María Paz Rodríguez: “Diamela Eltit merece el Premio Nacional de Literatura”

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María Paz Rodríguez: “Diamela Eltit merece el Premio Nacional de Literatura”

Por rodrigo miranda / fotografías Rodrigo Chodil / maquillaje Bernardita Cerveró

La escritora María Paz Rodríguez, quien acaba de publicar su libro de cuentos Niñas ricas, habla sobre feminismo y dispara contra la clase alta chilena y la escena literaria local aún marcada por el machismo.

Cada uno de los cuentos de María Paz Rodríguez apela a un elemento de la naturaleza: agua, nieve, fuego, montaña, lago. Esas fuerzas arrasan, incendian y fracturan, siempre asociadas a lo femenino, que tiene un lugar protagónico en su primer libro de cuentos Niñas ricas (Alfaguara). Sus personajes rompen esquemas, se atreven y se saltan las normas. Son mujeres con diferentes historias de vida, oficios y edades que asumen sus crisis: el alejamiento de dos amigas de infancia; Ana que es abandonada por Julia y le cuenta a su abuelo moribundo su historia juntas -el abuelo no puede hablar y le contesta con emoticones ☺ ☹-; una mujer de 43 años que termina en una fiesta de adolescentes durante los grandes incendios del verano 2017; Clara que saca a la luz un caso de abuso, y una familia y un barrio confrontado por Yesenia y Zorka, dos niñas gitanas. Junto con escribir, María Paz tiene otra gran pasión: caminar, pero el suyo es un andar productivo. En medio de caminatas fue que le llegó la inspiración para sus novelas El gran hotel (2011) y Mala madre (2015). Además de estudiar literatura y un magíster en letras hispanoamericanas en la Universidad Católica, es dueña de su propia editorial, Neón, y hace talleres en la librería Catalonia. Hija de la cultura popular, Niñas ricas se nutre de citas a Video loco, Luis Miguel, Madonna, Shakira, Maluma, Massive Attack, PJ Harvey y E.T., que sirven como anclas de memoria. Sus cuentos son una especie de caminatas liberadoras y sin retorno.

¿Podrías definir tus cuentos como feministas?
Estoy tan de acuerdo con el movimiento feminista que ojalá explote todo, como dice Arelis Uribe en su último libro. Actualmente, los textos más interesantes que se están publicando son de mujeres, de autoras, y en todos mis libros existe un cuestionamiento del lugar y el rol de la mujer. Todos mis cuentos son protagonizados por mujeres que toman un riesgo importante y son expulsadas del clan para ser parias. Las niñas ricas no encuentran un lugar en su clase social, que es un contexto muy decadente donde están atrapadas, privadas de libertad, de ser ellas mismas. Me interesa narrar ese encuentro de las niñas de clase alta con la realidad y trabajar los prejuicios. Cada cuento tiene un personaje que viene a desordenar el orden social patriarcal, como el de las dos niñas gitanas. De ahí me cuelgo para tratar de explicar al otro, ese que no conocemos, que imaginamos y genera prejuicios. Todas son personajes que se lanzan al abismo, pero en esa liberación también hay un castigo, no la van a sacar gratis. Siempre me preguntan si escribo libros para mujeres; en realidad, escribo libros, es literatura y chao. Las etiquetas son un sesgo que molestan y no son relevantes.

¿Sientes alguna relación con escritoras chilenas como Arelis Uribe o Paulina Flores, que hablan de mujeres pero de las clases sociales más marginadas?
Mi libro es crítico de la clase alta chilena, la presento como en decadencia. Mi idea es abrir esas estructuras familiares típicas y convencionales y desmitificarlas. Cada uno de los cuentos trata de las fracturas que hay entre madres, padres e hijas y de sus liberaciones. Desde que estalló el movimiento feminista he participado en mesas o paneles junto a Arelis Uribe o Paulina Flores, y cada una desde sus trincheras va tomando este fenómeno y lo va amplificando. Hoy hay más espacio para las mujeres y hay un interés de parte de la industria por publicar y escuchar lo que tienen que decir las escritoras. Se abrió un sello en Planeta solo para mujeres que publicó a Carolina Brown, es un avance grande. Esto se viene fuerte y está recién empezando, no es algo que está de moda y va a pasar, y es gratificante formar parte del fenómeno desde mi pequeña trinchera.

Cinco relatos femeninos indagan en las huellas de las decisiones ajenas sobre sus propias vidas.

¿Una mujer debería ganar este año el Premio Nacional de Literatura?
El Premio Nacional es una vergüenza, es aberrante que haya 45 hombres ganadores y solo cinco mujeres, y que María Luisa Bombal nunca lo recibiera. Creo que este año Diamela Eltit merece el Premio Nacional de Literatura porque su obra es relevante, porque va a perdurar y tiene un sinfín de cualidades literarias, pero además creo que su premio vendría a equilibrar la balanza en términos de género. Hay que nivelar esa balanza, hay una gran deuda con las mujeres escritoras.

Tu cuento Y tuvimos la nieve narra con naturalidad un amor lésbico, tema que hasta hace algunos años parecía invisibilizado en la literatura chilena.
Es un cuento de amor y de un quiebre entre dos mujeres. Estaba leyendo a Sylvia Molloy y Alejandra Pizarnik, ellas fueron mis referentes para ese cuento. El tema es un terreno inexplorado, aunque se está abriendo en los últimos años como en Quiltras, de Arelis Uribe. El amor entre dos hombres está más instalado, pero el lesbianismo tiene poca visibilidad. Hasta en eso esta sociedad es machista. El año pasado estuve leyendo En breve cárcel, de Sylvia Molloy, y fue un detonador muy lúcido para mi cabeza y la escritura de mi libro. Es una novela de 1981 y todavía sigue adelantada a su época, ella es una voz power. En mi cuento trato de hacerle un homenaje a Sylvia Molloy.

En ese relato citas El beso de la mujer araña, libro gay donde el protagonista le narra al otro películas serie B, tal como tu protagonista le cuenta al abuelo moribundo su amor por otra mujer.
La protagonista de mi cuento es la mujer araña también. Trato de no escribir sobre escritores, pero esta es la excepción. Ella es profesora de literatura y su polola es una poeta joven, una estudiante. Julia le habla todo el tiempo de sus cosas, de su proceso, de sus películas, y Ana la va absorbiendo para escribir sobre ella en un ejercicio vampírico. Son opuestas, una es pura razón y la otra fuerza, pulsión y emoción. Hay un espejeo entre las dos como pares opuestos.

En tus cuentos abundan los guiños a la cultura pop como la imagen de los científicos vestidos con trajes blancos de E.T.
Soy superpop. Amo a Beyoncé. Estudio los fenómenos pop porque hay mucha información relevante ahí desde el reguetón, Shakira, Maluma o las películas de mi infancia como E.T. o Los Goonies, que siempre se filtran en mi literatura. Mi generación, la que creció en los 80, está marcada por la televisión y la música pop. Me gusta estar atenta a lo que pasa y me doy el gusto de usar esos referentes. Los uso porque el público entiende perfecto a lo que me refiero. En uno de mis cuentos hay una cita a Chantaje, canción de Shakira con Maluma. Quería que el tema estuviera en el cuento porque Maluma es menor en edad que Shakira, al igual que los personajes.

¿El estallido del movimiento feminista coincidió con la escritura de tu libro?
Estaba editando el libro cuando estalló el mayo feminista y me da mucho orgullo lo que están lo-grando las estudiantes y las mujeres. Mi libro debería ser entendido desde ahí también porque la literatura tiene que generar crisis.

Hasta hace poco en las universidades las estudiantes tenían que soportar frases de sus profesores como “Señorita qué hace con ese escote, ¿usted vino a dar una prueba oral o a que la ordeñen?” o “con los 4 millones que paga al año mejor váyase al mall”.
Esas frases estaban aceptadas cuando yo estudié y para muchos las reivindicaciones feministas todavía son una exageración, como la visibilización del abuso, el acoso y el piropo callejero. En la intimidad, de la boca para dentro, siguen sucediendo estas cosas. El último cuento de mi libro habla del tema del abuso, que va interviniendo de generación a generación dentro de una familia y es callado como un secreto que todos guardan hasta que sale a la luz. Esta revolución feminista viene a cambiar los paradigmas. Me encantan los stand up de Jani Dueñas o Paloma Salas, que se ríen de los estereotipos de belleza que se nos imponen a las mujeres. Me gusta la rebelión de los cuerpos de las mujeres. Se está armando un relato nuevo y más realista sobre el género y lo masculino también tiene que redefinirse. Mi próximo libro va a tratar sobre lo masculino. Ha sido buscado, en mis libros hasta el momento no hay hombres. Estamos viviendo tiempos movidos, y eso está bien.

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