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11 Julio, 2017
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La trilogía liberal de Francisco Covarrubias

“¿Cómo es posible que este, que se supone que era de los nuestros, piense de esa forma?”. Esa es la pregunta que muchas veces despierta el actual decano de Artes Liberales de la UAI con sus cartas donde defiende la legalización del aborto o sus columnas en las que desmenuza a la derecha. De familia católica pero liberal desde muy joven, aquí expone su trayecto intelectual.

Por Paula Coddou B. / Fotografía: Rodrigo Chodil


Paula 1230. Sábado 15 de julio de 2017.

“¿Qué hace un chico como tú en una carta como esta?”, puede ser una pregunta que cualquiera se hace al mirarlo de primera después de leerlo en el diario.

Porque pudo ser el clásico católico conservador. Un hombre de familia creyente, abuelo falangista y pariente de monseñor Emilio Tagle Covarrubias –quien a comienzo de los 70 se hizo célebre por su campaña contra el bikini–, ex alumno del Verbo Divino, de Ingeniería Comercial en la UC (y magíster en Ciencias Políticas), más un paso por la Universidad de Navarra, donde hizo un máster en Economía. Además, trabajó en el Diario Financiero con Ricardo Claro, donde llegó a ser director.

Pero terminó siendo agnóstico y liberal, defendiendo desde muy joven la liberación de las drogas, y últimamente la legalización del aborto en sus cartas en el diario –que usualmente firma junto a Álvaro Fisher– y en algunas de sus columnas políticas los días sábado en El Mercurio, de cuyo consejo editorial forma parte desde 2010.

No le ha salido gratis esa postura.

¿Te imaginas qué hubiera pasado con Ricardo Claro leyendo tus cartas sobre el aborto?
Sí, pero afortunadamente, como yo estaba en el Diario Financiero, no se cruzaba con el tema moral. Para ser dueño de medios se necesita tener absoluta independencia, y no querer quedar bien con la gente. Y Claro, por lo menos en los tres años que trabajé con él, no contestaba el teléfono para que lo presionaran. Tuve peleas con mucha gente que trabajaba con él, incómoda por temas que se relacionaban con sus empresas. Y Claro me decía: “usted cubra lo que tenga que cubrir no más, no se deje engranar por mi gente”. Eso yo lo rescato, más allá del juicio que uno pueda tener.

Covarrubias, alto, muy flaco, tiene un lado periodístico fuerte no solo por herencia materna (es hijo de la periodista Stellamaris Porzio) sino porque los diarios han sido parte de su crecimiento, desde que a los 14 años pidió como regalo de cumpleaños una suscripción a La Segunda.

De eso hace 28 años, en los cuales pasó por la ANP, fue secretario de estudios de Economía y Negocios, director del Diario Financiero a los 35 –es un niño precoz– y a los 42 es comentarista de Tele 13 Radio e invitado a hablar de contingencia en distintos paneles, aparte de decano de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez desde enero de 2015.

Desde ahí le gustaría formar profesionales integrales, que entre otras cosas, lean:

“Una vez un gerente de una importante empresa me dijo ‘mira, yo leo a Carlos Peña y no sé cuándo cita a los autores…”. Otra vez un abogado extranjero me dijo: “nunca me he aburrido tanto como en las comidas con los ejecutivos chilenos, porque no tienen de nada que hablar. Son súper competentes en su pega, probablemente más competentes que en los otros países, pero no pueden hablar de nada más”. Y es así. Entonces, si nosotros somos capaces, como universidad, de cambiar eso, a mí me entusiasma súper harto.

Replicaron ocho cursos de la Universidad de Columbia para todas las carreras, en que a los alumnos se les hace leer 22 libros clásicos en un año “y los resultados han sido notables”, dice. “No podemos seguir formando técnicos. Por muy buenos que sean. Necesitamos formar universitarios mucho más sofisticados de lo que lo estamos haciendo”.

Y como parte de esa amplitud, ¿no crees que la UAI debería ser más representativa de la sociedad chilena y no una universidad tan de elite?
Definitivamente sí. La diversidad social tiene un valor muy relevante, aunque no es la única. Lo es también la cultural, la religiosa, la política, etc. A veces se hacen caricaturas y se cree que en la UAI son puros hijos de millonarios. Eso está lejos de ser así. Pero obviamente que nos gustaría que más estudiantes que no pueden pagar fueran parte de nuestra universidad. Lamentablemente la reforma educacional acentuó el problema y la forma de remediarlo deberá ser, como es en muchos países, recurriendo a los ex alumnos para que financien becas.

“He tratado de ser tolerante y respetuoso. Pero, efectivamente, hay ciertos temas que en el mundo del cual uno viene generan bastante escozor… Y en el fondo eso hace que uno tome ciertas posturas y te consideren una especie de traidor, no sé traidor a qué”.

Covarrubias escribió en 2005 el libro Grandes economistas de la historia, donde cuenta la biografía de Adam Smith, Stuart Mill, entre otros. Desde los 23 años que hace el ramo pensamiento económico, primero en la PUC por 12 años y hace ocho en la UAI.

“Me gusta la frase de Adam Smith que dice que ‘rara vez suelen juntarse las gentes ocupadas en la misma profesión, aunque solo sea para distraerse o divertirse, sin que la conversación gire en torno a alguna conspiración contra el público o alguna maquinación para elevar precios’ que muestra que Smith era mucho más sofisticado que un “defensor de los empresarios”.

¿Qué es lo peor que te han dicho en un blog?
Las columnas que más me han causado problemas son las del aborto y eso, porque generan malestar. Por otros temas te atacan por todos lados, da lo mismo, pero la del aborto es con más pasión.

Cuando uno ve tu currículum se pregunta “¿por qué tan liberal?”. ¿Hubo una evolución en ti?
Diría que tuvo bastante influencia en mí Óscar Godoy, cuando en primer año de universidad me mostró el mundo liberal, y evidentemente uno va evolucionando en el tiempo. Me acuerdo de haber estado terminando la universidad, y haber ido a un programa de televisión a defender la liberalización de las drogas duras y blandas. Hace 20 años.

¿En el colegio ibas a misa?
Sí. Nunca fui excesivamente religioso, pero lo era. Era católico porque había que serlo. Me fui convirtiendo en agnóstico hace ya harto tiempo, soy bien escéptico de naturaleza, en todo sentido. Fue una evolución, ir sacándose la mochila, la carga de influjo social y familiar, e irse cuestionando cosas que antes no habías hecho.

¿Qué preguntas te hiciste?
Lo que pasa es que me cuesta tragarme las cosas. Y de repente me empecé a preguntar “bueno, no me hace tanto sentido esto, esto otro tampoco. Lo respeto, pero no forma parte de lo que yo creo”. Tampoco es que me declare un ateo porque hay cosas para las que no tenemos explicación, pero de ahí a pensar que hay alguien interviniendo el mundo en la medida que reciba peticiones, no, no me lo creo. No lo creo nomás.

¿Y la vida se te hizo más dura sin fe?
No, al revés. En el fondo, te hace vivir la individualidad, lo que tú eres. Te hace vivir la vida con la trascendencia que tiene, y no estar ad portas de una vida futura de la que no sabemos nada, que más bien es bastante poco probable. Entonces, eso de que se hace dura la vida, no creo. Soy súper respetuoso de la religión, y en la medida que se viva como parte del culto privado está súper bien. Si el problema es cuando la religión se lleva a lo público.

Pero haciendo sicoanálisis barato, ¿hay algo de rebeldía en ti por venir de este mundo tan católico?
Bueno, en parte cuando uno va evolucionando, se va revelando a lo que uno mismo ha sido. Pero nunca he querido hacer un quiebre. Y ni siquiera he sido como otros, que se han hecho  militantes en contra de… Yo he tratado de ser tolerante y respetuoso. Pero, efectivamente, hay ciertos temas que en el mundo del cual uno viene generan bastante escozor… Y en el fondo eso hace que uno tome ciertas posturas y te consideren una especie de traidor, no sé traidor a qué.

¿Te han hecho sentir que eres traidor?
No sé si traidor es la palabra, pero una sensación de “¿cómo es posible que este, que se supone que era de los nuestros, piense de esa forma?”. Chile es demasiado chico. Una vez, un gringo decía “this is not a country, is a country club”. Es demasiado conocida toda la gente, entonces eso hace que, sobre todo en temas morales, la gente se exaspera.

¿Has pagado costos personales por tu defensa del aborto?
No ha sido tan duro tampoco, pero sí hay mucha gente que me ha expresado su malestar. Pero en esto vamos medios desfasados en el tiempo. Estamos hablando del aborto terapéutico que ya no se discute en ninguna parte del mundo. Chile es una sociedad, en su elite principalmente, bastante conservadora, disociada con lo que es la realidad nacional.

¿Por qué tienes a tus hijos en un colegio católico entonces?
Bueno, la decisión la tomó mi mujer, pero los tengo en un colegio abierto y tolerante, que es súper importante. Y en ese sentido no me siento incómodo. Me gustó mucho lo que dijo Patricio Aylwin en una entrevista. Él recordaba que su padre lo retaba porque no estaba yendo a misa, y Aylwin le dice “oiga, pero qué me dice usted, si no es católico”. Entonces él le contesta “bueno, te lo digo porque tú sí eres católico”. Yo procuro un poco lo mismo con mis hijas, y las hago rezar y todo, porque ese es su contexto, y después ellas decidirán en el futuro.

“Me fui convirtiendo en agnóstico hace ya harto tiempo, soy bien escéptico de naturaleza, en todo sentido. Fue una evolución, ir sacándose la mochila, la carga de influjo social y familiar, e irse cuestionando cosas que antes no habías hecho”.

“Me fui convirtiendo en agnóstico hace ya harto tiempo, soy bien escéptico de naturaleza, en todo sentido. Fue una evolución, ir sacándose la mochila, la carga de influjo social y familiar, e irse cuestionando cosas que antes no habías hecho”.

Ana Karenina y la diversidad

¿Tú estás a favor del aborto libre?
Soy partidario de legalizar el derecho a abortar de las mujeres. La versión radical considera que el embarazo se puede interrumpir hasta el último día. La versión moderada, la que ha recogido la mayoría de los países occidentales –y por la cual yo me inclino–, considera que hay un periodo de tiempo en el cual la mujer puede decidir respecto de su embarazo, y es la sociedad la que se pone de acuerdo en cuál es esa fecha (normalmente entre las 12 y las 18 semanas), en concordancia con el desarrollo del embrión y posterior feto. Por cierto, nadie busca el aborto como objetivo (nadie se embaraza para abortar) y nadie está obligado a hacerlo. Pero seguir en la situación actual es insostenible.

¿Por qué te interesaste tanto en el tema del aborto? Al punto de comprarte hartos problemas.
A mí me interesó la agenda liberal, siempre me ha interesado, y he escrito sobre el tema de la legalización de las drogas, por ejemplo. Ese es un tema súper relevante. O el tema del matrimonio igualitario, ahora bastante más aceptado de lo que era hace algunos años. Y el aborto como otra pata de eso. Ha habido una evolución en estos temas pero llama la atención que un grupo importante, sobre todo en la derecha, desconfíe absolutamente del Estado para casi todo, salvo para los temas morales, donde lo transforman en una especie de guardián. Ahí hay una dicotomía súper grande.No se da solo en Chile, pero acá es muy marcado eso de que, en el fondo, “soy liberal en lo económico, y soy conservador en lo valórico”. Es algo que se sustenta bastante poco.

El aborto hoy, ¿es un tema de derecha/izquierda o de religión?
Es que está bastante asociada la religión con la política, porque en general la derecha es católica y la izquierda no, salvo excepciones. Entonces queda en una posición intermedia la Democracia Cristiana, el “jamón del sándwich”, y son atacados por todos lados. Hemos visto miles de cartas de El Mercurio: “¿cómo es posible que un partido que tiene el nombre de cristiano esté de acuerdo en debatir este tema?”. En “debatir”, porque hay temas que para alguna gente no son ni debatibles.

Pero la concepción sobre el origen de la vida, ¿no lo ves como fundamental en una coalición política?
Una coalición política no puede transformarse en una coalición evangelizadora. Y me llama la atención que aquí estamos discutiendo lo que no se discute en el mundo: el aborto terapéutico, el aborto por violación, que en general está aceptado en todas las legislaciones. Es legítimo que uno diga “bueno, si a mí me violan, estoy dispuesto a llevar a mi hijo hasta el final”. Pero que la legislación te obligue a hacer eso, no se entiende. Y me llama la atención que en la derecha existe una posición única. Incluso se quiso llevar a que el estatuto de Chile Vamos tuviera explícitamente la necesidad de que nadie pudiera entrar a la coalición si era partidario al aborto, ni siquiera al aborto libre. Yo escribí una columna que generó harta polémica…

La de la Margaret Thatcher.
De la Margaret Thatcher. Entonces, ni ella, ni David Cameron, ni Rajoy, podría haber estado en Chile Vamos. Por suerte después se suavizó un poco, pero no hay posiciones intermedias, y no existen posiciones liberales.

¿Y Francisco Covarrubias tampoco, entonces, podría estar en Chile Vamos?
Es que no sé qué es Chile Vamos a esta altura de la vida. Da lo mismo Francisco Covarrubias, si lo que importa es que hay un grupo de gente que consideran que alguien por estar en favor del aborto no puede comulgar con ciertas ideas que están expresadas en ese documento, entonces la restricción la pone el propio documento, la propia coalición, absurdo.

¿Por quién votaste en la primaria?
Por Felipe Kast y voy a votar en la elección –a menos que pasen cosas muy raras– por Piñera. De Piñera se puede cuestionar su pasado empresarial, pero en materia política tiene un track bastante prístino. Fue contrario a la dictadura, partidario de los acuerdos con Aylwin y muy sensato como Presidente. Nunca ha sido un fanático ni un dogmático.

¿Crees que después de los resultados de las primarias entre Piñera y de Ossandón la agenda “liberal” se tranque?
Piñera no es un conservador, pero no le interesa mucho esa agenda. Seguramente va a avanzar –a lo más– a la lenta velocidad del sector que representa. Eso implica que va a estar a favor del matrimonio igualitario en 10 años más y de permitir el aborto en 20. Pasó algo parecido con RN y la UDI en la distinción de hijo natural, la educación sexual, el divorcio y la píldora del día después. Fuimos los últimos países del mundo occidental en adoptar estas cosas.

Los candidatos de derecha (en las federaciones de estudiantes), en general, se visten distinto, hablan distinto, y tienen posiciones que están absolutamente en dicotomía con lo que representan los propios jóvenes.

Pero es un cliché decir hoy que “Chile es un país muy conservador”.
Chile no es conservador, o sea la mayoría de los chilenos no son conservadores. Entonces hay una disociación…

¿Ese es un discurso en que se quedó parte de la elite?
Es un discurso de cierta elite, de cuatro comunas, de ciertos colegios, que está totalmente disociada con lo que es la realidad y el chileno normal. La gente hoy no se casa, los jóvenes tienen relaciones sexuales súper chicos, los jóvenes fuman pitos. La realidad no está muy acorde con lo que muchos de esa parte de la elite opinan. Y los últimos años han permitido sacudirnos de eso.

¿Y cómo ves a la gente de elite de tu edad?
No. Es que de nuevo hay una disociación entre los dirigentes y la gente normal. Los dirigentes de derecha jóvenes terminaron siendo más conservadores que su generación precedente. Uno lo ve sobre todo en la UDI, y otros jóvenes, que uno esperaría que estuvieran más en sintonía con lo que es la sociedad. Gente valiosa, pero que está haciendo una evangelización en torno a ciertas posturas políticas, y eso es muy raro.

¿Y cuál es la explicación de eso, crees tú?
Esa es la gran pregunta que me hago. Si uno ve las federaciones de estudiantes, gana casi siempre la izquierda. Y los candidatos de derecha, en general, se visten distinto, hablan distinto, y tienen posiciones que están absolutamente en dicotomía con lo que representan los propios jóvenes. El día que salga un gallo joven, un chascón que se vista igual que los otros, que fume marihuana, como el 50% de los universitarios, y que defienda las ideas de la libertad, del emprendimiento, del rol del individuo frente al Estado, etc., probablemente va a tener mucho más éxito que lo que pasa hasta ahora. En estos días estoy leyendo Ana Karenina. Me dio risa cuando el padre de la aristócrata Kitty se queja del joven pretendiente Vronski y dice que ese tipo de jóvenes de Moscú son todos iguales. Son “como hechos en serie”, dice. Eso descrito por Tolstói es genial, porque se parece mucho a los jóvenes de derecha. En todo caso, los jóvenes de izquierda también parecen hechos en serie (aunque en otra serie).

¿Cómo ves tú el discurso feminista hoy desde tu perspectiva?
El feminismo es súper conservador. Considera a la mujer como un ser inferior y, como es inferior, hay que protegerlo. Así como el machismo era algo intolerable, los espacios de la mujer hoy están bastante asegurados en la sociedad, al menos en la chilena. Desde que tenemos Presidenta mujer, creo que no requiere una protección especial. Distinto es  ver la forma de compatibilizar la maternidad con el mundo profesional, con el mundo político, donde sí me parece que hay algo relevante que hacer. Pero esa no es una misión del feminismo, es una misión de la sociedad completa.

Pero el discurso feminista igual se ha hecho súper fuerte de nuevo, por ejes como el tema de la violencia contra las mujeres, por las diferencias en el trato laboral…
Es una reacción a un periodo en el cual vivimos bajo un yugo muy machista durante cientos de años, y estamos todavía en el rebote. Lo mismo pasa con el mundo gay, donde pasamos de una atrocidad, opresión total, a un ensalzamiento. Creo que vamos a llegar a una situación de equilibrio, donde los gays forman parte de la sociedad, como forman parte los hombres y las mujeres, y no hay un enaltecimiento ni a unos ni a otros. Porque el enaltecimiento puede ser igual de discriminador. Y proteger, por una condición de inferioridad, tampoco tiene sentido, porque no hay inferioridad.

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