Los protagonistas anónimos del Plebiscito

Reportajes y Entrevistas

Los protagonistas anónimos del Plebiscito

Por Por Juan José RIchards / Fotos Archivo 30+Chile

El pasado 5 de septiembre, cuando se cumplieron 30 años de la transmisión de los primeros spots de la franja electoral para el Plebiscito de 1988, se lanzó el proyecto #30MásChile. Un ejercicio de memoria que rescata testimonios de personas comunes y corrientes que, con su voto, cambiaron la historia del país. “No se trata de algo nostálgico o de hacerle un monumento a ese momento histórico, es un llamado a reflexionar y a pensar críticamente sobre nuestra democracia”, dicen sus creadores.

Para octubre del año 1988, Pedro Goic tenía 17 años. Le faltó poco –muy poco– para cumplir la mayoría de edad y poder ejercer su derecho a voto en el histórico plebiscito que terminó por derrocar la dictadura militar de Augusto Pinochet. “Además de participar en marchas, de tomarnos estaciones de metro y rayar murallas, esa vez decidimos repetir algo que hacíamos todos los años: volantines gigantes. Hicimos un volantín gigante del NO que elevamos y se veía precioso iluminando el cielo”, recuerda Pedro. “Después se cayó y fue a dar a un árbol que estaba frente a la casa que había sido de la CNI, en la calle Guillermo Tell. Fue un presagio del triunfo”.

El suyo es uno de los cientos de testimonios que el proyecto #30MásChile viene recogiendo desde hace más de un mes para conmemorar y generar una reflexión sobre lo que fue ese momento histórico de nuestro país, en que se votó libremente por el regreso a la democracia. “Queremos recrear las historias anónimas de personas que vencieron el miedo en 1988. Memorias personales, familiares, que nos ayudarán a construir un futuro mejor, más libre y más justo para Chile”, se lee en la convocatoria de 30mas.cl.

La idea surgió de la Fundación Democracia y Desarrollo, desde donde contactaron a la agencia Factor Crítico para desarrollarla. “El encargo fue hacer una convocatoria para la participación ciudadana con el afán de crear un proceso de memoria colectiva y desde ahí, un ejercicio crítico”, cuenta la periodista Ximena Jara, socia de la consultora. “Esta memoria del plebiscito debía ser construida a partir del relato de ciudadanos comunes y generar una conversación sobre el pasado y el futuro”, agrega la historiadora Marcela Goic, también de Factor Crítico.

Ellas, junto al reconocido estratega digital Enzo Abbagliati, tercer socio de la agencia, trazaron un plan: armaron un sitio web que centralizara el proyecto, que fuera capaz de recoger y visualizar los testimonios. Crearon cuentas en todas las plataformas digitales para hacer la convocatoria. “¿Qué recuerdos tienes del 5 de octubre de 1988? ¿Acompañaste a tu madre, padre, abuel@? Queremos conocer tu historia”, decía la pieza gráfica que hicieron circular. “Quisimos hacer parte a las nuevas generaciones a partir de la memoria de sus propias familias”, dice Marcela. “La sensación que teníamos era que el verdadero protagonista de ese momento histórico no había hablado. Ese era el votante. El pueblo de Chile”.

¿En qué sentido fueron protagonistas los jóvenes que no votaron?
Ximena: Fueron testigos críticos de su tiempo. Yo tenía 10 años, no votaba, pero fui parte de esa deliberación y eso generó algo en mí que hoy puedo volver a mirar como adulta para el futuro. Lo mismo alguien que no había nacido en 1988, pero que le contaron qué fue lo que pasó. Queríamos mostrar la mística que hubo entre la gente común para entender que la historia era más de lo que cuentan los papás, que fue un proceso grande.
Marcela: El plebiscito se caracterizó por no dejar a nadie indiferente. Yo tenía 14 años, no voté, estaba en colegio, pero ahí se hablaba a diario del tema. Las ventanas de la sala de clase estaban cubiertas con calcomanías del SÍ y del NO.

La idea del proyecto era que la suma de historias anónimas que recogieran pudieran dar cuenta de lo que hizo posible un cambio histórico de ese calibre. Ximena, Marcela y Enzo armaron un equipo que desarrolló una identidad gráfica y otro que comenzó a hacer la convocatoria para que las personas enviaran sus relatos, por plataformas digitales o por un número de WhatsApp que habilitaron. “El target al que queríamos llegar es muy digitalizado, no queríamos sólo a los conversos de siempre. Y para eso necesitábamos salir a las plataformas digitales”, dicen.

Además, pensaron en una cuenta en Twitter que funcionara como cápsula del tiempo y que tuiteara en tiempo real como si estuviéramos en el Chile de 1988. Comenzaron el cinco de septiembre porque el tiempo lo determinaba la fecha histórica de la franja. Tuvieron una buena acogida y empezaron a recibir testimonios. El primero fue vía WhatsApp, y era de Roberto “Tito” Aguirre, el hombre que sale bailando en las icónicas imágenes de la celebración del triunfo del NO. “Tenía 19 años, y al día siguiente de votar fui a celebrar a la Alameda. Pasó un camión con un parlante por el que sonaba el vals del NO, de Florcita Motuda. Tomé a una chica que estaba en la calle y le pregunté si quería bailar, aunque no tenía idea quién era. Todavía no sé quién es, pero bailamos juntos en la calle. Ella debe estar en mi misma situación de verse bailando en ese material de archivo, que todos los años sale en las noticias”, contó para el proyecto.

Mientras, en Twitter, una de las primeras en compartir su testimonio fue la fotógrafa Pin Campana. Ahí recordó: “Estaba encargada de recolectar los resultados del Estadio Nacional y llevarlos a Carmen 8 (centro de cómputos del NO). Luego estaba fotografiando para varios medios, con colegas. Nos amanecimos entre el comando del NO y el Diego Portales. Entre la alegría y el miedo”. Desde que comenzó el proyecto suman cientos de testimonios. Uno de los últimos que han recibido es el de Marisol García: “Ese año tenía 23 años y 7 meses de embarazo, y era parte de la central telefónica oficial del NO en Valparaíso. Todo era tensión y seriedad, y yo sentía una extraña mezcla de incertidumbre, arrojo y miedo. Al mediodía llegaron los marinos y hubo que decidir quien permanecía, y fui de los que se quedó en la sede. Los vi acercarse por un pasillo. Al llegar donde yo estaba, quien venía a cargo me preguntó: ‘¿cómo está su embarazo señora?’ ‘Muy bien, gracias’, le contesté. Cuando se fueron, temblaba sin temblar y el Jenaro saltaba invencible dentro de mí”.

Este, como muchos de los otros testimonios, está atravesado por la emoción. En la plataforma digital 30mas.cl se recibirán historias personales hasta el 5 de octubre, que luego serán donadas al Archivo Nacional, a la Biblioteca Nacional, a Memoria Chilena y al Museo de la Memoria, donde están en conversaciones para editar un video que sea parte de su exposición permanente. “Me gustaría mucho que las modestas historias de nuestros ciudadanos estuvieran junto a las grandes noticias y especiales de prensa”, dice Ximena.

¿Qué tipo de relato quieren contar?
Ximena: Aquí el relato ha ido surgiendo solo. Queríamos reunir experiencias del SÍ y el NO, pero en la práctica la gente que estuvo del lado del SÍ ha estado súper callada, cosa que lamentamos porque queríamos dar cuenta del espectro completo. Esta semana salió una encuesta que dice que si hoy fuera el plebiscito, 7 de cada 10 chilenos votaría que NO. Hoy la sensación histórica es que el NO tenía la razón.

¿Hay un pudor hoy entre los que votaron por el SÍ?
Ximena: Totalmente. Parte del ejercicio de memoria que hacemos es lanzar por Twitter la campaña del SÍ y el NO. Ahí arrobamos directamente a los que participaron. Del lado del NO se activa una memoria muy amorosa y del lado del SÍ hay un silencio absoluto. Es como si quisieran que nadie sepa que ellos votaron por el SÍ. En la franja del SÍ hay muchas personas hoy en el gobierno, con un discurso bien distinto al que tenían entonces.

¿Con qué esperaban encontrarse con este ejercicio de memoria?
Ximena: Pensamos que nos encontraríamos con la frustración y con la crítica de que “la alegría nunca llegó”. Teníamos susto de que nos cayeran encima los pesimistas, pero no ocurrió. Por un lado está la emoción y la nostalgia de esa épica que se vivió, y por otro lado hay quienes se sorprenden del Chile que éramos en 1988 y el que somos ahora.

¿Cómo era ese Chile?
Ximena: Creo que a todos se nos había olvidado que este era un país lleno de prohibiciones, lleno de censura, lleno de gente que no podía entrar. Es decir, los que no podían hablar tuvieron 15 minutos en la televisión, durante un mes, en 17 años. Ver eso y contraponerlo a lo que tenemos hoy, nos ayuda a modular el rollo de que “la alegría nunca llegó”.

¿Qué era esa promesa de alegría?
Ximena: Era recuperar la libertad, recuperar la democracia, recuperar el derecho a hablar sin que te disparen, te maten o te exilien. Era recuperar el derecho a patria. Y eso es algo que ha ido ocurriendo. Hoy la alegría está naturalizada de otra manera y se llena de otros contenidos. Lo que se prometía en ese momento era la libertad y la dignidad. Y eso fue llegando, creo yo.

¿A nivel de patrimonio, a quién le pertenece hoy la campaña del NO?
Marcela: Nos pertenece a todos. La democracia que tenemos hoy surge de ahí, y eso es lo que hemos visto reflejado en este ejercicio. Si lo que tenemos hoy es perfecto o imperfecto es una discusión que nos interesa gatillar, preguntarnos cómo seguimos para adelante. Esta es una oportunidad de hacer una reflexión sobre la democracia actual.

¿Hay algo, como la mística de 1988, que desapareció y les de nostalgia?
Marcela: Es difícil querer volver a ese minuto, porque fue el dolor lo que llevó a ese momento crítico. Pero por supuesto que uno quisiera que hubiera más participación ciudadana. Por ejemplo, yo crecí esperando cumplir 18 años para poder votar y a veces esperaría esa preocupación de parte de todos por hacerse cargo de la democracia. Pero son otros tiempos.

¿Entonces el proyecto es un llamado a votar?
Ximena: Es un llamado a reflexionar. Sobre la participación, la deliberación y los procesos ciudadanos. Lo de 1988 fue harto más que un voto. Fue la gente yendo a las concentraciones, discutiendo, haciéndose parte. Lo que proponemos no es caer en falsas nostalgias, es traer a presencia un momento épico en pro de una reflexión mesurada. No queremos volver a ese momento, a esas condiciones. Ojalá que ese Chile nunca más se repita.
Marcela: No se trata de hacerle un monumento histórico a lo que fue. Pero sí de preguntarnos que si actualmente tenemos una participación real de menos del 50% de la población, cuál es el tipo democracia estamos construyendo.

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