más álgido con 15 casas de estudio en toma. Todo partió en la Universidad Austral de Valdivia luego que sus autoridades decidieran cambiar de departamento -y no desvincular- a un profesor acusado de acosar a una funcionaria.

Así se desencadenó una ola de denuncias en varios establecimientos del país con los que quedó de manifiesto la falta de protocolos de los establecimientos a la hora de enfrentar estos casos: hasta noviembre del año pasado, de las 60 universidades que existen en Chile, sólo siete tenían protocolos activos de prevención y sanción ante casos de acoso y abuso sexual, según reveló un estudio elaborado en conjunto por académicas de la Universidad Católica y la Universidad de Hong Kong.

En este contexto país, la Universidad de Los Andes está mejorando su protocolo contra los casos de abuso y acoso sexual con la participación de los alumnos. En paralelo, la Federación de Estudiantes impulsó nuevamente la Defensoría del Estudiante, una comisión creada en 2016 cuando Avanza (movimiento político que lidera la representación universitaria) llegó por primera vez a la Federación, proyecto que retomó nuevamente este año tras ganar las elecciones de noviembre.

Josefa Campero (23), estudiante de quinto año de Derecho de la Universidad de Los Andes, y jefa de la Defensoría, explica cómo opera esta instancia.

Todas las mañanas, además de responder a los llamados de su familia y contestar los grupos de whatsapp que tiene con sus amigos y compañeros de carrera, Josefa está particularmente atenta a su correo electrónico, el que revisa sin excepción, y que actualiza constantemente durante el día, convirtiéndose en un hábito más de su rutina.

En la aplicación descargada en su celular tiene asociadas dos cuentas: el e- mail que la universidad le asignó como alumna de pregrado y también el correo de la Defensoría a la que recurren sus compañeros cuando tienen algún problema vinculado con la universidad.

A este correo los jóvenes exponen distintos tipos de situaciones que los perjudican. Por ejemplo, cuando un profesor no les permite dar un examen por no cumplir la asistencia mínima a una asignatura porque tenían topón de horario.

Pero en los últimos meses, la Defensoría ha recibido una serie de denuncias de alumnas y alumnos que han sufrido situaciones de acoso sexual al interior de la universidad: cinco para ser exactos, lo que ha llevado tanto a la Federación de Estudiantes como al mismo establecimiento a enfrentar esta problemática que hoy tiene visibilidad nacional.

Josefa Campero no puede entregar antecedentes de los casos. Es parte del protocolo para resguardar la privacidad de los estudiantes. Pero afirma que el aumento de las denuncias es, sin duda, un reflejo del cambio que está viviendo el país a partir de la ola feminista. “Creo que eso se debe a que las mujeres se sienten más seguras a la hora de contar lo que les pasó, considerando el boom feminista que vive el país”, explica.

Alumnos que integran la Defensoría del Estudiante de la universidad

Por eso tanto ella como los otros cuatro estudiantes de Derecho que forman parte de la Defensoría están especialmente preocupados de responder rápido a las consultas que envían los alumnos. Como es una de las comisiones de la Federación de Estudiantes -fue creada en 2016 por Avanza, mismo movimiento que hoy lidera la representación estudiantil-, sus dirigentes se han preocupado de que tenga visibilidad entre los alumnos para que nadie se sienta excluido.

El mensaje que ha transmitido la Federación es claro: “Independiente del movimiento al cual pertenezcas o la religión que profeses, o a cualquier diferencia que nos separe, estamos todas y todos, comprometidas y comprometidos a crear una universidad donde no exista ni se le dé cabida a la violencia de género”, se escucha en uno de los videos colgados en su página Facebook.

Una vez que el correo llega a la casilla y es leído por los integrantes de esta comisión -todos con destacadas notas- se pone en marcha el protocolo que está establecido para estos casos: se contacta a la persona, se escucha su relato y se le pregunta qué es lo que quiere lograr con la denuncia. “En conjunto analizamos las posibles sanciones e infracciones de acuerdo al reglamento de la universidad”, explica.

Luego se agenda una reunión con el vicerrector de la Universidad de Los Andes, Francisco Lavín, donde el alumno vuelve a relatar los hechos por los que recurrió a la Defensoría y se presenta el petitorio.

“Ahí se designa un abogado fiscal del caso -un académico de la Facultad de Derecho- quien levanta un acta con la versión del denunciante y con los descargos de la contraparte. Luego, el expediente -con las actas y las pruebas- se presenta al Consejo Superior de la Universidad que finalmente impone las sanciones”, explica Josefa, culminando así el proceso que incluso ha sido sancionado en una semana.

Las denuncias han tenido consecuencias. Josefa Campero cuenta que uno de los casos de acoso que ha conocido la Defensoría de la Universidad de Los Andes terminó con el despido de un funcionario administrativo de una empresa subcontratista vinculado a una situación de este tipo.

– ¿Con qué actitud se acercan los alumnos?
– Al principio con un poco de temor. Piensan que la universidad no les proporcionará ayuda. Pero nos ha pasado que después de todas las reuniones salen mas tranquilos. Es nuevo que las mujeres se están empoderando, por lo que se acercan con miedo. Pero cuando ven que las podemos ayudar, entonces se tranquilizan.

Josefa tiene una evaluación positiva del trabajo realizado por las autoridades de la universidad. “Podría decir que el vicerrector Francisco Javier Lavín ha actuado como un partner en estos casos”.

Y en este punto, el vicerrector explica algunas de las medidas para evitar estas situaciones de acoso y abuso: “Podemos mencionar el marco de los principios (nuestro Ideario centrado en la persona), el marco formativo (plan de formación docente, cursos de antropología y ética), el plano normativo (Reglamento del Alumno, Reglamento para profesores y funcionarios, Protocolo ante acoso y abuso sexual), las medidas de seguridad (guardias y cámaras), las medidas de prudencia (oficinas con puerta de vidrio), entre otras”.

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