María Ignacia Valdés: “No tengo que pedir que se me respete. Se me respeta y punto”

Reportajes y Entrevistas

María Ignacia Valdés: “No tengo que pedir que se me respete. Se me respeta y punto”

Por Alejandra Villalobos

Hace un par de semanas el nombre de esta publicista de 25 años apareció en varios medios de comunicación. La razón: fue la primera mujer transgénero en recibir su diploma de título con su nombre social. Pero María Ignacia, lejos de sentir que marcó un hito, cree que simplemente fue lo que correspondía. “No entiendo por qué esto es noticia”.

María Ignacia todavía no lo cree. No es que esté emocionada, por el contrario, está impactada. Le cuesta imaginar que en 2018 sea noticia que una mujer trans haya recibido su diploma de título con su nombre social. No se siente especial, ni importante, ni menos marcadora de un precedente. Ella simplemente cree que es lo lógico y lo normal. “Siento que soy igual que el resto de mis compañeros que se titularon, todos pasamos los mismos ramos. Coincidió que yo fuese la primera, pero creo que no es noticia para nada”.

De todas formas tu nombre marcó un hito…

Sí, pero de verdad que yo pensé que me estaban molestando cuando me dijeron que era la primera. ¡¿Cómo lo hicieron las otras personas trans?! No me imagino llamando en la ceremonia de título a alguien con un nombre, pero que físicamente es otra persona. Eso me parece mucho más noticia, que una universidad no permita a una persona trans titularse con su nombre. En ese sentido, mi universidad (UDLA) se portó un siete conmigo, siempre se me llamó por mi nombre, por lo tanto no fue algo que tuve que ‘exigir’.

INFANCIA FELIZ

María Ignacia camina con seguridad. Su metro 75 cm, sus largas piernas y coquetos gestos no pasan inadvertidos, y ella lo sabe. Nacida y criada en Curicó, desde que tiene uso de razón siempre se sintió mujer. “Siempre fui muy femenina y delicada, desde chiquitita. De hecho, cuando les conté a mis papás no fue tema, todo siguió como siempre, porque era algo demasiado evidente”, dice. De su infancia tiene los mejores recuerdos. Se sentía libre, jugaba con lo que quería jugar, tenía sus joyas y sus barbies. Disfrutaba peinando y maquillando a sus compañeras y recuerda que siempre que se miró en el espejo vio una niña. “Mi infancia fue muy feliz, crecí en un hogar en el que siempre me dejaron ser. Y aunque era la persona más distinta de mi colegio, porque era de monjas y muy conservador, siempre he tenido una personalidad muy fuerte que me ayudó a hacerme un lugar”.

¿Nunca sufriste de bullying en el colegio?

Gracias a Dios, nunca. De hecho, me llevaba superbién con mis compañeros y compañeras, obviamente siempre tuve más afinidad con las mujeres, pero me llevaba bien con los hombres y siempre me respetaron. De verdad que no tengo ningún solo recuerdo de alguna palabra fea que me hayan dicho.

¿Cuándo conociste al concepto trans?

Como en primero medio.

¿Y te hizo sentido altiro? ¿Te sentiste identificada?

Sí, absolutamente, es que yo no encajaba en nada. Cuando escuché del concepto me metí a investigar qué era y al tiro dije ‘yo soy trans’. Me pasó que en esa época yo ya tenía cintura, y me encantaba, lo que era ‘raro’ porque todos los chicos querían lo contrario, ensancharse, sacar músculos, y yo no, al revés. Era feliz con mis piernas largas y femeninas, con mi cintura, con mis caderas, con mis glúteos… y claro, antes de llegar al concepto no entendía por qué me gustaba tanto, y me preguntaba cuándo iba a poder ser la mujer que quería ser.

A María Ignacia no le gusta dar fechas exactas de su transición, pero sí dice que cuando llegó el concepto a su vida, pudo vivirla sin problemas y sus papás siempre la apoyaron en todo.

FEMINISTA, NO VOCERA TRANS

El 7 de junio María Ignacia se tituló con distinción máxima de la carrera de Publicidad en la Universidad de Las Américas, logrando un 7 en su tesis, en la que planteó la importancia que tiene la publicidad para la reivindicación de los derechos LGTBI. Eso sí, es clara en decir que no se siente una ‘vocera’ trans. “No me parece que la ‘lucha trans’ sea una causa como tal. El ser trans es una condición y ya, no me parece que se deba pedir respeto o que nos acepten, eso simplemente se debe dar”.

¿Pero cómo lo haces en un país como el nuestro, donde ni siquiera se ha aprobado la ley de identidad de género?

Exigiéndolo y punto. No tengo por qué ‘pedir’ que se me respete, se me tiene que respetar porque soy persona igual que el resto, porque pago impuestos y cuentas, porque trabajo y hago lo mismo que todos, entonces no tengo que pedirle nada a nadie. Si llego a un lugar y a una persona le molesta que yo sea trans, es problema de esa persona. Obviamente me encantaría que existiera una ley de identidad de género para que todas las personas trans pudieran hacer el trámite de cambio de nombre en forma administrativa y no legislativa, o que las leyes para los trans fueran más accesibles, feliz, pero no lo son. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos ponemos a concientizar o exigimos? Yo exijo. No soy profesora de transexualidad, por lo tanto, si estoy con una persona que no le gusta, o no lo entiende, que se vaya; esa es mi postura.

¿Te consideras feminista?

Absolutamente. Esa sí me parece una causa importante, y aquí sí que creo que es necesario concientizar, porque muchas veces las personas no entienden o lo confunden con ‘hembrismo’, y creen que lo que se busca es ser superior al hombre, cuando lo único que se busca es la igualdad de derechos, oportunidades y espacios. Y en ese sentido, el movimiento feminista chileno me representa absolutamente; sus marchas, sus discursos, sus peticiones. Me encanta que las mujeres estemos empoderadas del feminismo.

¿Has sufrido acoso en las calles?

Ahora que me operé las pechugas sentí más el acoso, descaradamente. Hombres que te sacan la lengua, que te dicen cosas obscenas, pero yo me devuelvo y los encaro. Les digo ‘¿tú crees que yo, con mi metro 75 cm te pescaría a ti?’, y no es que me sienta mejor por medir eso, es solo una forma de avergonzarlos. Pero en general no ando con miedo en las calles.

¿Y los piropos te molestan?

Me cargan. No tienen por qué decirme en la calle que soy linda, ni siquiera con respeto. No me interesa, porque yo no ando por la calle diciéndoles a los hombres que son lindos. Si se da algo con un chico en un ambiente privado, perfecto, pero no caminando por la calle.

¿En el mundo laboral te ha tocado alguna mala experiencia?

La verdad es que no. Creo que como te ven, te tratan; aunque no me parezca bien, es así. Y en ese sentido he sido una afortunada porque siempre me han tratado bien, siempre me han respetado, independiente de si se dan cuenta o no que soy trans. Pero es porque voy, hago mi pega y listo, y me valoran por la calidad del trabajo que hago, que es buena, por algo llevo dos años y medio trabajando en la misma agencia (GyT Group SPA).

Te ves muy segura de ti misma

Sí, es que lo soy. Pero que no se confunda con arrogancia. Es que si uno no cree en uno mismo, si uno no confía en sus capacidades, nadie lo va a hacer. Obviamente mi seguridad la he ido ganando a medida que he ido aceptándome, y eso pasa en gran parte por dejar de darle importancia a lo que los demás digan o piensen de uno.

¿Y hoy sientes que lograste eso?

Absolutamente. Mi mayor sueño ya lo cumplí, que es levantarme día a día, mirarme al espejo y amarme. Y no te hablo de lo físico, porque cuando ya pasé la etapa de cómo me quería ver (gracias a Dios me vi bonita altiro, hay que decirlo), empecé a verme a mí misma, y a sentirme orgullosa de lo que soy y de lo que he conseguido con mis propios méritos. Y esa es una de las cosas que más me han costado en la vida, aceptarme y quererme, pero hoy lo logré.

UNIVERSIDAD ALINEADA

El 3 de mayo la Universidad de Las Américas firmó un decreto en que reconoce el nombre social de estudiantes transgénero y María Ignacia Valdés es la primera alumna en titularse con su nombre social y no legal. “La intención de nosotros como universidad es tomar esto con la mayor naturalidad posible, y lo que hicimos fue simplemente reconocer y hacernos cargo de los cambios sociales que estamos viviendo. Al igual que María Ignacia, creemos que esto no debiese ser noticia. Ella se sacó la mugre para obtener la distinción, y que el nombre social se lleve toda la atención es injusto. La UDLA es una universidad inclusiva, que les ofrece a los alumnos una experiencia universitaria de respeto y tolerancia, por lo tanto es nuestro deber dárselo. Esta fue una decisión que se tomó a raíz de una petición que se hizo en marzo, y que intentamos resolver como cualquier otra petición”, dice Paulina Hernández, secretaria general de Universidad de Las Américas.

Seguir leyendo