Mujeres fuertes en la moda

Reportajes y Entrevistas

Mujeres fuertes en la moda

Por Florencia Sañudo / Fotografías gemeentemuseum der haag

Históricamente, en el universo de la moda femenina, raramente las mujeres alcanzan los puestos más altos. Pero las cosas, si bien con cautela, están cambiando. Una exposición -“Femmes fatales, mujeres fuertes en la moda”- en el museo Gemeenten de La Haya, celebra a aquellas que lo lograron y se cuestiona acerca de la influencia del género en el diseño y sobre la interpretación de la moda y la femineidad desde la mirada femenina.

Los nombramientos recientes de creadoras de moda a la cabeza de grandes maisons, celebrados como un real avance en términos de paridad, son el origen de una gran exposición en el museo Gemeenten de La Haya (Holanda), uno de los más importantes de Europa. “Femmes fatales, mujeres fuertes en la moda” muestra el arduo camino recorrido, desde el siglo pasado, de las creadoras para imponerse en un universo mayoritariamente masculino y reabre la eterna cuestión: ¿por qué la moda femenina ha estado siempre dominada por los hombres?

La pregunta asombra por su propia ilógica. ¿No es acaso una evidencia de que las mujeres naturalmente comprenden mejor las necesidades y deseos de sus congéneres? Pues es bien sabido que las creadoras de moda piensan en la manera en que las mujeres llevan la ropa mientras que sus colegas masculinos crean para criaturas, a menudo irreales, generalmente animados por sus propios recuerdos y fantasmas (¡ah!, la madre del creador, esa figura mítica…). Esta constatación ha hecho avanzar la causa de las mujeres y nunca como ahora tantas casas están dirigidas por creadoras, algunas de las cuales, como Maria Grazia Chiuri, no esconden sus ideales feministas. “Muchas casas originalmente establecidas por hombres están ahora dirigidas por mujeres: Maria Grazia Chiuri en Dior, Sarah Burton en Alexander McQueen, Clare Waight Keller en Givenchy -dice Madelief Hohé, curadora de muestra-, lo que me hizo pensar ¿las mujeres trabajan de manera diferente a los hombres?, ¿el hecho de ser mujer influye en su trabajo?”.

Mary Katrantzou, Primavera/Verano 2018

Ciertamente, ya en la primera mitad del siglo XX, algunas creadoras como Jeanne Lanvin, Jeanne Paquin, Madeleine Vionnet, Coco Chanel, Elsa Schiaparelli, Nina Ricci o Madame Grès dirigían exitosamente sus casas. Pero ¿qué es un puñado de mujeres ante el imponente número de modistos que dominaron la moda femenina durante ese mismo período? Una lista no exhaustiva incluye a Pierre Balmain, Paul Poiret, Jaques Doucet, Jean Charles Worth, Cristóbal Balenciaga, Jean Patou, Lucien Lelong, Molineux, Robert Piguet, Jacques Worth, Pierre Balmain, Marcel Rochas, Jaques Fath, Jean Dessès, Jaques Heim, Christian Dior, Hubert de Givenchy, Mainbocher… Hoy la balanza tiende a inclinarse un poco más que antes hacia el lado de las mujeres, pero aún está lejos del equilibrio.

Vivienne Westwood, Otoño/Invierno 2018

Modistos y modistas

Para comenzar, la palabra ‘modisto’ no designa la misma función en femenino: el modisto crea, la modista fabrica. La distinción se arrastra desde el siglo XVII, en Francia, cuando la profesión comenzó a organizarse y se formaron las corporaciones, obviamente dirigidas por hombres. Así se estableció que la sastrería, el bordado y la corsetería eran profesiones exclusivamente masculinas, mientras que las mujeres se veían limitadas a coser prendas de lino y lana, ropa interior y de niños. A pesar de ello, la reina María Antonieta, cuya moda era fielmente copiada por todas las cortes de Europa, solo confiaba su vestuario a Rose Bertin. Pero no fue hasta fines del siglo XIX y principios del XX en que surgieron las primeras casas de moda dirigidas por mujeres, como la de las hermanas Callot, Jeanne Paquin y Lucile, la primera en proponer desfiles a sus clientas.

Pero recién las creadoras de la siguiente generación no solo lograron hacerse un lugar en el mundo de la alta costura, muy poco benévolo con ellas (Paul Poiret describía a Chanel como una “pequeña costurera”), sino brillar en él, cada una a su manera: Jeanne Lanvin, con sus vestidos de perfecta terminación y su pasión por el tono de azul que llevaría su nombre; Coco Chanel, quien utilizó por primera vez el jersey característico de la ropa interior para vestidos y sus tailleurs en tweed, material hasta entonces eminentemente masculino; Madeleine Vionnet, inventora del corte al bies, o Elsa Schiaparaelli, quien introdujo el surrealismo en la moda. Todas ellas pensaban en la mujer ante todo y comprendían mejor que nadie el cuerpo femenino. “Un creador viste a seres humanos, no a sueños”, decía Vionnet.

Los años 60 vieron la emergencia de diseñadoras visionarias, contestatarias y anticonservadoras como Mary Quant, Sonia Rykiel y Barbara Hulaniki (cuya tienda Biba fue una influencia mayor en la moda londinense), quienes pusieron fin a la tradición de un vestido para cada ocasión (para el almuerzo, para la tarde, para el cóctel, para la noche) y cuyo objetivo era simplificar, simplificar, simplificar. Emmanuelle Khanh se adhirió al prêt-à-porter y creó las faldas de talle bajo y los camiseros para la mujer que trabajaba y afirmó: “La alta costura está muerta, yo diseño para la calle”. Sonia Rykiel impuso sus pullovers con rayas y esloganes y el tejido a toda hora del día. El sencillo vestido wrap de Diane von Fürstenberg fue una verdadera revolución en los 70. Pero en los años 80 solo hubo tres mujeres que resistieron la invasión de las hombreras y la nostalgia de los años 40 encarnada por Yves Saint Laurent, Jean-Paul Gaultier, Thierry Mugler y Claude Montana: Miuccia Prada, Rei Kawakubo y Vivienne Westwood, cuyas creaciones audaces e inconformistas se diferenciaban radicalmente de la visión hipersexualizada de sus colegas masculinos. Mujeres comprometidas con causas y determinadas a imponer su visión son muy a menudo objeto de sorna.

 

Tímido avance

Hoy en día la lista de mujeres a la cabeza de casas de moda es más larga. A las ya mencionadas -Chiuri, Burton, Waight Keller- se suman Nadège Vanhée-Cybulski (Hermès), Julie de Libran (Sonia Rykiel), Natacha Ramsay-Levi (Chloé), Donatella Versace (Versace), las hermanas Mulleavy (Rodarte), y Stella McCartney, Isabel Marant, Vanessa Seward, Mary Katrantzou, Rai Kawakubo (Comme des Garçons) e Iris von Harpen directoras artísticas de las casas que fundaron, entre otras.

Maria Grazia Chiuri, directora artística de Dior desde 2016, confiaba recientemente al mensual francés Vanity Fair: “Los hombres y las mujeres pueden ser igualmente creativos, pero pienso que la diferencia es el punto de vista; un creador imaginará un vestido, yo imagino a una mujer en el vestido. Mi visión de las mujeres no está idealizada, es realista”. Julie de Libran, DA de Sonia Rykiel, coincidió: “Yo siento que mi trabajo está muy relacionado con el hecho de ser una mujer diseñando para mujeres. Es una perspectiva más personal, más subjetiva, más ‘ponible’”, decía al South China Evening Post. “Ser una creadora de moda es pensar en las mujeres”, confirmó Phoebe Philo al diario Le Monde.

La coyuntura es benéfica pero el avance es aún tímido. Tras dos años como DA de Lanvin, en 2017 Bouchra Jarrar fue reemplazada por Olivier Lapidus y, más recientemente, Hedi Slimane suplantó a Phoebe Philo luego de diez años en Céline, marcando un cambio que la crítica de moda Vanessa Friedman, del New York Times, calificó de “el fin de una época en que Céline definía lo que era ser una mujer inteligente, adulta, ambiciosa y elegante”. La realidad es que el sector de la moda sigue estando ampliamente dominado por los hombres, que ocupan la mayoría de los puestos clave. Según una encuesta realizada por el sitio especializado Business of Fashion, en 2017 sobre 313 marcas participantes en las fashion weeks de Nueva York, Londres, Milán y París, solo el 40% está dirigido por mujeres (el promedio es mayor en Nueva York y Londres y menor en París y Milán). Si bien es un gran avance respecto a 2015, cuando eran apenas 25%, la cifra es nimia considerando, por ejemplo, que la célebre escuela de diseño Central Saint Martins de Londres tiene un 74% de alumnado femenino y el Institut Français de la Mode, así como el New York Fashion Institute, cuentan con un 85% de estudiantes mujeres. La conclusión que arrojó la encuesta es que la industria de la moda está servida por las mujeres en todos los niveles excepto uno: el superior.

¿Por qué tan pocas alcanzan roles de liderazgo? Habría tres razones principales. Una de ellas es que es como la industria está mayoritariamente dominada por los hombres es excepcional que las mujeres ocupen puestos clave. “Los hombres son los que toman las decisiones y si tienen que elegir entre un hombre y una mujer siempre eligen el hombre”, afirma Julie de Libran al diario Le Monde.

La edad es un segundo factor discriminatorio. La mayoría de los directores artísticos tienen entre 30 y 45 años, la franja de edad en que las mujeres son más susceptibles de fundar una familia y, en consecuencia, de estar menos disponibles. Puesto que el calendario de la industria de la moda es terriblemente exigente, las mujeres a menudo tienen que elegir entre vida privada y carrera y rara vez cuentan con el apoyo para dar prioridad a esta última. Un tercer elemento es puramente psicológico: la falta de confianza en sí mismas. En general, en el momento de concursar a un puesto, las mujeres osan menos que los hombres, ya se trate de afirmar su capacidad para asumir el puesto o de negociar una remuneración, y tenderán a preguntarse si real y honestamente pueden cumplir todas las condiciones exigidas.

Por ello, las mujeres que llegan a la cima son particularmente determinadas y han superado muchos más obstáculos que sus colegas masculinos. El homenaje que les rinde esta muestra es así una fuente de inspiración y emulación para las jóvenes aspirantes.

Stella McCartney, Primavera 2017

 

 

Iris van Harpen, Wilderness Embodied, cortesía Iris von Harpen

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