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15 Junio, 2017
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Lecciones de una madre pascuense

La concertista de piano Mahani Teave (33) ha promovido varios cambios en su Isla de Pascua natal: así como impulsó la creación de la escuela de música Toki para niños, llevó a una matrona especialista en parto humanizado que la ayudó a parir amorosamente a su hija Tahai Mamaru, generando un efecto contagioso entre las embarazadas de la isla. Acá, lo cuenta en primera persona.

Por Bárbara Riedemann / Fotografía: Carolina Vargas / Producción: Álvaro Renner / Maquillaje: Carmen Bottinelli


Paula 1228. Sábado 17 de junio de 2017.

“Con mi marido supimos que estaba embarazada de nuestra hija por un sueño. Soñé que estaba en una playa con muchos delfines y, entre ellos, llegaba una criatura mezcla entre ballena y lobo de mar, que en la cultura polinésica se llama Tangaroa y es el dios del mar. Al verlo, me hizo una venia con su cabeza, como dándome su bendición. Luego sentí cómo el alma entraba en el cuerpo de una bebé que estaba en la orilla del mar. Sabía que era mi hija y me acerqué a tomarla en brazos. Fue mágico. Al despertar, le dije a mi marido: “Soñé con nuestra hija”. Antes de contarle el sueño, él me dijo que también había soñado con ella y, al narrarme la historia, era exactamente la misma que la mía.

Hay una frase de Michel Odent, médico francés y defensor del parto humanizado, que me hace mucho sentido: ‘Para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de nacer’. En la isla, donde nació mi hija, Tahai Mamaru, en agosto del año pasado, no se hacían partos respetados. Entonces, traje desde Santiago a una matrona experta en parto natural. Tras 23 horas de trabajo de parto, nació en nuestra casa, que acondicionamos con luz cálida y música que mi marido tocaba para recibirla. El cordón lo cortamos con una obsidiana que hicieron nuestros ancestros.

Las mujeres de la isla se enteraron de mi parto y se generó un movimiento de conciencia pro parto respetado. Cinco días después de que nació Tahai, nació el bebé de otra pareja también de forma humanizada. Entonces, aprovechando a la matrona que trajimos, organizamos charlas para educar a las embarazadas. Ahí nos enteramos de muchos casos de violencia obstétrica y lo normalizada que estaba. Esto generó la exigencia de las mujeres por tener partos así. Ahora en el hospital de la isla los partos son maravillosos. Equiparon el staff de profesionales con gente preparada en el tema y ninguna mujer sufre por malas prácticas como que las hagan callar cuando gritan de dolor o que les inyecten hormonas sin preguntarles para acelerar el proceso de alumbramiento.

A mi hija quiero criarla en su riqueza multicultural. Con mi marido le hablamos en rapanui, que es nuestra primera lengua, pero también en español e inglés, que son también mis idiomas porque mi mamá es norteamericana. Crecer en la isla la hará tener un amor profundo por la naturaleza y la aventura. Pero como también viajo mucho dando conciertos, quiero que me acompañe y vea que el planeta es enorme y diverso y que hay que respetar a sus habitantes y culturas.

Mi hija tiene 9 meses y le pongo pañales ecológicos reutilizables. Calculo que hasta la fecha he ahorrado 1600 pañales de plástico. A mucha gente le da lata estar lavando, pero diariamente uno pasa solo 10 minutos lavando pañales, además, hoy tenemos lavadora. Son pequeños cambios que sí aportan a la salud del planeta.

Hoy la escuela de música Toki que construimos en la Isla de Pascua tiene 80 niños inscritos; eso me conmueve. Es un sueño hecho realidad que los niños pascuenses tengan acceso a las artes. Aún nos cuesta financiar a los profesores y tenemos un obstáculo que no hemos podido resolver: no hay camino para llegar a la escuela. Es paradójico que hayamos logrado construir la escuela con gran adversidad, llevando materiales por barco al lugar más remoto de la Tierra, y lo único en lo que hemos tenido problemas es en la construcción de un camino para llegar a ella. Sin embargo, no dejamos de perseverar y confío en que se solucionará. Ese valor quiero traspasarle a mi hija, para que nunca deje de perseguir sus sueños”.

La historia de la escuela (Exclusivo Paula.cl)

Cuando Mahani tenía 8 años llegó a la isla una profesora de piano que fue la que le enseñó a tocar. Su talento era innato, pero su maestra solo se quedó por 10 meses. Por ese entonces, el célebre pianista Roberto Bravo viajó a la isla y vio en vivo las destrezas de la niña a quien invitó a tocar a sus conciertos. Y, como no había profesor, le consiguió una beca para estudiar en el Conservatorio de Música de la Universidad Austral, en Valdivia. Junto a su mamá y su hermana, Mahani, de 10 años, se instaló en el sur hasta cumplir 18, cuando se fue a perfeccionar a Estados Unidos y después a Alemania.

Tras años lejos de su natal Rapa Nui, Mahani regresó y se percató que, tal como le había pasado a ella, los niños no tenían acceso a las artes. Ni pensar en la música. Y algo aún peor: la identidad pascuense se estaba perdiendo. Una situación que de inmediato quiso resolver. Así fundó, junto a otros ocho jóvenes  -entre ellos su esposo, el cantautor e ingeniero en construcción Enrique Icka-, la ONG Toki Rapa Nui, cuyo objetivo es la recuperación cultural del pueblo pascuense.

Comenzaron en 2014 impartiendo clases de música gratuitas para los niños pascuenses que se dictaban en la iglesia, pero el gran sueño de Teave era tener su propio espacio para las artes. Un gran paso para concretarlo fue la donación del terreno por parte de su marido, Enrique Icka. Allí se levantó, gracias a un crowdfunding, una peculiar escuela, única en Latinoamérica y en la Polinesia: se trata de una construcción totalmente sustentable, para la cual se necesitaron más de mil neumáticos de autos y de camiones gigantes, sábanas de nylon, vidrio, plástico, latas de aluminio y papel-cartón. El diseño, que evoca a una flor de ocho pétalos, fue creado por el arquitecto norteamericano Michael Reynolds, reconocido por sus construcciones 100% ecológicas, hechas con materiales reciclados.

Un año más tarde, la Escuela de Música y de las Artes de Rapa Nui abrió sus puertas y hoy tiene 80 niños matriculados en clases de violín, piano, violonchelo y ukelele, entro otras. Además, en las instalaciones, la ONG Toki también se realiza trabajos sociales y patrimoniales para el rescate de la identidad cultural de la isla. Llegar hasta este punto no ha sido fácil, principalmente por temas de financiamiento que aún no han logrado resolver, como el sueldo de los profesores, por ejemplo. Para perpetuar este proyecto, el llamado de Teave es a contribuir con Toki a través del aporte en dinero, hacerse socio o trabajar como voluntario de la organización. “Las oportunidades se presentan a tu puerta con un overol, una pala y un chuzo. Eso significa que no llegan listas, sino que uno tiene que aprender a reconocerlas y tomarlas para construir lo que quieres. Concretar este proyecto no ha sido sencillo, pero si ya hemos logrado construir la escuela, estoy convencida de que el proyecto logrará sustentarse en el tiempo”, dice la pianista.

Más información cómo colaborar en www.tokirapanui.com

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