Lucrecia Martel, cineasta argentina, y el movimiento feminista: “Ya no emergen unas pocas heroínas, sino que todas pensamos así”

Reportajes y Entrevistas

Lucrecia Martel, cineasta argentina, y el movimiento feminista: “Ya no emergen unas pocas heroínas, sino que todas pensamos así”

Por Alejandra Jara /Fotos: Reinaldo Ubilla

Invitada por la Universidad de Chile -establecimiento con varias de sus facultades en toma tras una serie de denuncias de acoso y abuso sexual al interior de la institución- la destacada directora afirma que le “irrita” el trato diferenciado que aún reciben las mujeres en la sociedad. “¿A qué director escuchaste alguna vez que le preguntaron cómo se siente ser hombre y director? ¡Nunca!”, es su reflexión.

Lucrecia Martel se disculpa antes de comenzar esta entrevista. Son las 10.15 de la mañana y aunque ya está sentada puntual en el comedor del Hotel Diego de Almagro de Providencia – donde se realizará la conversación- aún no puede despegarse del celular.

Está a punto de terminar la edición de un video que espera despachar lo antes posible a varios movimientos feministas de Argentina porque en unas horas más, la Cámara de Diputados comenzará la votación del proyecto que legaliza el aborto libre en ese país.

Desde Santiago -donde se encuentra invitada por la Universidad de Chile -ha seguido atenta la previa de este proceso- que incluye una vigilia en la Avenida de Mayo donde lamenta no poder participar- y no esconde su preocupación porque se prevé que el resultado de la Cámara será estrecho. Por eso le urge viralizar lo antes posible el saludo que envió la Coordinadora chilena 8 de Marzo en apoyo a esta demanda.

¡A ver, veámoslo todos ahora!-, dice mostrando la pantalla del celular donde se escucha a un grupo de mujeres jóvenes cantando la siguiente consigna: “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios”.

¡Qué cantos lindo que tienen ustedes!-, dice, mientras repite en voz alta parte de la estrofa.

La destacada cineasta argentina y directora de la aclamada cinta Zana -su última producción- invitó personalmente a las activistas que aparecen en el video a la conferencia interactiva titulada “Phonurgia” que realizó ayer lunes en la casa de estudios, instancia en la que dialogó con el público sobre los diversos tópicos vinculados a sus obras y procesos creativos.

-Llegas a Chile en un momento especial. Se vive una ola feminista que para algunas expertas es tan potente como la que protagonizaron nuestras abuelas en 1949 cuando se discutía el derecho a voto femenino

¿Sabes lo que pasa? Esto es así. Estas heroínas que fueron nuestras abuelas y también nuestras bisabuelas realizaron un trabajo de hormiga que no se vio – y que sí siguieron las mujeres feministas- que ya permeó la sociedad.

Porque esas mujeres educaron a hombres, a mujeres, a nosotras. Transformaron el mundo más que cualquier movimiento político. Lo que pasa ahora es que ya no emergen unas pocas valientes y heroínas, sino que todas ya pensamos así y encontramos que tenían razón sobre un mundo más justo y más equilibrado. Entonces se desata el terror.

-¿Cómo el terror?
Por supuesto hay muchísimos hombres jóvenes, sino la mayoría, que piensan igual que nosotras. Han sido criados por las mismas mujeres. Pero siempre queda un pequeño residuo conservador, atemorizado, porque siempre que se pelea por igualdad de derechos – ¡No, no igualdad de derechos porque yo no quiero tener los mismos derechos de un hombre, me parecen horribles! – por amplitud de derechos, hay un grupo que tiene el poder, y que teme porque ese poder se basa en esta desigualdad.

Los que se resisten son las personas que ostentan poder, la gente que tiene opciones por el dinero. Y en el aborto eso queda clarísimo. Hay un montón de familias ricas en que las mujeres sí han abortado. Han hecho abortar a sus hijas, a sus nietas ¿Por qué están en contra del aborto? Porque tienen acceso a lugares seguros y porque en esas familias se sigue maltratando a las mujeres que abortaron porque quedan estigmatizadas. El machismo en el discurso es atroz.

-¿Qué te indigna de ese discurso?
Estoy segura que alguien va a editar las intervenciones de las personas que expusieron en el Parlamento argentino en contra del aborto legal (…) En todos los discursos hay expresiones denigrantes contra la mujer, porque suponen que no tiene derecho a planear su vida.

Esto es de sentido común pero para cualquier mujer tomar la decisión de abortar es muy difícil. Quienes están en contra de la despenalización y legalización desprecian que las mujeres puedan organizar sus vidas en el futuro.

Tú como periodista editá cuando en Chile se vuelva a discutir el aborto – ahora el aborto libre – y verás que siempre hay una subestimación a la mujer y jamás van a mencionar que también hay un coresponsable de ese embarazo, el que jamás es cuestionado.

***

Quienes han escuchado alguna vez sobre Lucrecia Martel saben que nació y se crió junto a sus seis hermanos en Salta, una religiosa provincia norteña conocida popularmente como “Capital de la Fe”, y que ha marcado su vida y su carrera. La Ciénaga (2001) uno de sus filmes más aclamados -y primero de la trilogía de Salta- relata la historia de de dos primas, una de clase media y otra de clase alta en decadencia, que viven esta pequeña localidad ubicada en la provincia. Los paisajes y la cultura salteña también se reproducen en otras de sus producciones.

-Antes de comenzar la entrevista dijiste que Salta es una provincia muy conservadora ¿Ese conservadurismo marcó tu crianza?

Vengo de una familia de clase media donde mi padre es agnóstico y mi madre tiene una devoción popular hermosa, que no es la devoción de hacerle caso a la Iglesia. Es el cristianismo más festivo. Te diría que eso me salvó.

Pero yo vengo de un colegio -el Bachillerato Humanista Moderno- donde se educaron los gobernadores que han dirigido la provincia en los últimos cincuenta años y todos los años nos decían que el colegio estaba formando a la élite.

Pero el colegio nunca se ha hecho la autocrítica de entender en qué falló. Hoy la provincia tiene los índices más altos de violencia de género, de femicidios, de abortos clandestinos, de violencia hacia las personas trans. Entonces ¿Por qué no hay un poco de autocrítica de qué pasó con la educación entregada en los últimos 50 años?

Lucrecia se reconoce como la “oveja negra” del Bachillerato Humanista Moderno y asegura que nunca la han invitado a ninguna ceremonia o fiesta: “Me alejé de esa formación conservadora con las mismas herramientas que me entregó la escuela”, asegura.

-¿No te invitan a nada?
¡A nada! Salvo mis ex compañeros que me invitan porque tenemos otro tipo de relación.

-¿Y alguna vez te rebelaste ante esta formación?
Mis pocas gestiones porque pensá que yo era adolescente (piensa un momento) Yo era de la Acción Católica y era mística porque creía que podía transformar al mundo en términos de igualdad.

-¿Y cuándo cayó tu fe?
Me di cuenta cuando tenía 15 años. Yo había tenido relaciones sexuales. No me había enamorado ninguna vez. No sabía lo que era el sexo y me mandaban a hablar a sectores pobres, a chicas que tenían hijos en circunstancias de vida muy complicadas.

Un día estaba hablando en una escuela y miré el techo de zinc. Hacía un calor insoportable. Y luego miré a estas chicas que eran más grandes que yo, que se notaba que sabían mucho más de la vida que yo y pensé: ¿Cómo un cura adulto me manda a mí a hablarle a personas que saben mucho más que yo de la vida? ¡Soy un monigote!

Esa es una situación de abuso: agarrar a una niña que conoce nada del mundo y mandarla a predicar en contra del aborto.

-¿A los 15 te diste cuenta de eso?
Sí, ahí. Y también cuando comencé a estudiar Astronomía porque mi papá me regaló un telescopio cuando cumplí 15. Leyendo me di cuenta que la ciencia tiene siempre permanentes escollos con la Iglesia y reflexioné: ¿Qué clase de formación es esta que llegamos a un punto que no podemos seguir pensando?

Pero hay dos cosas que me salvaron: el latín porque cuando estudias otra lengua es inevitable darte cuenta cómo el poder intenta doblegarte a través de su construcción y de sus figuras literarias. Y lo otro fue la educación religiosa que leí por mi parte donde me di cuenta que el cristianismo primitivo no tiene nada que ver con la manipulación que hace la Iglesia.

-¿Y cómo fuiste incorporando en tu carrera este feminismo que desarrollaste a temprana edad?
(Interrumpe) Nunca me sentí feminista. Ellas son mis guías espirituales, las mujeres que me abren el camino, pero nunca me sentí feminista porque ellas son mujeres que que hicieron una construcción filosófica y política, y yo nunca le dediqué tiempo a eso.

Pero ese pensamiento es una guía para mí. Como sigo también a Heidegger. Me avergüenza decirme a mí misma feminista porque no he invertido el tiempo en pensar. Pero detrás de la bandera feminista voy a estar siempre.

***

Lucrecia lamenta estar de visita en Chile solo por un día y medio porque aún no ha tenido tiempo de reunirse con las organizaciones feministas que han protagonizado la toma de la Universidad de Chile. “Estas no son unas loquitas que se están tomando las universidades para molestar. Son un grupo de mujeres que están haciendo un esfuerzo enorme y lo tiene que hacer cada una en su ámbito. Ellas encontraron su forma y yo lo respeto”, dice respecto a esta realidad que hoy se replica en varias casas de estudio del país.

Así como las manifestaciones en las universidades partieron por la desprotección de las alumnas ante los casos de violación, abuso sexual y acoso que se da en las aulas, ella también tiene para contar más de una situación en la que fue vulnerada.

-El abuso de poder que existe en la industria cinematográfica quedó de manifiesto tras las acusaciones contra Harvey Weinstein y tantos otros artistas ¿En tu carrera has vivido una experiencia de abuso?
Yo trabajaba en un programa de televisión, en un programa se llamaba Magazine For Fai (1995) y en el control habían unos chicos que siempre se sentían ofendidos porque yo estaba dirigiendo y hacían cosas para burlarse de mí como enfocarme las tetas o la cola para manosear mi imagen.

A mí eso me ofendió, pero no mucho, porque ellos me parecían unos pobres imbéciles. Subí al control para encararlos y cuando se hicieron los estúpidos les dije que si esto volvía a suceder entonces ya no quedaría en una pregunta mía, sino trascendería.

También en un canal de televisión alguien alguna vez gritó “¿Qué se cree esta pendeja?” cuando le decía cómo filmar una escena porque ese era mi trabajo, yo era la directora de ese programa.

¿Y por qué no cuento más que esto? Además de lo otro que todas hemos vivido como que te griten o que te toquen el culo en la calle (…) Sé que soy una mujer blanca de clase media y esa situación marca una diferencia muy grande entre las mujeres.

Cuando se lucha por la situación de las mujeres se lucha por todas, sin distinción de clase social, pero sin duda cuando a la situación de mujer le sumas pobreza o falta de trabajo es desesperante. Yo no me siento una víctima porque tengo una situación económica y una carrera pública que me pusieron en una posición de poder que otras mujeres no tienen.

-¿Cómo ves el trato a las mujeres en el mundo del cine?
Es muy igualitario. En los equipos donde hay hombres menores de 40 años es difícil que veas una actitud machista – aunque las hay- porque son simples y fáciles de resolver: con un chiste lo haces quedar mal y cambias.

Esta idea de que el salario de que los actores es más alto que las mujeres no lo he vivido nunca en mis películas. Los hombres han cobrado de acuerdo a las semanas de trabajo, a la importancia del rol, al tiempo que invirtieron, a la responsabilidad con la película.

Pero hay un cierto maltrato, hay una inercia, una estropada que queda: cuando hacés una película te preguntan qué pensás como mujer y no qué pensás en general o como directora ¿A qué director escuchaste alguna vez que le preguntaron cómo se siente ser hombre y director? ¡Nunca! Esa pregunta nos viene solo a nosotras.

Eso a mí me irrita mucho porque pone a todas las mujeres en una igualdad de pensamiento. Y si hay algo que tiene el feminismo es que no queremos que todas piensen igual. No nos interesa eso. Nos interesa la diversidad. No creemos que todos los hombres son iguales ni tampoco las mujeres. Y nos interesa esa individualidad, aunque peliemos colectivamente por derechos que nos han sido negados históricamente.

Durante toda la entrevista, Lucrecia ha estado acompañada por un estudiante de Cine de la Universidad de Chile que la ayuda a gestionar su apretada agenda.

Ya pasaron más de 40 minutos de conversación y el alumno interrumpe para avisar que se acabó el tiempo y que Lucrecia debe seguir conversando con otros medios chilenos antes de irse a su segunda actividad en la Cineteca Nacional, donde realizará un conversatorio moderado por los académicos del Departamento de Teoría de las Artes Federico Galende y Laura Lattanzi.

Pero, antes de partir, la destacada cineasta argentina entrega un último mensaje: “Como católica que todavía soy -porque estoy bautizada- quiero decirles a los otros católicos que la interrupción legal del embarazo disminuye los casos de aborto”.

#Tags

Seguir leyendo