Los descargos de Paula Walker

Reportajes y Entrevistas

Los descargos de Paula Walker

Por Alejandra Matus / Fotografía Carolina Vargas

Fue una de las mujeres más poderosas de la era bacheletista y en torno a su personalidad se tejieron muchos mitos, alimentados –entre otros– por su quiebre con el ministro Peñailillo. En esta, su primera entrevista fuera del poder, desclasifica ese episodio, dice que “había en él una incapacidad de aceptar opiniones distintas a las que él lideraba”, que el caso Caval “ fue una sorpresa para todos” y descarta una tercera candidatura de Bachelet.

Paula 1248. Sábado 7 de abril de 2018.

El lunes 12 de marzo, por primera vez en 12 años, Paula Walker no se levantó de madrugada a leer la prensa y los reportes que le enviaba su equipo en La Moneda. Camino a dejar a su hija Elisa al colegio, tampoco escuchó noticias y dejó que ella pusiera la música. “Es maravilloso amanecer un lunes sin responsabilidades”, dice.

La periodista ha acompañado a Bachelet desde su primera campaña presidencial, en distintas posiciones: jefa de prensa, directora de la Secretaría de Comunicaciones (Secom), asesora estratégica en ONU Mujeres y en el segundo piso. En todos estos años, en torno a su supuesta personalidad fuerte y carácter pétreo, se fueron tejiendo mitos –entre ellos, algunos por  su quiebre con el ex ministro Rodrigo Peñailillo–, atizados por un largo silencio que rompe recién ahora, en su primer día fuera de La Moneda.

Paula Walker enfrenta el cuestionario aguantándose las ganas de fumar solo porque es en la tarde cuando la ansiedad la ataca más fuerte. Impecablemente informal y sonriente, pocos sospecharían en el café donde se realiza esta entrevista que aquella ha sido una de las mujeres más poderosas de la era bacheletista.

Cuando uno tiene hábitos, por mucho que los odie, dejarlos genera un vacío. ¿No te pasó hoy?
No. El poder es prestado y dura poquito. Para mí es tan normal entrar y salir de situaciones de alto poder a ningún poder, que en realidad me sentí feliz. Este año mi hija está en cuarto medio. De sus 18 años de vida, 12 ha visto a su mamá trabajar de sol a sombra con la Presidenta de la República. Poder acompañarla en su último año de colegio de otra manera y con otro ritmo de trabajo, me parece fascinante.

¿Eres amiga de Michelle Bachelet?
Nunca le he llamado de otra forma que no sea “Presidenta”. Ella demostró tener mucha confianza profesional en mí y siento una gran admiración por ella. Es una persona muy fácil de trabajar. Siempre es como se ve: espontánea, muy simpática, y te deja espacios, confía en que harás bien el trabajo, pero eso, si eres autoexigente, es fatal, porque es como cuando tu mamá te dice: “Te doy permiso, define tú la hora de llegada”.

Una periodista en la corte

Paula Walker es la hermana mayor de tres mujeres. Su padre, Mauricio Walker, era un soñador, conservador de derecha, y su madre, Nelly Cárdenas, una feminista, democratacristiana y progresista. Él, a pesar de su machismo, les enseñó a sus hijas a ser independientes. “Nos empujó a estudiar. Nos decía: ‘Nunca dependan de un señor’”. Estudió Periodismo en la Universidad Diego Portales y comenzó a trabajar de inmediato. Su primer reporteo lo hizo en un canal de La Serena, durante las elecciones de 1989. “Voté por Patricio Aylwin y luego tuve que ir a cubrir su comando. Fui una pésima reportera porque cuando se conocieron los resultados, ¡yo saltaba de alegría! Desde entonces sentía que no quería ser imparcial. En el periodismo existe la creencia de que el valor supremo es la objetividad y para mí el valor supremo es la subjetividad: marcar una posición, tener una mirada y poner el alma y el talento en eso. Pero el pensamiento crítico que en el periodismo es una virtud, en política y en un gobierno, es un arma de doble filo. Lo viví intensamente, pues creo que cuando trabajas en el gobierno no puedes ser el músico de la corte. Y eso me significó tener aliados y adversarios”.

Trabajó en La Nación y en revista Caras, pero terminó incorporándose al comando de Ricardo Lagos, en la campaña de 1993. Lagos perdió, pero ella, aunque nunca militó en un partido, se quedó en la política. Fue brevemente jefa de prensa del Partido Socialista y luego se sumó al equipo de Luis Maira en Mideplan.

Terminado el gobierno de Frei Ruiz-Tagle, Walker trabajó como jefa de prensa de Unicef y ese cargo la llevó por un tiempo a vivir en Argentina, con su hija recién nacida. Cuando, cuatro años más tarde, Michelle Bachelet se postuló como candidata, se ofreció como voluntaria en el comando. Allí conoció a Rodrigo Peñailillo y a María Angélica Álvarez (Jupi), entre otros. Después del triunfo, Juan Carvajal la invitó a integrar el equipo de la Secom.

En la prensa siempre se dice que él fue tu mentor.
A los hombres les encanta decir que son mentores de las mujeres.

Machismo en las alturas

Tú entraste a la política cuando los temas predominantes eran Derechos Humanos, relación cívico-militar, no género. ¿Cómo has convivido con el machismo en el corazón del poder?
Cuando trabajé en Mideplan, las mujeres eran consideradas parte de los “grupos minoritarios”. Al final, te das cuenta de que el machismo en la política no es sino el reflejo del machismo en la sociedad. Ha cambiado, pero hay cosas que se mantienen. Por ejemplo, alguien pasa de largo tu idea, pero si la retoma un hombre en la vuelta siguiente, la consideran estupenda y le dan el crédito a él. Yo en esa época me quedaba callada. Ahora interrumpo y digo: “Perdón, la idea fue mía y él la repitió” y todos se ríen. Estoy segura de que caigo pésimo, pero ya no estoy disponible para que se considere normal.

¿Qué te parece el estereotipo respecto de tu estilo de trabajo en la relación con los medios? Se decía que te apodaban Lucrecia de Borja, por ser controladora, ambiciosa y reina del secretismo.
Partamos por el poder. Es una melodía que hay que escuchar bien bajita, y de repente hay que apagarla derechamente. Socialmente, se considera que a mayor cercanía del Presidente o Presidenta, más poder tienes. Por lo tanto, tus adversarios proporcionalmente aumentan. Cuando tienes la responsabilidad de relacionarte con la prensa en nombre de la Presidenta, lo profesional es respetar los roles. Mi papel era trabajar con la Presidenta y, por lo tanto, contar lo que puedo contar, pero no todo. En este oficio hay un viejo dicho que es: mientras más te critican los medios, mejor lo estás haciendo. Significa que nunca usé información del gobierno para lograr un perfil positivo para mí.

¿Afectó en esa caricaturización que seas mujer?
Completamente. Si eres hombre en la misma posición, dicen que eres el cuarto, el quinto ministro. Si eres mujer, eres una mina controladora o pesada.

Al terminar su primer mandato, Bachelet le propuso a Paula Walker que la acompañara a Nueva York, para que fuera su jefa de prensa en ONU Mujeres. Elisa, su hija, había pasado gran parte de esos primeros cuatro años al cuidado de su abuela y de su nana. Paula aceptó y se llevó a Elisa a Estados Unidos, pero le pidió a la mandataria que designara a otra persona para los viajes, pues la relación con su hija había acumulado suficientes ausencias.

Cuando comenzaste a trabajar en el primer gobierno de Bachelet, ¿tu hija lo resintió?
Sí, los hijos siempre resienten la vida política de sus papás. Siempre. Para compensar, tomé una decisión bien brutal: decidí que mi tiempo se dividía entre trabajo e hija. Y, por lo tanto, las relaciones personales quedaron fuera.

Choque entre aliados

De regreso a Chile, Paula encabezó exitosamente el equipo comunicacional de la segunda campaña de Bachelet y la Mandataria le ofreció dirigir la Secom. La periodista se trasladó con su equipo a La Moneda y volvió a las jornadas de trabajo de 24/7.

La Presidenta se instaló con un gabinete conformado por las personas más cercanas a ella en ese momento, encabezadas por Rodrigo Peñailillo en Interior. La misión era sacar adelante un nutrido programa de reformas que se financiarían con nuevas reglas tributarias.

“Como teníamos el pulso de lo que estaba pasando, vimos que las reformas empezaron a tener una crítica muy fuerte en el Parlamento, en los partidos nuestros y en los adversarios. Se empezó a generar un clima de opinión pública muy complejo. En el primer año, la Presidenta sufrió una disminución en su aprobación producto de esa crispación. Entonces, se generó mucha tensión con el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, quien recibía muchas críticas por la capacidad de conducción política del gobierno. Era muy tentador trasladar esa crítica hacia lo comunicacional. Mis conversaciones con él siempre fueron privadas, sin testigos, porque eran muy crudas”.

Para ponerlo en una escena, ¿tú le hacías ver a Peñailillo que había una crítica afuera y él te respondía que se debía a fallas comunicacionales?
No, para ponerlo más real: había en él una incapacidad de aceptar opiniones distintas a las que él lideraba y si, además, venían de una mujer… Le costó mucho entender que las reformas, siendo que eran lo que las personas querían, en su ejecución estaban mermando el apoyo presidencial. Había fallas técnicas, pero también podía haber fallas políticas.

¿De velocidad, de prioridad?
De velocidad, de prioridad, de diálogo al interior del gobierno, con sus compañeros ministros y en la relación con el Parlamento. La incapacidad de ver ese problema empezó a hacer que nuestra relación fuera muy tensa, porque más bien yo traía una mirada crítica que el ministro no quería escuchar. Yo creo que en un momento se le convirtió en un tema personal. Y lo mío fue siempre de rol. No tengo rollos personales con él. Yo sentía que, como él era el jefe político del gobierno, evidentemente debíamos resolver nuestras diferencias por nuestro compromiso con la Presidenta. Lo llamé muchas veces a reflexionar sobre eso: “Rodrigo, tú y yo no podemos estar peleando”. Lamentablemente las cosas sucedieron como sucedieron. Cuando llegué al convencimiento de que no era capaz de argumentar con Rodrigo ciertos cambios necesarios, me quedé sin elementos para hacer mi trabajo. Él optó por atrincherarse en el ministerio y entonces me pareció que mi renuncia a la Secom era el paso indicado para no entorpecer la marcha del gobierno.

Paula Walker cuenta que presentó la renuncia en diciembre de 2014 y que lo hizo más de una vez, que sostuvo varias conversaciones privadas con la mandataria sobre sus razones, pero mientras ella resolvía al respecto, “hubo un intento por hacerla elegir entre uno y otro, que a mí me pareció inaceptable, que en medio de un gobierno reformista y difícil como el que estábamos encabezando, esa era una demostración bien inútil de poder”. Y la renuncia se transformó en indeclinable. Bachelet le propuso que continuara como asesora en el segundo piso y ella aceptó. La noticia se conoció en marzo de 2015. “Mantener esa situación era súper dañino para el gobierno. Y, como no tengo problemas en dejar posiciones de poder, rápidamente me reciclé, con todas las consecuencias que eso tuvo”, dice.

Desde otro punto de vista, también fue una pérdida para el gobierno porque se cerró a una perspectiva crítica importante.
Había un trabajo iniciado de escuchar lo que estaba pasando fuera y, por lo tanto, hacer correcciones de la forma en la que estábamos comunicando. Esas correcciones se truncaron y no se tomaron más. Eso fue frustrante.

Tras tu renuncia, ¿el ministro Peñailillo nunca más te llamó?
Nunca más volvimos a hablar. Creo que para los dos fue un momento súper duro. Lo más sorprendente fue ver cómo se comportó el resto. Hubo mucha gente que avivó la camorra y eso nos perjudicó a los dos.

¿Se hacían filtraciones a la prensa?
Sí. Fue muy difícil para mí, porque, además, no podía responder. No podía iniciar una batalla por los medios contra el Ministerio del Interior. No lo hice por el compromiso y lealtad que siento con el gobierno de centro-izquierda.

¿Se equivocó la Presidenta al confiar en Peñailillo, de cuya capacidad política se dudada ya en el momento de su nombramiento?
Esa es una evaluación que a mí no me corresponde hacer.

Legado y mausoleos

Sobre tu rol en el caso Caval, según algunas versiones de prensa, fuiste criticada por no anticiparte a un reportaje que llevaba meses realizándose.
El caso Caval fue una sorpresa para todos en La Moneda. Yo hablé tiempo después con el director de la revista Qué Pasa y él me dijo: “No quisimos avisarte, porque sabíamos que si lo hacíamos, iba a ser más difícil avanzar”. El caso Caval fue súper duro para todos. En lo profesional, para los que estábamos en el gobierno porque distrajo, razonablemente, la atención y nos tensionó. Y para la Presidenta Bachelet fue un hecho muy difícil.

Esas primeras declaraciones que ella hizo, cuando dijo que se enteró por la prensa, ¿estuvo asesorada por ti o por otros?
Las palabras de la Presidenta son palabras de la Presidenta. Ella arma sus propias declaraciones y las dice, sobre todo en este caso.

Y tú, ¿cómo lo evaluaste comunicacionalmente?
Eso es parte de la trastienda de un gobierno, no voy a avanzar en eso.

¿Pero le diste alguna opinión?
No voy a comentar eso.

¿Crees que el caso Caval le costó la pérdida del gobierno a la Nueva Mayoría?
¡Claro que no! Nada en política se puede explicar solo por un factor. Los resultados finales vienen de la suma de hechos positivos y negativos, de aciertos y desaciertos. La elección pasada la ganaron quienes mejor interpretaron lo que los chilenos y chilenas querían en ese momento.

Visto desde afuera, tu traslado de la Secom al Departamento de Estudios fue una derrota, ¿por qué no te fuiste?
Para mí el objetivo final era acompañar a la Presidenta en el desarrollo de su segundo gobierno. Y el tema de la posición nunca fue relevante. Cuando ella me propuso quedarme en el equipo de asesores del segundo piso, no lo dudé por un instante. Más bien me pareció un acto de generosidad suyo; que yo podía colaborar desde ahí con todo lo que me pidiera.

¿Estuviste un periodo en el congelador, en el que ella no te pidiera nada?
No. Por eso te digo que es muy rico estar un lunes sin responsabilidades. Mi trabajo con la Presidenta fue ininterrumpido.

¿Cómo evalúas la derrota electoral? ¿O estás con aquellos que creen que el bajo nivel de apoyo con que terminó el gobierno es resultado de encuestas manipuladas y que el legado de Bachelet se reconocerá en el futuro?
La palabra legado no me gusta, me suena a mausoleo y reducir el gobierno de la Presidenta Bachelet a eso me parece estrecho. Las transformaciones que impulsó están todavía realizándose. Creo también que, si bien la Nueva Mayoría acompañó con los votos las reformas más relevantes, le costó mirar qué parte debían ser apropiadas por ellos. Me parece increíble que no hayamos tenido primarias y nuestros partidos han sido muy débiles en dar tiraje a la chimenea.

De eso les habló Bachelet a los 150 funcionarios y ex funcionarios que participaron en el almuerzo de despedida el domingo 11 de marzo en la Casona Cañaveral. Y allí estaba Paula Walker. No se tomó, como algunos ministros, una selfie con la Presidenta. Con Bachelet había tenido su despedida privada días antes. Lo que se dijeron, dice, es privado.

¿No crees que Bachelet volverá a encabezar el proyecto de centro-izquierda?
La Presidenta ha sido extremadamente clara, por una creencia muy profunda en que es necesario renovar los liderazgos. Yo veo que un tercer periodo está absolutamente descartado por ella.

*

Extra Paula.cl

Al abordar el tema del machismo en los círculos de poder, Paula Walker advierte que los hombres tienden a “cuidarse las espaldas” entre ellos, mucho más que las mujeres.

¿Hay mayor rivalidad entre ellas?
Sí, y tiene una explicación: como hay menos posiciones a las cuales acceder, la competencia es más dura. Por eso me parece muy importante lo que hizo la Presidenta Bachelet con la Ley de Cuotas. Es una demostración de cómo puedes combatir el machismo cuando tienes poder y eres consecuente con tu experiencia de vida, porque estoy segura de que a ella cuando estaba en el PS nunca le dieron posiciones muy destacadas. En general, las mujeres en los partidos son súper útiles para ser las segundas, las secretarias generales, las tesoreras, pero ¿cuál está dirigido por una mujer? No hemos tenido ministras del Interior, de Hacienda, presidentas de la Corte Suprema. Se avanza con un esfuerzo gigante, menos de lo que uno quisiera porque es una práctica súper arraigada. No es cuestión de chasquear los dedos.

Soledad en el terremoto

El primer trabajo de Paula Walker en la Secom, en el primer gobierno de Bachelet, fue dirigir un equipo que visitaba los ministerios, intentando identificar conflictos para resolverlos antes de que escalaran a La Moneda. Le llamaban “los bomberos” y a la periodista le encantaba, pero luego la Presidenta le pidió que se convirtiera en su jefa de prensa y Walker quedó en el primer círculo de cercanía a ella.

El momento más difícil de ese periodo, admite, fue el terremoto de 2010, a días de entregar el mando a Sebastián Piñera.

“Fue muy sorprendente cómo ese hecho marcó para muchos un final anticipado del gobierno, pero para su equipo más cercano -Peñailillo, Jupi, Paula Narváez, María Eugenia Paris y yo, entre otros- fue el inicio de un trabajo frenético por llegar a tiempo en un momento en que se había caído todo. La verdad es que nos quedamos bien solos, frente a una tragedia muy grande. Observar a la Presidenta repasar los mismos lugares a donde había ido a inaugurar colegios, hospitales, consultorios y ver que todo habían caído fue muy duro”.

Ese fue un momento en que comenzaron las críticas más duras a la mandataria. ¿Cómo lo evalúas desde el punto de vista de las comunicaciones?
Sobre el terremoto se ha escrito, dicho y fabulado suficiente. A mí me parece que la Presidenta actuó frente a una tragedia de esa magnitud como tenía que actuar.

Los poderosos de siempre

En medio de la crisis del gabinete conducido por Rodrigo Peñailillo, se publicaron versiones de prensa en que se afirmaba que Paula Walker había perdido el cargo por la realización de un video para redes sociales sobre la reforma previsional, en que se hablaba de “los poderosos de siempre”. En esta entrevista, la periodista aclara el incidente y bromea diciendo que pretende retomar su pasión por los guiones y explorar formas de mejorar en este rubro.

-No es cierto que haya salido por eso. Ese video generó una alta adhesión en gente joven. Nosotros lo desarrollamos para frenar la caída del apoyo a la reforma tributaria. La derecha, los adversarios de la reforma tributaria, fueron súper eficientes en usar un lenguaje simple y claro para atacarla y, en cambio, el lenguaje de nuestras autoridades era demasiado técnico. La idea fue explicar que la reforma tributaria no era en contra de la clase media, sino que iba dirigida a que aquellos que ganaban más, tributaran más. No podía ser que una secretaria, proporcionalmente, terminara pagando más impuestos que su jefe. Y en eso, hablamos de los poderosos de siempre. El efecto del video fue que efectivamente la reforma dejó de caer y se empezó a considerar algo que podía generar cierta justicia tributaria. El lenguaje, que en ese momento me pareció puntudo, fue muy eficiente en las redes sociales y en detener la caída de apoyo a esa reforma, pero al ministro del Interior le cargó y su equipo se encargó de incendiar la hoguera. Y es una lástima, porque yo siento que el lenguaje que estábamos desarrollando en las redes, como Secretaría de Comunicaciones, tenía un gran potencial.

Cuando Peñailillo salió del gabinete, también hubo versiones que te apuntaron como la autora de las filtraciones de las boletas de Soquimich que lo involucraban.
Es falso. Yo ni siquiera sabía de las boletas.

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