Mariana Loyola: “Lo de ser mujer y sentir miedo es real”

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Mariana Loyola: “Lo de ser mujer y sentir miedo es real”

Por Ignacio Tobar / Fotografía: Nacho Rojas / Producción: Andrés Fernández / Maquillaje: Yani Urbina

La actriz habla por primera vez del trasplante hepático de Álvaro Henríquez, su expareja y padre de su hija de 16 años. “Para ella ha sido súper duro, aunque es muy resiliente. Es madura y sabe quién es su papá. Tiene muy buena relación con él. Además yo me he preocupado con tres cojones de armarla muy bien”, dice la intérprete que por estos días graba la cinta Ema junto a Gael García. “Me gustan los actores como él: sencillos, superpolíticos y que se mojan el culo”, afirma. Desde su bandera feminista flameando, Mariana Loyola está decidida a vencer todos sus temores: “Me atrevo a decir cosas que no muchos dicen”.

“Hay una justiciera dentro de mí. Una justiciera feminista”, declara Mariana Loyola. Y sonríe.
Su simpatía no se desvanece ni cuando se sumerge en los temas que más le indignan, como la carencia de una ley de aborto universal, la disparidad de sueldos entre hombres y mujeres, y el acoso.

Su carisma en pantalla se trasladó a la vida real y la han tentado para comenzar una carrera en el Congreso. Pero ella se resiste. Prefiere el cine: su gran amor artístico. “Me gusta actuar, poh”, resume.

Hoy está en muchas batallas. La más importante, la última, fue armar emocionalmente a su hija Olivia, de 16 años, para enfrentar el trasplante de hígado de su famoso padre. Álvaro Henríquez, su expareja y líder de Los Tres, fue trasplantado el 1 de mayo pasado tras convertirse en el paciente más grave del país a causa de su prolongado alcoholismo.

“Fue heavy”, dice Loyola con esa poderosa naturalidad que tantos pergaminos le vale entre sus colegas.
Unos minutos atrás Mariana estacionó su camioneta en el Starbucks de La Reina, la comuna donde vive con la familia que armó con el fotógrafo Rodrigo Pardow, su marido.

Tiene 60 minutos exactos para conversar, dice, pues hay prioridades. En una hora se va rauda a buscar a su hija porque prefiere que no ande en micro. “Las mujeres vivimos con miedo, ¿tú vives con miedo? No. ¿Tú sabes lo que es andar en micro sentada en la fila de adelante con el bolsito acá?”, pregunta y se enrolla en la silla.
Por eso le gustan los viajes a países que nos llevan ventaja. Donde se puede andar libre a las 3 de la mañana, sin miedo y en el estado que sea.

Y pensar justo ahora en esas latitudes desarrolladas, mientras prueba su latte con leche de coco, le da rabia. “Me molesta porque estamos tan atrasados. Piensa que esta comuna se está armando por sugerencia del alcalde (José Manuel Palacios). Qué rabia. Pese a todo creo que estamos evolucionando. Por eso hay que ser progresista, proactivo y feminista. El futuro es feminista”, vaticina.

A los 43 años -aunque en broma pide que no se lo recuerden- es un referente del feminismo y está enfrentada a todos sus miedos. A la muerte, a asumir que su hija empiece a andar sola, a que carretee. No les teme a los directores machistas, ni a quienes se oponen a una ley de aborto, a los pinochetistas, a la culpa. Incluso se atreve a abordar algo de su vida privada, pese a ser extremadamente recelosa de lo que pasa en su casa. “Me da miedo ventilar la intimidat”, bromea cambiando la ‘d’ por una ‘t’. Pero lo dice en serio.

“Lo de ser mujer y sentir miedo es real. Por eso el feminismo es enfrentarse a todos los miedos. He estado pensando que con la muerte de mi mamá -21 años atrás- me pasaron dos cosas. Una, es que aparece el miedo aterrador a la muerte y, por otro lado, emerge esa libertad que te provoca tener conciencia de que la vida se acaba, que se acaba ya. Y asumes el carpe diem y tal, pero tienes que ser consecuente. Yo me atrevo a decir cosas que no mucha gente se atreve, entonces me pasa la cuenta. Pero es inevitable, porque hay una justiciera en mí”, recalca.
La actriz dice en que este 2018, de pronto, se apareció Pinochet otra vez. “Debe ser porque se cumplieron 45 años del Golpe. O la derecha efectivamente hizo un pacto con Kast, no sé. Pero los pinochetistas están desatados. No solo la Paty Maldonado en televisión ni el diputado Urrutia en el Congreso; mucha gente en Twitter se declara pinochetista 100%. A mí no me gustan los pinochetistas, no por un problema político, por un problema ético”, afirma.

Te tiran hartos misiles por Twitter
¿Los pinochetistas? sí. Pero los silencio, ni los bloqueo. Lo aprendí de quienes tienen familiares ejecutados o detenidos desaparecidos. Ellos con todo su dolor defienden los derechos humanos y están llenos de amor.

Eso va en línea con algo que dijiste hace un tiempo: “No haré más cosas que no me gustan”.
Pero eso tiene que ver más con la pega, a veces no me resulta mucho, porque es difícil vivir. Por eso tengo mi pyme (Amma Ghee, emprendimiento gourmet que se obtiene de la purificación de la mantequilla sin sal). En un minuto me cabrié de las teleseries. La pyme paga las deudas. Las cuentas más que las deudas. Tengo una casa y un auto. Tengo superbuén vivir, no digo que no, pero no me armé un estilo de vida así guau. Solo me encanta viajar.

¿Por qué a los actores de izquierda les enrostran sus bienes?
Porque hay muy mala educación cívica en este país. Se cree que los que pensamos como socialdemócratas somos comunistas, somos ‘zurdos’. Además ¿qué actor es de derecha?

Luciano Cruz-Coke…
Pero es que casi no hay. Ya, uno o dos. Creo que la sensibilidad artística en general es más de izquierda porque estamos más cerca de la realidad.

¿La derecha es una burbuja?
Es que se van cada vez más arriba a los cerros. Y ahora con pistolas en las casas, como quiere el alcalde de esta comuna. Yo he puesto carteles que dicen “no tengo armas”, porque no tengo. No tengo nada. Tengo una tele.

Y aquí vas a decir el cliché de los actores: no veo tele.
Jajajá, es que no veo, poh. Veo Netflix, no teleseries.

Eso es como un escritor que no lee libros.
Yo no hago solo teleseries. Además las teleseries en Chile no son tan buenas. Pero son mejorables.

¿Tu hija tampoco ve tele?
No, no tiene permiso, jajajá. Pero ve Friends. Yo tengo los horarios bien restringidos en mi casa. La Oli cuando era chica… qué atroz soy, jajajá… filo, como hasta los 12 no podía ver tele en la semana.

¿Qué beneficios le trajo?
Pregúntale a cualquier amigo mío cómo es la Olivia, se me pone el pecho de paloma. Yo me crié en un matriarcado, mi mamá era superexigente, era profesora. Mi papá trabajaba en distintas ciudades e iba a la casa fin de semana por medio. Ella fue muy mamá, pero exigente. Mis amigos la amaban y yo decía por qué, si es tan paca. Me acuerdo que tipo 20 de febrero teníamos que empezar a hacer tareas con mis hermanos.

¡Qué latera!
Súper, jajajá. Pero era lo máximo. Pregúntale a la Javiera Contador por ella, que era mi compañera de Teatro en la UC. Mi mamá fue mi fan número uno, extraordinaria, nos hacía hasta el vestuario. La amo y la extraño todos los días.

¿Eres igual a ella?
Más relajada. Me encantaría que la Olivia leyera más, por ejemplo. Como la Micaela, que es la hija de Rodrigo (su marido), que está los fines de semana con nosotros. Pero la Oli juega hockey, es alta como su padre, y tiene una inteligencia social de alto impacto.

Eso es tuyo.
Sí, pero de Rodrigo también. Rodrigo la crió desde que tenía 2 años y medio y ya tiene 16 y medio.

¿Rodrigo ha sido más papá que Álvaro en ese sentido?
Rodrigo ha sido el papá cotidiano, del día a día. Porque finalmente cuando tú te separas tienes un régimen que es fin de semana por medio. Y el papá de la Oli tiene unos horarios peor que los míos.

¿Cómo es la relación de Olivia y Álvaro?
Buena. Pese al terremoto que fue su trasplante. Tiene altos y bajos por la condición de Álvaro. Este año iba bien hasta que se desmoronó de nuevo. A la Oli le gusta estar con su papá, es una relación madura, mi hija es una niña resiliente en ese sentido. Ella es muy madura y yo me he preocupado con tres cojones de armarla muy bien. Creo que mi educación, y Rodrigo ha aportado mucho en eso también, ha sido sostenerla sobre todo en este proceso, darle herramientas para que ella pueda manejar esta situación dentro y fuera de la casa, porque ha sido complejo y público. Ella quiere muchísimo a su papá.

Casi se muere Álvaro Henríquez.
Yo me alegro que esté bien, que haya salido de esta, que se haya salvado. Estoy contenta, es el papá de mi hija, lo va a ser toda su vida y si él está sano para todos es mejor. Además creo que su caso nos recuerda que tenemos que ser donantes, porque se pueden salvar vidas. Álvaro además es un tipo tremendamente talentoso, que tiene mucha música que entregar todavía. Y queremos ser testigos de eso.

¿Es complicado para Olivia que sus papás sean famosos?
No. Yo me considero conocida pero no un personaje público. No me desenvuelvo en la vida como tal. Ando de buzo, mis amigas son las mismas, no ha cambiado mi vida por salir en la tele.

¿Cómo ha sido Álvaro como papá?
Ha sido un papá músico. Un papá más desde lo intelectual, creo yo. En lo cotidiano ha sido más papá Rodrigo, repito.

Te complica que te pregunten mucho por él.
Sí, porque es el papá de mi hija y vamos a estar ligados siempre. No me gusta exponer a mi hija, no lo hago. Soy cuidadosa con eso. Entonces en ese sentido no le respondería a nadie la intimidad de la relación que puedo o no tener con su papá. Lo del trasplante ha sido doloroso, nos hemos preocupado yo y Rodrigo de sostener a la Olivia y de que ella afronte esta realidad que ha sido superfuerte. Pero ella está bien parada.

¿Tu quiebre con Álvaro Henríquez se produjo en parte por su abuso del alcohol?
Por supuesto que sí, y fue doloroso.

¿Te da miedo que la Oli carretee?
Ella es muy madura, sabe quién es su familia, sabe quién es su papá. Ella es supercontrolada y deportista. Nos gusta viajar y caminar, somos una familia supersana.

Te cambio de tema…
Uf, ya, mejor. Suficiente ‘intimidat’.

¿Qué te pareció que el presidente Piñera le cortara un mechón de pelo a la intendenta Rubilar?
Im-pac-tan-te. Atroz, me sigue impresionando este señor. ¿Viste lo de las naranjas falsas en La Moneda? Es típico de este gobierno: aparentar y poco contenido.

¿Te sentarías en una mesa con Patricia Maldonado?
No creo. Ella tiene una cosa muy iracunda, las dos veces que fui al matinal pedí que no estuviera. Y no porque yo compita con ella, no quiero violentarla, lo que pasa es que no me da el cuero, no podría mirarla a los ojos. Es una mujer que tiene un corvo colgado al cuello, y dice cosas feroces. Que lo diga en su casa pero no en la tele. Qué pasa con los editores de los matinales. Ya, y sé que aquí van a decir si pienso que en Venezuela hay una dictadura. Y yo digo sí, Venezuela, Cuba y Nicaragua, las tres son dictaduras. Y China también, pero con China no se meten porque tienen el poder económico. Hay doble estándar en la derecha y la izquierda. Por eso me gustan las nuevas miradas como el Frente Amplio o mucha gente atinada de Evópoli.

¿Te cae bien alguien de la derecha dura?
No. Pero me pasa con Lavín, y como que me carga que me pase, jajajá, que lo encuentro tierno, como bueno, tiene buenas intenciones. Ojalá fuera un poquito más abierto de mente.

¿Vas a ser candidata al Congreso?
No quiero, quiero actuar, quiero hacer películas.

Como Ema, la película de Pablo Larraín que estás rodando en Valparaíso con Gael García.
Sí. Gael es tela, es lo máximo. Es igual que Ricardo Darín (trabajó con él en El baile de la Victoria). Los dos son piola, sencillos, cero divos. Demasiado normales y superpolíticos. Me gustan los actores así, que se mojan el culo.

Otro giro temático: ¿cuál es la peor actitud machista?
Esa sensación de superioridad. Soy hombre, entonces te toco la cintura al darte un beso, te puedo agarrar el culo. En el mundo de la actuación es heavy, es asquerosito.

Por eso armaron el colectivo feminista Red de Actrices Chilenas (Rach).
Tenemos cuatro ejes: libertades reproductivas, acoso, igualdad de sueldo y cosificación de la mujer. Esa es nuestra agenda, yo soy la vocera. Por ejemplo, del aborto te puedo hablar desde un punto de vista super-polite y decir que es un tema de salud pública. Pero también desde lo visceral te puedo decir que es nuestro ‘fucking’ derecho. Dejen de joder, es mi cuerpo y hago lo que quiero con mi cuerpo. Lo que pasa es que ese discurso no sirve en un país conservador como Chile. Es un tema urgente, se mueren 800 o más mujeres al año y hay mucha hipocresía, porque si tienes plata, abortas.

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