La verdadera lucha de las vacunas

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La verdadera lucha de las vacunas

Por salud por patricia morales / ilustración alejandra acosta

En los últimos años la cobertura de vacunas en el mundo ha disminuido y numerosos brotes de rubeola, difteria, tétanos y sarampión han alarmado a la comunidad científica. Tanto que por primera vez la Organización Mundial de la Salud incluyó en su listado de las diez grandes amenazas a la salud pública a los antivacunas. Y si bien estos grupos han existido siempre, las redes sociales y su abundancia de noticias falsas se han convertido en terreno fértil para transmitir su mensaje.

“Mi mamá no quiso vacunarme y a los 36 años contraje el tétanos (y otras enfermedades espantosas)”. Así tituló la BBC una columna recientemente publicada por Meredith (nombre ficticio), una joven que cuenta en primera persona cómo ha sido su vida sin vacunas. “Todo comenzó cuando pisé un clavo por accidente. Poco después mi mandíbula y mi hombro comenzaron a agarrotarse, y los paramédicos me llevaron rápidamente al hospital en ambulancia (…) Recuerdo perfectamente que el doctor salió de la habitación susurrando: “¡Oh, Dios mío!”. Trajo a todos los estudiantes de medicina para examinarme. Era tétanos -también conocido como trismus- y no habían tenido un caso en más de 30 años”, escribió la mujer.

Así como Meredith, otras personas y médicos en el mundo se han sorprendido en los últimos años con diagnósticos de enfermedades que por mucho tiempo estuvieron controladas gracias a las vacunas. “Es algo que estamos viendo en muchos países, brotes de rubeola, difteria, tétanos y sarampión. Este último es un gran ejemplo, porque en 2016 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró nuestra región de las Américas libre de sarampión. Eso significaba que los casos estaban muy por debajo del umbral permitido y por tanto se podía decir que no había circulación endémica en los países sino que solo pequeños brotes controlables. Bueno, tres años después se han registrado casos en 12 países de la región y a nivel mundial los diagnósticos aumentaron de 28 mil en 2018 a 112 mil en 2019”, cuenta la doctora María Paz Bertoglia, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile.

La principal razón de este aumento es la baja en las coberturas de las vacunas. Ya en 2017 el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia estimó que 19,9 millones de niños en el mundo no recibieron los beneficios de la inmunización, y a nivel local, a comienzos de este año la Unicef alertó al Gobierno porque Chile entró a la lista de los 10 países de ingresos altos con más niños no vacunados con la primera dosis de trivírica (sarampión, paperas y rubeola). Eso significa que como país nos encontramos bajo el umbral de ‘rebaño protector’, que es el porcentaje mínimo de vacunación que se necesita para mantener protegida a la población.

“En términos de salud pública ya se habla de una crisis que parte desde la desconfianza; de una falla en la comunicación de los beneficios de las vacunas versus la cantidad de información incorrecta y falsa con la que se encuentra la gente a diario. Y no estamos hablando de algo banal. En enero de este año la OMS hizo un listado de las diez grandes amenazas a la salud pública, entre las que están la resistencia a los antibióticos, el cambio climático y el acceso a atención primaria. Por primera vez en esta lista aparecieron los grupos antivacunas”, explica la experta.

LA FUERZA DE LAS ‘FAKE NEWS’

Casi nueve de cada diez personas (86%) han dado por cierta al menos alguna vez una noticia falsa, de acuerdo con un sondeo de Ipsos realizado en 25 países entre el 21 de diciembre de 2018 y el 10 de febrero de 2019. Allí se determinó también que las plataformas de redes sociales se identifican como las principales responsables de la propagación de ‘fake news’ por una mayoría abrumadora (82%) de consultados. “En el caso de las vacunas, el problema es que con toda la información que uno pueda dar, técnica o científica, es muy difícil poder revertir el impacto emocional que puede generar una noticia falsa. Lo que ocurre con muchas personas es que les queda la duda de si le harán mal o no, y frente a la duda prefieren no vacunar, no porque no quieran sino que por miedo y desconocimiento”, explicó el director de Asuntos Médicos para América Latina del laboratorio Pfizer, Rodrigo Sini, en un seminario para periodistas de la región.

En esa ocasión, la pediatra, infectóloga y ex ministra de Salud de Costa Rica María Luisa Ávila describió las principales razones por las que las personas se resisten a la vacunación. “La primera tiene que ver con la seguridad de las vacunas. Cada cierto tiempo se habla de los efectos adversos que pueden tener, de que el mercurio puede provocar autismo y otros mitos, pero todos han sido desmentidos con cientos de estudios científicos. La segunda razón es qué tan necesarias son las vacunas, porque como ya no vemos casos de difteria, tétanos o sarampión, la gente piensa que son enfermedades raras, de otra época, pero no hacen el enlace de decir si no veo estas enfermedades es precisamente gracias a las vacunas”, explica.

Y la especialista de la Universidad de Chile agrega una más, que habla del concepto de libertad de decisión. “Ellos dicen: ‘yo no vacuno a mi hijo porque soy libre de decidir si vacuno o no’. Este es uno de los grandes argumentos de los movimientos antivacuna. El problema es que cuando vivimos en comunidad hacemos acuerdos sociales. Yo no soy libre de beber alcohol y manejar a 300 kilómetros por hora, porque no solo me pongo en riesgo a mí, sino que a toda la población que está cerca de mí. Lo mismo ocurre con las vacunas”.

Bajo estos argumentos, y desde que se crearon, siempre han existido agrupaciones que rechazan las vacunas. “Lo que ha ocurrido en los últimos años es que las redes sociales han sido utilizadas por estos grupos para ampliar sus ideas”, explica el doctor Rodrigo Sini. Y así lo han confirmado diversos estudios. En uno, por ejemplo, donde se revisaron 3 millones de mensajes en Twitter, se determinó que en general las personas que rechazaban la vacunación eran las mismas que eran muy críticas de la autoridad, que creían en las teorías de la conspiración y que se sentían representados por el discurso de rebeldía contra una normativa impuesta, en este caso de salud.

En YouTube, de los videos sobre vacunación, el 48% son positivos, el 32% negativos y el 20%, ambiguos. Los posteos sobre la vacuna del Virus de Papiloma Humano (VPH) en MySpace tenían presencia de mensajes positivos en un 52%, negativos en un 43% y ambiguos, un 6%; y el 75% de los posteos de vacunas en Pinterest son negativos. “Estas cifras demuestran que el impacto de las fake news ha sido fuerte y que en esta era de la comunicación inmediata, donde pareciera que la opinión de un grupo de científicos pesa lo mismo que un video de YouTube, para que la gente tome decisiones correctas tenemos que llegar a ellos, y eso significa adaptar formatos. Ya no basta con hacer tesis o papers para revistas científicas, tenemos que estar donde la gente está”, advierte la doctora Bertoglia.

LAS REDES SOCIALES COMO ALIADAS

Hay que tener claro que los padres que rechazan la vacunación de su hijo no quieren hacerles daño. “Son padres que están tomando una decisión con información equivocada, por eso necesitamos llegar a tiempo para que esa decisión se tome con las herramientas correctas”, dice la especialista de la Universidad de Chile.

Como se ha demostrado que buena parte de la información sobre vacunas circula en redes sociales (en Chile los grupos antivacunas se organizan a través de grupos en Facebook; el más grande, ‘Detengan la vacuna Chile’, con más de 6.800 seguidores), una estrategia que han empezado a implementar en otros países es hacer la comunicación oficial en esas mismas plataformas. Dinamarca es un buen ejemplo. El año pasado se preocuparon porque les bajaron las coberturas de la vacuna VPH, así es que hicieron una estrategia comunicacional en Facebook. Pusieron a profesionales de la salud en turnos completos resolviendo inquietudes de la gente y se encontraron con que tenían preguntas superválidas que respondidas a tiempo permitieron que la gente tomara una mejor decisión. Este ejercicio les duplicó la cobertura de vacunas en un año. “Otro ejemplo parecido ocurrió en Israel. Allí encontraron un brote del virus del polio y decidieron hacer una campaña extra de vacunación. Apareció un grupo de activistas antivacunas en Facebook determinados a detener la campaña. Los médicos, científicos y voluntarios abrieron un grupo para proteger las vacunas y cada vez que algún usuario preguntaba le respondían directamente. Al final tuvieron tan buen impacto que el programa llegó a un 70% de cobertura, que estaba muy por encima de lo proyectado. Lo que demuestra que las redes pueden ser también un buen aliado para las vacunas”, afirma la doctora María Luisa Ávila.

En Chile tenemos una ley que establece la obligatoriedad de vacunar a los niños contra ciertas enfermedades predeterminadas. En abril de este año la Corte de Apelaciones de Arica acogió, por primera vez, un recurso de protección interpuesto por el municipio local en contra de los padres de un menor de siete meses de edad que se negaron a vacunarlo. “No es nuestro propósito que se judicialicen todos los casos de rechazos de vacunas, por eso previo a esta instancia es importante llegar a la gente con la información correcta antes de que se encuentren con una noticia falsa o justo a tiempo para contrarrestarla. Es la única manera de que entiendan por qué es importante la vacuna, y básicamente es porque si no se la ponen dejan en riesgo su vida y la de los demás”, concluye Bertoglia.

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