El lado justiciero de Carolina Urrejola

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El lado justiciero de Carolina Urrejola

Por carolina pulido / fotografías nicolás abalo / maquillaje bernardita cerveró

Más opinante, menos cuidada y, sobre todo, más ella misma. A casi un año de dejar el noticiero de Canal 13 para concentrarse en sus proyectos radiales, la periodista se ve más cómoda que nunca en su propio cuerpo. En esta entrevista repasamos el complejo presente de los medios de comunicación, la crisis en La Araucanía y su momento trending topic en Twitter.

En el alma de Carola Urrejola conviven varias Carolas. Primero, la Carola madre, que en la actualidad tiene gran protagonismo debido a las edades de sus dos hijos menores: además de su hija Emilia, ya de 23, está Tomás, de 5 y Elena, de 1 año 3 meses (a quienes tuvo junto a su marido, el periodista Mauricio Jürgensen). Hay también una Carola pública de mirada algo severa que acorrala políticos con preguntas al callo, y una Carola relajada y libre, que se cuela a veces en sus programas de radio y que uno imagina un poco hippie o un poco volada o un poco graciosa. Otra Carola aparece de vez en cuando, una que pudo ser show woman, que rebosa entusiasmo y cultiva la carcajada fuerte, esa misma que se robó la película para cantar y bailar en la última Teletón. Y en esta entrevista descubrimos una Carola más: la Carola justiciera, la que se emociona al hablar de la realidad del pueblo mapuche y la que protesta en sus trabajos porque las condiciones para hombres y mujeres son desiguales.

En ella escarbamos, en su faceta más agitadora y crítica, esa que parece aflorar con mayor libertad desde que dejó de aparecer en televisión todos los días -hoy solo figura en el panel de Mesa Central, domingo por medio-, para concentrarse en sus programas de Tele13 Radio. “Estoy contenta con la decisión de estar menos en la tele -explica. Hacer el noticiero no es difícil, pero igual te demanda energía. Y yo tenía que administrar mi energía y mi motivación de la mejor manera, encontrar la mejor ecuación entre mis intereses y mi tiempo. Estuve casi 15 años leyendo noticias, en distintos formatos, todos los días, y ya estaba con ganas de que mi demanda de energía principal fuera lo que profesionalmente más me retribuye, que es la radio. Tener más profundidad y más tiempo para poder abarcar más temas. La radio tiene más que ver conmigo, con lo que siempre me ha gustado”.

Desde hace algunas semanas partiste en un nuevo programa con Constanza Santamaría. Dos mujeres haciendo un programa informativo es algo que hoy se ve, pero hace algunos años no. Solo se juntaban dos mujeres para hacer proyectos “femeninos”.

Sí, abarcando solo contenidos blandos. Es una discusión que surge siempre cuando se conforman los gabinetes en gobiernos nuevos. Nunca ha habido una ministra de Hacienda o de Economía o de Interior. Pero en los medios se ha avanzado. Si uno mira los departamentos de Prensa en los canales de televisión, mujeres y hombres tienen en pantalla una posición súper equivalente. En el último tiempo también se han empezado a equiparar los sueldos, que es algo que antes no pasaba. Lo que sigue faltando es que haya jefaturas femeninas. Siento que se ha democratizado harto la pantalla, no estamos en la lógica de que el hombre es el fuerte y la mujer es la débil, aunque sigue habiendo decisiones que tienen resabios de machismo, que sería importante cambiar.

¿Cómo es eso?
Por ejemplo, para leer un noticiero en el canal, normalmente siempre hay dos personas, un hombre y una mujer, y en caso de emergencia, siempre hay asignado un micrófono que va a funcionar pase lo que pase, aunque se caiga todo, y ese micrófono siempre es el del hombre. En los tres noticieros. Y no tiene necesariamente que ver con que el hombre tenga más antigüedad. Yo lo noté hace como 3 años y mandé un mail al director de Prensa y al gerente de Producción (se ríe).

¿Alegando?
Noooo, pero poniendo el tema igual. Sutilezas del machismo, escribí.

Claro, lo que llaman “micromachismos”. ¿Qué te dijeron?
No me contestaron.

¡¿No?! ¿Te habrán tachado de conflictiva?
No creo. No me respondieron el mail pero yo sé que recibieron el mensaje. En algún momento yo pensaba: estos gallos deben encontrar que yo doy la lata con el feminismo, que cuestiono todo desde ese lugar.

¿Siempre lo haces?
¡Sí, poh! (risas).

Bueno, seguro te encuentran conflictiva.
Es que yo tengo una personalidad fuerte y, en general, cuando uno la tiene, está a medio centímetro de ser la conflictiva. Pero se aprende. Cuando uno es más joven hay muchas cosas que hace con menos reflexión o más impulso. Yo soy distinta a cuando empecé hace 15 años, pero hay convicciones que no han cambiado nada. La gente que me conoce sabe que hay cosas que se han mantenido constantes, como el interés por los temas de igualdad entre hombres y mujeres. Y debo reconocer que este 2018 vi con harta satisfacción todas las cosas que fueron pasando (sonríe, maliciosa). Porque de alguna manera eso nos da la razón a todos los que siempre hemos abogado por que los espacios sean más igualitarios.

¿Te refieres al movimiento feminista en general?
Claro. Este año he sentido más valorada que nunca mi posición al respecto de parte de mis compañeros y mis jefes.
Y, a propósito del movimiento feminista, últimamente he oído varias críticas: dicen que se ha transformado en una caza de brujas y que ahora van por todos los hombres. Creo que hay una reacción súper fuerte al avance de las mujeres. Porque a mucha gente la ponen nerviosa los cambios y se ponen reaccionarios. Pero no ha habido ningún cambio social importante sin resistencia, sin caricatura, sin que se extreme o que se instale la idea de que es un movimiento de fanáticos. Y obviamente que hay cosas del movimiento feminista que no nos tienen por qué gustar.

¿Qué no te gusta?
La caza de brujas, la no reflexión, que se convierta en una moda. Lo que no quiere decir que no esté de acuerdo con que es un tema importante y que si hay que salir a la calle con las pechugas al aire, hay que hacerlo. La crítica a que las chicas se hayan despechugado me parece súper conservadora. Hay veces en que hay que despechugarse. Pero hay extremos y claro que son peligrosos y le hacen un flaco favor al movimiento, como ponerse en contra de todo y querer reivindicarlo todo de la noche a la mañana. Eso, además, les da más fuerza a los grupos que se resisten al avance de las mujeres.

La crisis de los medios

Desde hace algún tiempo somos testigos del descalabro que está sufriendo el periodismo en Chile y en el mundo debido a la revolución digital: las revistas cierran sus ediciones impresas, diarios y canales se deshacen de un montón de trabajadores y consorcios periodísticos en serios problemas financieros. ¿Cuál es tu mirada de esta crisis?
Es como que se sabía que venía el cuco, que venían cambios, gente sin trabajo, búsqueda de nuevos formatos. Y el cuco llegó y algunos estuvieron mejor preparados que otros para este cambio tan significativo. Ahora, es un cuco que tiene un montón de ventajas también: poder transmitir contenidos por otras vías que son mucho más directas, más democráticas e instantáneas, es más bien una oportunidad y un desafío. Pero cuando uno ha estado acostumbrado a trabajar de una forma durante tanto tiempo se pregunta cómo preservar la esencia del periodismo y meterla en estos nuevos formatos desconocidos e incluso aterradores.

Claro, porque tu medio empieza a competir de igual a igual con las noticias falsas o con la obsesión por el cliqueo fácil a costa de videos de gatitos.
Sí, pero fíjate que eso le da más valor a la pega del periodista. Ahora tus contenidos tienen que ser más rigurosos y más chequeados que nunca. Por lo mismo, porque estás compitiendo en un escenario confuso y lleno de mensajes falsos. Pero si no renuncias a trabajar por un contenido que sea un aporte, la gente se da cuenta. No siento, además, que los que no somos nativos digitales tengamos que quedarnos fuera de la fiesta, al contrario, creo que tenemos la responsabilidad, ya que contamos con más experiencia que la gente más joven, de estar presentes en este escenario.

El problema es que el modelo que ha imperado en los medios es el de la publicidad como mecanismo de financiamiento y ese modelo es el que nos tiene compitiendo en términos de ventas con dos monstruos como Facebook y Google.
Sí, por eso se están buscando otras alternativas y muchos medios están reduciéndose. Eso es una desgracia y pareciera que no hay mucha solución. Pero lo que nunca va a pasar de moda es la necesidad de los medios de cautivar audiencias con buenos contenidos. Es muy triste cuando despiden a colegas por la necesidad de sobrevivir de los medios. En el caso de la televisión, es una industria creativa y como tal tiene muchas formas de sobrevivir. Los nuevos formatos en ese sentido son una gran posibilidad. Quizás la forma antigua de trabajar es la que está agotada.

Eres optimista.
Sí, tengo la tendencia a ver el vaso medio lleno, siempre. En este caso, igual, sé que no deja de ser dramático lo que les está pasando a los trabajadores de los canales.

¿Cuál es tu mirada de la crisis de TVN?
Encuentro muy importante que exista una televisión pública y también creo que sería un gran aporte que hubiera una radio pública. Ahora, seguir pretendiendo que Televisión Nacional se autofinancie y sea exitoso es tapar el sol con un dedo. No sé qué va a pasar. Es una lástima que se haya tenido que llegar a este punto tan crítico.

¿Crees que los periodistas deberían estar, en estos nuevos tiempos, autopromocionándose como cualquier otro producto?
Puede ser, si es que te conviertes en un personaje o te interesa promocionar tu propio canal. Yo creo que los periodistas somos profesionales de la información y nuestra pega es dedicarnos a eso. No creo que eso cambie. ¿Pensar en cómo comercializar tu contenido? Puede hacerlo alguien que sea súper completo y que sepa cómo, pero no es nuestra función principal.

¿Y qué opinas del periodista influencer que, en paralelo a su labor informativa, promociona en sus redes una serie de productos o servicios?
No conozco a ningún periodista que se dedique seriamente a la actualidad y al periodismo, que se vincule con muchas marcas. De repente algunas cosas: vinos, ponte tú. Yo misma, no sé, una emprendedora chilena que tiene una marca de diseño de anteojos me entrega anteojos porque cacha que soy piti. Creo que uno puede subir de repente una foto a Instagram siempre y cuando no te vaya a producir un conflicto de interés muy grande. Eventualmente, si uno acepta un trato con una marca es importante establecer que si por ABC motivo esa marca hace noticia uno se debe primero a la noticia y no a cuidar sus intereses. Razón por la cual es mucho mejor abstenerse. Por eso creo que la mayoría de los y las periodistas se abstienen, a no ser, como te digo, que sea por cosas chicas, puntuales.

La polarización de Chile

Además de su performance en la Teletón, Carolina Urrejola ha dado que hablar las últimas semanas por los dardos que le lanzó en Twitter José Antonio Kast. El asunto comenzó un par de días después del asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca, con un comentario que hizo la periodista en su programa de radio, en el que sugirió que, tomando en cuenta casos anteriores de muertes en La Araucanía, había que investigar a fondo los hechos ocurridos y no dar por cierta de inmediato la versión de Carabineros. Más tarde, desde la red social, Kast escribió: “La periodista afirma que asalto y robo de vehículos que terminó en la muerte de comunero mapuche sería un montaje. ¿Qué información tiene ella? ¿Por qué no contacta a la Fiscalía? Periodistas no deben transformarse en activistas ni difundir noticias falsas”. Tras esto, Kast subió la noticia de la quema del equipo de TVN y la increpó directamente: “¿Esto también es un montaje?”. Pero no hubo respuesta dirigida a él. Carola Urrejola se limitó a publicar el siguiente tuit: “Leo con cierto placer morboso que un seudopolítico me quiere convertir en carne de fake news. Y tiene su estrategia. Por aquí no pisamos el palito, míster”. A las pocas horas, todos hablaban de ella en la red social. Harta insolencia y pesadez de parte de los seguidores de Kast. Harto apoyo, likes y buena onda, de parte de los suyos.

¿Qué hacemos con la masificación de la posverdad?
Veo un panorama bien sombrío. Al final, si en el debate público empiezan a meterse mensajes falsos es como que la naturaleza misma de nuestra democracia se quiebra un poco. Ese definitivamente es el enemigo y está pasando todo el tiempo. Me ha pasado. De repente hay personas interesadas que quieren tergiversar algo que dije en la radio, por ejemplo. Y empiezan por redes sociales a presionar.

¿José Antonio Kast?
No quiero darle tribuna. Te puedo decir que hay muchos que hacen ese juego. Personas que difunden un mensaje que es falso respecto a algo que supuestamente tú dijiste y lo empiezan a plantar en las redes sociales y sus seguidores empiezan a creerlo y a difundirlo. Todo muy agresivo. En el fondo, son personas interesadas en que la gente se polarice.

Pareciera que la polarización que estamos viendo en las redes alimenta a ciertos personajes que buscan sembrar odio. Pero ellos también son los regalones de los medios chilenos. ¿Es lícito que les den cabida solo porque traen rating?
Hacer sensacionalismo con estos personajes que incitan al odio es una irresponsabilidad gigante, pero tampoco los puedes vetar del debate público, a no ser que estén de frentón haciendo llamados contra grupos de personas. Eso es algo que está en discusión en las legislaciones de todo el mundo: tipificar los discursos de odio. En Chile no existe. Pero insisto: el panorama es sombrío, pero la oportunidad, gigante. Los medios tenemos una responsabilidad grande en fortalecer las posiciones intermedias, moderadas.

Claro, aunque a veces toca ir en contra de la corriente y no todos los colegas están dispuestos a eso. Cuando estalló el escándalo del asesinato de Camilo Catrillanca esbozaste en la radio que no se podía descartar un montaje y no tuviste mucho eco al cuestionar al poder.
Dije que era muy importante investigar a fondo la muerte de Camilo Catrillanca porque en casos anteriores de muertes de comuneros se había comprobado judicialmente que había montajes. Qué decir de la Operación Huracán. Entonces, si tú tienes todos esos antecedentes puedes preguntarte razonablemente si habrá o no montaje. ¿Y qué pasó? Que efectivamente los carabineros mintieron.

Así es. Pero esa sospecha no parece estar muy presente en nuestra prensa.
Lo que ha pasado con el comunero Catrillanca solo me confirma que hay una realidad sobre el pueblo mapuche que muchas personas se niegan a mirar y que en muchos medios ha sido dejado de lado. Es cosa de estudiar un poco, de leer fallos de la justicia chilena y de la corte Interamericana de Derechos Humanos, como para saber que hay una responsabilidad grande de los medios en por lo menos investigar a fondo y poner en duda las versiones oficiales de carabineros. Y es un aprendizaje también para el Gobierno: hay que poner en duda las versiones de Carabineros. Esto es gravísimo porque el Gobierno tiene que poder contar con que la versión de ellos es verdadera.

Se ve que te interesa lo que ocurre en La Araucanía.
Sí. Hay una injusticia histórica. Lo que pasa allá no se va a solucionar hasta que todos seamos conscientes de eso. Hay poca valoración de nuestra propia identidad. Cuando matan a Catrillanca y aparece su foto, yo veo en sus ojos los ojos de un abuelo, de un antepasado. Eso me provoca (lo dice con los ojos llorosos).

¿Te emocionaste?
Sí, a mí igual el tema me toca. Hay una dificultad tremenda en asumir que somos mestizos. Creo que por ahí parte el problema.

¿Por qué te emociona?
Creo que si uno deja de emocionarse con las noticias, la pega no tiene sentido. Veo mucho cinismo, mucha gente que se endureció y lucho contra eso día a día.

Este rol tuyo de cuestionar lo oficial, pareciera que fluye mejor ahora que no estás en la tele. ¿Te sientes más libre?
Estoy en la tele, pero menos y en otro rol, más opinante. Profesionalmente estoy contenta porque he ido desarrollando un camino, dentro del mundo informativo, con más opinión y más análisis.
En lo personal, hoy tienes una demanda que hace algunos años no había: tienes dos hijos chicos que están en edad de necesitar atención. Hay que tener mucha vocación de madre para lanzarse con dos al hilo después de cierta edad.
Sí. A Tomas lo tuve a los 39 y a la Elena pasados los 40. Yo quería tener más hijos, Mauricio también, era parte del proyecto. Y para mí la maternidad siempre ha sido una fuerza bien importante y propia de mi naturaleza, así que en ese sentido me siento muy realizada. Tenemos una familia bien particular por lo mismo, por las diferencias de edad, y eso le da harto encanto, además de la cosa natural de que mi hija mayor nos ayuda con los niños. Ha sido rico porque ha sido original.

Pero debe ser agotador, considerando que tienes un trabajo súper demandante y con muchos ojos encima. ¿Cómo lo haces?
Obviamente que tener hijos a los 40, cuando ya estás en un momento de tu vida y profesión consolidados, requiere otra organización. Y a mí me pasa que me encanta lo que hago, me interesan muchas cosas y tengo la posibilidad de estar en una primera línea para desarrollar mi profesión y ahí me entra la contradicción de toda la energía que hay que gastar para estar en todos los frentes. Para mí la relación de pareja es importante, también el tiempo con las amigas, pero en este minuto trato de ser eficiente sin ser autoexigente. No se me puede ir la vida en tratar de cumplir con todo. Como que combato ese síndrome de perfección que muchas veces tenemos las mujeres. Un poco renunciar al noticiero fue eso: no me cabe todo. Hoy, haciendo el balance, creo que fue una buena decisión. Estoy contenta siendo panelista de Mesa Central, disfruto mucho la radio, me encanta poder estar con mis hijos y darle el tiempo que necesita a mi guagua. Básicamente: tratando de hacer el Tetris sin morir en el intento.

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