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5 diciembre, 2017
orla

Media hora de verdades con Jill Abramson

Casi todos los artículos que se han publicado de ella la tildan de ser un plomo: una mujer dura, poco amigable, corta de genio, de pocas palabras y, por lo mismo, muy difícil de entrevistar. Pero de paso en Santiago, donde este martes dictó una conferencia invitada por la Cátedra Mujeres y Medios UDP, la periodista y escritora estadounidense Jill Abramson (63), quien en 2011 se convirtió en la primera mujer en llegar a dirigir The New York Times, se sienta a conversar 30 minutos con Paula.cl, a pies descalzos, en la terraza del hotel Sheraton, acerca de sus buenos y malos momentos a la cabeza de uno de los diarios más influyentes del mundo. Cuenta detalles de su despido y confiesa por qué nunca más en su vida quiere dirigir un diario.


Por Pilar Navarrete / Fotografía: Alejandro Araya.

Paula.cl

Muchos periodistas te preguntan acerca de los momentos duros tras tu salida del The New York Times, de donde fuiste despedida en 2014. ¿Pero qué grandes recuerdos atesoras de tu paso por el Times?
Ahhh… Hay muchos. Mi background lo hice como periodista investigativa. Estuve involucrada en muchos proyectos de reportajes que tuvieron gran impacto en su momento desde una historia acerca de la renuncia del gobernador de Nueva York (Eliot Spitzer, quien en marzo de 2008 dejó su cargo luego de que The New York Times revelara que era investigado por el FBI como cliente de una red de prostitutas que cobraba hasta 5.500 dólares por hora). Yo fui la persona que apretó el botón para que esa historia fuera publicada. También investigamos sobre corrupción en las familias de líderes chinos. La idea de que un diario estadounidense pudiera hacer investigaciones en China fue increíble. Eso demostraba que era un diario global. Hicimos una serie acerca de la economía de Apple que demostró que fabricaban todos sus productos fuera del país y que creaban muy pocos trabajos en Estados Unidos y luego de que lo publicamos repentinamente empezaron a manufacturar algunos de sus productos al interior del país. Todas eran historias que cambiaban la sociedad y la vida de la gente. Muchas fueron muy significativas. El día en que publicamos cada una de ellas son los mejores recuerdos que tengo.

¿Y fuera de las historias periodísticas?
Haber ayudado a muchas mujeres jóvenes al interior del The New York Times a encaminar sus carreras. Yo fui quien apostó por Jodi Kantor, la reportera que acaba de sacar a la luz la historia de (abusos sexuales de los que se acusa al productor) Harvey Weinstein, a quien estuvo investigando por cerca de un año. Ella fue alguien a quien puse en la mira porque era una reportera de arte y fui yo quien la puso en las noticias de actualidad y celebré su trabajo escribiendo en historias de género. Eso fue muy significativo para ella. La mitad de los altos puestos en la sala de redacción pasaron a ser utilizados por mujeres durante mi primer año en la dirección del The New York Times.

¿Y por qué?
¡Porque eran grandes reporteras! Y todo el mundo en la sala de redacción sabía que ellas eran geniales.

¿Pero cuál fue la diferencia entre lo que ocurría antes de que tú llegaras a la dirección? ¿Por qué antes no las habían nombrado?
Yo solo tomé la decisión de que ellas iban a estar en las jefaturas. Yo no escondí el hecho de que yo quería a más mujeres en cargos de liderazgo. Y no fue difícil encontrar a mujeres fabulosas y muy bien calificadas. De hecho, muchas de ellas estaban atrasadas en llegar a estos cargos. Deberían haber sido puestas en ellos mucho antes de que yo lo decidiera.

¿Crees que hay una diferencia entre el modo en que las mujeres realizan periodismo de investigación a como lo hacen los hombres? ¿Son diferentes las destrezas que tienen las mujeres a la hora de reportear?
No. No lo creo. Yo nunca vi una gran diferencia. Creo que el peligro en el periodismo por lo general, y por lo cual creo que la diversidad de género y la diversidad racial es muy importante, es porque si no quieres tener editores y reporteros que piensen todos de la misma manera, tomando el menú de noticias que salen en los diarios, debes asegurar esa diversidad. De lo contrario tienes una sola voz.

¿Soñaste alguna vez con llegar a ser directora del diario?
No. Nunca. Yo lo único que siempre quise hacer fue cazar buenas historias. Y, para ser honesta contigo, ahora que estoy escribiendo un libro donde tengo que hacer mucho reporteo e investigación, estoy tan pero tan feliz. Esto es lo que amo hacer. Administrar un equipo de gente no es lo que me gusta y, siendo honesta, tampoco era mi fortaleza.

¿Extrañabas reportear?
Sí, mucho. Y siempre que estuve en el cargo traté de alejarme aunque fuera un par de semanas de mis funciones para escribir algo grande yo misma.

¿Cómo lo hacías para llegar a esas historias?
Haciendo mucha investigación. Ahora con internet, puedo pasar todo el día buscando y buscando y buscando. Y por alguna razón siempre conocí a mucha gente y siempre tuve una gran red de conocidos. Siempre conocí a alguien que me ayudó a llegar a alguien que podría estar abierto a hablar acerca de una historia.

Cuando supiste que ibas a ser directora del The New York Times, ¿cuál fue tu plan? ¿Cuál era tu sueño o proyecto? ¿Hacia dónde querías conducir el diario? ¿Qué sello le querías imprimir?
Yo quería hacer el mejor “accountability journalism” (término que en Estados Unidos se utiliza para definir un nuevo estándar de periodismo, definido por el fast checking de datos y periodismo investigativo que utiliza un lenguaje cercano que enganche a los lectores) que el Times hubiese hecho hasta el momento. Dejar en claro que esa iba a ser mi prioridad. Yo iba a los fashion shows, no es que no fuera, porque estaba interesada en la moda, pero nadie tenía duda de que mientras eso sucedía nosotros estábamos haciendo investigaciones profundas acerca de instituciones y personas poderosas.

Una cosa es añorar que existan estas grandes investigaciones, bien reportadas, bien escritas. Pero la gran pregunta es: ¿la gente espera este tipo de historias? ¿Van a leerlas? En muchas entrevistas tú defiendes este tipo de historias, pero ¿crees que la gente común y corriente aprecia este tipo de historias?
No. Y creo que eso es un gran problema. Que no se está haciendo suficiente trabajo y no muchas de esas grandes investigaciones están enfocadas en historias que finalmente vayan a repercutir en la vida de las personas. Porque creo que eso es lo que hace a la gente tener ganas de leer. Hay un libro que se publicó en Estados Unidos el año pasado llamado Evicted (Desalojados) que se trataba sobre la prevalencia, especialmente de mujeres de raza negra, que son desalojadas de sus casas (por deuda habitacional). Tenía una gran narrativa. Estaba muy bien escrito porque lograbas involucrarte con los personajes, pero lo más clave para mí era que su argumento era muy fresco: que para las mujeres negras sufrir el desalojo de sus casas era el corolario para que los hombres de raza negra terminaran en prisión. Era la misma injusticia. Creo que ese tipo de historias captura la atención de la gente promedio. Pero el escándalo de Rusia no, porque no afecta a la gente. La gente no puede ver la conexión directa con sus vidas, aunque esa relación directa sí existe, porque las políticas de nuestro país están siendo erosionadas o contaminadas por el gobierno de otro país y eso afecta la democracia. Entonces sí afecta sus vidas, pero no en una forma que puedan percibirlo.

¿Crees que dentro de los diarios los editores se dan cuenta de esta distancia entre los temas y sus lectores?
Creo que tienen la idea de que esto sucede, pero ¿sabes..? la forma en que el periodismo funciona muy seguido es como una mentalidad muy cuadrada. Entonces si una o dos historias son las más competitivas, es como un juego de niños donde se pelean por el mismo juguete. No se mantienen en sus puestos, sino que todos quieren estar en el lugar del ganador. Entonces después de que aparece una historia muy potente, todo el resto de los medios anda detrás de la misma historia e ignoran otras que están pasando igual o más interesantes.

¿Cuál crees que es la verdadera competencia para los diarios? ¿Los otros diarios o Netflix?
Debieran ser sus pares, pero la mentalidad de los diarios sigue estando enfocado en lo que el Times piensa del Washington Post y viceversa.

En muchas entrevistas dices abiertamente que defiendes las buenas historias. ¿Qué es para ti una buena historia?
A mí me gustan las historias largas y profundas, que tienen buenos personajes, que puedes conectarte con ellos e interesarte en ellos, una historia que tiene cierta tensión narrativa, donde el titular no te lo cuenta todo. A mí me gustan las historias donde no sabes cómo van a terminar las cosas.

¿Fue difícil desconectarte del diario tras tu salida?
Para mí fue dramático en un comienzo. Quiero decir, no era que yo quisiera ser despedida por el Times. Yo estaba avergonzada de haber sido despedida y he sido siempre muy abierta en decir que tuve algunos problemas con las personas que estaban arriba mío en el diario, quienes criticaron mi modo de dirigir o lo que quiera que eso signifique. Eso fue difícil. Tuve paparazzis parados afuera de la puerta de mi edificio que me seguían por todos lados cuando salía a pasear a mi perro. Cosas de ese estilo. Pero eso pasó después de un par de semanas.

¿Qué hiciste para salir de ese estado?
¿Qué hice? Sabes, me dije a mí misma “Jill, simplemente, haz la pega”. Así que hice una gran investigación que terminé publicando en una publicación local de Nueva York acerca de los atropellos. Yo fui atropellada en Times Square en 2007 y casi morí. Y mi historia era acerca de la prevalencia de los accidentes donde los peatones eran heridos o muertos y el hecho de que nunca nada les pasara a los conductores. Así que investigué acerca de eso. Y así volví a estar sentada en la corte criminal de Nueva York como un reportero, tal como lo hice en mis comienzos como periodista. Eso creo que fue una buena decisión, porque me hizo recordar que la cosa no se trata de ser la directora del The New York Times. La cosa se trata de hacer la pega. Y mi pega es el periodismo.

¿Alguien te aconsejó hacer eso tras tu salida o la decisión la tomaste sola?
La tomé sola.

¿Hay algo que extrañas del diario?
Extraño el trabajo. Pero no ser la directora ejecutiva del The New York Times. De hecho, no tener que ir a reuniones de negocios es algo que no extraño para nada.

¿Nunca te gustó esa parte de tu trabajo?
Mmmm… Algunas de ellas… En el libro que estoy escribiendo tengo que hablar mucho sobre los desafíos del negocio de los diarios y de las organizaciones relacionadas con noticias. Pero no. Yo no quería que mi sala de redacción o la sala de redacción del The New York Times tuviera que relacionarse con gente cuya primera prioridad fuera cómo generar plata. Yo quería que estuviéramos centrados en hacer buen periodismo. Y eso se fue volviendo difícil.

¿Cuándo te diste cuenta de que el camino en la dirección del diario se iba cuesta arriba?
Cuando me nombraron directora ejecutiva en 2011 mi trabajo involucró cada vez más temas comerciales. Pero como directora ejecutiva hubo cosas por las que peleé y algunas de esas peleas las gané y otras las perdí. Yo no quería que el departamento de marketing estuviera dictando qué secciones debía haber en el diario. Y tuve peleas acerca del tema.

¿Crees que el trato que recibiste hubiese sido distinto si hubieses sido hombre?
No. No en ese tipo de temas.

¿Pero crees que tu despido tuvo que ver con un tema de género?
Creo que quizás el estilo que tenía la administración sintió o vio en mis posturas a una mujer imposible (intransigente) en algún nivel. Pero cualquiera que se enfrenta a las autoridades está tomando un riesgo. Y yo sabía que lo estaba corriendo. Pero yo sentía que estaba peleando por algo que importaba, que merecía ese riesgo y que en mi opinión sigue importando.

Ayudaste a muchas mujeres en la sala de redacción a ascender. Después de tu salida, ¿siguen en sus cargos?
Algunas. Hay todavía un número de mujeres en cargos importantes, pero en la sala de redacción el director ejecutivo es un hombre, el segundo a cargo es un hombre. Y casi todos los editores importantes son hombres.

Tras tu salida del diario, ¿se te ha cruzado por la cabeza abrir un nuevo medio?
No. Lo voy a decir acá y lo voy a decir bien fuerte (se acerca a la grabadora para hablar bien fuerte, mientras se ríe): nunca más quiero dirigir nada ni administrar gente. Solo quiero enseñar y escribir.

Desde que dejó el diario Jill Abramson hace clases en Harvard a alumnos de entre 18 y 22 años.

¿Qué es lo que más te gusta de enseñar?
Que son jóvenes y nunca han tocado la puerta a un extraño para ir a hacerle preguntas. Y lo terminan amando.

Es como volver a los orígenes de tu carrera.
Sí. Y me encanta. Porque, además, son tan inteligentes, son muy diversos y…(se queda pensando)…parecen no tener ningún problema con mi estilo y carácter.

Jill Abramson, la mujer que muchos han descrito como un plomo, se ríe de sí misma con relajo.

Ahora con Trump como Presidente, ¿extrañas estar en una sala de redacción?
No, porque escribo una columna para The Guardian que suele tratar sobre él así que sigo en contacto con mis fuentes. Cubrí las elecciones para The Guardian. Así que sigo de alguna forma dentro del juego de los medios. Pero sí. A veces sí echo de menos estar en el Times. Como el día cuando se aprobó el matrimonio igualitario y fue aprobado por la Corte Suprema. Ese día me sentí realmente mal de no estar ahí en la redacción.

¿Crees que ahora con Trump en el poder y con todos los problemas y enfrentamientos que ha tenido con la prensa la gente aprecia más el periodismo?
Sí y no. Está polarizado. Alguna gente lo aprecia. Otros piensan que los medios están todos en contra de Trump y publicando solo cosas malas acerca de él ya sean ciertas o falsas. Está mezclado.

¿Pero es cierto que desde que Trump fue elegido Presidente, la suscripción a los medios se disparó en Estados Unidos?
Sí. Hubo un Trump-bump. Y creo que eso ocurrió porque hay mucha gente en el país que detesta lo que está pasando en Estados Unidos bajo su administración. Y quieren hacer un gesto de que ellos apoyan la libertad de los medios, una prensa libre, y porque quieren las mejores historias acerca de lo que está pasando.

¿Crees que todo lo que está pasando en tu país fue necesario para que la sociedad estadounidense despertara?
Sí. Y se han dado cuenta de la que libertad de prensa importa. Y que las noticias de calidad importan. Y soy tan feliz de que el The New York Times se esté beneficiando de eso. Yo lo veo como una institución irremplazable, no solo en Estados Unidos sino que para el mundo. Es el mejor.

Acá acabamos de tener elecciones presidenciales.
Sí. Lo sé. Y sé que pasó lo mismo que allá: que todos (las encuestas) predecían una cosa y nada de eso pasó.

Una de las candidatas era una mujer periodista: Beatriz Sánchez. Tras presentarse como candidata, muchos han dicho que enterró su carrera como periodista, bajo el prisma de que si te metes en política siendo periodista, luego no puedes volver al ruedo. ¿Cuál es tu mirada?
Yo no creo en eso. Creo que algunas personas no pueden volver al periodismo. Pero también creo que haber visto cómo funcionan las cosas desde adentro puede convertirte en un periodista más agudo, filudo y perspicaz a la hora de cubrir política. El punto es volver diciéndoles a tus lectores o televidentes de que en algún momento fuiste candidato. Porque en la medida que sepan de dónde vienes o por dónde pasaste, puedes ser una contribución.

Hay versiones que dicen que los problemas que tuviste al interior del The New York Times no tuvieron punto de retorno tras enterarte de que tu antecesor en el cargo ganaba un sueldo más alto que tú. En alguna entrevista contaste que tu error fue que al ofrecerte el cargo no preguntaste cuánto ganaba.
Así es. No lo hice. Qué idiota.

¿Cuál es tu reflexión ahora?
Mi reflexión es ¡qué idiota fui! (se ríe). Yo debería haber preguntado cuál era su salario y cuál iba a ser el mío.

Y cuál crees que fue el problema: ¿que tú no preguntaras o que tus jefes no te lo dijeran?
Fue mi problema. Yo debiera haberlo preguntado. Uno debe preguntar.

Acerca de la fama que muchos construyeron de ella, de que era una mujer de temer, a pies pelados esta calurosa tarde en Santiago dice:

-Lo que tú ves es lo que es. Tú nunca puedes manejar del todo la impresión que los otros se hacen de ti. Y lo que dijeron de mí es lo que dicen de todas las mujeres que llegan a un cargo importante: que es muy trepadora, muy ambiciosa.

Al final esos comentarios ¿terminaron por quebrarte?
Nunca sentí que me quebraran. Mira, yo veía mi trabajo como hacer el mejor periodismo, conseguir a las mejores personas y poner a las personas correctas en las posiciones correctas. Y tú rompes algunos vasos mientras vas haciendo eso.

¿Qué les pedías a tus periodistas? Si le preguntara a alguno de los que trabajaron contigo en el Times, qué me dirían acerca de lo que les exigías como reporteros.
Obtendrías respuestas muy distintas según a quien le preguntes. Yo sé que no era amada por todos, pero creo que todos te dirían es que era una defensora del periodismo, que era una editora dura, una periodista honesta, que tenía realmente altos estándares para trabajar y que traté siempre de proteger a mi redacción de la amenaza de los proyectos comerciales que yo sentía que no se condecían con los altos estándares éticos.

¿Crees que las redes sociales han cambiado la impresión que los lectores tienen acerca del periodismo?
Sí, un poquito. Porque creo que las redes sociales han creado un panorama donde las “marcas individuales”, las firmas autorales han pasado a ser tanto o más importantes que el diario en sí. Y eso ha hecho que algunos periodistas se hayan convertido en especie de celebridades. Y creo que eso hay que observarlo con cuidado. No sé si es algo que se discute hoy en día al interior de las redacciones, pero sí sería algo que yo discutiría en el caso de que yo estuviera ahí dentro.

¿Crees que las redes sociales y la enorme cantidad de información que circula en ellas confunde a la gente entre qué es y no es importante?
Creo que depende de a quién decides seguir. A mí eso no me confunde. Yo no tuiteo, pero me meto a Twitter cinco veces al día para leer qué dicen las cuentas que sigo y donde considero que encuentro información que no tengo cómo obtener en otros lados. Pero entiendo que para otros sea confuso. Y quizás ahora toda la gente está metida en Twitter porque Trump lo ocupa, pero en realidad es Facebook el principal medio. Es el mayor medio de publicación que haya conocido la humanidad y sí creo que es una jungla confusa.

¿Pero no crees que los medios tradicionales dan un mapa, un contorno a la realidad que ayuda a dibujarla y entenderla y Facebook no?
No creo que deba ser yo a persona para juzgar eso. Facebook tiene el beneficio de dar a conocer a las personas información que está directamente relacionada con su vida y sus amigos y que es considerada relevante para ellos. Y eso me parece fabuloso. Pero la forma en que los algoritmos funcionan, y que son finalmente los que definen qué es lo que Facebook define que te gusta e interesa y con lo que estás de acuerdo, puede volver muy estrecha la forma de pensar de las personas porque no se exponen a información con la que no están de acuerdo.

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