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20 abril, 2017
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María Teresa Ruiz, astrónoma: La abuela estrella

“Que ser mujer nunca sea un obstáculo para hacer lo que quieras”. La frase que le repetía su propia abuela no se le olvidó nunca y llegó a lo más alto de la astronomía. Premiada ahora por L’Oréal y la Unesco con el For Women in Science Award, en París, la científica chilena dice que somos hijos de las estrellas, que los mayores tesoros que ha descubierto son humanos y que con sus nietos entró “en una nueva dimensión”.

Desde París, por Constanza López G.


Paula 1224. Sábado 22 de abril de 2017. Especial Madres.

Número 24 de la calle Saint Victor, a pocas cuadras de La Sorbonne. Nubarrones negros están instalados sobre el enorme edificio neoclásico que alberga la Maison de la Mutualité. Un chaparrón de aquellos está por dejarse caer.
Dentro, en un auditorio enorme de tonos azules, la directora general de la Unesco Irina Bokova y Jean-Paul Agon, CEO de L’Oréal y presidente de la Fundación L’Oréal, saludan a las cinco científicas ganadoras, una por cada continente, de la versión 2017 del For Women in Science Award. La astrónoma María Teresa Ruiz –pantalones negros anchos, túnica beige y negro, zapatos planos– se fotografía junto a ellos.
Los cientos de invitados se ordenan en sus asientos. Afuera ya llueve. Comienza la ceremonia de premiación. Una gran puesta en escena, muy protocolar y emotiva a la vez.
Jean-Paul Agon da la bienvenida: “Ustedes han creado una esperanza, cada una de ustedes construye futuro”, les dice a las ganadoras.  “Nos regalan optimismo en un mundo complejo, un mundo en el que cuesta creer que mañana será un día mejor”.
La chilena es la primera en subir al escenario. Toma el micrófono y, en perfecto inglés, habla de lo suyo durante 10 minutos. La historia del Universo, los planetas y exoplanetas, las enanas blancas, las enanas café, las estrellas, las que nacen y las que mueren.
Después, ya de vuelta en su asiento, a María Teresa Ruiz se le vinieron a la mente todas las cosas por las que había tenido que pasar para llegar hasta aquí.
–Los obstáculos, los sacrificios, las alegrías, la gente que ha estado con uno, fueron pasando por mi cabeza como una película– dice. –Me acordé cuando recién había dejado de amamantar a Camilo, quien tenía 6 meses, y me iba en bus a La Serena al observatorio, con el corazón partido. Pasaba tres semanas arriba, mandando tan solo y muy de vez en cuando mensajes por radio a Fernando (Lund, su marido, también científico) para saber si estaban vivos…

Nace una estrella
María Teresa pasea por Champ de Mars. Hay un sol radiante y un viento que cala los huesos mece los juncos amarillos recién florecidos del parque. “La Cuca”, como la llaman sus cercanos y también sus nietos, se toma unos minutos de descanso. En los dos días previos ha concedido más de 20 entrevistas a medios de todo el mundo. Ha sido la estrella de la semana y la más requerida entre tanta científica de primera línea. Lo ha disfrutado plenamente (“a mí me gusta tanto la gente, me gusta conocer personas nuevas”) y también se ha hecho sus tiempos para arrancarse con su familia a la exposición de Vermeer en el Louvre y a un concierto de música barroca en la Saint Chapelle. Mientras camina por esos senderos de maicillo va deshaciendo en su memoria los pasos que la llevaron a ser la mujer y la profesional  reconocida mundialmente que hoy es.

“No hace mucho vi unas estadísticas de ONU Mujer que indican que a este ritmo, la paridad o la relativa igualdad se lograría como en 250 años… Entonces, habría que acelerar un poquito, digo yo, y ser más estratégicos”.

“No hace mucho vi unas estadísticas de ONU Mujer que indican que a este ritmo, la paridad o la relativa igualdad se lograría como en 250 años… Entonces, habría que acelerar un poquito, digo yo, y ser más estratégicos”.

“A los 14 años, me fui a vivir con mi abuela viuda, Teresa Matthews, quien tenía una crisis de hipertensión y necesitaba compañía”. Era nieta mayor y la más regalona. Fueron años inolvidables para ella en esa casa en Suecia con Providencia de la que iba y volvía caminando al Liceo 7. Dormían siesta juntas, escuchaban las noticias en la radio Nuevo Mundo, paseaban por el barrio, leían El Clarín (“que mi mamá encontraba que era un diario último”) y la revista Ecran. “Mi abuela era la mejor cocinera que he conocido. En el Mercado de Providencia compraba las frutas y los pescados para mí. Y me cocinaba una especie de volcán de corvina tibia, desmenuzada, con mantequilla dentro y un poquito de perejil… –recuerda y parece que se le hace agua la boca–. Yo nunca he vuelto a comer nada más rico”. Esa abuela de raíces escocesas, inteligente, culta, rebelde y adelantada a sus tiempos, “un alma libre”, resultó clave para ella. Definitoria.

“La Telle fue la persona que me quiso incondicionalmente. La gente te quiere porque eres buena persona, buena hermana, porque haces la cama, qué sé yo. La Telle no, era incondicional. Si descubría que yo había matado a 20 personas, daba con una súper buena razón para que yo lo hubiera hecho”.

Ese es un nido de seguridad y de certezas para toda la vida.
Exacto, y me han acompañado siempre. Pero la convicción más importante que me dejó fue una frase que repetía una y otra vez: “Que ser mujer nunca sea un obstáculo para hacer lo que quieras”.
María Teresa Ruiz se lo creyó.

Entró a estudiar Ingeniería Química en la Universidad de Chile pero muy luego se cambió a Astronomía después de una práctica en el Tololo que se inició con una semana de capacitación en el cerro Calán, “una pincelada de astronomía”.  Dice que la primera vez que miró el cielo de noche y fue capaz de identificar la vía láctea, sintió como un flechazo. Inesperado, sorpresivo, ineludible. “Si me dan mis talentos, a esto me quiero dedicar toda mi vida”, pensó.

Tienes 70 años. ¿Ese flechazo, los motivos que te llevaron a la astronomía, siguen en pie?
Sí, porque este es un tema en el que entre más sabes, más te queda por aprender, más se expande, aparecen nuevas preguntas, siempre sorprendentes. Del asombro surge la creatividad y la creatividad es el origen de la inteligencia humana. La astronomía, además, tiene un carácter especial porque reúne de manera extraordinaria lo que es típico de la ciencia con las preguntas sobre la trascendencia, de dónde venimos y cuál es el lugar que ocupamos en el Universo. Preguntas que se han hecho los hombres en todas las épocas y en todas las civilizaciones.
“Después de tantos años yo siento una empatía profunda con el Universo, me doy cuenta de que soy parte de eso, que mis antepasados son las estrellas; sí, somos hijos de las estrellas. El carbón, el calcio, el fierro, el agua, todo lo que tenemos en nuestro cuerpo fue fabricado por una estrella en su corazón gracias a una reacción nuclear, mucho antes de que existiera el sol. Los seres humanos, la vida consciente, es lejos la cosa más rara y compleja que ha creado el Universo. ¿Cómo no va a ser fascinante?”.

¿Cuánto ha moldeado tu carácter la astronomía?
Yo creo que harto. Por un lado, el hecho de conocer el Universo y su vastedad te da una perspectiva que ayuda a sobrellevar los baches que uno encuentra en la vida. La calamina está ahí, pero la perspectiva que te da saber que somos parte de esta cosa tan maravillosa, tan grande y tan llena de misterios por descubrir, solo pueden producirte alegría de estar vivo.

Y al revés: ¿qué rasgo de tu carácter ha sido más útil para tu profesión?
Mi convencimiento de que en la vida uno no llega a ningún lado si no es con el apoyo de otros. Eso, que parece una trivialidad, que parece de libro de autoayuda, no lo es. Es fundamental saber pedir ayuda.

“Después de tantos años yo siento una empatía profunda con el Universo, me doy cuenta de que soy parte de eso, que mis antepasados son las estrellas; sí, somos hijos de las estrellas. El carbón, el calcio, el fierro, el agua, todo lo que tenemos en nuestro cuerpo fue fabricado por una estrella en su corazón gracias a una reacción nuclear, mucho antes de que existiera el sol”.

¿Esa conciencia permanente de lo infinitesimales que somos en el Universo no tendrá que ver con otro rasgo de tu carácter, esa cosa quitada de bulla, piolita? Cuando viste la gigantografía con tu cara en el aeropuerto de París, ese enorme cartel colgando del techo que celebraba tu premio, lo que te produjo fue más bien pudor…
Uno no es nada, claro –se ríe con vergüenza, mientras posa para las fotos de esta entrevista con la Torre Eiffel de fondo–. Pero al mismo tiempo tiene que ver con que creo que cada persona es como un milagro; es un universo entero. Encuentro que esa gente que anda poniéndose por encima de los demás es simplemente una lata, porque no se da cuenta de la maravilla que es descubrir a otros seres. No sabe lo que se pierde, además. Los mejores tesoros que yo he descubierto no están en el espacio, son tesoros humanos, gente que no te dice nada por fuera. Además, la ciencia en general requiere de humildad, porque esa es la actitud necesaria para poder aprender y estar abierto a descubrir cosas nuevas. El científico que cree que se las sabe todas, no mueve la aguja del conocimiento.

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María Teresa Ruiz ha llegado todo lo alto imaginable en su carrera de astrónoma. Hizo su máster y su doctorado en Princeton y su postdoctorado en el observatorio de Trieste en Italia, y desde 1979 es académica de la Chile. También ha sido pionera muchas veces. Fue la primera egresada de la Licenciatura en Astronomía de la Universidad de Chile (“incluso mi mamá me decía que buscara una carrera más femenina”), la primera mujer en entrar al doctorado de Astrofísica de Princeton, la primera en obtener el Premio Nacional de Ciencias Exactas (1997) y la primera en presidir (elegida por unanimidad) no solo la Academia Chilena de Ciencias, sino una academia del Instituto de Chile.

Princeton, principios de los 70, única mujer. ¿Cómo te trataban los compañeros hombres?
Eran un encanto, y me convidaban felices a tomar una cerveza en las tardes, pero nadie quería estudiar conmigo ni me incorporaban en sus grupos de trabajo. Al principio pensé que era debido a mi mal inglés o mi origen latino, pero al segundo año ya hablaba bien y llegó una estudiante americana, y tampoco la inflaban. Así es que al poco tiempo, dejé de preocuparme, pues me convencí de que el problema era de ellos y no mío.

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Esta semana aquí en París has tenido reuniones de mentoría con científicas jóvenes de todo el mundo. ¿Es más fácil el camino de la ciencia ahora para ellas?
Fíjate que lo más extraordinario de esos encuentros ha sido darse cuenta de que las trabas que ellas tienen que enfrentar son más o menos las mismas. Hay menos discriminación hacia las mujeres científicas pero el momento de tener hijos coincide exactamente con la etapa profesional en que tienes que estar investigando y publicando con todo.  Ahora, esos obstáculos nos hacen más resilientes. Para mí el sentido más grande que tiene este premio es hacer visible el aporte de las mujeres a la ciencia. Lo importante es que las chicas jóvenes que lo ven en la tele o en la redes sociales, sepan que hay una mujer a la que le fue bien haciendo ciencia y que lo ha pasado muy bien en la vida además.

¿Ha mejorado poco la situación de la mujer entonces?
No, ha mejorado mucho. El problema es la velocidad de los cambios. No hace mucho vi unas estadísticas de ONU Mujer que indican que a este ritmo, la paridad o la relativa igualdad se lograría como en 250 años… Entonces, habría que acelerar un poquito, digo, yo, y ser más estratégicos. Como en Noruega, que hace muchos años que se dieron cuenta de que nunca progresarían basados solo en sus recursos naturales y en la fuerza de trabajo masculina. Que no podían darse el lujo de dejar al 50% de la población dedicada exclusivamente a cuidar a los niños. Entonces, crearon una red fantástica de salas cuna y las mujeres pudieron salir a trabajar tranquilas. Mi marido y yo también siempre contamos con la sala cuna de la Universidad de Chile, Camilo iba y volvía con nosotros cada día y pudimos trabajar, investigar, publicar, etcétera, sabiendo que la guagua estaba bien cuidada y cerca nuestro.

Su propio big bang
Santiago y Dominga Lund, tres años y uno y medio respectivamente, llegan a la casa de su abuela en Santiago para sacarse una foto con ella. Se abrazan y apretujan mutuamente. Los niños abren los regalos que les trajeron y se instalan en la salita de juegos que sus abuelos les acomodaron. Ellos sí que fueron un big bang en la vida de María Teresa. “Yo gocé a mi hijo, pero cuando creció como que se me olvidaron los niños. Al nacer mis nietos, se me abrió nuevamente esa compuerta y hoy son, por lejos, el mejor panorama que me puedes ofrecer”. Ese amor incondicional de su propia abuela, ahora lo vive con Santiago, Dominga y su nueva nieta, que nacerá en agosto. “Entramos en una nueva dimensión”.

 –Fernando y tú llevan 38 años juntos. ¿Cuáles dirías tú que han sido las claves de tu matrimonio?
–La crianza compartida fue una, por supuesto. Una segunda, que fue posible en parte gracias a la primera, es que por trabajo hemos viajado mucho cada uno por su cuenta, así nos hemos dado espacios de soledad respecto del otro. Fernando salía por tres semanas y yo me quedaba con Camilo; luego yo partía a observar y él cuidaba al niño. Otra: yo no quiero saberlo todo de él, respeto su espacio de independencia, la información ocupa demasiado espacio en la cabeza además– se ríe. Por último, los dos somos súper despistados con la plata. Lo que llega va a una cuenta común y nunca nos hemos andado revisando los gastos mutuamente.

“Creo que la falta de difusión ha sido una de las causas de que la ciencia se haya mantenido tan alejada de la gente, arrinconada. Para comenzar, se habla de intelectuales y de científicos como si los científicos no usáramos la cabeza para trabajar. La ciencia es tan parte de la cultura como el arte”.

¿Te has llevado muy bien con el paso del tiempo? ¿Cuáles son las bondades de la edad?
Bueno, yo creo que uno ha acumulado algo de sabiduría y ya no hay nada que ganarle a nadie, por tanto hablas y actúas con mucho mayores grados de libertad. Comienzas a tener una mayor comprensión del otro y eso te ayuda a ser más tolerante, a valorar lo que de verdad vale, que es el cariño. No hay nada mejor que sentirse arropada por el cariño de la gente. En paralelo, eres capaz de ser feliz sucedáneamente, con la felicidad de los demás. ¡Así optimizas la felicidad!

¿Cómo te relacionas con la trascendencia? ¿La otra vida?
Yo creo que Dios se busca de la piel hacia adentro. Nadie sabe cómo se produjo en verdad el big bang, tampoco nadie sabe cómo surge la vida. La transición entre lo inanimado y lo animado es algo que no se ha podido reproducir nunca.  Es un misterio que se me escap

For Women in Science
Hace 19 años que la Fundación L’Oréal y la Unesco crearon este premio que busca destacar y apoyar a las científicas en todo el mundo. Es por ello que en cada edición se premia a una mujer por continente. Cada una recibe 100 mil euros en reconocimiento a su aporte al conocimiento.

María Teresa Ruiz obtuvo esta distinción por su investigación sobre estrellas de baja luminosidad en la vecindad del Sol. En particular se destaca su trabajo sobre Enanas Blancas Frías, cadáveres de estrellas como nuestro Sol, a las cuales se les ha agotado su combustible nuclear y que son como una roca del tamaño de la Tierra que se enfría lentamente (las más frías, menos luminosas, sirven para determinar la edad de la galaxia). En este estudio también encontró una de las primeras Enanas Café, que bautizó Kelu, la cual viaja libremente por el espacio. Las Enanas Café son como planetas gigantes (sin reacciones nucleares en su interior como las estrellas). En la actualidad María Teresa estudia la formación de Enanas Café usando Alma y busca a sus hermanos menores que son los exoplanetas (planetas orbitando otras estrellas), usando los telescopios de La Silla, Paranal, Gemini y Las Campanas.

Además de esas cinco elegidas, profesionales que ya tienen una trayectoria a sus espaldas, For Women in Science destaca y visibiliza cada año a 20 jóvenes científicas y también se les entrega un aporte económico para impulsar su desarrollo profesional.

 

Exclusivo Paula.cl: imágenes de libro Hijos de las estrellas (Penguim Random House) de María Teresa Ruiz . Una edición revisada y con nuevas imágenes.

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