Luz poderosa

Reportajes y Entrevistas

Luz poderosa

Por Guillermina Altomonte / Fotografía: Sebastián Utreras / Producción de arte: Michelle Gravel

La actriz Luz Valdivieso es de ideas fijas. Si se le mete algo en la cabeza -superar una fobia a las polillas, conquistar al hombre de su vida, ser mamá– se mantiene al pie del cañón hasta que le resulta. También le resulta en la pega: tras un año fuera de pantalla, en marzo debuta con su primer rol protagónico en Los exitosos Pells, la nueva teleserie de TVN. ¿Cómo lo consigue? Con una curiosa mezcla de obsesión, seguridad en sí misma y mandas a los santos.

Cuando Luz Valdivieso (31) había perdido su segunda guagua, una monja le mandó un consejo con su papá: que se amarrara una Virgen de los Rayos alrededor de la guata. Como la actriz estaba grabando la teleserie Amor por accidente, con tanto cambio de vestuario lo de la guata se complicaba. Así es que agarró un alfiler de gancho y se colgó una medallita de la Virgen de los Rayos en los calzones durante todo el embarazo.
Luz es creyente. Tiene fe en los santos y hace mandas. Improvisó un altar en su casa, donde tiene a San Martín de Porres, la Virgen de los Rayos, el Padre Hurtado, Santa Rita, Buda y Jesús. Y de tanto creer y no sacarse la medallita del calzón, hace nueve meses nació María de los Rayos, bautizada así en honor a la virgen.

Luz es obstinada. Así es como congeló Sicología para estudiar Teatro en la escuela de Gustavo Meza, aunque nunca había hecho un taller ni pisado un escenario. Así es como conquistó a su marido, el actor Marcial Tagle, que al principio no la pescaba ni en bajada. Así es como superó sus miedos a ser una mamá aprensiva y su fobia a las polillas. Y así es como, después de haberse paseado entre comedias adolescentes, como Floribella, y series nocturnas subidas de tono, como Los treinta y Alguien te mira, y de estar durante un año desaparecida de la tele, vuelve con su primer rol protagónico en la próxima teleserie de TVN, Los exitosos Pells.

Santos y miedos

“Ya, entreténgase usted”, le dice Luz Valdivieso a su hija. Están sentadas sobre una manta en un parque. Atardece. Luz le pasa un pato azul de goma y otros juguetes –que María se lleva con deleite a la boca– y fuma.

Tu hija se llama María de los Rayos. Tienes un lado espiritual bien fuerte tú.
Absolutamente. Yo me crié con la religión católica. Ha sido la manera más fácil de acercarme a la espiritualidad, pero tengo una mezcla, una religión propia. Soy devota heavy de Santa Rita. Creo también en la reencarnación. Eso ha sido una respuesta a un gran miedo, que es el miedo a la muerte, que no tiene que ver con la parte de cómo me voy a morir, sino con ¿se acaba esta huevada? Tiendo a creer. Rezo ene. Sobre todo pido; no agradezco, porque se me olvida.

¿Haces mandas?
Todo el rato. Cuando perdí mi primera guagua pensé que había sido porque no le había cumplido una manda a Santa Rita. Después fui adonde una niña que hace reiki y ella me dijo: “Santa Rita no está enojada contigo”. Me puse a llorar. Y me dijo: “Ella no podía hacer nada por esa guagua, porque esa guagua venía mal, y hay un alma esperando por nacer en ti. Así es que no te preocupes”. ¿Cómo no voy a creer? Sueno súper mística, pero siento que veo señales súper claras. Y que todos las recibimos, pero no las queremos ver. A Marcial este lado mío misticoide le da un poquito de terror. Una vez me hicieron una regresión. Fue para el Buenos días a todos; después me dio una vergüenza espantosa que haya sido televisada y Marcial no podía creer que yo lo hubiera hecho. Una regresión se siente como cuando estás soñando medio despierto. Yo tenía un vestido largo y estaba en un lugar como Europa, aunque no conozco Europa. Ahí me encontré con mi mamá, que en esa vida era una amiga mía del alma. Y fue súper heavy, porque en esa vida que recordé yo no tenía hijos. Justo había tenido dos pérdidas y me voy a una vida donde no había niños.

¿No te angustió ver eso?
En vez de quedar con la sensación de que no iba a tener hijos, dije: “Ya me tocó vivir eso. No me va a tocar de nuevo”. Igual cuando quedé embarazada pensé que iba a ser híper aprensiva con mi guagua. Es más: fui a la sicóloga para manejarlo con anticipación. Porque soy terriblemente obsesiva: ése es mi gran karma de la vida. Sabía que si me dejaba llevar por esa obsesión iba a ser espantoso, porque me agarra y no me suelta. Y Marcial me apoyó absolutamente, me dijo: “Por favor anda a la sicóloga”.

¿Qué te dijo la sicóloga?
Más allá de lo que me haya dicho, creo que por el hecho de haber tomado conciencia de que eso me podía pasar, me puse freno al tiro. Y creo que no soy especialmente aprensiva. Tengo varios miedos en mi vida, para qué sumar más miedos a mi existencia.

¿Y cuáles son esos otros miedos?
Bueno, por ejemplo, me hice una terapia contra las polillas y ahora me puedo enfrentar a ellas. Pero igual es un enfrentamiento, ¿cachái?

¿En qué consistió la terapia?
Tienes que ir acercándote poco a poco a las polillas, ir graduando tu miedo de 5 en 5 hasta llegar a 100 en tu imaginación. Desde la situación que menos miedo te da, qué se yo, verla de lejos, hasta la que más miedo te da, que sería tener una polilla acá, cerca de mi oreja. Eso lo vas condicionando y vas bajando tu ansiedad y tu miedo hasta que tienes que enfrentarte a la polilla de verdad. Llegué a tener una polilla parada en mi pecho. Lo divertido es que tenía mi casa llena de cajitas con polillas, que usaba para mis experimentos, y hasta les tenía nombre.

Da un poco de risa ese miedo, porque las polillas no te hacen nada.
Es que las fobias son irracionales. La fobia no es tenerle miedo a algo que efectivamente te puede hacer daño: la gente les tiene fobia a los botones, a los espacios abiertos, pero ese miedo se va acrecentando y cada episodio va siendo más traumático que el anterior.

Estudiaste sicología dos años, ¿te quedaron herramientas que apliques para enfrentar determinadas situaciones?
No sé. Soy una persona súper racional. Muy estructurada en términos de cómo trabajo, muy matea, muy estudiosa, muy aplicada. Me afirmo mucho en el texto, que para mí es lo fundamental. Lograr decir simplemente lo que está escrito, desde un lugar que me permita decirlo, es todo. Cuando hago un análisis sicológico del personaje y trato de agarrar herramientas y gestos desde ahí, a veces encuentro algunas cositas, pero muchas veces las abandono.

¿Te ha servido para trabajar temas como el pudor, la vergüenza?
No, nunca tuve vergüenza. No soy muy pudorosa. Hay cosas que me dan vergüenza, como a todo el mundo, como tropezarme y caerme, pero nunca ha sido un problema en mi vida.

Te pregunto porque uno podría pensar que desde tu estructura y racionalidad, ciertas cosas de la actuación te cuestan.
Es verdad, siendo matea, a veces uno se tranca en lo emocional. Pero al mismo tiempo soy una persona súper segura, incluso con todos los miedos que he tenido: el pánico a la inseguridad económica al elegir mi carrera, el pánico a la vejez, a la enfermedad, al sufrimiento. Cuando algo le pasa a alguien cercano, digo: “Qué espanto ese dolor”. No estoy preparada para vivirlo y rezo para que no me toque. Pero son miedos normales del ser humano.

¿El miedo a la vejez te vino cuando cumpliste 30?
No, es de siempre. Cuando veo a viejitos pidiendo en la calle, digo: “Dios mío”.

Ah, es miedo a la vejez-vejez.
Claro, no es miedo a la arruga. Es a la incapacidad de valerme por mí misma. A la soledad. A que me falte plata.

¿La falta de plata es tema para ti?
Me da terror.

¿Pero te ha faltado?
No. Nunca he sido rica, tengo una familia súper normal, en mi casa había un auto, mi papá era profesor de la universidad. Pero heredé eso de mi papá: él no se endeuda, gasta lo que tiene. Yo tengo miedo a acostumbrarme a vivir con más de lo que mañana voy a tener. Pero también encuentro que son tonteras mías, porque en el momento, uno se las arregla. Por suerte tengo un marido que, cuando lo conocí, dije: “Este hombre es capaz de salir a vender huevos”.

Y por eso te casaste con él.
Es que yo no sabría qué hacer, soy mucho más torpe en ese sentido. Qué vendo, qué invento. ¡No sé hacer nada! En cambio Marcial tiene ese espíritu emprendedor que yo no tengo para nada. Yo nunca podría ser jefa, no podría ser dueña de una empresa ni montar un negocio. Siempre voy a ser funcionaria.

¿Nunca vas a dirigir?
No. Me daría terror. Ni siquiera me lo he planteado, quizás porque en este minuto no tengo nada que decir. No me creo capaz. Creo que puedo ser un buen instrumento en las manos de un buen director y un pésimo instrumento en las manos de uno más o menos. No tengo ánimo emprendedor y dirigir una obra de teatro es lo más emprendedor del mundo. Estás a cargo de todo y además expones tu alma. Ahí sí tengo un poco de pudor: si me paras en un escenario que no domino. Soy muy asegurada. Por eso creo que son pocos los actores que son también artistas. Yo no me siento una artista, yo tengo un oficio. No siento que con mi trabajo esté diciendo algo o creando un discurso a través de ese simple rol que me corresponde.

Mujer ancla

Los exitosos Pells es la teleserie número doce de Luz Valdivieso. Se trata de la adaptación de una comedia argentina (allá fue uno de los programas más vistos de 2008) ambientada en un canal de noticias. En la versión local, Luz forma, junto a Ricardo Fernández, la dupla que conduce el noticiero. “En la teleserie se muestra la frivolidad que hay detrás del mundo de la tele, en el que todos somos desechables. La gente ve la televisión como una cosa preciosa, pero es toda de cartón piedra; es un mundillo tan pequeño y tiene cosas tan miserables. Mi personaje es una diva. Es la Bolocco. Es lo máximo: muy simpática, sensible, pero ambiciosa. El guión tiene mucho humor. Y me sorprendí, porque dije: ‘Pucha, no soy tan mala para la comedia, me puedo defender’”.

¿Vas a hacer cine de nuevo?
Voy a estar en la primera película de Pablo Illanes, que se llama Baby shower y se empieza a filmar en marzo, y ahí hago una mujer embarazada de gemelas. Pero tampoco me desvivo por hacer cine. Como que hay cierta tendencia a que a uno le digan “cine” y uno diga “¡ya!”. Y uno a veces acepta condiciones muy precarias de trabajo. Cuando hice la película Casa de remolienda, me casé y al día siguiente tuve que viajar en tren a Temuco. Y ahora digo: “No lo volvería a hacer”. ¿Sabís qué pasa? Más allá de la maternidad, para mí lo más importante es la familia. Cuando la María tenía un mes, me llamaron para filmar una película en Talca. Me decían que me fuera con guagua y nana. Lo pensé y primero dije: “Angelina Jolie va con sus niños a todos lados, ¿cómo no lo voy a poder hacer yo si es Talca?”. Y después dije: “Para qué”. Para qué. No voy a hacer ese sacrificio ni siquiera por el cine. No tengo esas ansias de triunfar.

Es difícil eso, porque si eres matea debes tender a hacerlo todo.
Sí, porque no quiero perderme las oportunidades de aprender. Pero con el tiempo he ido aprendiendo ciertas lecciones y me he dado cuenta de que no todo es importante. La pega, el teatro, incluso la amistad, todo te puede traicionar. Lo que queda es la familia, lo único que está siempre. He cultivado poco mi vida social, me voy más en la volada de la pareja. Tengo pocas amigas. La amistad es difícil, me cuesta confiar realmente en alguien. Soy súper para afuera y hablo de todo, pero no espero mucho de nadie. No me quedo con el odio encima, pero no perdono a alguien que no se arrepiente. Es lo que me pasa con Chile: Chile lleva el peso de la violación a los derechos humanos. No hay perdón sin arrepentimiento y Pinochet se murió sin pedir perdón, sin arrepentirse. Es un dolor que vamos a llevar siempre en el corazón y así es la vida nomás.

A propósito de tu personaje de lectora de noticias, ¿te interesa la información?
Leo ene. Cuando no tienes información, no puedes elegir. Y como ahora la maternidad es el tema, me metí en eso. Para la Navidad me regalé dos libros de la Amanda Céspedes, una sicopedagoga y neurosiquiatra especializada en niños, que es seca. ¡Y lo peor de todo es que me voy a equivocar igual! Voy a cometer miles de errores, pero siento que la información nunca está de más. Si no conozco otra cosa, no tengo la posibilidad de decidir cómo quiero educar a mi hija. Durante el embarazo leí libros sobre la vida intrauterina y hacía técnicas de apego in utero, y todo lo que encontraba interesante pensaba que Marcial tenía que leérselo también. Le hacía resúmenes y le daba clases: “Mira, cuando pase esto, podemos solucionarlo de esta manera o de esta otra, elijamos”. La obsesión es una constante en mi vida. Y va cambiando el objeto. Ahora es la maternidad, pero en algún momento fue Marcial: yo lo elegí a él y él no me pescaba, pero yo ahí, firme al pie del cañón. Tenía la certeza de que era el hombre de mi vida y no lo iba a dejar escapar.

¿Nunca tiras la toalla?
He ido logrando que mi obsesividad –con ayuda y buenos consejos– sea una buena herramienta. ¿Pero sabes qué? Yo, que estuve obsesionada con el embarazo y con la idea de tener guata, de sentir a mi guagua dentro, hoy soy una absoluta partidaria de la adopción. El embarazo es maravilloso si lo puedes vivir, pero es un segundo de tu vida que vale callampa al lado de lo que significa tener una criatura indefensa, sea tuya o no, en tus brazos. Una criatura que necesita una mamá. Ahí está el vínculo, ahí está el lazo: no se necesita nada más.

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