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7 septiembre, 2017
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Los disparos de Ron Galella

Marlon Brando le rompió la mandíbula de un puñetazo y Jackie Keneddy logró que un tribunal fijara la distancia a la que se le podía acercar, pero en dos décadas se convirtió en el paparazzi más famoso del mundo. Armado con una Nikon y una voluntad de hierro, Galella siguió a los más famosos desde fines de los 60 hasta los 80 y los inmortalizó con una estética que hoy está en libros y en museos. A sus 84 años, sigue siendo un curioso que también quiere morir como una celebridad.

Por Paula Coddou, desde Nueva York


Paula 1234. Sábado 9 de septiembre de 2017. Especial Moda, inspiración 1967.

Está sentado en una silla negra que en su respaldo tiene impresa una de sus fotos célebres, la de Robert Redford con anteojos espejo bajándose de un auto. Es como el pequeño trono del hombre al que la revista Time llamó “el Padrino de la cultura paparazzi americana”. En un sofá rojo circular, Ron Galella tiene ordenadas en rumas decenas de fotos en blanco y negro. “Todas estas fueron sacadas en 1967”, dice tomando algunas. “Bueno, el espíritu de los 60 es sicodélico… aquí están las minifaldas, los ojos bien maquillados…”.

Pero esas bellezas anónimas no son la pasión del hombre que en su juventud podía pasar cinco horas esperando a su presa, o disfrazarse, ponerse peluca o subirse arriba de un basurero para tener mejor visión. Su pasión eran y son los famosos, las estrellas, los ricos y famosos a los que sorprendía en la calle, saliendo de una discotheque, en un pasillo, pero siempre de improviso. Lo hizo desde los años 60 hasta fines de los 80, con dos cámaras colgando del cuello, mucha perseverancia y una buena dosis de humor. “Mi trabajo es lidiar con riesgos, tretas, violencia ocasional y a veces la necesaria ingenuidad que permite aceptar la humillación y ridículo. Pero no me importa. Me veo a mí mismo como el decano de los paparazzi americanos”, dijo una vez.

Cerca de donde está sentado tiene una salita especial dedicada a Andy Warhol, quien lo bendijo con la siguiente frase: “Mi idea de una buena foto es una que hace foco en una persona famosa haciendo algo no propio de un famoso, es decir estar en el lugar adecuado en el peor momento. Por eso es que Ron Galella es mi fotógrafo preferido”.

Galella acaba de aparecer en su living caminando con cierta dificultad. Viene entero vestido de negro. Enviudó hace poco de Betty, su mujer, pero se ve alegre y vital a sus 84 años. “Es que tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta”, dice. Su casa en Montville, Nueva Jersey, al oeste de Manhattan –que fue evaluada por HBO para ser la mansión de Tony Soprano–, está llena de ese trabajo. Comenzado por la entrada, donde exhibe fotos de algunas de sus celebridades –algunos con los ojos coloreados celestes como una broma–, y el casco que usó para acercarse a Marlon Brando un año después de que el actor le rompiera la mandíbula de un puñetazo. En 1973, a la salida de un programa de TV, Brando ya había perdido la paciencia con los disparos del flash de Galella y cuando el paparazzi le pidió que se quitara los anteojos, recibió por respuesta un golpe que lo dejó con cuatro dientes menos, cuatro operaciones que Brando pagó y 40 mil dólares. Un año después, Galella se puso su ahora inmortal casco –que dice “paparazzi”– y le pidió a su amigo Paul Schmalbach que le tomara una foto detrás del actor saliendo del Waldorf Astoria.

En otro sector de la casa, está su archivo. Ahí guarda cientos de cajas rotuladas por orden alfabético: “Sheena Easton”, “Linda Evans”, “Bridget Fonda”, “Fleetwood Mac”, “Glenn Ford”…, tiene su viejo laboratorio de revelado, y conserva millones de negativos en carpetas apiladas en estantes blancos. Dos asistentes trabajan ordenando todo el material y digitalizándolo.

Sentada a su lado una de ellos, Kathy Lener, completa algunas de las historias que Galella va contando.

Mick Jagger la besó –dice Galella, mirándola.

¿En serio? ¿Los labios más famosos del mundo?

–Sí –dice Kathy–. Estaba en un evento en el Hotel Essex,  iban a tocar en vivo en ese momento, y no sé qué pasó, él salió y me agarró…

–Ella tenía un cabello hermoso en esa época –dice Ron.

–Sí, era como una permanente… Y me tomó y me dijo “me encantas, eres hermosa”, y me besó.

–Sí, tengo la foto de eso –agrega Ron–. Contaré una historia sobre Mick Jagger: una vez Mick era entrevistado por Lisa Robinson para la revista Rolling Stone, y ella le preguntó que cómo era su relación con la prensa, y él dijo: “bueno, cuando estoy en Nueva York tengo que cuidarme de Ron Galella”. Lo tengo grabado, ¡tengo la voz!

“Dependiendo de su humor, las más famosas estrellas del mundo lo podían adorar, maldecir, o simplemente correr en la dirección contraria”, escribió de él el diseñador y cineasta Tom Ford en el prólogo del libro The Photographs of Ron Galella, donde también escribe Diane Keaton que dice: “aquí está la gente que son mis ídolos, la que conocí una vez y todavía conozco”. Ahí están Betty Davis sorprendida en una escalera camino al baño, Ringo Starr durmiendo una siesta en el parque, Woody Allen tapándose la cara con su típico gorro, los duques de Windsor algo patéticos y asustados, Steve McQueen con un tazón de café que le tapa la mitad de la cara –un gesto que adora Galella, el de esconder algo– y Jackie, Jackie Onassis saliendo de una gala, mirando sin querer a la cámara de Galella o derechamente arrancando de él. También Sam Shepard a toda carrera, un adormilado Mick Jagger, Sophia Loren de enormes ojos y escote en la premiere de Doctor Zhivago en 1965, y Elizabeth Taylor y Richard Burton llegando al Queen Elizabeth.

A finales de los 60 también Galella se las tuvo que ver con Burton.

–Él era el peor de todas las celebridades, peor que Brando. En México me atrapó tomando fotos. Yo llevaba una semana filmando, y se llevaron todas las cintas, 50 rollos, destruyeron 500 fotos. Me metieron a la cárcel por 45 minutos, y me golpearon. Pero luego, él lo compensó. Justo después de que se divorciara de Elizabeth Taylor, se casó con Sally Hay y quería fotos de su matrimonio, entonces me invitó a mí para tomarlas.

Se sintió culpable.

–Sí. Él era un gran bebedor porque tenía un hermano y una vez fueron a un bar en Londres, se emborracharon, y él se cayó y murió. Burton se sentía culpable de la muerte de su hermano. Por eso tomaba mucho.

Pero Ron Galella, quien tiene una historia para cada foto, no se ve nostálgico sino un hombre que disfruta –y vive aún– de su éxito. Ahora solo cubre la gala anual del Met, luego entrega las fotos a sus agentes y con eso, más las cosas antiguas, hace cerca de 20 mil dólares al mes. Además, está trabajando en su 17° libro, uno sobre Donald TrumpGalella es un republicano sin complejos– donde recopila todas las fotos que le ha tomado al actual Presidente y a su familia. Está Ivana, Marla y Melania, “las tres esposas”, dice.

El Museo de Arte Moderno eligió cinco fotos de Ron Galella para su archivo: la de los duques de Windsor, una de Betty Davis,  y tres de la sesión –o huída– de Jackie Onassis por el Central Park, en 1971, por lejos la preferida del fotógrafo.

¿A qué celebridad vale la pena tomarle fotos hoy?
Me gusta Nicole Kidman, es bonita porque es alta. La mayoría de las celebridades son bajas. Madonna, incluso J.Lo. Pero Nicole Kidman, y lo vimos en la película de Stanley Kubrick, Eyes Wide Shut, cuando estaba desnuda en esa película, es hermosa.

“La única vez que Jackie me tocó y me encontró directamente –dice Galella– me tomó de la muñeca, me empujó hacia la limosina y me dijo: ‘Me has estado cazando por tres meses‘. Pareció como que no le importara, no estaba enojada”.

Mi sujeto favorito

La primera foto de Ron Galella a Jackie Kennedy fue en 1967 en la  Wildenstein Gallery de Nueva York. La galería estaba llena y no tenía buena luz, así que la siguió hasta su departamento. Así descubrió que vivía en la calle 85th con la Quinta Avenida. La volvió a fotografiar el 10 de diciembre del 67, imagen que publicó en Newswipe. “Después de eso, en el 68, vi que ella era un muy buen sujeto, no solo que vendía sino que era muy interesante, mi sujeto favorito. La llamé ‘Jackie, mi obsesión’ en un libro, porque no posaba ni se detenía. Si hubiera posado y detenido tendría que haberle dicho “gracias” e irme, pero me gusta tomar fotos vivas antes que de estatuas. Y ella estaba viva y era un sujeto ideal, por supuesto hermosa, ojos grandes, un misterio sobre ellos.

¿Era tan bonita en persona como en las fotos?
Sí, mi foto de ahí, esa es mi mejor foto de Jackie…

Ron Galella muestra con su dedo la foto en blanco y negro de la ex primera dama cruzando la calle con el pelo al viento, la polera de hilo y los jeans. Tiene otra toma en colores pero sin la magia ni la textura de la que inmortalizó como su “Mona Lisa”. Es de 1971. “No tiene maquillaje. La llamo ‘Windblown Jackie’, sin peinado, el viento soplando en su cara en Madison Avenue. Es una gran foto porque muestra su vida privada. El público la ve en un vestido Valentino, en los eventos, maquillada, pero aquí no; sin maquillaje, muy informal, una pose sexy. Y la llamé mi Mona Lisa porque tiene la sonrisa de la Mona Lisa, el comienzo de una sonrisa, en sus ojos y labios. Esa es la razón de por qué la pintura de Da Vinci es magnífica”.

Galella venera el inicio de una sonrisa. “Cuando muestran los dientes es muy tarde. Lo bueno de ser un paparazzi son las expresiones de sorpresa y el comienzo de una sonrisa, ¡ese es el mejor momento! Saco fotos con el lente gran angular y disparo rápido, sin mirar”.

¿Te sentías con la adrenalina de un cazador?
Sí, como un cazador. Me gusta decir que soy un detective, los encuentro, los cazo. De hecho, la única vez que Jackie me tocó y me encontró directamente –ella estaba en el 21 Club en una cena– me tomó de la muñeca, me empujó hacia la limosina y me dijo: “Me has estado cazando por tres meses”. Pareció como que no le importara, no estaba enojada, creo que a ella le gustaba ser perseguida por mí. Creo que era una gran actriz también.

¿Ella hacía un papel?
Sí, aprendió a hacer esa voz ronca, hizo un entrenamiento. Y el misterio sobre ella es lo que la hace glamorosa, con sus anteojos grandes, que era la forma en que veía al mundo sin que la pudieran ver a ella. Tenía mística, como la Garbo. Por eso no quería ser fotografiada, quería ser recordada cuando era hermosa y joven.

¿Nunca tomaste fotos de Jackie cuando estaba muy enferma, en sus últimos años?
No, porque en un juicio, en 1972, no le gusté al juez, perdí y me fijaron que tenía que estar a 50 yardas de Jackie. Apelé, y la Corte –de tres jueces– lo bajó a 25. En 1981 no cumplí, y me defendí diciendo “soy culpable de mucho más, tomé muchas fotos y a ella nunca le importó”, pero de todas formas perdí. Tenía que pagar 25 mil dólares por no cumplir o pasar 7 años en la cárcel. Así que renuncié a los tres, no los podía fotografiar. Por el resto de sus vidas, hasta hoy, no puedo fotografiar a Caroline Kennedy porque podría llevarme a juicio. Pero cuando John Jr. inauguró su revista George le pedí permiso para fotografiar la inauguración y me dijo “ok”, me dio un permiso escrito, le di fotos hermosas del evento y me agradeció. Los últimos tres años de la vida de John lo pude fotografiar y cuando falleció, la revista People usó mi foto de él en la portada.

¿Y tuviste alguna relación con Caroline Kennedy?
Ella es muy pedante. John Jr. era natural y amigable. Un día mi esposa y yo estábamos en el departamento de Jackie, y John regresó del parque y nos dice “¿están esperando a mi mamá?”, “sí”, “ella está fuera de la ciudad” (risas). Él nos dio esa información voluntariamente, así de agradable era.

Hablando de divas, ¿cómo obtuviste la foto de Greta Garbo, que ya era casi una ermitaña?
Obtuve solo dos tomas de Garbo; en una yo estaba esperando a Sophia Loren y un fan viene corriendo y dice “acabo de obtener el autógrafo de Garbo en la Librería Rizzoli”, así que inmediatamente supe dónde vivía Garbo, en 52nd Street con York Avenue. Corrí hacia allá, la vi venir y me escondí en la esquina. Y dice “ándate, ándate…”. Eso fue en los 70.

¿Hay alguna celebridad que no pudiste fotografiar?
Sí, Marilyn Monroe. Yo estaba en Art Center College estudiando Fotoperiodismo, en Hollywood, y vino un actor y me pidió que le sacara fotos para su portafolio. Dije “ok” y me llevó a 20th Century Fox. Entramos por la puerta de los empleados y en el escenario Marilyn Monroe estaba grabando Bus Stop. Era 1956. Pero en ese tiempo no me di cuenta. No era un paparazzo, como después. Me arrepiento de eso.

La ventaja después fue que todos te conocían.
Sí, era una ventaja. Cuando las celebridades te conocen incluso te llaman por tu nombre. Y cuando no estaba en las premieres, los fotógrafos me contaban que les decían “ustedes están tratando de ser como Ron Galella”.

Ron Galella siguiendo a Liza Minnelli, Halston y Andy Warhol, quien fue su amigo. “Somos curiosos con las celebridades, lo hermosos que son, qué hacen con toda su plata. Y queremos saber: ‘¿son tan bonitas como en la pantalla?’”, dice el fotógrafo hoy.

 El mundo era mi estudio

Ron Galella, un hijo de inmigrantes italianos, sirvió a la Fuerza Aérea de Estados Unidos como fotógrafo durante la guerra de Corea, en los años 50, y luego de eso estudió fotoperiodismo en la Art Center College of Design en Los Angeles. En su tiempo libre iba a las galas a sacar fotos a los famosos, que empezó a vender. Las estrellas, o “celebridades” como las llama hoy, se volvieron muy populares a principio de los 70 y pronto el mercado se amplió para Galella.

¿Cuando joven eras tímido o tenías mucha personalidad siempre?
Bueno, era tímido al principio. Cuando estuve en Art Center, el profesor de Fotoperiodismo sabía que estaba interesado en las celebridades y me dijo que podría hacer un curso en teatro, en actuación, y convertirme en director. Lo hice por uno o dos meses, hasta hice una audición para Golden Boy. Para superar la timidez funcionó y ayudó. De alguna forma vemos a las estrellas como superestrellas en la pantalla, y pensamos que son como dioses, pero no lo son, son seres humanos y tienes que abordarlos como iguales.

¿Cómo entrenaste la rapidez para tomar una foto?
Tengo un libro sobre eso, que muestra 22 técnicas de cómo ser un paparazzo con cualquier cámara. Se llama The Stories Behind the Pictures, y muestra cómo obtuve mis mejores fotos, cómo obtuve esa foto de Jackie –indica a la pared– y otras. ¿La técnica número uno? Debes tener un auto, no puedes confiar en los taxis. Y otra cosa: nunca le preguntes a una celebridad, porque te van a decir “no”. Y si dicen “sí”, van a posar, y no me gusta eso, así que no preguntes.

¿Cómo decidías entre usar color o blanco y negro?
La forma en la que trabajo es que tengo dos cámaras, una en blanco y negro con un lente gran angular; esa es la que disparo rápido, sin mirar por el visor. La otra cámara la tengo a color, generalmente con un lente de 85 milímetros. Entonces, cuando tomo fotos de alguna celebridad es en blanco y negro primero, después me detengo y saco la foto a color y obtengo el retrato. Porque a color puede ser una portada. Pero mi cámara en blanco y negro es mejor, es más sorpresa, más lo que me gusta.

¿Cuáles son tus límites personales en una foto?
Bueno, no entraría en sus casas, a menos de que tenga permiso.

¿Y qué pasa si alguien se ve muy mal  en una foto?
Hay una foto que saqué de Audrey Hepburn. La tomé en el Aeropuerto JFK, ella estaba en el auto y capté una expresión graciosa pero no publiqué esa foto, se veía terrible.

¿Cuándo empezaste a ser considerado un muy buen fotógrafo más que un paparazzi? ¿Cuando Warhol te bendijo?
Bueno, desde el principio, en los 60, cuando empecé a fotografiar. Después que me gradué de Art Center en 1958, vine a Nueva York, y había una recesión; trabajé para fotógrafos en estudios como asistente; trabajé para Life en el laboratorio de fotos en blanco y negro haciendo las impresiones, lo cual fue bueno. Todo eso ayudó. Y estaba en el Bronx, en la casa de mi padre, no tenía plata para un estudio, entonces el mundo era mi estudio, estaba obligado a fotografiar en terreno: en fiestas, en premieres, a Jackie en las calles, en todas partes. Fue bueno, porque si hubiese tenido un estudio, hubiese sido como Scavullo o Avedon… Hay muchos fotógrafos de estudio, pero hay muy pocos paparazzi buenos, y yo soy uno de ellos. Estudié Artes, y eso es lo que me hizo distinto. Es el arte el que compone las fotos. Por ejemplo, ¿ves esta foto de Bowie y Lennon? Estaban en una fiesta después de los Grammy en 1975, en Nueva York. Bowie estaba en una mesa y John Lennon en otra, y le dije a Lennon “me gustaría fotografiarte con Bowie”, y vino. Pero es una buena foto porque Bowie es el héroe, él está mirando a la cámara, él es el más importante. Y John Lennon mirándolo, lo hace más importante, es por eso que es una muy buena foto.

¿Admiras a algún fotógrafo ahora?
Creo que mi número uno sería Irving Penn. Los fotógrafos de estudio tienen la ventaja de que pueden llevar a las estrellas al estudio, con buena iluminación, un fondo bonito, pero el desafío para ellos es hacer que las celebridades sean ellas mismas. Es muy difícil, y muchas de las celebridades tratan de ser alguien distinto de lo que son. La forma en que yo fotografío, en terreno, hace que sean ellos mismos. Esa es la diferencia.

¿Qué piensas acerca de las redes sociales? Hoy la gente elige cómo mostrarse.
Bueno, debido al internet, todo está sobreexpuesto. Todos son paparazzi con la cámara de su celular, está lleno de mediocridad. Todavía hay espacio para los fotógrafos profesionales con un buen ojo, pero es malo para todas las culturas tener tantas fotos mediocres. Es como la televisión, la industria del cine era mejor. Ahora hay muchas celebridades que no son ni siquiera talentosas, como las Kardashian; hermosas, pero sin talento. La televisión es la culpable, que rebajó la calidad de la cultura pop que teníamos.

¿Nunca te has cansado de los famosos y quisiste hacer otro tipo de fotos?
Nunca me cansé. Tengo mucho entusiasmo, pasión, siempre me encantó tomar fotos, era un desafío. Y fui muy persistente, si no me invitaban a las fotos me colaba por la cocina, me metía en los eventos de otra forma, siempre.

¿Te gusta Frank Cappa o los fotógrafos de guerra?
No, no me gustan los fotógrafos de guerra. Algunos son muy buenas, pero a mí me gusta el mundo del glamour. Por eso la revista Life salió del mercado, porque se enfocaba en la guerra, en la ciencia, y la gente no estaba tan interesada. Pero están interesadas en la revista People, por las celebridades, y su éxito. Todos quieren ser famosos y ricos (se ríe). Entonces, somos curiosos con las celebridades, lo hermosos que son, qué hacen con toda su plata. Y queremos saber: “¿son tan bonitas como en la pantalla?”.

¿Lo son?
No, generalmente no lo son, o bonitas pero de una forma distinta.

¿Te ponen triste las fotos de gente pobre, gente sufriendo?
Sí. Vivimos en un mundo loco, con terrorismo y fealdad. Y la razón por la que son así es porque no encontraron algo que amar. Yo encontré algo que amo. Solo una de diez personas ama su trabajo, yo soy una de esas. Cuando amas algo, no tienes tiempo para ser un criminal porque estás preocupado día y noche, trabajando. Y la forma en la que el mundo está jodido es porque se mueren sin usar su maldito talento. El amor es cuatro cosas: sabiduría, mientras más sabes algo, más lo amas, mientras más te conoces a ti mismo, más te amas; respeto, verte a ti mismo de forma realista; preocupación de ti mismo, ser saludable, comer la comida adecuada; y responsabilidad, ser responsable de tus acciones.

¿Quién te enseñó eso?
El libro, El arte de amar de Erich Fromm.

¿Qué quieres hacer con tus archivos? ¿Quieres donar tus fotos a algún museo?
Cuando fallezca vamos a dar mis mejores fotos al Museo de Arte Moderno, al Museo Metropolitano, todos los museos. Y los negativos creo que irán a alguna universidad en Texas. Quiero un gran funeral; ya pagué 69 mil dólares para hacerlo en Frank Campbell, el lugar más grande para hacerlo en Nueva York. Y haré la misa en Saint Patrick’s, y un funeral militar, con la bandera sobre el ataúd, porque estuve en la Fuerza Áerea…

¿Y por qué quieres tener un funeral tan grande?
Porque va a venir gente famosa a Nueva York. Porque –se ríe– yo soy una celebridad.

Ron Galella Inc.
Ron Galella
ha sabido rentabilizar bien su carrera. Aunque a sus 84 años ya solo cubre la gala del MET, está trabajando en su 17° libro, sobre Donald Trump. Una de sus más célebres recopilaciones está en The Photographs of Ron Galella. En Jackie: My Obsession, recoge todo su trabajo sobre la ex Primera Dama, desde 1967 hasta los 70, cuando tuvo que renunciar a seguirla tras un fallo judicial. También ha publicado Rock & Roll, Sex in Fashion, The Stories Behind the Pictures: A Guide to the Paparazzi Approach, entre otros.

A continuación, una galería de las fotografías más icónicas de su carrera:

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