Mejor a los cuarenta

Reportajes y Entrevistas

Mejor a los cuarenta

Por Bárbara Riedemann /Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Paulina Wiegand /Asistende de producción: Constanza Walker / Maquillaje y pelo: Pati Calfio /Agradecimientos: Sarika Rodrik.

Por estos días protagoniza 20añero a los 40, la teleserie de Canal 13, donde se le ve con una renovada imagen. Ella, asume sin culpas ni disculpas que tiene vanidad y que a sus 44, se siente mejor que nunca, en gran parte porque se hizo vegetariana y porque la maternidad la inyectó de energía.

Paula 1192. Sábado 30 de enero de 2016.

Estás de cumpleaños el 5 de febrero y en tus biografías de internet sale que cumples 41 y en otras que cumples 44. ¿Cuál es la verdadera?
¡Pongamos la más baja!

¿Algún complejo con los cuarenta y tantos..?
Sí y no. Es que cumplo 44 y darme cuenta de eso es como ¡wow! O sea, 44 años no es menor. En la playa miro a las veinteañeras y una ya no es como ellas, pero a la vez, me gusta esta etapa. Es una etapa de tranquilidad y seguridad.

¿Has tenido crisis de los 40?
No sé, es que he tenido tantas crisis: a los 20, a los 30, que ya no sé. Todavía no sé muy bien quién soy, ni para dónde voy, ni ninguna de esas cosas existenciales. Pero sí tengo una gran certeza: mi familia, y eso me tranquiliza. Como a los 41 me tocó la maternidad, no tuve tiempo de pensar en nada más que en eso. Y bueno, la maternidad es una crisis constante, así que yo creo que en eso estoy.

¿Por qué tanto?
Ser mamá fue súper fuerte, es algo muy profundo. Tal vez porque fui mamá vieja, me pasó que no me podía separar de mi hija Olga. Y sentía que la sociedad conspiraba en contra de eso porque todo el mundo le exige a la mamá que no tome tanto a la guagua en brazos, que está bien dejarla llorar un rato, que hay que salir a trabajar, que hay que darse un tiempito para una: yo no quería tiempo para mí, solo quería estar con mi guagua. He sido muy dependiente de mi hija y no me gusta que se les imponga a las mamás un desapego involuntario, forzado. Hacerlo, es un proceso súper íntimo y personal.

“Muchas veces en la tele me vi como con kilos demás y una cara de plato tremenda. Ahora eso cambió. Hoy, me veo y me siento mejor”.

¿O sea ahora estás sufriendo y quieres solo ir a estar con tu hija?
Sí, es que se duerme a las ocho y no voy a alcanzar a verla. En realidad antes sufría más, pero el doctor antroposófico que atiende a la Olga me dijo: “está bien que eches de menos a tu guagua, pero no debes hacerlo desde la angustia, sino desde la felicidad. Extráñala con alegría”. Y eso estoy practicando ahora, aunque igual es difícil. Con mi pareja (el director y guionista Sebastián Araya) nos cuesta salir de noche, de repente decimos: ”tenemos que salir más, dedicarnos a nosotros”. Pero después nos damos cuenta de que para qué nos engañamos, si lo único que queremos es estar acostados con la Olga y nada más.

Tenías 38 años cuando diste tu última entrevista en Paula. En ese entonces afirmabas que no te planteabas la maternidad en absoluto. ¿Qué cambió?
Nunca quise hablar del tema porque es súper invasivo e irrespetuoso que cuando llegas a cierta edad la gente te pregunte por los hijos, porque no sabes qué pasa en la pareja o si esa mujer no quiere tener hijos o si no puede tenerlos o si acaba de perder uno. Y en ese tiempo ni pensaba en ser mamá, no era tema. Recién cuando cumplí 40, me dije: “es ahora o nunca”. Y quisimos intentarlo: si pasaba bien y si no, chao nomás. Pero pasó y ha sido la mayor felicidad de todas, como una inyección de energía.

Entonces, preguntarte por matrimonio sería igual que preguntarte por la maternidad.
Llevo 13 años en pareja y, con él, el amor es tan fuerte que siempre tengo esa sensación de que finalmente llegué a mi casa. Hablar de matrimonio me da tan lo mismo, que hasta me casaría. Antes, tenía todo un discurso al respecto: que jamás me casaría, que uno no necesita la institución, pero hoy ni siquiera es tema. No lo necesito para nada. Así van cambiando los ideales. A los 20 yo era más individualista, más altanera y tenía que tener una opinión sobre todo. Ahora una ya es más tolerante y te vas dando cuenta que hay pocas cosas realmente importantes, como la familia.

¿Cómo sigues avanzando en tu carrera cuando ya eres una actriz consagrada?
Es más difícil, sobre todo si vienes de cosas exitosas, porque en las siguientes tengo que exigirme más todavía. No siento que me guardo en el bolsillo nada. En cada proyecto no duermo, sufro, me duele la guata y la cabeza pensando en que no lo haré bien.

¿Y la autoconfianza?
Confío en mis capacidades, pero sufro mucho antes de cada cosa que tengo que hacer.

¿Cuántas veces recurriste a una terapia en tu vida?
Antes de que me diagnosticaran una depresión endógena, a los 26. Y después que nació la Olga porque me dio una leve depresión posparto que atajamos a tiempo.

¿Cómo lidias con el diagnóstico de la depresión?
Antes del diagnóstico lo pasé mal, pero después he seguido un tratamiento constante en el tiempo, que implica tomar remedios por años. Para mí no es drama depender de ellos para estar bien.

“Llevo 13 años en pareja y, con él, el amor es tan fuerte que siempre tengo esa sensación de que finalmente llegué a mi casa. hablar de matrimonio me da tan lo mismo, que hasta me casaría”.

¿Como te gustaría que fuera tu hija Olga?
Una se pone a hablar de lugares comunes cuando es mamá, pero no me importa: me gustaría que fuera una niña alegre, valiente y sin miedos.

¿Fuiste tú una niña así?
Soy extremadamente miedosa, por eso quiero que la Olga no sea así. Es algo que deploro de mí. Soy demasiado cautelosa, todo lo pienso y me doy vueltas pensando. Me gustaría ser más arrojada.

Si no fueras una actriz conocida, ¿qué virtud crees que recordaría la gente de ti?
El sentido del humor y la capacidad de reírme de mí. Creo que el humor es una herramienta para desarticular el mundo que siempre se presenta como algo súper estructurado. En verdad, soy súper simpática, buena onda. Me gusta escuchar al resto, que me cuenten sus cosas, contenerlos. Me gusta mucho la gente.

Estás muy estilizada. ¿Te sientes en tu mejor momento?
No sé, me da plancha. Puede que sí. Hace un par de meses que me daba vuelta la idea de hacer algo por mi salud y estar flaca, algo que me cuesta mucho. Me dije: “no puede ser que una tenga que hacer unas dietas espantosas, comiendo cosas poco saludables para estar en forma”. Entonces, hice una desintoxicación ayurvédica y luego otra higienista: dejé las carnes, los lácteos y sus derivados, los azúcares y lo procesado, incluyendo el alcohol y el cigarro. Me hice vegetariana y en ocho meses vi estos resultados.

¿Objetivo cumplido entonces?
Sí, ahora el trabajo es mantener este sistema de vida. Hasta hace poco hacía pilates y TRX, pero por pega lo tengo en pausa. Hoy, me veo y me siento mejor y asumo sin pudor que por supuesto hay vanidad al respecto. Muchas veces en la tele me vi como con kilos demás y una cara de plato tremenda. Ahora eso cambió.

Sin un pisco sour, ¿cómo te relajas?
De muchas formas y una que me es muy terapéutica es ordenar y limpiar mi casa. Hago aseo, ordeno, desarmo, decoro, guardo, boto. Soy maniática de la limpieza y de todos los productos para limpiar.

¿Le tienes miedo a envejecer?
Sí, me da miedo la invalidez, la enfermedad. Gran parte de este cambio de vida fue porque no quiero ser una vieja achacada. Me cuido para tener salud a largo plazo. Soy mamá vieja y necesito mucha salud por años.

¿Lees tus entrevistas?
No, es que ya sé quién soy y no necesito leerlo. Lo que sí hago es mirar cómo salí en la foto.

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