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28 diciembre, 2016
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Los códigos de Alejandra Krauss

A los 60, en vez de pensar en la jubilación, aceptó ser ministra del Trabajo “con gran libertad porque no tengo agenda personal”, dice esta mujer cuyo norte una vez fue ser la mejor abogada de Chile. Fue una de las buenas pero también madre de siete hijos, y una católica poco conservadora que habla aquí de aborto, de lo que le dolió la separación de sus padres y de su pasado cruzado por los derechos humanos.

Por Pilar Rodríguez B./ Fotografía: Alejandro Araya.


Paula 1216. Sábado 31 de diciembre de 2016.

Por estos días celebró un cambio de folio. La nueva ministra del Trabajo y Previsión Social, Alejandra Krauss, cumplió 60 años y, muy lejos de jubilarse y volver a una vida apacible en su parcela de La Florida, decidió regresar de lleno a la arena política y aceptó una de las carteras más complicadas en el gabinete de la Presidenta Bachelet, ad portas de poner en marcha la emblemática y también polémica reforma laboral.

Muchos le habrán dicho que cómo se le ocurre asumir en un gobierno con índices de aprobación muy bajos, con una Nueva Mayoría bastante quebrada, y en una cartera como Trabajo.
(Suelta una risa). ¡No solo algunos, todos me dijeron eso!

¿Y por qué aceptó?
Aunque parezca increíble, mis hijos fueron los más entusiastas y eso me terminó de convencer. Ellos piensan que puedo aportar, que se puede tener cojones y ser coherente.

La ministra habla claro y directo, en un estilo que evoca al de su padre Enrique Krauss (ex ministro del Interior del Presidente Patricio Aylwin y uno de los próceres de la Democracia Cristiana). Despliega expresividad a través de sus ojos azules, su voz dulce y firme. De sonrisa amplia y con la coquetería a flor de piel, está pulcramente maquillada y vestida impecable con un colorido pañuelo al cuello. Alejandra Krauss es, además, madre de siete hijos, poco conservadora en lo valórico, y muy independiente de pensamiento, aunque disciplinada a la hora de definiciones presidenciales con su partido, la DC.

¿En qué momento vital la encuentra este cambio de folio?
¡Totalmente plena! Siento que he vivido todas las edades intensamente. Eso sí, el fin de año fue potente, no solo por la llegada al gabinete. Lo más fuerte que viví hace poco fue el nacimiento de mi primera nieta prematura, lo que me marcó mucho porque fui testigo de cómo luchó y se apegó a la vida con una fuerza impresionante. Como familia nos abrazamos detrás de ella y eso fue muy potente.

¿No le tiene miedo a envejecer?
¿Sabes lo que me pasa? Que esta nueva vejez es muy diferente a la que yo recuerdo. Mi bisabuela, a los 60 años, estaba sentada en una silla, con su pelo blanco, esperando que la rodearan y acompañaran. Yo, en cambio, me siento plenamente activa y no tengo rollo con asumir que soy abuela y profesional. De hecho, no me haría ninguna cirugía, porque no me complica nada ese tema de envejecer.

Técnicamente podría estar jubilando ahora. ¿Está de acuerdo con que se extienda la edad de jubilación de la mujer, para mejorar el fondo de ahorro?
Por mucho tiempo pensé que no. Hoy tengo una opinión diferente, porque creo que las mujeres a los 60 años podemos seguir contribuyendo muchísimo y porque, además, es una manera de ser solidario con el sistema y de acortar las brechas que existen entre hombres y mujeres. Las pensiones se van a incrementar en la medida que se extiendan los años que trabajamos.

Es la segunda vez que Alejandra Krauss ocupa un sillón ministerial. A comienzos del gobierno del Presidente Lagos fue ministra dos años en el ex Ministerio de Desarrollo y Planificación (Mideplan). Ese sí fue un desafío mayúsculo porque en ese entonces sus siete hijos vivían con ella y su marido, el abogado Andrés Donoso, con quien está casada hace 36 años. La menor de sus hijos –única mujer– tenía solo dos.

“Nunca pensé que el papá y la mamá se podrían separar. En mi opinión tenían un buen matrimonio, habían sido capaces de acompañarse tantos años en la vida. En ese momento, yo pensaba por qué no intentar más, pero hoy, con la vejez, creo que se puede dejar de amar. Y frente a eso, ¿qué se puede hacer?”.

El Presidente Lagos me preguntó si era verdad que tenía siete hijos. Estaba asombrado y me dijo “no sé si te habría nombrado si hubiera sabido de esta tremenda responsabilidad que tienes con tu familia”. Y no me lo dijo porque no pudiera, sino porque sentía que me estaba sacando de mi mundo familiar.

Debió tener mucha ayuda doméstica o un marido muy comprometido con la casa.
Teníamos un matrimonio que nos ayudaba en la casa y así nos arreglábamos. Nosotros casi no hacíamos vida social. Nos dedicábamos intensamente al trabajo y a la profesión y luego a la familia ciento por ciento. El fin de semana era todo para la familia y respetábamos mucho esos espacios, comíamos todos juntos en la cocina.

¿Qué siente que se perdió de la vida de sus hijos?
Tengo la impresión de que ellos sintieron que las cosas tradicionales que hacían las mamás, como ir a buscarlos al colegio. Pero fui delegada de curso, no me perdía reunión de apoderados con ninguno. Igual, una vez la más chica me dijo: “mientras iban a buscar a mis amigas sus mamás, tú llegabas más tarde a la casa”. Ella sintió ese vacío. Así es la vida…

¿Y los siete hijos fueron buscados? ¿Usaba métodos naturales o anticonceptivos, por ejemplo?
Yo soy bastante poco conservadora en esa materia. No tengo ningún rollo ni con la píldora anticonceptiva ni con la del día después. Tengo que ser franca. Al comienzo, mi gran norte era ser la mejor abogada de Chile. Pero pasaron cosas personales que fueron marcando decisiones. A mi hermana, que había nacido para ser mamá, se le murió su segunda hija de muerte súbita. Mi primer hijo estaba recién nacido. Fue un golpe brutal. Acompañar a mi hermana en ese dolor, con la fuerza que lo asumió, me hizo darme cuenta de que no podía pretender el control de mi vida. Ahí cambié el switch.

¿Tanto como para atreverse con siete hijos?
Es que descubrí que en ese rol de mamá era la mujer más feliz. Me daba permiso para gozar el no hacer nada, salvo el estar regaloneando, amamantando, y lo pasé muy bien con cada uno de ellos. No sentí que renunciaba a mi proyecto profesional, más bien lo adecué lo mejor que pude.

Desde esa vereda, y como creyente, no debió ser fácil para usted adherir a un gobierno que ha impulsado una ley de aborto bajo tres causales definidas.
Cuando se presentó el proyecto de ley y se empezó a discutir, con una declaración pública de mi partido en apoyo irrestricto a las tres causales, pedí que me dejaran hacer mi propio proceso de discernimiento. En bloque no estaba dispuesta a adherir de una u otra manera. Hoy, tengo la convicción de que probablemente yo no me habría practicado un aborto en ninguna de las tres causales, pero no tengo derecho a obligar a otra mujer que haga lo mismo que yo.

Pero usted es católica activa y en este punto hubo un pronunciamiento explícito de la Iglesia Católica a no aprobar esta ley.
Por eso no soy parlamentaria.

Y si lo fuera y hubiese tenido que votar este proyecto, ¿qué habría resuelto?
En mi proceso de discernimiento probablemente lo habría votado a favor, me habría informado bien.

¿Y cómo convive con esa tensión interna?
No hay ninguna tensión. Vivimos en un país donde el Estado y la Iglesia están separados hace 100 años. Me generaría mucho más conflicto de conciencia el que mujeres ingresen a la cárcel enfrentadas a esta brutalidad. ¡Eso sí es violento! Aquí no se permite abiertamente el aborto, lo que evita es que se sancione a una mujer que se practica un aborto. Por lo demás, nadie se enfrenta frívolamente a esta decisión. Es algo tremendamente doloroso.

¿Qué piensa sobre la posibilidad de permitir legalmente el matrimonio igualitario para parejas homosexuales?
Todos mis hijos son partidarios, con argumentos bien contundentes, entonces eso nos hizo plantearnos como familia qué promoveríamos. Yo al menos, estoy de acuerdo.
Cuenta que uno de sus hijos, católico como ella, decidió que solo se va a casar por el Civil mientras la Iglesia Católica no se abra al matrimonio igualitario: “Él se rebela y dice que no va a amparar decisiones discriminadoras de una Iglesia que no entiende que Jesucristo tendría una postura mucho más abierta y humanitaria en estos temas. A mí me impresiona esa convicción y me hace pensar”.

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Coqueteos con la derecha
En sus primeros años de juventud, la ministra Krauss tuvo su corazón político más cerca de la derecha que de la DC. En el colegio Grange –donde estudió– fue activa colaboradora de la directiva del Centro de Alumnos que presidía Alberto Espina (hoy senador RN) y Jaime Orpis (UDI) como vicepresidente. En ese entonces, era muy crítica a la Unidad Popular. Nada más lejos al sueño revolucionario de Fidel Castro, que seducía a muchos jóvenes de su edad: “Él no me generaba ningún atractivo y menos aún, su proyecto revolucionario”, dice. El Golpe de Estado y los primeros años más duros de la dictadura los vivió en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, siguiendo los pasos de su padre. En un inicio, hizo corral con sus amigos Alberto Espina y Andrés Allamand.

¿Es verdad que pololeó con Allamand?
(Ríe sorprendida). No tanto… Éramos vecinos y salimos un par de veces, pero nada más.

La opinión es unánime entre quienes compartieron sus años de juventud: “estupenda y atractiva, muy inteligente”. Ella se ríe y admite que “fui bien polola antes de conocer a mi marido”.
En materias políticas, sus coqueteos con la derecha duraron poco. Estando en Derecho de la Chile, el gobierno militar puso en el decanato al profesor Hugo Rosende (quien luego sería ministro de Justicia de Pinochet) y ella, vio situaciones que no le gustaron.

“A una compañera de universidad le pidieron que en los cursos de Metodología de Investigación Social, donde los profesores eran sociólogos, tomara nota de las cosas que se decían. Nosotros, lejos de eso, alertamos al profesor de lo que estaba pasando”, recuerda.

Junto a Allamand y otros compañeros, intentaron armar un centro de estudios –iniciativa arrojada en esos tiempos– y firmaron el acta en una notaría. Rápidamente, la noticia llegó a oídos de Rosende. “Nos citó a su oficina y nos dio 24 horas para retirar las firmas o si no, nos echaba de la universidad. ¡Imagínate! Si me echaban no podía volver más a estudiar en la Chile. Por supuesto, fuimos aterrorizados y renunciamos en masa”, recuerda.

El detonante para que Alejandra Krauss entrara a militar a la DC universitaria fue la detención y tortura de una compañera de curso que era pareja de un miembro del MIR. “Ahí comprendí que debía tomar un rol más activo en la oposición, frente a situaciones inaceptables para mí”, declara con firmeza. Mientras la oposición a Pinochet se abría espacio en las calles, hacia 1987, ella decidió junto a un grupo de amigos trabajar en la población La Victoria, con el padre Pierre Dubois. Recién había sido asesinado por un impacto de bala el sacerdote André Jarlan. “Eran tiempos muy difíciles, y yo sentía que era importante aportar desde mi profesión”, cuenta.

“Hoy, tengo la convicción de que probablemente yo no me habría practicado un aborto en ninguna de las tres causales, pero no tengo derecho a obligar a otra mujer a que haga lo mismo que yo”.

Un quiebre doloroso
La ministra no solo siguió la huella profesional de su padre, Enrique Krauss, como abogada integrante de su estudio jurídico, sino que fue la única de los cuatro hermanos que tomó el camino político. Es la mayor y, además, muy cercana con él. Por eso la marcó tanto el quiebre matrimonial de sus padres, cuando bordeaban los 50 años de vida juntos. Fue como un balde de agua fría. Un golpe que nunca pensó llegaría y que –se nota en sus ojos– aún le resulta difícil recordar.

-No voy a hablar profundamente del tema porque es algo de ellos. Fue sin duda un momento difícil, de mucho dolor. Para mí fue muy triste comprender que era un proceso de ellos y que no había mucho que yo pudiera hacer. Gracias a Dios, por la forma de ser de ambos y la generosidad profunda de mi mamá, con el tiempo pudimos sanar las heridas, sentarnos a hablar con el papá con mucha honestidad. Lo que puedo decir es que ambos, con el tiempo, fueron capaces de resolver de la mejor manera posible este quiebre y ese es el gran respeto que les tengo a ellos. Mi mamá agradece profundamente a mi papá por los cuatro hijos que tuvieron y solo por ese hecho, jamás hablaría mal de él. Tengo la certeza de que si la mamá necesitara algo, él va a estar ahí y, si es al revés, lo mismo.

Entiendo que hubo un tiempo en que usted rompió relaciones con su papá y estuvo alejada
Sí, inicialmente me hizo mucho daño este tema.

¿Qué siente que se le quebró?
(Se queda un instante en silencio). No sé si se quebró, más bien es que nunca pensé que el papá y la mamá se podrían separar. En mi opinión tenían un buen matrimonio, habían sido capaces de acompañarse tantos años en la vida. Yo creía y sigo creyendo que las parejas tenemos el derecho a vivir crisis, a tener conflictos serios y que tenemos que hacer un esfuerzo por resolverlos siempre. En ese momento, yo pensaba por qué no intentar más, pero hoy, con la vejez, creo que se puede dejar de amar. Y frente a eso, ¿qué se puede hacer? Lo importante es que mi papá, a pesar de todo y de armar su nueva familia, nunca ha dejado de estar presente. Y hoy se lo agradezco. Nos queremos muchísimo, hablo todos los días con él.

Con el cuero duro
Antes de que la llamaran de La Moneda para asumir el Ministerio del Trabajo, Alejandra Krauss había resuelto retomar la política activa. El último cargo público lo ejerció en 2004 como concejal por La Florida. “Francamente no pensaba en un ministerio, pero quería aportar, sobre todo cuando la DC ha perdido más de un millón de votos en los últimos años”, dice.
El nombramiento la sorprendió ejerciendo como abogada laboralista, asesora de importantes sindicatos de empresas. Pero ahora tendrá que vestir un traje más neutral, de cara a la puesta en marcha de la reforma laboral, en abril próximo.

¿Cuánto le va a pesar haber estado siempre en la vereda de los sindicatos para ejercer un rol más arbitrador?
La fortaleza de quien ha ejercido la profesión es que puede hablar con propiedad sobre la materia. Los abogados nos jugamos un desafío ético. No podemos artificialmente crear conflictos o judicializar situaciones que pueden ser resueltas por los propios empleadores y trabajadores. Yo soy bastante optimista y pienso que se puede tener relaciones satisfactorias en un plano de cierta igualdad y respeto. Los trabajadores, más allá de las caricaturas, cuidan su fuente de empleo y no quieren reventar a las empresas.

¿Recibió instrucciones de alinearse con el ministro de Hacienda? Las diferencias que tuvo su antecesora Ximena Rincón con él fueron públicas y evidentes.
Absolutamente y no tengo el menor problema. Soy muy responsable en esto. No podemos desgastarnos un solo día en lo que no sea llevar adelante nuestra gestión y los compromisos asumidos con la ciudadanía.

¿Cuál es su mayor preocupación en este clima crispado por movimientos anti AFP y una reforma laboral que ha sacado ronchas?
Es que se valore mi esfuerzo por generar diálogo entre empresarios y trabajadores y poder contribuir a la reforma del sistema de pensiones. La razón es que el 10 de marzo debo salir de acá con la frente en alto, si es posible aplaudida por los funcionarios, reconocida por todos mis interlocutores, porque ese día vuelvo a mi estudio jurídico a pararme de nuevo como abogado.

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