La vitamina que nos falta

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La vitamina que nos falta

Por constanza espinoza / ilustración alejandra acosta

De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud, un 84% de las chilenas entre los 15 y 49 años presenta un déficit de vitamina D. Se le vincula a numerosas acciones dentro de nuestro organismo, que van desde un correcto funcionamiento del sistema inmune, cardiovascular y respiratorio hasta una buena salud mental; sin embargo, esta vitamina parece no tener la atención que demanda.

A la vitamina D se le conoce como ‘la vitamina del sol’, debido a que su producción (entre un 80 y 90%) se activa y estimula únicamente con la exposición solar. Otra característica particular de ella es que tras su reacción fotosintética la sustancia resultante debe realizar dos transformaciones más: primero en el hígado y luego en el riñón, para convertirse en la sustancia biológicamente activa que utilizamos. Esta forma de la vitamina D es una hormona, que se encuentra químicamente relacionada a las hormonas esteroides familiares, es decir, aquellas reguladoras de testosterona y estrógeno, y también al regulador del estrés, el cortisol. “Más que hablar de beneficios cuando nos referimos a la vitamina D, hay que hablar de funciones”, aclara Paula Klein, nutrióloga y experta en medicina estética en Clínica Klein. “Puede ser considerada una vitamina, ya que es indispensable para el correcto funcionamiento del organismo, y también una hormona, porque se puede sintetizar por él”, explica. Dentro de sus diversos procesos biológicos, la vitamina D incrementa la absorción del calcio y fósforo en el intestino, fortalece huesos, dientes y también el sistema inmunológico, tiene una función anticancerígena, ayuda en la prevención de enfermedades respiratorias agudas, incide en el buen funcionamiento del sistema cardiovascular, regula el azúcar e interviene en la síntesis de dopamina y serotonina, por lo que tendría una relación directa con la depresión, y algunos recientes estudios vinculan su déficit en lactantes con un posterior desarrollo de esquizofrenia.

La vitamina D existe bajo la forma de ergocalciferol (vitamina D2) y colecalciferol (vitamina D3). La primera la sintetizan las plantas y la obtenemos cuando consumimos dichos vegetales. También es utilizada para fortificar ciertos alimentos, como las bebidas de origen vegetal. La segunda, vitamina D3, la conseguimos casi en un 90% de forma directa con la exposición solar y en un menor porcentaje a través de alimentos. Ambas se metabolizan en forma similar y logran iguales efectos. “La vitamina D tiene tres fuentes fundamentales: la exposición solar, la dieta y los suplementos”, agrega Paula. “Los alimentos que naturalmente contienen vitamina D son pescados grasos como el salmón, el atún y la caballa, también el hígado de res, queso, los hongos y la yema de huevo”, complementa.

En menos D

La última Encuesta Nacional de Salud (2016-2017) reveló que el 84% de las mujeres entre los 15 y los 49 años tenía un déficit de esta vitamina. Y que un 13% de ellas se encontraba en un nivel severo. A escala mundial, la hipovitaminosis de vitamina D -así se le llama cuando se presenta una deficiencia de ella- afecta a millones de personas, se estima que entre un 36 y 69,9% de la población adulta joven. Las razones, de acuerdo con los expertos, son principalmente el alto número de horas que pasamos dentro de oficinas y casas carentes de exposición solar. Otro factor es el sobrepeso, debido a que esta vitamina se almacena en los tejidos adiposos y, por ello, esta mayor concentración de grasa corporal impide su circulación por el organismo. “La exposición indirecta al sol, como son los ambientes interiores o estar a la sombra, reduce la producción y cantidad de vitamina D”, explica la nutricionista de Clínica Indisa Dana Bortnick. Se pensaría entonces que la mejor forma de obtenerla es a través de la exposición solar, y por ello algunos especialistas recomiendan una exposición directa de unos 5 a 10 minutos. Un buen momento sería a primeras horas de la mañana, cuando los índices de radiación se mantienen bajos. Pero la realidad es que no hay un consenso internacional sobre el tema, pues algunos consideran que es mejor tomar suplementos que exponerse a los rayos ultravioleta, y el resto afirma que la mayoría de las personas sintetizan suficiente cantidad de vitamina D con la exposición moderada al sol. “La importancia principal en dermatología es la preocupación por la forma de obtener la vitamina D sin aumentar los riesgos de cáncer de piel”, agrega Carla Muñoz, dermatóloga miembro de Sochiderm. “La Academia Americana de Dermatología es categórica en no recomendar obtener vitamina D desde la exposición solar ni de soláriums por el alto riesgo de desarrollar cáncer de piel”, sostiene.

Día tras día

El requerimiento diario de vitamina D ha quedado establecido para hombres y mujeres entre 19 y 70 años de 1.500 – 2.000 (UI), y para adolescentes de entre 9 y 18 años de 600 – 1.000 (UI). Hay que tener claro que esta dosis medida en unidades internacionales (UI) variará en los casos en que se presente una insuficiencia o déficit, y debe ser un médico quien evalúe y prescriba la dosis y el tiempo por los que se deba consumir un suplemento. Un buen ejemplo de estos es el aceite de hígado de bacalao, disponible en formato líquido y en cápsulas. La dosis diaria debe ser una cucharada o una píldora por las mañanas. Por su alto contenido vitamínico, los expertos recomiendan tomarlo por períodos no prolongados y con pausas de igual duración.

¿Cuándo falta y cuándo sobra?

Un déficit o un exceso de vitamina D se detecta a través del examen 25 OH vitamina D. “Tanto su déficit como su intoxicación son perjudiciales para la salud”, afirma la nutrióloga Paula Klein. De acuerdo con los resultados de un estudio publicado en la revista chilena de nutrición Diagnóstico y Tratamiento de la Deficiencia de Vitamina D, se indica que las investigaciones recientes a nivel mundial han establecido que los niveles óptimos se encuentran entre los 32 a 40 nanogramos por mililitro (ng/mL). Las concentraciones con niveles entre 21 y 29 ng/mL indican insuficiencia, y menores a 20 ng/mL indican déficit. Un exceso de vitamina D en nuestro organismo, es decir, una hipervitaminosis D, provocará niveles anormalmente altos de calcio en la sangre (hipercalcemia), lo que conlleva con el paso del tiempo a problemas renales, de tejidos blandos y óseos. Mientras que un déficit, de acuerdo con el estudio Hipovitaminosis D, publicado por el endocrinólogo de Clínica Las Condes Patricio Trincado, posee una serie de síntomas que pueden dividirse en dos categorías: patologías asociadas como osteomalacia y miopatía (problemas óseos) y la segunda son los riesgos asociados, como enfermedades inmunológicas, donde se incluyen la esclerosis múltiple y diabetes mellitus tipo 1, riesgo de ciertas infecciones como influenza, también riesgo oncológico y cardiovascular.
“Todos estos parámetros de los que hablamos han sido medidos y definidos en poblaciones del hemisferio norte, por lo que al no contar con estudios sudamericanos ni chilenos, no es claro si esos niveles también son los ‘normales’ para nuestra población”, advierte la dermatóloga Carla Muñoz. “Pero hay que reconocer que varios estudios han demostrado que dejando áreas libres de fotoprotector en nuestro cuerpo (alrededor de un 19%) o aplicando menos de 2 mg por cm2 no se disminuyen los niveles de vitamina D. Esto último ocurre solo si agregamos fotoprotección extra como ropa manga larga o sombreros. Las novedades afirman que bastaría una exposición solar de 15 minutos en brazos y de 15 a 30 en piernas, dos veces por semana, para obtener niveles necesarios de vitamina D”.

 

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