Las letras de Amanda

Reportajes y Entrevistas

Las letras de Amanda

Por Constanza Espinoza / Fotos Juan Pablo Sierra

Los medios especializados de literatura la llaman “la joven promesa de la literatura chilena”. El año pasado, antes de finalizar su carrera universitaria, publicó su primer compilado de cuentos y ahora, a comienzosde abril, su primera novela. La escritura de Amanda busca dar voz a un sector acomodado, y usualmente odiado, a través de su joven mirada.

“Siempre me gustó leer, desde muy chica. Cuando estaba en tercero medio me metí a un taller literario y ahí empecé a escribir más en serio y en más cantidad. Por lo mismo entré a estudiar Literatura Creativa en la Diego Portales, más que nada para no distraerme con otra carrera que no me permitiera escribir y leer literatura”. Amanda Teillery (23) está a punto de terminar la universidad. Vive en Vitacura, donde también está el colegio en que estudió, y cuando era niña su abuelo solía llevarla después de clases a la cafetería Mozart, ubicada en Luis Pasteur, en un sector como los que visitarían quienes protagonizan sus relatos literarios y que le trae recuerdos de su infancia y adolescencia. El año pasado, en su último año de universidad, obtuvo su primera publicación: un compilado de nueve cuentos titulado ¿Cuánto viven los perros?, que mostraba cómo se vive y se sufre en las comunas más acomodados de la sociedad chilena, mostrando familias fragmentadas y su continua necesidad de aparentar a través de la mirada de protagonistas jóvenes, tanto o más jóvenes que la propia Amanda.

En La buena educación exploras la clase social ABC1, la amistad femenina y el aborto. Estas temáticas también formaron parte de tu libro de cuentos, ¿esas son las áreas que más llaman tu atención al momento de escribir?
Aparte de llamar mi atención, son las más contemporáneas a mí. Inevitablemente uno busca inspiración en lo que conoce para poder escribir, entonces era como lo que ‘estaba a mano’. Mas que nada saco la inspiración desde la realidad.

¿Cómo fue la experiencia de escribir tu primera novela?
Fue igual ‘fragmentario’, porque los primeros capítulos los escribí hace como tres años y los dejé descansando entremedio. En un principio La buena educación tuvo una cierta forma; por ejemplo, escribí todo en presente y después agregué el pasado (…) Como que fue una construcción que se hizo de a poco. Estuvo bien haberme tomado harto tiempo porque la novela fue creciendo.

“El sexo es malo”

Sofía y Rosario son las protagonistas de La buena educación. Tienen 17 años, están en cuarto medio en un colegio solo de niñas ubicado en alguna parte del sector oriente de Santiago y de pequeñas solían ser mejores amigas. Con el paso de los años se alejaron. Nuevas amistades, nuevos pololeos, nuevas experiencias. Lo que vuelve a unirlas resultan ser un embarazo no deseado y un posible aborto. Quizás una de las temáticas más contingentes, desde que la oleada feminista irrumpiera y se tomara con fuerza cada rincón de nuestro país. El derecho a elegir sobre el propio cuerpo, el miedo al qué dirán y la clandestinidad e inseguridad que deben sufrir quienes no desean continuar con un embarazo emanan de su prosa. “Un recuerdo: el sexo es malo. Mejor dicho, no existe. Por lo menos para Sofía y las demás niñas de su edad. Eso es lo que les han dicho: el sexo es de los otros, no de ellas”, se lee al comienzo de uno de sus capítulos.

¿Qué buscabas transmitir con La buena educación?
Más que nada una historia de amistad, indagar sobre lo extraño que puede ser crecer con una persona y separarse, y esas amistades medias raras que son casi como por inercia, esos amigos que tenías de chicos que de repente ya no te caen tan bien pero donde el cariño se mantiene. Creo que, independiente de la clase social, quería transmitir la experiencia femenina que pienso es transversal a las clases sociales. El desarrollo femenino, el tema de la sexualidad, la complejidad de crecer. Y con respecto al aborto, cuando ya es muy difícil la experiencia femenina más encima la sociedad entorpece el tomar tus propias decisiones.

¿Qué es lo más difícil a la hora de escribir una novela?
Creo que, sobre todo yo que me acostumbré a escribir cuentos (…), en el cuento es mucho más rápido captar la atención del lector y le das una solución altiro. En cambio en la novela tienes que contar con su paciencia y siempre está ese miedo de dilatar harto lo que vas a contar. Como decía Vargas Llosa, el cuento se gana por knock out y la novela, por round, así que tienes que estar todo el rato alerta a no dejarla caer.

¿Cuáles son los desafíos de escribir y publicar en Chile?
Por un lado, el tema más que nada cultural en Chile de que no es rentable y luego está la situación literaria. Hay muchos obstáculos. Tiene harto que ver con conocer gente, y hay un factor suerte muy grande, entonces igual es un poco saber dónde moverse. Sí, hay factor talento pero también hay factores circunstanciales que no siempre tienen que ver con talento.

…¿Muy ‘estilo chileno’?
(Ríe) Mucho pituto.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Seguir escribiendo, ahora estoy investigando sobre mi familia materna. Estoy tentada a hacerlo sobre mi bisabuela, porque mi familia de ese lado es francesa. A mi bisabuela le pasaron muchas cosas durante la Segunda Guerra Mundial. Es una novela histórica.

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