Lysa y Tapani Brotherus: Héroes silenciosos en tiempos de dictadura

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Lysa y Tapani Brotherus: Héroes silenciosos en tiempos de dictadura

Por Alejandra Jara / Fotos: Archivo familia Brotherus

Tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la Embajada de Finlandia ayudó a más de dos mil personas a escapar del país. Asustados y con sus escasas pertenencias, los perseguidos por el régimen buscaron asilo en la residencia de Tapani Brotherus, el máximo representante diplomático de su delegación en Santiago. Esta es la desconocida historia de la familia que evitó la tortura y la muerte de cientos de chilenos y extranjeros perseguidos por el régimen militar.

Un hombre nervioso, con el cuerpo cubierto de cenizas, se escabulle entre las calles desoladas de Santiago. Son las siete de la mañana y, pese a que es día de semana, no hay autos ni micros transitando. Tampoco personas intentando llegar a sus trabajos. En lugar de ellos, hay tanques y otros vehículos militares. Los hombres que visten uniforme son los únicos que tienen permitido circular. Santiago está en silencio. Es la mañana siguiente al golpe de estado de 1973.

El hombre logra llegar hasta una casa ubicada en calle Espoz 4360, en el corazón de Vitacura. Tembloroso, toca el timbre ubicado a un lado de un portón negro donde se divisa un escudo de colores rojo y amarillo. Por unos segundos, espera con impaciencia que los dueños de casa le abran la puerta.

“Esa persona era Guillermo Pavez”, relata Tapani Brotherus, el dueño de casa, sobre la inesperada visita que recibió hace cuarenta y cinco años. Pavez en ese entonces era el director económico de la Cancillería chilena y conocía bien a Brotherus, quien se desempeñaba desde 1972 como encargado de negocios de la Embajada de Finlandia, la máxima autoridad de la representación diplomática de ese país en Chile. “Fue un encuentro muy emotivo”, agrega.

Pavez había escapado de su casa porque los vecinos le habían prendido fuego. Desesperado, deambuló por las calles de Santiago buscando refugio. Los militares lo buscaban a él y a los otros colaboradores de Allende.

“Estaba muy alterado por la situación”, recuerda Tapani. Pavez fue el primero en pedir refugio en la residencia de Tapani Brotherus, quien vivía con su mujer Lysa y sus pequeños hijos Tina y Tomi. A él, con el pasar de los meses, se le sumarían otros cientos de hombres y mujeres que también buscaban asilo. “El golpe militar puso patas arriba la situación familiar y nuestro hogar se convirtió en un albergue de gente desesperada”, adelanta Tapani sobre lo que significó para su familia, y en lo cotidiano, el quiebre de la democracia en Chile.

Gentileza de la familia Brotherus

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Lysa recuerda que estaba en el comedor cuando vio por el ventanal cómo aterrizaban sobre su jardín unos objetos que estaban siendo lanzados desde la casa de al lado. En ese momento solo encontró una explicación para lo sucedido: “Los vecinos nos están tirando basura”, gritó a su marido.

Habían pasado tres días desde el golpe de estado.

En un principio, Tapani no le prestó atención a su mujer, pero tras su insistencia se incorporó al comedor, desde donde miraron juntos la extraña escena que tenía lugar en su patio. De pronto, comenzaron a descolgarse decenas de personas desde las paredes. Al igual que Pavez, eran perseguidas por la dictadura. “Ya no recuerdo sus nombres, pero dos de ellos eran guardaespaldas de Salvador Allende”.

Justamente un año antes, en octubre de 1972, los Brotherus habían realizado una recepción en su jardín para recibir a la política comunista Herrta Kussinen, quien visitaba Chile junto a una delegación de parlamentarios finlandeses. Lysa recuerda el día en que conoció a Hortensia Bussi: “Yo me estaba retocando el pelo en el baño cuando de repente la empleada comenzó a golpear la puerta del baño mientras gritaba: ¡La señora Allende está aquí!”. Mientras la anfitriona se dirigía a la puerta, se encontró con dos hombres que revisaban cada rincón de la casa. Eran los guardaespaldas del Presidente Allende, entre los que se encontraba Francisco Argandoña. Ellos mismos aparecieron un año después en su patio. “Conocían exactamente la casa. De otra forma, nunca podrían haber entrado”, explica Lysa.

Otros colaboradores y dirigentes políticos cercanos a Allende llegaron a la residencia de los Brotherus saltando por los patios de las casas vecinas: la ex diputada Fidelma Allende, el vicepresidente de la CUT Eduardo Rojas junto a su mujer, y el diputado Luis Guastavino, entre cientos otros. Guastavino hizo pasar un gran susto a los refugiados, cuando el 4 de noviembre de 1973 apareció vestido de militar en un auto que era conducido por el capitán del Ejército Roberto Apablaza.

Gentileza de la familia Brotherus

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La casa de los Brotherus, ubicada en Espoz 4360, ya no existe. En su terreno fue levantado un edificio de siete pisos donde viven 24 familias cuyos hijos juegan durante las tardes en las áreas verdes del condominio. Nada dice que estos jardines hace cuarenta y cinco años sirvieron de refugio para los chilenos y extranjeros que escapaban de la represión. La vivienda tenía dos pisos: una planta baja y un ático que sirvió para acomodar a algunos refugiados. La construcción además contaba con tres dormitorios, un living, un comedor y una cocina que conectaba con las dos habitaciones de servicio. Ahí fue donde en un principio se escondieron las personas que buscaron asilo. Pero con la llegada de otros, los Brotherus tuvieron que reorganizar los espacios. Tomi y Tina se fueron a dormir al cuarto de sus padres. En sus piezas se quedaron las mujeres y los niños que comenzaron a llegar. “Me levantaba todos los días a prepararle el desayuno a mi marido y a los niños, y luego me ponía a planificar qué les iba a dar de comer a los demás”, relata Lysa.

Durante los primeros días, la familia ocupó la comida que tenían congelada en el freezer para alimentar a los refugiados. Pero cuando las reservas comenzaron a acabarse, y el toque de queda diurno se levantó, Lysa tuvo que incluir en su rutina semanal visitas a la Vega Central para comprar productos como papas y cebollas. “Por un tiempo, cada mañana había alrededor de diez personas nuevas aguardando en nuestro patio”, recuerda Lysa.

Para alimentarlos, Tapani solicitó un envío de carne desde Argentina que llegó por valija diplomática. Su mujer utilizó sus contactos en restoranes y clubes sociales para conseguir comida y artículos de aseo, que durante la Unidad Popular eran difíciles de hallar. Lysa, además, condujo en dos oportunidades a Argentina para abastecer su casa.

Las noches era uno de los momentos más difíciles del día: mientras algunos asilados cantaban temas “de la resistencia”, otros sufrían crisis de ansiedad ante el encierro y la falta de comunicación con sus familiares. En una oportunidad Lysa, quien regularmente usaba su ingenio para zafar de situaciones difíciles, tomó una vieja guitarra y comenzó a entonar canciones suecas para calmarlos. “Ella fue quien mantuvo nuestro hogar en armonía”, asegura Tapani sobre la labor que realizó su mujer. Lysa también organizó, junto a uno de los guardaespaldas del Presidente Allende, a los refugiados en turnos para realizar las tareas del hogar, como pelar papas, lavar la loza después del almuerzo y la comida y limpiar los espacios comunes.

“La decisión de recibirlos fue una disposición natural de nuestra parte. No hubo una conversación en particular sobre el tema”, explica Tapani sobre la labor que emprendieron juntos tras el golpe de Estado. “¡No los podíamos echar a la calle! ¡Estábamos rodeados de tanques! ¡Si abríamos las puertas, les disparaban!”, agrega Lysa.

Gentileza de la familia Brotherus

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Además de organizar la casa y responder a las necesidades de los refugiados, Lysa tenía que ocuparse de Tina y Tomi, cuyos colegios -el Santiago College y Craighouse- estuvieron cerrados durante algunos meses. “En las tardes les enseñaba matemáticas y otras materias para que se mantuvieran ocupados”. Los niños, acostumbrados a convidar a vecinos a bañarse en la piscina, perdieron contacto con sus amigos. No podían invitarlos porque durante las primeras semanas nadie podía enterarse que estaban asilando a personas perseguidas por el régimen liderado por Pinochet. Esta realidad marcó para siempre la vida de Tomi y Tina. La última, inlcuso, dejó Chile ese mismo año para terminar el año escolar. “Los costos emocionales fueron más altos para nuestro hijo que se quedó con nosotros”, reflexiona Tapani.

“No puedo compartir mis extraños recuerdos porque nadie me creería”. Esa es la frase con la que comienza el documental “Diplomacia Secreta”, dirigido por Tomi Brotherus, quien en poco más de una hora relata, desde su perspectiva de niño, la llegada de refugiados a su casa en Vitacura y cómo cambio su vida después del golpe de estado. Desde Helsinki, Tomi, reconoce que sus recuerdos de la época son confusos. Tenía apenas seis años y no entendía el impacto del Golpe en la vida de los chilenos. “Me alegraba tener a tanta gente en la casa con la que podía jugar. Me acuerdo, por ejemplo, que Eduardo Rojas (vicepresidente de la CUT durante la Unidad Popular) me enseñó a hacer el nudo de la corbata”.

Por medidas de seguridad, unos meses después del golpe los hijos del matrimonio partieron a Helsinki a vivir con unos amigos de sus abuelos. “Allí nos obligaron a hablar en finlandés. Nosotros no le contábamos a nadie que en nuestra casa recibimos a refugiados porque pensábamos que nadie nos iba a creer”, dice Tomi. “Extrañábamos mucho Chile”.

Con sus hijos lejos del país, Lysa continuó a cargo de las labores domésticas, mientras que Tapani recorrió cárceles y casas buscando a viejos conocidos que habían sido detenidos, como el actual diputado Jaime Tohá (PS), a quien visitó en secreto cuando cumplía arresto domiciliario tras su liberación de Isla Dawson. A su vez, negociaba con la Junta Militar salvoconductos para que los asilados en su residencia pudieran salir del país. Todo esto bajo la estricta vigilancia del régimen, que en un principio prohibió a las representaciones diplomáticas que no eran latinoamericanas otorgar asilo y donde luego infiltró a delatores. En un principio Brotherus también contravino las órdenes de su país que hasta 1973 no tenía tradición de otorgar asilo. La situación se complicó aún más cuando afuera de la casa de los Brotherus se instalaron militares, lo que hizo imposible sacar a los refugiados para que fueran a otras embajadas.

A fines de septiembre, Tapani Brotherus tuvo que asumir otra misión inesperada: hacerse cargo de la embajada de la República Democrática Alemana que tras el golpe rompió relaciones con Chile. En noviembre de 1973 trasladó a los refugiados que estaban en su residencia -y que sumaban un total de 250 personas- hasta la escuela que la Embajada de la RDA tenía para los hijos de sus funcionarios. Allí posteriormente llegaron otros perseguidos que vieron en este lugar una puerta hacia el exilio: el ex presidente de la Fech, Alejandro Rojas, el secretario regional del Partido Socialista, Carlos Bongcam, y el ex director del Banco Central de Chile, Hugo Fazio, entre otros. Esta nueva sede estaba ubicada frente a un edificio que en uno de sus pisos tenía a agentes de la DINA vigilando todos los movimientos de los Brotherus y los asilados.

En 1976, terminó la misión diplomática y la embajada de Finlandia estuvo cerrada por casi una década. La labor de Tapani no trascendió en los medios de comunicación, ni tampoco le valió un reconocimiento inmediato. Solo en 2001 el Congreso lo condecoró por su desconocida labor heroica durante la dictadura. Y seis años después vivió lo mismo en Finlandia, cuando en una recepción organizada por el gobierno nórdico a la recién electa Presidenta Michelle Bachelet fue ubicado en la mesa más cercana a la Mandataria. Hoy se encuentra en rodaje la serie “Héroes invisibles” -una co-producción chilena (Parox) – finlandesa (Kaiho)- que llevará a la televisión la historia de la familia Brotherus.

Durante cuatro décadas, el diplomático ha mantenido comunicación con las personas que se escondieron en su casa y a quienes ayudaron a escapar.

Tapani comparte unas frases de un emotivo correo electrónico que para el aniversario de los 40 años del Golpe le escribió desde Costa Rica Guillermo Pavez, el primer refugiado que buscó asilo.

“Con un nudo en la garganta te doy las gracias.
Muchísimas gracias.
Y te lo digo en nombre de toda esa gente que pudo continuar con vida”.

Tomi Brotherus | ©24hEnterprises2013 | Gentileza de la familia Brotherus

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