Mi abuelo y yo

Reportajes y Entrevistas

Mi abuelo y yo

Por Ignacio Tobar / Fotografía Alejandra González / Maquillaje Bernardita Ceveró

Las baticolas de Volpone es el primer libro de Thea Sainte-Marie, nieta del fundador del diario Clarín, que reunió lo mejor de la afilada pluma de su abuelo en 424 páginas. Lo que viene para la periodista de 30 años es la biografía del hombre que impulsó la llegada de Allende a La Moneda, y refundó el periodismo con un lenguaje humorístico y popular. Su muerte cobró ribetes cinematográficos cuando alguien desvalijó su departamento y robó sus memorias. “Su final es un capítulo abierto, que refleja que aún no se ha contado toda la historia de Chile”, dice su nieta biógrafa que prepara su segunda publicación para 2020.

No hay sino un gran enigma en la historia de Darío Sainte-Marie: saber si lo mataron en Madrid el 16 de febrero de 1982, o murió en forma natural.

37 años después el misterio sobre el final del fundador del diario Clarín, el más popular y más vendido desde los años 60 hasta que lo silenció el Golpe Militar, continúa sumergido en aguas que nadie ha querido mover en décadas.

Como muchos de sus contemporáneos, el hombre que tomó su seudónimo de la comedia negra del dramaturgo inglés Ben Jonson, fue borrado del mapa. Junto a otros próceres como el recién fallecido Premio Nacional de Periodismo Alberto “Gato” Gamboa, Volpone revolucionó los medios con un lenguaje popular, amarillista, opinante y con una pluma de fuego. Bautizó a Allende como el “Cuadrado”, por su estructura física y muchas veces por su rigidez mental; se rió de Jorge Alessandri con apodos como “La Señora” o “El Paleta”, y se mofó con inteligencia de diputados, ministros y figuras de la política chilena. Su pachorra lo llevó incluso a medir fuerzas en un gallito con el dictador cubano Fulgencio Batista cuando este se negó a pagarle el 100% de un trabajo periodístico. “¿Quién es el toro que más mea?”, fue la amenaza de Batista y se acabó el entuerto.

Así era Darío Sainte-Marie. Por usar uno de sus adjetivos favoritos: mantuvo turulatos a los políticos chilenos del siglo XX.
En una entrevista en 1985 Jaime Guzmán, el ex senador UDI asesinado en 1991, lo recordó como el personaje “más pernicioso” de nuestra historia.

El hombre nacido en Bolivia en 1906, que pasó su niñez en Valparaíso y que tras una velada amenaza de muerte del ex Presidente Allende decidió autoexiliarse en Madrid en 1972, parece atar todos los cabos del Chile del siglo pasado.
Indagar en su vida es internarse en un mar de dimensiones colosales que parte en Santa Cruz de la Sierra y finaliza en el edificio Centro Colón en Madrid, donde vivió sus últimos días. Muchos de los cuales pasó metido en la tina de su baño, escribiendo afanosamente sus memorias que poco después de su muerte fueron robadas junto a dos cartas manuscritas de Salvador Allende que debían llegar a manos de Fidel Castro. Siguen perdidas.

Los testigos de la época de Volpone están casi todos muertos, las versiones han variado de boca en boca y su pluma, que desarrolló en sus temidas columnas llamadas Baticolas, se extraviaron en los archivos del tiempo.
Pero cuando la mala memoria parecía teñir de amarillo todos sus papeles, una nieta salió al rescate. Thea Sainte-Marie, quien nació 5 años después de la muerte del creador de Clarín, sería la encargada de devolverle su lugar en la historia.

Este es el primer libro de Thea Saint-Marie, nieta del fundador del diario Clarín.

La camilla de la Dina

Una tarde de 1997 Thea llegó a su casa en el Cajón del Maipo y le contó a su mamá que le habían dado una tarea: hacer un papelógrafo sobre un personaje famoso. Su mamá, Dorothea, le sugirió a su hija de 10 años que escribiera sobre Volpone. Ella sabía que era su abuelo pero desconocía su peso en la historia. Así descubrió que había sido hombre de confianza de Carlos Ibáñez del Campo, y que, siendo director de La Nación, le propuso al Presidente fundar Clarín en 1954 para competir con los vespertinos Las Noticias de Última Hora y La Segunda. Preguntándoles a familiares, la nieta desenmarañó la relación amor-odio entre su abuelo y Allende. Apuntó en su tarea que Volpone fue también director de Zig-Zag, que fundó la revista Hoy, que en Estados Unidos trabajó como editor en Associated Press, que escribió libros estadísticos sobre diversos países por lo que trabó amistad con el caudillo argentino Juan Domingo Perón, fue cercano al dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo y tuvo su mencionada disputa con Fulgencio Batista en Cuba.

A partir de esa sencilla tarea comenzó a tirar de una hebra que la llevaría a publicar su primer libro 20 años después de ese hallazgo escolar, Las Baticolas de Volpone (Cinco Ases), una recopilación de los mejores y más incendiarios textos de Darío Sainte-Marie. “Este libro fue una pausa, una primera parada. En lo que estoy trabajando te diría que desde los 10 años, es en la biografía de Volpone, que espero publicar en 2020. Las Baticolas es una antología de miles de escritos que tuve que leer de mi abuelo, es una forma de aproximarse al personaje y su pensamiento”, dice Thea, revolviendo con una cañita un jugo de frutas en un café de Monjitas.

“Este tema es un océano”, advierte la única nieta periodista de Volpone, y se da tiempo de recordar la Casa de Piedra. “Nosotros nos fuimos con mi mamá a vivir ahí en los 90 porque de lo contrario Bienes Nacionales se quedaría con la propiedad. Mi abuelo, quien siempre tuvo un gran ojo inmobiliario, la había comprado en los años 50 y mi abuela, Carmen Kaiser, la remodeló y la armó con muchos muebles antiguos y reliquias como una armadura que después se robaría Allende. Ella tiene 88 y aún no olvida ese hurto. Tras el Golpe esa casa pasó a manos de la Dina y se convirtió en un centro de torturas. Yo alcancé a hablar con un ex alcalde de San José de Maipo torturado ahí. Había muchos mitos en torno a la casa: que se escuchaban voces, gritos, que había espíritus. Yo nunca sentí nada extraño. Hasta Halloween celebramos en esa casa y vimos películas de terror. Tengo grabado que cuando llegamos, en medio de toda la destrucción que había dejado la Dina, en la cocina había una camilla de fierro con patas de madera, que era la típica cama de tortura. Después la vi en el Museo de la Memoria. A veces cerca de la piscina encontrábamos casquetes de balas. Era escarbar y encontrar algo”, relata.

 

Volpone junto al ex presidente Salvador Alliende

Seguirle la pista a Volpone es complejo desde su nacimiento. De Santa Cruz, cuenta su nieta, llega a Valparaíso. Proviene de una familia acomodada en Bolivia. Su padre es odontólogo y en su casa hay criados. Es un niño culto, lector. En Chile sus padres se separan y los tres hermanos Sainte-Marie se quedan con Dorothea, la mamá, bisabuela de Thea. Pasan apreturas y llegan a vivir a una casa en Lyon, en Providencia. Darío ingresa a Derecho a la Universidad de Chile donde se topa otra vez con un viejo conocido del cine Olimpo de la Quinta Región, Salvador Allende.

“A mi abuelo le decían ‘Lanzallamas’. Entonces imagínate al ‘Cuadrado’ y el ‘Lanzallamas’ juntos. Los dos tenían un carácter muy fuerte. Después empezaron a chocar por las visiones políticas. Cuando fue la elección del 70, Clarín apoyó a Tomic (DC) y a Allende. A los dos. Quizás mi abuelo era más cercano a Tomic por ideas, pero al final fue determinante en el triunfo de Allende, cuando el diario se inclinó por él. Muchos dicen que Volpone lo sacó Presidente. Clarín era un arma poderosa”, asegura Thea.

La aventura política de Sainte-Marie había comenzado a los 21 años como mano derecha del ministro de Hacienda Pablo Ramírez en el primer período de Ibáñez del Campo. Políticos y nadadores, en la piscina de la universidad ambos crearon el chuncho que se convertiría en el emblema del club deportivo. El titular de esa cartera tenía fama de homosexual, lo que redundó en uno de las tantos chismes sobre el futuro fundador de Clarín. Desde esos años comenzó a atesorar secretos y verdades de la política chilena.

El periodista en las prensas del diario Clarín junto a sus dos hijos mayores, Carlos y Dorothea Sainte-Marie

¿Es cierto que por un episodio xenófobo en la Universidad de Chile, tu abuelo desestimó una carrera política?
Cuando era candidato a la Fech le gritaron “Cállate, cuico”, porque así les decían a los bolivianos, no es el cuico de ahora. Quizás no fue diputado pero estuvo en la política desde los medios. La política misma, los partidos, creo, lo limitaba más.

Thea Sainte-Marie hace una pausa en medio del bullicio del café del Barrio Lastarria. Quiere recalcar que su investigación partió con esa tarea a los 10 años. Su ímpetu parece coincidir con esa frase que le escribió Gustave Flaubert en una carta a su amigo Ernest Feydeau en 1872: “Al escribir la biografía de un amigo, hay que hacerlo como si estuvieras vengándole”. Aunque la nieta es en extremo pacífica y educada incluso cuando habla de Víctor Pey, el empresario que enviado por Allende le compró Clarín a Volpone ya en el exilio y que murió en 2018 reclamando que el Estado chileno lo indemnizara por la expropiación posterior de la dictadura. “Eso fue una seudoventa”, aclara Thea y explica: “El Estado chileno reconoció que los dueños de Clarín son mi abuela y todos los que salían en el testamento, esa es la verdad jurídica. Víctor Pey, Joan Garcés y la Fundación Presidente Allende siguieron pidiendo US$515 millones como compensación y en 2016 el tribunal les dijo que ellos tenían que pagar el juicio. Pese a todas las diferencias, hablar con Pey -refugiado español que llegó a Chile en el Winnipeg en 1939- era hablar con la historia, un personaje centenario. Me junté mucho con él, siempre me preguntaba: ‘¿Cuándo sale tu libro?’”.

En unas notas de Ciper se habla del patrimonio inmobiliario de tu abuelo derivado de la venta de Clarín.
Esa información pone ahínco en cosas como la separación con mi abuela. Liga la compra de esas propiedades con la seudoventa de Clarín. Pero piensa que mi abuelo tuvo años de ganancias, además en la misma nota hablan de su buen ojo inmobiliario. Él tenía fondos y en esos años esas propiedades eran muy baratas. Por otra parte él siempre fue inversionista, tuvo una agrícola en Arica, se quiso meter en el tema de la jalea real e invirtió en las luminarias que regulan la intensidad de la luz.

La amenaza de salvador

En los años de la Unidad Popular, la relación entre Volpone y Allende se tensó al máximo. El dueño de Clarín no aceptó que el Presidente de la República se entrometiera en las labores del diario más influyente de la época. Tampoco lo permitió el “Gato” Gamboa, entonces director del medio que influía a las clases populares. Los tres solían juntarse en la Casa del Cajón del Maipo, que incluso se barajó como la residencia de Fidel Castro en su extensa visita a Chile en 1971, pero que su servicio de seguridad descartó por considerarla muy permeable en caso de una emboscada.

¿Es cierto que Allende le robó ropa y muebles a Volpone?
Sí. Cuando iba a la casa del Cajón del Maipo, mi abuela decía: “Cierren todo, póngale llave a todo que viene Salvador”. Le robó ropa, la armadura famosa, chaquetas. Yo creo que mi abuelo se dejaba robar. Por eso mi abuela se enojaba más con él que con Allende. Aunque una vez que Allende, siempre picaflor, llegó a la casa con una mujer desconocida, mi abuela lo echó, le dijo: “Salvador, tú no pisas más esta casa con una mujer que no sea tu esposa”. Y se fue.

La presión de Allende por quedarse con Clarín terminó por colapsar a Volpone. “Según cuenta mi abuela, Allende habría amenazado de una forma metafórica a mi abuelo diciéndole que ella se iba a ver muy bien de negro con los niños, y que a él lo iban a poner en una cureña donde le harían las ceremonias correspondientes”, cuenta Sainte-Marie.

Acosado por vender el diario y sabiendo que un Golpe de Estado podía irrumpir en cualquier momento, Volpone se fue a Madrid donde vivía su hija Verónica, internada hace un tiempo por un problema neuromotor. El fundador de Clarín se fue solo, tras separarse de Carmen Kaiser, quien rehizo su vida. Así aterrizó en el franquismo para vivir luego el destape en España.
En la capital hispana vio por televisión el derrocamiento de Allende. “Te lo dije, Cuadrado”, fue una de las frases que su hija Dorothea (madre de Thea) le escuchó decir frente al televisor.

El hombre que fue espiado por gobiernos como el de González Videla y vigilado de cerca por la CIA, volvería a Chile dentro de un ánfora, cuando su familia repatrió sus restos en 1995. Pasó del cementerio de Almudenas en Madrid a quedar bajo el nogal en su casa de piedra en las montañas de Santiago, donde luego lo acompañarían Verónica, que murió hace unos años, y varios de los secretos políticos que se perdieron con sus memorias.

La ficha de muerte de Volpone dice que sufrió una trombosis. El periodista era un hombre que chequeaba su salud permanentemente; hasta Suiza había viajado para hacerse exámenes. Las dudas fueron inmediatas.

Si fue un crimen: ¿pudo ser la dictadura de Pinochet la que estuvo detrás de la muerte de tu abuelo?
El contexto da para mucho. No puedo decir que lo mató alguien pero sí que su final es un capítulo abierto. Hay una historia no contada y no hablo solo de la de Volpone, hablo de la historia de Chile, que no se ha contado entera aún. Estamos viviendo en un país de las hipótesis. Volpone era peligroso para el régimen, tenía influencias políticas, el medio de comunicación con mayor tiraje del país, y trató de momios y cavernarios a la derecha. Quizás después del 73 las redes llegaron lejos. Eduardo Frei Montalva y Volpone murieron muy cerca en fechas, la muerte de mi abuelo es un capítulo abierto.

¿Crees que la CIA fue la que robó las memorias de Volpone?
No lo sé, si supiera estaría detrás del ladrón. Pero después de su muerte desvalijaron su departamento. (El ex senador) Alberto Jerez lo vio en Madrid escribiéndolas en la tina, sin salir del agua, a mano. Sus memorias eran unas Batibombas, supongo, deben tener secretos políticos, de vida. Esas memorias podrían cambiar la historia reciente de Chile, fueron encargadas según el testamento a Carlos Cornejo, pero en una declaración él dijo que nunca recibió nada. Todo sigue perdido.

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