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18 mayo, 2017
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Los nuevos ojos de Nábila

A un año del ataque en que perdió los ojos, y luego de la condena a 26 años de cárcel a su ex pareja y padre de dos de sus hijos, Nábila Rifo (29) se observa a sí misma y repasa su historia, desde su infancia tan pobre que ni siquiera le permitió abrigar algún sueño. Hoy, dice estar menos sumisa y se siente fortalecida. “Me imagino en el futuro saliendo adelante y estando con mis hijos, trabajando, ojalá que tenga alegría en mi corazón, que se sanen todas mis heridas”.

Por Alejandra Matus / Fotografía: Mauricio Viñals / Foto principal: Agencia AtonChile.


Paula 1226. Sábado 20 de mayo de 2017.

Nábila choca con las paredes de la casa fiscal en la que vive provisoriamente, intentando encontrar el sillón en que responderá esta entrevista. La vivienda está helada y se ha puesto una bata de dormir encima a modo de abrigo, mientras espera que el fuego recién encendido en una salamandra tome cuerpo y caliente el living.

En la sala hay un pequeño comedor nuevo y, sobre la mesa, descansa una tele de pantalla plana, que no calza con los sillones dispares y desvencijados que completan el mobiliario de la habitación sin adornos y ventanas delgadas que dejan pasar el frío en el austral Coyhaique. Hace pocos días que Nábila vive sola aquí, con sus cuatro hijos. Su madre, Noelia Ruiz, acaba de regresar a su propia casa, a unas cuadras de distancia, donde vive con las hermanas de Nábila.

Por estos días un tribunal de familia resolverá si ella está en condiciones de recuperar la tuición sobre sus hijos que, desde el ataque que sufrió en 2016, comparte con su madre. Es solo uno de los problemas que tiene. Cada mañana tiene que arreglárselas para vestir a los niños más pequeños (K.O.R. y M.O.R., hoy de 5 y 4 años, respectivamente), sin estar segura de si los colores corresponden, de si los zapatos son del mismo par, mientras espera conocer los pasos que dará la defensa de Mauricio Ortega, su ex pareja, para tratar de librarlo de la condena a 26 años de presidio que acaba de dictar en su contra el Tribunal Oral en lo Penal de Coyhaique.

Ortega fue hallado culpable de delitos relacionados con dos episodios de violencia: el primero, ocurrido en 2015, cuando llegó a la casa que Nábila había conseguido por subsidio, rompiendo las puertas con un hacha y gritando que iba a matarla.

El otro, el que fue ampliamente difundido en inéditas transmisiones en vivo del juicio, ocurrido el 14 de mayo de 2016, cuando, según estableció la justicia, la pareja realizaba una pequeña fiesta en la casa del mecánico automotriz. Comieron carne y bebieron, hasta que Nábila le reclamó por un dinero que él le adeudaba, y él comenzó a insultarla de tal manera que sus amigos hicieron esfuerzos por contenerlo. Ortega golpeó las paredes, los artefactos eléctricos, barrió los vasos y botellas que estaban sobre la mesa. Le enrostró a Nábila que le tenía “el refrigerador lleno” y la llamó: “maraca”. La hermana de Nábila se presentó a las 5:30 AM para llevarse a los niños a casa de su madre. Cuando los invitados se marcharon, Ortega golpeó con manos y pies a su mujer. Gracias a que estaba ebrio, ella logró escabullirse y salir a calle Lautaro, en dirección a la casa de su madre donde esperaba obtener refugio. No alcanzó a llegar. Ortega la alcanzó a menos de una cuadra de la casa en que vivían juntos, le golpeó la cabeza con un trozo de concreto y siguió golpeándola cuando ella cayó al suelo hasta romperle el cráneo, la oreja derecha, el hueso maxilar, volarle piezas dentales y dejarla tirada inconsciente en el suelo. Luego, regresó a la casa y volvió sobre el cuerpo de la víctima con las llaves del auto con las que hizo palanca y le sacó los ojos. Y la abandonó en medio de la noche fría, con las calzas a la altura de los tobillos, donde hubiera muerto de no ser por la atención oportuna de los médicos que la atendieron en Coyhaique y en la Posta Central de Santiago.

Pero esta fue solo la última agresión a la que ha sobrevivido esta mujer que a sus 29 años, confiesa, no conoce la felicidad.

Crecer en la pobreza
¿Qué recuerdos tienes de tu infancia?
Nací en el hospital de Coyhaique, pero me crié hasta los 6 años en el campo. Un lugar donde no había pueblo, sino que huertas y agua de pozo. Mis abuelos sembraban papas, yo vivía con ellos y con mi mamá. Mi abuela me deba mucho cariño, más que mi mamá. Era regalona yo, la más niñita de las mujeres que había ahí. Después mi mamá se juntó con mi padrastro y se vino a vivir a Coyhaique. Ellos arrendaron y empezamos a vivir mucha pobreza. Mucha, mucha. Tengo recuerdos de los 6, 7 años de que a veces no teníamos qué comer. Mi papá trabajaba por lo mínimo que en ese tiempo eran como 30 mil pesos. Una vez al mes me compraban un yogurt. Después empezaron a nacer mis hermanas y fue más difícil. No teníamos luz, porque nos cortaron la luz, después nos desalojaron.

¿Ibas a la escuela?
Sí.

¿Tenías buenas amigas en la escuela?
No. Tenía una sola amiga. A la gente pobre le hacen bullying, así que no me llevaba muy bien con todas las chicas.

¿Hasta qué curso llegaste?
Octavo básico. Cuando murió mi papá me retiré del colegio para cuidar a mis hermanos. Mi mamá tenía a mi hermana Carolina, a mi hermana Kathy y al Elvis chico. Ella tenía que trabajar, ¿y quién se iba a quedar con mis hermanos? Me quedaba con ellos: hacía el aseo, picaba leña, cocinaba, los cuidaba, los mandaba al colegio, todo. Mi mamá trabajaba de asesora del hogar.

¿Cómo era la relación con tu papá biológico? ¿O no lo conociste?
Sí, lo conocí, pero él tenía su vida y no lo molestaba ni mi mamá ni yo. Él se acercó a mí cuando tuve mi primer hijo, me fue a dejar una plata. Ahora que me pasó esto, ha estado más cercano a mí. Me viene a ver, ve qué me falta o me llama. Me ha apoyado, me ha dado muy buenos consejos.

¿Y cómo era la relación con tu padrastro?
Mala.

¿Te golpeaba?
Sí, a veces me pegaba.

¿Te parecía que era parte de la vida de los niños que los grandes les pegaran?, ¿era normal?
La vida que yo tenía era que siempre me mandaban a hacer todo a mí. Tenía que entrar la leña, ir a buscar el balde, ver a mis hermanos, hacer todas las cosas como una grande. Cuando tenía 13 años sabía cocinar, sabía hacer todo. Y él de repente alegaba con mi mamá. Ella le decía “no la retes tanto”. Como no era su hija, me trataba mal.

Además, tenías una hermana con piel de cristal.
Primero nació Carolina, quien tiene retraso mental. Nos llevábamos bien, jugábamos. A ella le vino esa enfermedad de grande, un día que le dio mucha fiebre. Igual me ayudaba, salíamos a comprar las dos cuando nos mandaban. De ahí nació la Kathy. Con ella no me crié mucho, porque a los 3 años la mandaron a un hogar por su enfermedad a la piel. Mi mamá no tenía los recursos que ella necesitaba y estuvo todo el tiempo hospitalizada, desde los 3 hasta como los 12. La mandaban a Santiago, un tiempo estuvo en silla de ruedas. Volvió a la casa de mi mamá antes de cumplir los 18 años.

“Cuando murió mi papá me retiré del colegio (en octavo básico) para cuidar a mis hermanos. Mi mamá tenía a mi hermana Carolina, a mi hermana Kathy y al Elvis chico. Ella tenía que trabajar. Yo me quedaba con ellos: hacía el aseo, picaba leña, cocinaba, los cuidaba, los mandaba al colegio, todo”.

¿De niña tenías algún sueño? ¿Algo que quisieras ser cuando fueras grande?
No sé qué sueño tendría porque como era todo tan difícil  nunca tuve sueños.

¿Te acuerdas de haberte enamorado de algún compañero, o en ese tiempo no pensabas eso?
Me gustaba mucho un compañero de curso que tenía; éramos bien amigos. Él jugaba conmigo, me cuidaba, pero ahí yo tendría unos 10 años y era una cosa de niños.

¿Te dabas cuenta de que eras bonita?
Siempre me decían que era bonita y yo me arreglaba, pero como era tan pobre a veces no tenía para comprarme nada.

¿Cuándo tuviste tu primer amor de verdad?
A los 17. Me gustó una persona. Él era mayor que yo y me dejó embarazada. Cuando quise decirle que iba a tener un hijo de él, supe que tenía familia: unas niñitas chicas y recién había formado su matrimonio, así que no le dije nada. Después pasó un año y me buscó, porque supo que yo había tenido un hijo de él. Quería dejar a su mujer y empezó a darme plata. Yo le dije: “Ya no siento nada por ti, mi hijito es lo más lindo que tengo, gracias por habérmelo dado; ahora estoy viva por él”. Que siguiera con su matrimonio nomás.

¿Fue muy difícil ser mamá tan joven?
Sí. Mi mamá me ayudaba, pero ¡ay! cuando lloraba de repente no hallaba qué hacerle: le cambiaba pañales, le daba leche y no quería, se hinchaba. Siempre estaba preocupada.

¿A esa edad te fuiste con este señor (Luis Torres) que les dio su apellido a tus hijos mayores?
Él no era el papá de mi hijo. Él me ayudó, porque como yo era menor de edad, y más encima mi hermana estaba hospitalizada y todos sabían en el hospital que vivíamos de escasos recursos, cuando fui a tener a mi hijo me lo iban a quitar. Querían que lo diera en adopción porque no tenía los recursos y más encima no tenía al papá para que lo reconociera. Justo fue Luis Torres y me dijo: “mire, yo le pongo el apellido, y así no se lo quitan”. Acepté por mi hijo (L.T.R.), porque no quería que me lo quitaran.

¿En ese momento, vivías con tu mamá o te fuiste a vivir con ese señor?
Con mi mamá. Después cuando tuve a mi otro hijo (J.T.R.)  me fui a vivir con él. Pero no como pareja. Le pregunté si me podía quedar en su casa y que yo le ayudaba a hacer las cosas, y me dijo que sí. Él quería a mis hijos, porque no tenía hijos. Le hacía todo en la casa y estaba con mis hijos ahí tranquila.

O sea, ¿él mintió cuando dijo que había sido tu pareja desde los 14 años?
Sí, él nunca fue mi pareja. Incluso en el reconocimiento de mi hijo puso que él no me daba nada de pensión, porque no era el papá.

Desde hace unos días, Nábila vive sola en esta casa con sus cuatro hijos, que tienen entre 13 y 4 años. Ellos son fundamentales, la ayudan, la cuidan.

Desde hace unos días, Nábila vive sola en esta casa con sus cuatro hijos, que tienen entre 13 y 4 años. Ellos son fundamentales, la ayudan, la cuidan.

La vida con Mauricio
¿Entonces a qué edad te fuiste de la casa de tu mamá?
A los 19. Estábamos muy estrechos. Yo ya tenía dos hijos; mi mamá tenía una nueva pareja y había tenido una hija. Igual vivían peleando y yo ya no quería estar en ese ambiente. Le pedí permiso a ella para hacer una casa al lado, porque ella vivía en la esquina y yo empecé a trabajar y empecé a hacer de a poquito una casita. Pero quedó mal forrada, helada. Cuando la terminé me fui a vivir allá con mis dos hijitos.

¿Sola?
Sí. Siempre viví al lado de mi mamá sola. Después trabajé en un restorán (El Bohemia) en la noche de 10 de la noche a 4 de la mañana. Me iba bien porque ahí ganaba plata, porque me daban propina. Empecé a salir adelante, a comprarles las cosas a mis hijos, me empecé a arreglar yo. Aunque a veces no ganaba nada, porque no entraba gente. Ahí conocí a Mauricio y tuvimos dos hijos. Yo trasnochaba en el trabajo, de repente llegaba a las 4 de la mañana y me tenía que levantar a las 7 a despertar a los chicos, mandarlos al colegio, y a mi hijo más pequeño al jardín. Mauricio no me daba ni un peso. Siempre fue malo conmigo. Aunque tuviera. Él trabajaba y ganaba harta plata, pero no me daba nada.

¿Tuviste algún sueño de niña? “No sé. Todo era tan difícil que nunca tuve sueños”.

¿Cómo lo conociste?
Era cliente. Iba a compartir con las morenas, con todas en realidad. A mí me caía mal porque lo hallaba muy agrandao. Siempre que él llegaba me alejaba, hasta que pasaron como dos meses y un día que no había nadie, hablamos, y empezamos a simpatizar. Le di mi número y, como un mes después, me llamó y me dijo: “Cuando vayas a trabajar, si quieres te llevo, porque tengo un auto y así no pagái taxi”, y yo le dije que bueno. Un día lo llamé, me dio una vuelta, y me fue a dejar a mi trabajo. Después me iba a buscar y así empecé a conocerlo y me empecé a enamorar de él.

¿Qué te gustó de él?
Era una persona mayor, muy inteligente. Me gustaba como era. A veces muy alegre, pero a veces muy duro.

¿Te sentías inferior a él?
Sí, me empecé a sentir inferior, porque él todo lo sabía, ¡todo! Si le decía algo, me decía que eso estaba mal, que no era así, que no debería decirlo. Entonces…

¿Cuándo fue la primera vez que él te agredió, físicamente?
Cuando pololeábamos. Estaba embarazada de mi hijo K.O.R. De repente me iba a quedar con él a su casa, y ahí empezábamos a pelear, a él no le importaba que estuviera embarazada, ni nada.

¿Cómo fue?
Me pegó una cachetada: me trató mal y me insultó. Y dijo “ese hijo no es mío: quizás con quién te fuiste a acostar”. Después de que nació mi hijo, un día estaba acostada, y él salió a tomar. Me había ido a quedar con él, para que estuviéramos juntos, compartiéramos, viéramos una película, algo. Pero él fue tomar a su taller y llegó borracho como a las 5 de la mañana. Mi hijo K.O.R. tenía como 3 meses. Llegó a decirme que en otro restorán le habían dicho que el hijo no era de él. Empezó a tratarme mal, me hizo levantarme, dijo que me fuera de su casa de inmediato. Me dio miedo y peleé con él.

¿Te pegaba?
Sí. (Según los antecedentes revelados en el juicio, la arrastraba por el pelo, le golpeba la cabeza contra el respaldo de la cama, le pegaba cachetadas y combos).

¿Y tú en ese momento que sentías?
Me daba rabia y le pedía a Dios poder olvidarlo, porque lo quería mucho. Pero no pasaba nada. Siempre me convencía y me decía “yo quiero verte, ven”.

Cuando eras niña, ¿a tu mamá también le pegaban? ¿Era algo que te parecía normal?
No. A mi mamá no le pegaban. Ella discutía pero nunca le levantaron la mano. Lo mío con Mauricio era muy diferente, porque siempre alegábamos cuando no habían chicos. Era entre los dos nomás.

Sin testigos.
Sí, solo dos veces lo hicimos enfrente de los niños. Una vez en una noche en que igual estuvimos compartiendo con amigos y la otra vez, que me pasó esto, pero cuando estaban los chicos él no me pegaba, se iba para afuera. A veces no hacía nada, ni hablaba. Llegaba pasado a cerveza y se iba a acostar al segundo piso, pero no quería comer o no me hablaba nomás; yo salía y después llegaba en la noche a acostarme; eso era. Pero no había violencia al frente de los niños.

“He cambiado, me he fortalecido. Antes era muy sumisa, todos me pasaban a llevar. Ya no. Aunque estoy ciega, mando en mi casa quién entra, quién llega. No confío en nadie que venga de repente”.

Según el testimonio de tu sicóloga en el juicio, él, además, te insultaba constantemente (con epítetos como puta, maraca, huevona). ¿Es cierto?
¡Sí! Me decía: “no sirves para nada. Eri una huevona ignorante, no sabís nada”. Cuando empecé con la cosas de vender muebles por internet, me decía: “Que erís lesa. No te van a pagar, esto no se hace así”.

¿Cómo empezaste con el negocio de vender muebles?
Lo que pasa es que cuando postulé a la casa y me la entregaron, no quise trabajar más en la noche. Fui a Santiago y vi unos muebles tan bonitos, así que traje dos. Como no tuve plata para quedármelos, se me ocurrió ponerlos a la venta por internet, y los vendí a más de lo que me habían costado. Le empezó a gustar a la gente y me empezaron a encargar. Después volví a Santiago y compré un millón de pesos en muebles y me fue súper bien. Traía más y más, y todavía lo hago. Si voy a Santiago, porque pronto tengo que ir a arreglarme las prótesis de mis ojos, voy a traer más para vender. Y me voy a ir a mi casa que la van a arreglar para que sea apta para mí, porque la Presidenta (Bachelet) me lo prometió. Además, me van a hacer un negocio ahí mismo, para que yo venda mis cosas. Y eso me pone contenta, porque ya estoy saliendo adelante, no estoy siendo inútil como cuando llegué de Santiago (después de la hospitalización por las agresiones del año pasado). Entonces me sentía muy mal. Lloraba  todos los días, me daban crisis. Me preguntaba por qué yo, por qué me pasó esto a mí. No podía ver a mis hijos, no podía cocinar, no podía hacer nada; antes yo era una mujer autónoma, que hacía todo sola. Iba a comprar, a buscar a mis hijos, íbamos al parque, al río, corría con ellos.

Los momentos buenos con Mauricio, ¿cómo eran?
De repente mirábamos una película, me abrazaba y me decía que me quería, estábamos con los chicos o una cenita o un almuerzo. O de repente cuando teníamos relaciones, ahí me decía que me quería.

Cuándo se ponía violento, ¿te sentías culpable, sentías que habías hecho algo malo?
No, nunca me sentí culpable, porque me sentía una mujer valiosa y que era muy buena con él. Me levantaba temprano, acá en Coyhaique hacía mucho frío. Él no dejaba ni siquiera un palo picado. Me levantaba a picar leña a las 6 de la mañana, prendía el fuego, levantaba a mis hijos a las 8, con la casa temperadita los vestía. A uno de los menores lo iba a dejar al colegio, porque me quedaba a la vuelta casi y los otros se iban caminando, aunque el colegio les quedaba lejos, porque él no era capaz de llevarlos en su vehículo, como no eran hijos de él… Me quedaba en la casa con el más chiquito, hacía el aseo y cuando él se levantaba estaba todo hecho. De repente yo tenía que hacer mis trámites, pescaba a mi hijo, lo abrigaba bien y salía. Él tenía auto, y pucha no era capaz de decir te llevo. Cuando yo le decía: “oye hace falta esto en la casa”, él se enojaba: que déjame de huevear, déjame trabajar… puras insolencias. No le importaba que hubiera gente en su taller, sino que él era así nomás.

¿Qué le respondías tú?
No le decía nada. Me sentía mal y me iba pa adentro.

¿Llorabas?
Sí, lloraba, yo tenía depresión.

¿Diagnosticada?
Sí. Iba al control acá al consultorio. Tomaba paroxetina. Sin esas pastillas no podía estar, porque no podía soportarlo.

¿Qué sientes por Mauricio? “Nada. De primera sentía lástima, ahora ni siquiera siento odio, es como alguien que no existió nunca”.

Una nueva Nábila
Después del último ataque, cuando despertaste, un mes después de los hechos, ¿cuál fue tu primer pensamiento?
No sabía lo que había pasado. Como estaba anestesiada, mi mente divagaba. Soñaba que era de noche, estaba inválida, me  andaban trayendo en brazos o en silla de ruedas. Lo veía a él.

¿Cuándo te diste cuenta de que no podías ver?
Un día desperté y fue la sicóloga con el médico. Les dije: “¿Por qué no prenden la luz?”, y me dijeron: “No puedes ver, tuviste un accidente”. Me toqué y tenía parches.

¿Cuándo te diste cuenta de que te habían sacado los ojos?
Cuando llegué a Coyhaique. Pensé que solamente me había sacado una parte, que podía haber quedado algo. Después de tres meses le pregunté al oftalmólogo si tenía remedio y me dijo: “no, porque te arrancaron todo desde adentro”.

¿Te sentías el vacío en los ojos?
No. Cuando me saco la prótesis no me puedo tocar porque me duele. Y si me toco siento pura carne nomás, porque me rellenaron con grasita. Por eso tengo que ir a Santiago, porque se me está derritiendo la grasita y se me están hundiendo las prótesis. Me van a poner unas prótesis de acuerdo a los ojos que tenía.

Como mujer, ¿te importaba?
No, solo me importaban mis hijos. Estoy de pie por ellos. En ese momento me tiraba a la cama, dormía, lloraba, estaba empastillada: me daban tres pastillas en la mañana, dos al almuerzo, para dormir me daban tres más. Ahora solo me dan para dormir. Me quitaron una que tomaba cuando me daban mis crisis porque no podía hacer algo por ejemplo. Ahora no. Cuando no puedo hacer algo lo dejo así nomás. Hago lo que puedo. Ahora estoy limpiando mi casa, uso la lavadora.

En este lugar fue atacada Nábila; en ese momento perdió el conocimiento y despertó un mes después en la posta. “No sabía lo que había pasado. Como estaba anestesiada, mi mente divagaba. Soñaba que era de noche y estaba inválida. Lo veía a él”.

En este lugar fue atacada Nábila; en ese momento perdió el conocimiento y despertó un mes después en la posta. “No sabía lo que había pasado. Como estaba anestesiada, mi mente divagaba. Soñaba que era de noche y estaba inválida. Lo veía a él”.

¿Tus hijos te cuidan, te ayudan?
Sí, me protegen mucho. Mi hijo mayor (hoy de 13 años) no se acuesta hasta que yo lo hago. De repente me quedo haciendo cualquier cosa y él me dice: “Ya mamá, deja de limpiar, acuéstate”. Le pone tranca a la puerta, se fija que esté cortado el gas, que no quede nada al lado del fuego y se acuesta. Y los más chiquititos duermen conmigo los dos.

Al comienzo dijiste que el atacante había sido un metalero desconocido. ¿Lo hiciste para proteger a tu ex pareja o porque estabas confundida?
Estaba confundida porque no me venían bien los recuerdos a la cabeza.  Yo decía: “¿Cómo va a ser él que me hizo esto, si es el papá de mis hijos?”. Y después empecé a recordar.

En el momento que recordaste, ¿qué sentiste?
Mucha rabia, mucho dolor. Me hubiera hecho cualquier otra cosa, cortado un brazo, no sé… Pero no los ojos. Algún día Dios lo va a castigar; que pague lo que él me hizo. Me hizo un daño que nunca, nunca, se me va a pasar.

¿Te has podido observar ahora, desde afuera? ¿Sientes que has cambiado?
Sí, he cambiado, siento que me he fortalecido. Antes era muy sumisa, todos me pasaban a llevar. Ya no. Ahora mando en mi casa; aunque estoy ciega, mando quién entra, quién llega. No confío en nadie que venga de repente.  Tengo un trauma. Si quedo sola con algún hombre, si no están mis hijos, me viene un ataque de pánico. Puede ser hasta mi hermano. No puedo estar sola con nadie. Como no veo, pienso que todos me quieren hace daño.

¿Qué sientes hoy por Mauricio?
Nada. De primera sentía lástima, ahora ni siquiera siento odio, es como alguien que no existió nunca.

¿Cómo te imaginas el futuro?
Saliendo adelante y estando con mis hijos, trabajando, ojalá que tenga alegría en mi corazón, que se sanen todas mis heridas.

¿Crees que algún día vas a poder confiar en otro hombre?
Sí, porque en esta vida hay hombres buenos. No todos son iguales, hay hombres y mujeres muy buenos.

¿Alguna vez te has sentido feliz en tu vida?
Nunca. Mi vida ha sido sufrida. No sé por qué.

¿Cómo te imaginas la felicidad?
Estar tranquila con mis hijos. De repente conocer a alguien que me quiera, que me apoye, que me cuide. Eso sería.

***

¿Qué tiene que ver mi vida sexual? (Contenido exclusivo Paula.cl)

¿En qué momento te diste cuenta de que eras una víctima, de que lo que te había pasado era injusto y que no debería pasarle a ninguna mujer?

En el hospital. Sentía rabia, lloraba. Pensaba: ¿por qué no me morí?, muerta estaría mejor.

¿Cuando te decidiste a contar la verdad, que había sido él?

El juicio nunca llegaba y yo quería que llegara. Su familia hablaba pestes de mí, que yo era una mentirosa, me llamaron para grabarme, para decirme cosas. Soy muy sentimental y cuando me decían que no había pruebas, que él me quería, que él era el papá de mi hijo, que esto y que lo otro fui débil y le dije eso. Pero yo después sentí que estaba traicionando a mi familia, que me ha apoyado siempre, mi mamá sobre todo.

¿Tu mamá siempre te apoyó para que dijeras la verdad?

Sí, y ellos (la familia de él) me llamaban para puro decirme cosas de Mauricio. Un día fui al hospital porque me tocaba terapia y se me acercó su hermano y me dijo que Mauricio se iba a matar, que nunca más iba a volver a ver a sus hijos. Yo estaba con tratamiento sicológico, entonces ellos me confundían la cabeza. Eso no lo mostraron porque no les convenía. Me hacían daño, me decían que él estaba sufriendo, y yo me sentía mal por eso. Ahora no, ahora solo pienso en mis hijitos, en mí, en salir adelante, en estudiar algo que pueda hacer. Seguir con la venta de mis muebles, que nada me falte, que nada les falte a ellos.

Por causa del juicio, que se transmitió por televisión, todo el mundo pudo conocer el informe del ginecólogo que usó la defensa para tratar de demostrar que habías sido atacada y violada por otro hombre. ¿Cómo te hizo sentir eso?

Lo hallé súper desubicado. Hablaron de mi vida íntima y no tenían por qué hacerlo.

Se está cumpliendo un año del ataque, ¿qué ha cambiado de tu manera de pensar, de la manera en que ves la vida?

Que me equivoqué en haber estado con él, con un hombre tan malo, un hombre tan mayor. Yo era jovencita, tenía 21 años cuando lo conocí. Eché a perder los mejores años de mi vida, le di todo mi amor, le entregué todo. Le di dos hijos maravillosos. El mayorcito lo odia porque sabe lo que me hizo. Me dice: “Mamá, tú no tenís tus ojitos”.

En ese momento entran a la casa los dos hijos de Nábila corriendo. Vienen llegando del colegio y se abalanzan sobre ella, la abrazan, le preguntan: “¿qué me compraste?”. Revisan los víveres que hay en una caja de cartón. Tratan de sacar algo sin que ella se dé cuenta. Ella los persigue a tientas, dándoles órdenes para que no se saquen la ropa, para que se tranquilicen y le permitan terminar la entrevista, mientras pone la caja fuera de su alcance. Nábila dice: “Mi corazón se ha puesto más duro. He empezado a preocuparme más de mí, de lo que siento y de lo que quiero. Antes hacía lo que otros querían. Siempre estaba ahí. Me di cuenta de que hay mucha gente que me quiere. Voy al centro, y la gente me abraza. Me felicitan y me dan las gracias por sacar la cara por todas las mujeres”.

En el juicio, hubo dos momentos súper impactantes para la gente, que fue cuando tú te sacaste los lentes y cuando dijiste: “¿Qué tiene que ver mi vida sexual con lo que me pasó?”. ¿Lo planificaste?

No lo tenía nada planeado, incluso, yo no quería ni ir. Se adelantó mi declaración y cuando me avisaron que tenía que estar al día siguiente a las 8:30 de la mañana, esa noche no dormí nada. Tenía mucho miedo. Mi sicóloga me acompañó, estaba muy nerviosa. Estaban los periodistas. Y de pronto me dije: “como soy ciega, voy a pensar que estoy sola, con los puros jueces y fiscales. Y voy a decir lo que pienso, y como pasó, y todo lo que fue”. Eso fue lo que hice.

Después de la sentencia, ¿cómo ha cambiado tu vida?

Estoy más tranquila, aunque ellos dijeron que iban a apelar. Pero confío en Dios que no lo acepten los jueces; cómo van a aceptar eso, una cosa tan grande que me hicieron a mí. También espero que me entreguen los niños a mí (la tuición), porque en estos momentos yo los estoy criando y cuidando. Mi mamá viene en la mañana a ayudarme un poco, porque hay cosas que de repente me cuestan y me atraso, o de repente no sé los colores de la ropa, me confundo con los buzos. Eso lo he ido aprendiendo de a poquito. Pero me gustaría que me dieran la custodia a mí, porque soy buena mamá, y me siento ahora preparada para estar bien con ellos.

Fotografía principal: Agencia Aton Chile.

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