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23 agosto, 2017
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Las últimas huellas del Caso Haeger

El 29 de junio de 2010 la contadora Viviana Haeger desapareció misteriosamente en Puerto Varas. Tras 42 días apareció muerta en la buhardilla de su propia casa y por cinco años se investigó su homicidio sin llegar a puerto. Hasta que en diciembre de 2015, un testimonio proveniente de la cárcel de Puerto Montt, puso la sospecha sobre José Heriberto Pérez, quien tras ser detenido confesó haberla matado por encargo del marido. A dos semanas de que comience el juicio oral, este es un perfil del supuesto sicario.

Texto y fotos: Roberto Farias


Paula 1233. Sábado 26 de agosto de 2017.

José Heriberto Pérez Mancilla es el quinto de siete hermanos. Nació en el sector Línea Errázuriz en el campo de Puerto Varas porque su padre trabajaba como inquilino en el Fundo de Friedelen Werner. Dejó la escuela en quinto básico y después trabajó en ese fundo como cosechador de trigo y alimentando ganado.

En 1980, luego de vender unas tierras en Los Muermos, sus padres se fueron a la población Manuel Rodríguez de Puerto Montt.

Según recuerdan sus hermanas, los Pérez nunca fueron unidos. Vivían pobremente. Hubo peleas hasta por comida y algunas hijas partieron a criarse con unas tías por la falta de recursos. José tenía más cercanía con su hermano Dagoberto. Ambos eran conocidos en el barrio por sus peleas a cuchillo y sus riñas en los pool.

Cuando tenía 19 años, en 1986, José se fue a vivir solo a Ancud, Chiloé. Ahí conoció a su primera mujer, Clara Ruiz, con quien tuvo dos hijas, Alejandra y Clancy; mucho después tuvo dos hijos varones, Camilo y Alexis.

Con Clara Ruiz su relación era intermitente. Por su trabajo como carpintero se trasladaba a distintas localidades. Desaparecía por meses. Regresaba. Se iba nuevamente.

Su hija Clancy contaba –según relata una testigo citada al tribunal– que su padre era violento. Cuando se portaban mal, en la escuela, por ejemplo, usaba como castigo meterles la cabeza al WC o encerrarlas en el baño.

También tenía reacciones agresivas con su mujer. Su hija Clancy le relató al abogado querellante de la familia Haeger, Sergio Coronado, dos episodios que reflejan la metódica violencia de su padre.

–Clancy contó –afirma Coronado– que hace unos 12 años su padre calentó durante horas un fondo con agua sobre la cocina a leña. “Le preguntábamos, para qué era y él decía: ‘no se preocupen, manténgala calientita nomás’. Pasaba y le echaba otro palito a la estufa. Por horas”. Hasta que la mujer, Clara Ruiz, llegó: calmadamente le vertió encima el agua hirviendo–.

El episodio no llegó a denunciarse porque, según Clancy, él la amenazaba con un hacha. O le decía que ella sería la número 40 que mataría. Siempre se jactaba de que había matado gente peleando a cuchillo. Pero Pérez no ha estado involucrado en ningún homicidio; solo tiene dos viejas detenciones por riñas. Una de ellas con arma blanca.

Según datos que aporta el abogado Coronado, Clancy relató otro episodio violento: “En otra ocasión mi padre se escondió en el entretecho. Esperando que mi madre pasara por debajo para dejarle caer un nudo corredizo (una horca) en el cuello (…), tenía tanta fuerza que la colgó en el aire y la asfixió, pero ella alcanzó a zafarse. Quería simular un suicidio”.

En 2005 su mujer dejó a Pérez. Ella está actualmente detenida por tráfico y no quiso confirmar la versión de su hija para este reportaje.

Clancy, usa el adjetivo arrojado para describir a su padre en entrevista con Coronado. Ahí mismo, ante la pregunta del abogado si creía que podría haber matado a alguien por dinero, ella respondió: “Demás que sí”.

Viviana Haeger tenía 42 años al momento de su muerte y dos hijas con Jaime Anguita.

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En 1995 su hermano Sebastián Pérez, llevó a José Heriberto a trabajar a la constructora Mónaco donde era socio Jaime Anguita, el marido de Viviana Haeger. Llegó como maestro hormigonero y sus primeras labores fueron hacer soleras para la avenida Pacheco Altamirano de Puerto Montt.

Jaime Anguita, por su parte, tras dejar atrás 10 años en Vialidad en el MOP, reconoció en Pérez a un trabajador eficiente, responsable y obediente.

“Se destacaba José en su relación con don Jaime”, relató su hermano Sebastián a la Fiscalía de Puerto Varas.  “José era el hombre de Jaime Anguita”. Otros trabajadores de las empresas donde estuvo, lo corroboran.

Reparando caminos viajaron juntos a Lanco, Valdivia, Chaitén y Palena.

Alejandra, la hija mayor de Pérez, relató a la Fiscalía que cuando quebró la constructora Mónaco, Anguita llevó a su padre al campo de sus hermanos en Quillota para que cosechara paltas.

En el relato que hizo a la Fiscalía, Sebastián Pérez, hermano de José Heriberto Pérez, afirmó que “era tanta la cercanía (con Jaime Anguita) que en esos años lo veíamos todas las semanas porque le ampliamos una cocina y un garaje y le instalamos una cocina en la casa que tenía en Mirasol, a pocas cuadras de la casa de José”.

En la nueva casa de la familia Anguita Haeger, Pérez instaló una segunda estufa a leña cuya tubería pasaba junto al dormitorio principal. Viviana lo conocía perfectamente y lo llamaba “el maestro Heri”, porque su segundo nombre era Heriberto.

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En 2001, cuando quebró la constructora Mónaco, Jaime Anguita, traspasó todos sus bienes a nombre de su mujer, Viviana Haeger: una casa en la población Mirasol en Puerto Montt, la casa de Parque Stocker de Puerto Varas (donde apareció muerta), una parcela en Lagunitas, más una herencia materna y una cuenta de ahorros familiares. También sacó un seguro de vida para Viviana por 1000 UF en ING.

Anguita solo se quedó con la camioneta a su nombre.

Luego de la quiebra de la constructora Mónaco, en todas las empresas en que Jaime Anguita prestó servicios, como Vascat y Pudeto, llevó a José Heriberto Pérez como hombre de confianza. También en la constructora Puerto Octay, donde Anguita llegó a ser socio, cuando se recuperó de la quiebra: llevó a Pérez de carpintero.

En la nueva casa de la familia Anguita en el Parque Stocker, en Puerto Varas, José Heriberto Pérez instaló una segunda estufa a leña, cuya tubería pasaba por una buhardilla junto al dormitorio principal. El año antes de la muerte de Viviana Haeger, el 2009, Pérez cambió la cerámica de la cocina.

Viviana lo conocía perfectamente y lo llamaba “el maestro Heri” (por José Heriberto).

Según lo que pudo reconstruir la Fiscalía, por las minicentrales hidroeléctricas que hizo la constructora Puerto Octay en el río Puyehue, Pérez se trasladó a vivir a Llanada Grande en Cochamó a la residencial Titina –que pagó Jaime Anguita– y luego, a una casa en Las Cascadas en la comuna de Puerto Octay por casi dos años.

En eso estaba en 2010, año que comenzó agitado para José.

En Las Cascadas, Katherine, la hija de su nueva pareja Flor Villegas, lo denunció por intento de violación, según relató la misma Flor al fiscal, lo que nunca fue aclarado. José se quedó viviendo solo. En marzo regresó a Puerto Montt a casa de su hija Alejandra en Las Quemas.

Según la investigación de la Fiscalía, a pesar de que ya no tenían un vínculo laboral, Pérez llamó a Anguita dos veces en mayo de 2010.

Viviana Haeger se dio por desaparecida el 29 de junio de ese año. 42 días después, su cuerpo fue encontrado en la buhardilla de su casa.

Por ese entonces, José Heriberto Pérez se fue de Puerto Montt a Las Chilcas en Maullín. Por un año cuidó un campo y trabajó como leñador. Regresó a Puerto Montt a mediados de 2011 a su casa de Yerbas Buenas con su mujer Flor y su hija Clancy.

Por cinco años la investigación avanzó muy poco. En 2015 los abogados de Delia Massé, la madre de Viviana Haeger, lograron que el fiscal de Puerto Varas aceptara la intervención de un médico forense experimentado y se integró a la carpeta el completo informe de la perito del Instituto Médico Legal, Vivian Bustos.

Ese informe cambió el rótulo de la investigación de posible suicidio o suicidio asistido, la tesis que se barajó inicialmente, a homicidio por asfixia. El caso Haeger volvió a ser noticia nacional.

Un día de invierno de 2015, en el módulo 81 de la cárcel de Alto Bonito, mientras las reclusas veían TV, mostraron el retrato hablado que se hizo con la descripción dada por Roberto Araya, el dependiente del cibercafé desde donde llamaron a Anguita para decirle que su mujer había sido secuestrada.

Según relató a la Fiscalía, Lorena Chávez Bustos, una joven detenida por tráfico de drogas en ese módulo, “la presa Clara Ruiz le dijo que el retrato se parecía a su ex marido, que había trabajado con Anguita y que ella creía que estaba metido en el caso Haeger”.

Lorena Chávez había repetido ese comentario a su madre, María Bustos, una microtraficante de la población Bernardo O’Higgins conocida como “La Vieja María”, quien también estaba presa. Fue esa mujer quien tiempo después se acercó a la Fiscalía de Puerto Montt y buscó al abogado querellante Sergio Coronado, un ex fiscal que la había procesado numerosas veces, y le contó el rumor de la cárcel.

La Fiscalía chequeó la información por tres meses. “Nadie sabía que conectaba con Pérez, solo se siguió el hilo de la pista”, dice el abogado Coronado.

El 8 de diciembre de 2015 a la 1:20 A.M. detuvieron a José Heriberto Pérez en su casa. Confesó y declaró que Jaime Anguita le había pagado por matar a su mujer. A las 4:30 detuvieron al marido de Viviana Haeger.

Delia Massé y Mónica Haeger, la madre y hermana de Viviana, quienes han mantenido vivo el caso.

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En la confesión que José Heriberto Pérez hizo a la Fiscalía, a la que tuvo acceso revista Paula, relató que en junio de 2010 aceptó el trato que le proponía Jaime Anguita “porque estaba mal económicamente, mi mujer tenía que operarse de un riñón”. Según su defensor, el abogado Carlos Jiménez, Pérez habría actuado bajo la presión de sus necesidades económicas. Pero esto no es del todo exacto: su pareja, Flor Villegas, efectivamente tuvo un tumor y una hernia, pero como tenía Fonasa A,  no tuvo que pagar nada por esas intervenciones.

El abogado querellante Sergio Coronado tiene una interpretación para explicar el móvil del marido para encargar la muerte de su mujer: “La veía como un obstáculo en su vida y no quería ser el autor de la ruptura. Su personalidad le hacía ver que la mejor salida, era como víctima de una tragedia”, afirma Coronado. Tesis que deberá ser probada en el juicio que comienza a fines de agosto.

Según la declaración que dio Pérez, el 29 de junio de 2010 a las 9:30 de la mañana tocó a la puerta de la casa de los Anguita Haeger en el Parque Stocker. Viviana Haeger estaba sola y Pérez le habría pedido una sierra para un trabajo. Ella fue a buscar las llaves de la bodega al dormitorio. Él la siguió.

“La confesión de José Pérez es muy importante”, dice el abogado Sergio Coronado. “Porque explica todos los detalles incongruentes de la muerte de Viviana: por qué le abre la puerta a su o sus asesinos; las llaves del garaje en su bolsillo trasero, la gravilla del patio en sus botas listas para salir, la mancha de orina en el choapino, la bolsa con lana con que la asfixió, el conocimiento de la buhardilla”.

Según la confesión, luego de esconder el cadáver de Viviana Haeger en la buhardilla que él mismo había remodelado, Pérez robó un anillo, bisutería, una cámara de video y una cámara fotográfica, que guardó en una mochila. Se habría ido a pie.

Para Andrés Firmani, el abogado de la hija de Jaime Anguita, la tesis es que Pérez robó, mató y huyó. Eso es todo. Y que “sus dichos de que se lo hizo por encargo de Jaime Anguita, son mentira. Parte de su mitomanía”, ha asegurado a la prensa.

Opina distinto el abogado Sergio Coronado: “Con el nivel de conocimiento que tenía Pérez de los bienes de la familia y la casa, podría haber robado una caja con dinero, un arma de fuego, notebooks, joyas. Eso descarta el simple robo con homicidio”.

Según confesó Pérez, después de pasar al centro de llamados de calle Varas a hacer la llamada a Anguita en que decía había secuestrado a su esposa, se fue a la casa de su hija Alejandra, en Las Quemas. Esa tarde vendió la cámara Sony a su yerno Víctor Barquero en 10 mil pesos. Y días después, a otro ex yerno César Igor, la cámara fotográfica en 5 mil pesos. A su hija Clancy le regaló el anillo.

Su hija Alejandra Pérez, de 29 años, dijo a la Fiscalía que en la cámara de video encontró imágenes de Viviana Haeger, las que borró. Su padre le dijo que estaban ahí porque había sido “un obsequio de don Jaime”.

Pérez dijo en su confesión que habría recibido 2 millones –de cinco en total– que le habría prometido Anguita por realizar el crimen. Con ellos compró camas, un televisor y una lavadora que dejó en casa de su hija Alejandra.

Su hija Clancy, declaró que le dio el anillo de oro que le regaló su padre al consumidor y traficante Carlos Calixo Zamora, alias El Huevo. Este lo llevó a su prima “La Coya” quien leyó en el interior un grabado relacionado con la familia Haeger. Tras eso, supuestamente lo arrojó en un cerro. El anillo nunca fue encontrado.

El 25 de octubre de ese año 2010, Jaime Anguita obtuvo la posesión efectiva de todos los bienes a nombre de Viviana. En diciembre de ese año intentó cobrar el seguro de vida de 1000 UF en ING –porque temía que venciera, declaró a la Fiscalía– pero le informaron que solo se ejecutaría cuando hubiera una sentencia judicial.

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Pérez está en prisión preventiva en la cárcel de Alto Bonito de Puerto Montt y es vigilado 24 horas por temor a ser víctima de un ataque por encargo. Recibe las visitas de sus hijas y mujer.

El último mes, según un testigo cercano a la familia, Pérez habría enviado amenazas a sus familiares que testificarán en el juicio: “que no se metan en huevadas y que él se iba a retractar: diría en el estrado que actuó solo y que mintió para intentar sacarle plata a Anguita”.

Por su parte, Anguita, quien también está siendo investigado y se encuentra en prisión preventiva, negó conocer a Pérez. Después lo admitió, pero desmiente haber tenido con él algún vínculo extra laboral. No hay prueba del pago, ni que le encargara el crimen. Según el abogado de Anguita, Jorge Ponce, el marido sería víctima de un montaje: “alguien podría haber presionado o pagado a Pérez para que se inculpara”. Todo ello tiene que ser demostrado en el juicio que comienza a fines de agosto.

De ser considerado culpable de robo con homicidio, Pérez arriesga 10 años de cárcel. Y si se prueba la promesa remuneratoria, arriesga 17. En caso de que se pruebe que Jaime Anguita fue el autor intelectual de la muerte de su esposa, podría llegar a ser condenado a presidio perpetuo efectivo, que es lo que está solicitando la parte querellante.

*El 2010, Roberto Farías estaba con la madre y las hermanas en la casa de Viviana cuando la PDI descubrió el cadáver. Vuelve a leer ese reportaje, aquí. 

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