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Reportajes y Entrevistas

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Por Lorena Penjean / Fotografía: Rodrigo Chodil Producción: Daniel Pacheco y Paloma Salas

Se casó a los 16 con un hombre de 54. A los 17 fue madre. Se hizo cargo de su casa, crió a sus hijos. En los 80 fue modelo y animadora de televisión. Se separó y se volvió a casar. Se separó nuevamente. Fue diputada por Valparaíso y vicepresidenta de Renovación Nacional. Pese a las críticas de su sector estuvo a favor de la ley de divorcio, de la píldora del día después, del aborto terapéutico y de la ley de cuotas. Fue embajadora en Grecia en el gobierno de Sebastián Piñera. Volvió, renunció a su partido y se incorporó a Amplitud. Ahora, a los 50, Carmen Ibáñez siente que está viviendo una segunda juventud.

Paula 1148. Sábado 24 de mayo de 2014.

Cuando Carmen Ibáñez era aún una colegiala y le dijo a su mamá que se quería casar con Domingo Godoy, fundador del Partido Nacional, y en ese momento un hombre de 54 años, ella le pegó una cachetada por primera y única vez en la vida. Carmen tenía 16 años y su madre no podía creer que esto estuviera pasando. No es lo que soñaba para su hija tan joven, con un futuro por delante… no podía ser.

Pero fue. Carmen dejó los estudios –que más tarde terminaría con exámenes libres– y se fue de luna de miel a dar la vuelta al mundo, viaje que no logró completar pues quedó embarazada de su hijo Joaquín, actual diputado y fundador de Amplitud, partido al que Carmen se acaba de incorporar después de una larga militancia en Renovación Nacional.

Así, a sus 20, Carmen se relacionaba con gente mayor, cuidaba a sus hijos y aprendía del cuidado de los viñedos. Con su familia vivía en Catemu y, tras especializarse en el tema en la Platina, –institución dependiente de la Sociedad Nacional de Agricultura¬– aprendió de riego por goteo y del crecimiento de la uva hasta hacerse exportadora. Su marido, en tanto, se dedicaba a engordar novillos y otras actividades relacionadas con el campo. Paralelamente, Carmen trabajaba esporádicamente en publicidad. La protagonista de un comercial de vino, que llevaba una cumbia pegajosa, se emborrachó antes de la grabación y Carmen tomó su papel. Ahí nació el apodo de “La Regalona”, después de lo cual trabajó como modelo, animó programas y se codeó con estrellas ochenteras como Rodolfo Roth, Antonio Vodanovic y Mario Kreutzberger, con quien todavía mantiene una gran amistad.

A los 29 años se separó y al año se volvió a casar con Gonzalo Meléndez, quien por ese entonces era gerente general del Banco O’Higgins. A sus tres hijos del primer matrimonio –Joaquín Godoy, diputado; Carmen, historiadora y María Luisa, periodista y conductora de TV– se sumó un nuevo retoño: Gonzalo –estudiante de Ingeniería– que hoy vive con ella y su madre octogenaria.

Los 40 la pillaron en el Congreso como diputada por Valparaíso debatiendo, entre otras cosas, a favor de la ley de divorcio en circunstancias de que gran parte de la derecha se oponía fieramente.

Soltera otra vez, se emparejó con Iván Moreira, con quien estuvo cinco años. Esa fue su última pareja conocida.
Ya en los 50 (no confiesa su edad) durante el gobierno de Piñera se fue a Grecia como embajadora, aventura que, en lo más profundo, le significó algo así como el reencuentro con la libertad.

¿Cuál fue tu aporte como embajadora?
Poner en el tapete a Chile. Ponte tú, estuvimos una semana en los medios de comunicación porque llevamos a Grecia a los 33 mineros de la mina San José. Un amigo mío financió los 66 tickets aéreos más una semana de estadía en hoteles 5 estrellas en Atenas y la Isla de Creta. Antes de eso, para el accidente, yo estuve en directo en la televisión transmitiendo el rescate. Me informé bien llamando a Chile y hablé de la cápsula Fénix y todos los detalles. Todo en inglés. Eso fue muy importante, porque hasta antes de eso de Chile no se sabía casi nada.

“No sé si he pagado costos por mis decisiones porque nunca me ha importado el qué dirán. Hay que ser auténtico en la vida porque te hace más feliz. No debe haber nada más terrible que vivir fingiendo, aparentando lo que no se es”.

¿Qué más hacías? Supongo que muchos almuerzos, cócteles y cenas…
Sí, muchos, ¡y yo trataba de ir a todos! Igual a poco andar me di cuenta de que si quería relacionarme con los más importantes políticos, empresarios y gente del mundo cultural tenía que establecer vínculos con las embajadas más relevantes como la de Francia, Italia, Rusia y China. Entonces se me ocurrió un plan. En Grecia hay un resort que está catalogado como el mejor del mundo, y allí veranean Brad Pitt con Angelina Jolie, Madonna y otra gente muy famosa. Yo fui a hablar con el gerente general y le dije: “Mire, es importante que su resort sea conocido por todos los embajadores porque son los embajadores los que reciben a las autoridades de su país y deciden qué lugares deben visitar. A usted le falta publicitar su resort a nivel diplomático. Yo no tengo plata pero si usted me regala una fiesta yo traigo a todo el cuerpo diplomático de Grecia”. Y así fue. Me hizo una fiesta que te mueres, con una niña que tocaba el arpa, con las exquisiteces más grandes que te puedas imaginar, todo esto en un acantilado frente al mar. Llegaron todos los embajadores. Desde ese día nos miraron mucho más como país.

¿Qué pasó cuando pudiste entrar al grupo de los importantes?
Me empezaron a invitar a todo. De hecho, fui la única embajadora invitada cuando asumió Antonis Samarás de primer ministro. En el mundo político tuve muchos contactos, lo mismo en el mundo empresarial; o sea, yo diría que terminé haciéndome de amigos en las diez familias de Grecia tal vez más relevantes.

Qué suerte tener amigos millonarios griegos.
¡Y, además, encantadores y cariñosos! En enero fui de vacaciones con las nietas a Punta del Este, a la casa que un amigo griego me prestó. Los griegos son tremendamente acogedores y ponen a tu disposición todo lo que ellos tienen, ya sea una casa en una isla, su hotel o su yate. Y tienen unos yates increíbles; o sea ¡Mónaco no es nada comparado con la marina griega! A mí me fascinó, piensa que yo en Chile nunca había navegado mucho, quizás un paseíto en lancha en Valparaíso y punto.

Pero, ¡qué glamorosa tu vida de embajadora en Grecia!
Mira: la pega de embajadora estaba pintada para mí. Se trata de crear vínculos, de ser sociable, de conocer gente de distintas culturas. Tuve la suerte de hacer amistad con embajadores de lugares tan lejanos como Azerbaiyán, Dubái y China, ¡y todo su mundo era tan distinto! Recuerdo al embajador de Francia y a su marido, y que fueran dos hombres no le llamaba la atención a nadie. Ni a mí tampoco. En Europa aprendí cualquier cantidad y fui muy feliz.

La firme: ¿tenías muchos pretendientes?
O sea… muchísimos. No, es broma. Los griegos viven el amor, tienen su vida familiar y son apasionados, pero la verdad es que yo no me permití enamorarme en Grecia porque sabía que tenía que regresar a Chile, porque acá tengo mi familia. ¡Y si te traes un griego a Chile lo matas de la lata!


“¡A mí me encanta bailar Américo, bachata, salsa! Pero acá, sobre todo en los estratos en que uno se mueve, la cosa es muy fome”.

CONTRACORRIENTE

¿Crees en el amor?
Por supuesto. Y también creo en el matrimonio. Yo fui muy feliz casada 14 años con Domingo Godoy y, si me casé un año después de separarme, fue porque creo en el matrimonio. Cuando conocí a Gonzalo, mi segundo marido, fue un amor fulminante y, además, yo tenía a mis hijos chicos, entonces, para mí era importante formar una familia, tener un hogar. Gonzalo me ayudó a educar a los niños. Duramos 8 años casados y hasta el día de hoy somos amigos. Creo que todos tenemos derecho a nuevas oportunidades. Es una desgracia separarse, sí, es duro y triste pero, si ocurre, ¿por qué negarse la oportunidad de volver a intentarlo? Es un asunto muy personal y hay que ser respetuoso. Aquellos que no estén de acuerdo, que no lo hagan, pero que dejen en libertad a los demás.

Por eso apoyaste, en su momento, la ley de divorcio.
Había, incluso, algunos que, teniendo sus matrimonios anulados, se oponían a la ley. Ese tipo de cosas a mí me molestan. No tolero el doble estándar. O sea, si tú no eres feliz con una persona tomas la decisión de separarte, mientras que en Chile, en especial en los estratos socioeconómicos más altos, ABC1, no se hace porque es mal visto. ¿Sabes qué?, hay que ser muy valiente para separarse. La gente acá prefiere seguir con sus matrimonios pese a que son inmensamente infelices. Yo respeto mucho a la gente religiosa, pero si esa es su opción, sería bueno que también fueran consecuentes cuando se golpean en el pecho mientras tienen a la polola fondeada.

A partir de tu experiencia como mamá joven, ¿qué te provoca el embarazo adolescente? ¿Qué te pasa cuando ves hoy a una niña de 17 años embarazada?
Me provoca ternura, pero por sobre todo espero que tenga apoyo de su familia y de toda la sociedad. Lo triste de la mayoría de las adolescentes embarazadas es que son niñas que se quedan solas y que etapas tan lindas como el embarazo y la crianza se vuelven muy terribles. Yo soy de las que creen que hay que prevenir. Por eso fui partidaria de la píldora del día después y que se repartiera a través de las municipalidades y a todos los que la necesitaran.

A tu sector, la derecha, debe hacerle ruido que seas tan liberal.
Sí, pero no me importó porque a mí me mueven convicciones. En el tema de la píldora me parecía tremendamente injusto que ante la misma situación una niña del barrio alto solucionara su problema con plata en la farmacia y para callado. ¿Por qué las niñas más humildes que pasan por experiencias terribles con padrastros borrachos o simplemente van a una fiesta y no tienen conciencia ni elementos para sopesar lo que hacen, no pueden tener la misma posibilidad que una niña del barrio alto? En ese sentido es importante que seamos un país abierto de mente porque decir que no hay que tener relaciones sexuales en la adolescencia es ingenuo; la realidad es otra. Ni hablar de las atrocidades que les pasan a las niñas cuando se hacen abortos.

“La pega de embajadora estaba pintada para mí. Se trata de crear vínculos, de ser sociable. En Grecia hice amistad con los embajadores de Azerbaiyán, de Dubái, de China. Recuerdo al embajador de Francia y a su marido, y que fueran dos hombres no le llamaba la atención a nadie. Ni a mí tampoco. En Europa aprendí cualquier cantidad y fui muy feliz”.

¿Cuál es tu opinión?
Estoy de acuerdo con el aborto terapéutico. De hecho, firmé el proyecto. Hoy existe en la práctica: si llega una mamá embarazada con riesgo vital, los médicos la salvan a ella. Hay una desinformación feroz con respecto al tema. Y yo creo en la vida, nunca me hice ni me haría un aborto pero si la mujer de al lado siente que debe hacérselo, es su cuerpo, su vida y su decisión.

¿Qué problemas te trajo en tu sector tomar estas posiciones?
Siempre he luchado por lo que yo creo, imagina que fui la única parlamentaria de la Alianza que votó por la ley de cuotas y claro que tuve problemas en el partido, más encima porque estaba apoyando un proyecto que era de la Concertación. Pero siento que, independientemente de donde venga el proyecto, si es bueno, si va a ayudar, en este caso a que las mujeres tengamos más participación en política, yo lo voy a apoyar desde donde esté.

¿Qué opinas del matrimonio homosexual?
Estoy completamente a favor. Si dos personas se aman y quieren consolidar esa relación, es problema de ellos, quién es uno para negarles esa oportunidad.

Eres bien atípica para ser una mujer de derecha.
Soy de centro derecha.

¿Cuáles son los costos que has pagado?
No los he percibido porque siento la profunda convicción de estar actuando desde la tolerancia y el respeto a los demás. No sé si es bueno o malo, pero nunca me he preocupado del qué dirán. En mí habita un espíritu tremendamente positivo. Mi hija me dijo un día: “Mamá, tú crees que no hay cosas imposibles” y es verdad. Yo creo que cuando realmente quieres algo, y tienes convicciones y le pones fuerza, al final te resulta. Yo creo en las energías, en decir “yo creo, yo puedo”.

Ya, pero ¿cuáles han sido los costos de seguir tus convicciones?
Si los ha habido, no me he hecho cargo de ellos. Hay que ser auténtico en la vida porque te hace más feliz. No debe haber nada más terrible que vivir fingiendo, aparentando lo que no eres. Me imagino el dolor de las personas homosexuales que pertenecen a familias conservadoras que no los aceptan; me da impotencia pensar en lo que mucha gente hace para guardar las apariencias. Es feroz. Lo mismo pasa con los matrimonios que siguen pese a que son infelices. Por eso es importante que las mujeres trabajen, que sean independientes para que cuando llegue el momento no digan: “¿qué hago si mi marido me deja, qué hago si me separo?”.

DESENCANTO Y AMPLITUD

Hoy estás en Amplitud. ¿Cómo se parte desde cero en un nuevo partido?
Con el mismo esfuerzo y valentía de los diputados Karla Rubilar, Pedro Browne y Joaquín Godoy, más la senadora Lily Pérez, quienes son los grandes artífices de Amplitud. Con su idealismo y con la mística que rodea a este proyecto que cree en una centro derecha liberal sin los egoísmos ni la trancas del pasado. Queremos ser un aporte e instaurar una colaboración positiva. A nosotros nos interesa que a este gobierno le vaya muy bien porque en la medida que así sea, le va a ir bien a la gente.

¿Cómo piensan abrirse camino en una derecha en la que Carlos Larraín ha declarado no tener interés en reunirse con ustedes?
Nuestras relaciones con la derecha son buenas y no me voy a detener en las declaraciones del presidente de RN, porque no vale la pena comentarlas. Hay gente que es más intolerante pero eso no quiere decir que no tengamos buenas relaciones con las bases y con muchísima gente que piensa como uno y que quiere hacer cambios.

¿A quién representa Carlos Larraín, entonces?
A un sector que durante mucho tiempo ha tenido mucho poder y que le ha hecho daño a la derecha.

¿Cuándo empezó a deteriorarse RN?
Hace muchos años dejó de haber tolerancia, sobre todo de parte de la directiva, que está en manos del grupo más conservador.

¿Exactamente por qué te fuiste de RN?
Después de haber sido vicepresidenta de RN (cuando Sebastián Piñera formaba parte de la directiva) y, pese a haber sido elegida para la comisión política con la segunda mayoría nacional después de Raúl Torrealba y de haber ganado un distrito donde nunca había ganado RN, cuando regresé de Grecia fui a hablar con la directiva de RN –con el presidente, con Carlos Larraín y con Francisco Chahuán– y les pedí que hicieran primarias para ser diputada por Viña del Mar, porque aquí habían hecho tanta gárgara con las primarias alardeando de lo democráticos que eran… y la respuesta fue que no.

¿Qué razones dieron?
Inventaron mil razones, pero lo cierto es que las encuestas indicaban que yo ganaba lejos. Seguramente yo no soy santo de su devoción.

¿Qué opinas de la Presidenta Bachelet?
Cuando fui al cambio de mando a ver jurar a mi hijo como diputado me sentí tremendamente orgullosa como mujer al ver a la Presidenta. Yo la felicito de todo corazón. Le tengo gran cariño por seguir siendo la misma de siempre. No solo es inteligente, además, es auténtica.

LOS 50

Resumiendo, aquí estás ahora: en Chile, en Amplitud, con un programa en la radio Agricultura y con 50 años. ¿Cómo es la vida después de los 50?
A los cincuenta hay mucha vida, pero es una vida distinta. Acá en Chile como que no está permitido, por ejemplo, bailar o salir de noche. Yo fui a un matrimonio recién llegando de Grecia y quedé en shock cuando empezó el baile y toda la gente se fue de la mesa donde yo estaba. ¡Y a mí me encanta bailar Américo, bachata, salsa! Acá, sobre todo en los estratos en que uno se mueve, la cosa es muy fome. En este punto hago la diferencia con el pueblo: la gente más humilde, en especial la mujer, disfruta la vida, sabe pasarlo bien. No tienen complejos de ningún tipo y no tienen que guardar la compostura ante nadie. Son auténticos. Cuando trabajaba en mi distrito y me convidaban a los bailables, ¡por Dios que lo pasaba bien!

¿Qué tan joven te sientes?
Los 50 son los nuevos 40. Siento que mi energía hoy es más grande que la que tenía cuando era más joven. Tengo ganas de disfrutar. Es una etapa rica porque estás madura, pero te sientes muy joven y tienes ganas de hacer lo que te gusta y ya no tienes ese apremio de la ansiedad.

“La gente acá, sobre todo en los sectores socioeconómicos altos, prefiere seguir con sus matrimonios pese a que son inmensamente infelices. Yo respeto mucho a la gente religiosa, pero si esa es su opción, sería bueno que también fueran consecuentes cuando se golpean en el pecho mientras tienen a la polola fondeada”.

Después de Moreira no has vuelto a tener parejas…
Llevo muchos años sola. He tenido otras relaciones de cariño, de salir, de acompañarnos pero no una relación con nombre de decir “esta es mi pareja”. Y estoy muy tranquila con eso. Disfruto con mis amigas, salgo, viajo. No me cierro a ninguna posibilidad, no digo nunca más, pero no estoy poniendo en eso mi felicidad y mi seguridad.

¿Te siguen gustando los hombres mayores?
Lo importante es sentir amor y para eso no hay edad. Lo cierto es que me costaría mucho tomar la decisión de casarme nuevamente.

¿Cuándo abandonaste esa necesidad de estar en pareja?
Tiene que ver con la independencia. Hoy quiero estar sola porque me nace. Ya no siento esa urgencia, ese apremio de la pareja porque, tal vez, por fin me encontré con la libertad.

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