Las lecciones de Isidora Urrejola

Reportajes y Entrevistas

Las lecciones de Isidora Urrejola

Por Bárbara Riedemann/ Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Paulina Wiegand / Maquillaje y pelo: Patricia Calfio Agradecimientos: Vitamina y Sombreros Gonzalo Delpiano

Cuando recién entró a estudiar Teatro, la ficción y la realidad se mezclaron: fue la protagonista de Drama, una película que retrató con crudeza la locura de un grupo de alumnos de actuación. Ahora, que acaba de titularse, esta actriz de 24 años comienza a rodar El cordero, de Juan Francisco Olea, cinta en la que comparte roles con Daniel Muñoz y Julio Jung. En el periplo, la hermana menor de Fernanda Urrejola confiesa haber aprendido varias lecciones. Aquí están.

Saber desprenderse
Desde hace un año, para cada Luna Nueva, asisto a un ritual que es un círculo sagrado de iluminación para mujeres. Allí me desprendo, suelto esa energía masculina que dice que la mujer tiene que ser guerrera, arrojada. Pero no es así. La mujer no es así. La mujer es mucho más delicada y sabia. Por algo somos nosotras las que tenemos los hijos en el vientre, por algo nuestro sistema reproductor está hacia dentro y no hacia fuera, porque nosotras contenemos mucho. Entonces en esta ceremonia me libero de las preocupaciones, de las ideas que me atormentan. Nos presentamos sin etiquetas y me veo tal cual soy: hija, hermana, tía, mujer que goza, que juega.

Dejar de preocuparse y empezar a ocuparse
Vivimos tanto en la mente, en el mundo de las ideas que nos preocupan, que pasamos mil horas pensando en lo que tenemos que hacer en lugar de invertir esa energía en hacerlo de una vez. Dejar de preocuparse y ocuparse es súper difícil, no es sencillo, pero hay que hacerlo. Uno puede pasarse toda la vida preocupado sin hacer nada al respecto. Y un buen día te das cuenta que se te pasó la vieja.

Evitar las comparaciones
Soy la menor de cuatro hermanas. Fernanda, que es actriz, es la penúltima y tiene seis años más que yo. Cuando chica me cargaba que me compararan con ella, era un tema inevitable de parte de tíos y amigos. Las dos hicimos nado sincronizado, aunque a ella le gustaba competir y a mí jugar en el agua. En el colegio a ella le iba bien y a mí mal. Ella quería ser actriz y yo también. Yo soy más empelotada, hablo más fuerte y la Feña es más señorita, más tranquila, tiene una personalidad mucho más sutil que la mía. Siempre quise estudiar Teatro, pero no quería seguir comparándome con mi hermana. Me daba susto la comparación. Por eso me matriculé en Derecho, aunque enseguida me cambié a Diseño Gráfico. Pero después, gracias al tiempo y la madurez, lo entendí. Y comprendí que somos seres completamente diferentes, aunque nos podemos comparar, pero no somos iguales.

Atreverse a jugar
Para la presentación de Drama en Sanfic, me dio mucha vergüenza cuando me prestaron un vestido para la gala. Iba con los ojos negros –al estilo smokey– y la boca bien roja. Me repetía: “Esta no soy yo, ¿qué hago vestida así?”. Ahí entendí que esto es un juego y hay que pasarlo bien. ¿Qué tanto?

Dejar de mirar para el lado
Sueño con tener algún día un hotel ecológico en algún lugar de Chile porque amo Chile. Me siento una afortunada, no he recorrido todo el mundo ni mucho menos, pero sí he viajado y he mirado otras partes del mundo y no dejaría mi país por nada. No tengo el bicho de irme a vivir afuera. Chile tiene una energía preciosa y creo que tenemos que valorarnos más. Dejemos de mirar para al lado y concentrémonos en nosotros mismos. Estamos siempre comparándonos con Estados Unidos y Europa. Si bien, no tenemos esa cantidad de historia, tenemos nuestra historia y no la defendemos. En el colegio te pasan en dos clases las culturas ancestrales y no conocemos ni su idioma, ¡cómo es posible!

Reconciliarse con ser la hermana chica
Que me hayan llamado para filmar la película Drama cuando estaba recién empezando la carrera de actriz fue una tremenda experiencia. Quizás influyó ser hermana de la Feña, pero yo hice las pruebas y el casting como todo el mundo. Además, qué mejor que tener una hermana que esté allí para ayudarte. Reconozco que es un plus, no lo niego, pero eso pasa con otros casos, como el hijo del empresario que estaba trabajando de secretario y ahora es gerente general de la empresa. Uno tiene redes de contactos. Justo la mía es mi hermana y podría haber sido nadie también, o a lo mejor si no hubiese estado mi hermana tampoco estaría estudiando Teatro. Las cosas pasan porque tienen que pasar.

No temerle al cambio
Si algún día se acaba la pega, hay que ser como fénix y reinventarse. Yo no pienso que esto va a ser mi vida. Hoy lo disfruto y si mañana cambia, así es no más. Uno le teme al cambio, pero el cambio es más sabiduría. Nos cagamos de susto de cambiar, de perder cosas, queremos tener todo cerca, en la zona de comodidad. Salir de allí es difícil, pero si te lo plantea la vida por qué no escucharla también. Si uno tampoco va a estar en al cresta de la ola todo el rato. Si la vida es como el mar: sube, baja, se calma, guatea, y se pone furioso. Así son las emociones, el agua de tu cuerpo, por algo la sangre circula. La vida es circular, y todo es cíclico.

Pagar el costo de las decisiones
Dos años estudié Diseño Gráfico antes de que me decidiera a contarles a mis papás que lo que de verdad quería estudiar era Teatro. Me di cuenta que no quería pasar el resto de mi vida encerrada en una oficina y se los tiré no más. Mi papá se quería morir, me decía “¿Cómo te vas a cambiar de carrera con todo lo que hemos invertido?”. Yo estaba súper consciente de que la educación en una universidad privada es carísima y por eso trabajé todo un verano sin vacaciones para devolverles la plata a mis papás. Obvio que no logré pagar todo, pero al menos fue un gesto simbólico que me hizo razonar acerca de lo caro que es estudiar. Si lo pienso, Teatro cuesta 350 mil pesos, que es súper alto y uno no puede andar tomando decisiones sin saber el costo de ellas.

Aprovechar la energía
Creo que todos tenemos una energía inmensa y eso nos convierte a todos en dioses. No tenemos poderes sobrenaturales, pero hay gente que hace ilusiones maravillosas en la vida, desde un mago hasta un político, sean cosas buenas o malas. La energía es pensar el presente en positivo. Si uno dice: “Ay, va a haber taco”, obvio que va a pasar. Eso de la ley de Murphy es puro pensamiento negativo. En cambio, si la disposición es distinta, a lo mejor me va a tocar el taco igual pero lo voy a asimilar de otra manera.

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