El rey del reality

Reportajes y Entrevistas

El rey del reality

Por Lorena Penjean / Fotografía: Alejandro Araya

Un grupo de personas pierde el contacto con la realidad para televisar su vida a cambio de fama o dinero mientras un hombre, cual zurcidor japonés, las observa pacientemente a la esperta de que afloren los conflictos que él transformará en show. Con trece reality en el cuerpo, acá el guión de Sergio Nakasone (41), el director de contenidos de reality de Canal 13.

Sergio Nakasone tiene 20 años y está solo en su departamento de soltero. Es de noche. Por la tele transmiten su programa favorito, El monitor argentino. El capítulo de hoy: El poder de los medios, sobre José Máximo Balbastro, un escritor contemporáneo de Borges, tan bueno o mejor que él, relegado a un injusto olvido. El documental da cuenta de su vida y obra con testimonios, entre otros, del rockero Luis Alberto Spinetta. Nakasone piensa: “Qué loco este tipo, puta qué mala su suerte, por qué no se hizo famoso”.

Flashback. Una semana después.
Una nueva edición de El monitor argentino está al aire. Balbastro fue tema obligado esa semana en Argentina, y Naka, por nada del mundo, se perdería la segunda parte. Los conductores, Jorge Dorio y Martín Caparrós, anuncian que José Máximo Balbastro jamás existió. Ése es el poder de los medios del que hablaban la semana pasada. Naka está de una pieza. La apócrifa biografía del inexistente Balbastro lo ha golpeado. Nakasone, esta vez, piensa: “Ésta es la tele que quiero hacer”.

Santiago de Chile, marzo de 2009. Área Reality Canal 13. 14:00 HRS.
Sergio Nakasone, a los 41 años, es director de Contenidos de 1810, el exitoso reality. Está en su oficina, rodeado de figuritas. Le encantan los juguetes, los robots. Hay dos teles, una sintonizada en Fox Sports, la otra transmite en directo todo lo que sucede en el reality. Nakasone hace reality.

Nakasone: “Años más tarde, Jorge Dorio, el conductor de El monitor Argentino, terminó haciendo comentarios de reality… Se desperfiló completamente, él era un periodista de cultura, no puede comentar Gran Hermano… Porque, hablemos lisa y llanamente, los reality son un género menor de la televisión. Es sólo un género de entretenimiento.

Y tú haces reality. Igual bien distante de la tele que soñabas.
Sí, nunca me he acercado ni un poquito.Ahí va Nakasone, saliendo de Canal 13, pelo al viento, jeans azules, zapatillas con tres líneas y polera cool. No va a su casa. Va a la casona de Pirque, donde están los estudios de 1810.
Nakasone: “Recién estoy en la mitad de mi día”.

Y tal vez deba volver al canal a las tres de la mañana para seguir trabajando, como se le ha visto. Si lo hace, una colchita tirada en la oficina le servirá para dormir. Suele usarla. Su oficina es su casa, no su loft en Bellavista. Ahí llega tarde, mal y nunca. En su refrigerador apenas hay comida.

No tiene tiempo para ir al supermercado. Ayer fue domingo y tuvo libre, pero no fue al cine ni salió a caminar. No, fue al canal. Vero Ruaro, su mujer, jefa de Guiones de 1810, tenía turno y Naka prefirió volver a su oficina y adelantar trabajo.

En la casona de Pirque hay una decena de personas-personajes que están encerrados por voluntad propia desde el 27 de diciembre pasado, vestidos a la usanza del siglo XIX. Es la última creación de Nakasone, después de 13 reality producidos en Colombia, Miami, Venezuela, Argentina y Chile. Lo llaman “el cerebro detrás de”.

Nakasone (modesto): “Renuncio a ese protagonismo”. Acto seguido, acomoda su pelo como lo suele hacer cada pocos segundos. “Si los reality fueran un cuerpo, yo sería el corazón y los músculos y no podría funcionar sin otros órganos, que son mi equipo”.
Nakasone tiene un nombre que no se olvida. Naka dijo, Naka piensa, Naka escucha. Naka es el ojo que visa la entrada de los participantes, la mano que escribe su suerte televisiva, la mente que selecciona las historias. Naka es de Lanús, una ciudad de la provincia de Buenos Aires, a 30 minutos del Obelisco. Es hijo de tintoreros japoneses a quienes ayudaba a envolver paquetes, a dar vuelto, a atender a los clientes.

Lleva tres años en Chile y todavía se pierde. Las locaciones de su vida son el canal, Pirque, su casa y el bar Liguria, donde come con mayor frecuencia que en su loft. Cuando no trabaja toma taxi. Mientras se traslada a Pirque en la van de Canal 13 da parte de esta entrevista. No suele hacerlo. Ser observado en vez de observar le parece extraño, pero tiene una razón para hacerlo.

Flashback. Buenos Aires, 1989.

Naka, estudiante de Publicidad y junior en una agencia, llega con su mejor pinta a una conferencia de publicistas. Lleva bajo el brazo recortes de diarios con fotografías de connotados creativos y directores de arte. Las mira y busca esos rostros en el salón. Cuando reconoce alguno, se acerca.

No tiene nada que perder.
–Nakasone (a importante publicista): Hola, soy Sergio Nakasone y necesito hablar con usted.
–Publicista (desconcertado): Eh… Bueno, acá tenés mi tarjeta. Llamame.
Lo más probable es que no lo reciba. Naka sabe que sólo tres de cada diez publicistas contactados lo harán. Pero Naka, al menos, tiene la tarjeta.

Camino a Pirque. Noche.

Nakasone contesta amablemente y no se niega a ningún tema. Recuerda: “Llegué a reunirme con publicistas importantes. Ninguno me dio trabajo, pero todos me enseñaron algo, en especial uno que me recibió en su súper lujosa oficina. Me dijo: ‘Está buena la actitud, pero no llegués a pedir trabajo, vení a ofrecer algo’. Por eso doy esta entrevista: estoy seguro de que como a mí me sirvió leer sobre gente que hacía lo que yo soñaba, no faltará el chico que se interese o aprenda algo de aquí”.

La periodista lo mira. En su cabeza se repiten algunas de las citas de la gente a quien preguntó sobre Nakasone.

–Daniel Hopenhayn, guionista de 1810: “El mayor mérito de Naka es ser descenciente de japoneses y haber nacido en Argentina, porque tiene la creatividad de los argentinos y el espíritu de sacrificio para el trabajo de los japoneses”.
–Álvaro Ballero, ex chico reality: “Naka debería haber sido terapeuta. Es tan equilibrado, tan pulcro en su convencimiento, que te da una confianza tremenda. Tiene la palabra precisa. No hay persona que salga de su oficina con un mal sabor. Por el contrario, todos dicen ‘qué simpático el chinito’. Es un maestro de las relaciones públicas”.
–Félix Soumastre, ex chico reality: “Entre nosotros era conocido como Dios. Él movía los hilos, las piezas. Él realiza el jaque, nadie más”.
–Guionista que prefiere anonimato: “Es un tipo con mucho poder de persuación –por no decir manipulación– capaz de hacer que todos los personajes de los realitys funcionen. No sé si será muy fácil entrevistarlo porque es muy inteligente. En serio, no se le escapa ni una y seguro tiene demasiado claro qué decir y qué no decir”. 

Yo sería un muy buen personaje de reality, porque siempre en mi cabeza tuve estrategias para entablar relaciones, para generar espacios y estar en los grupos de liderazgo. Conozco los esquemas de poder que se arman en la convivencia y qué cosas es capaz de hacer una persona en función de su objetivo.

Camino a Pirque. Noche.
¿Entrarías a un reality?

Flashback. Casa de infancia en Lanús, 13 de agosto de 1978.

Es el cumpleaños de Naka. Cumple diez. Su madre prepara sushi mientras Naka espera a sus amigos. Por ahí se apilan los casetes de la teleserie Los hermanos Torterolo. No hay día que se la pierda. Sagradamente la graba con su radiocasete y luego escucha incansablemente los diálogos. Le pidió a su madre que, de regalo de cumpleaños, lo llevara al set a ver las grabaciones, pero ella no tiene contactos en la tele. La madre pone el sushi en la mesa. Naka lo mira asqueado.
Nakasone: “Mamá, te dije que odio el sushi, que quería comida normal, comida argentina”. Naka no aguanta y esconde las bandejas.

Flashback. Sala de clases colegio público de Lanús, 1978.

Naka está sentado en su pupitre y observa. Toma conciencia de los roles, las conductas, los grupos de poder a los que quiere ingresar. Primero identifica a los nerds, a los mateos. Él no quiere pertenecer a ese grupo. Luego están los quilomberos, los populares. No son de su onda, Naka es más reposado, pero ellos la llevan. Naka decide acercarse a ellos. “Necesito que sean mis amigos”, piensa. Pura estrategia. Demasiada para un niño de 10 años.

Camino a Pirque. Noche.

Nakasone: “Siempre fui muy consciente del perfil que tiene uno en los grupos. Por eso decidí no ser un quilombero, pero sí tenerlos cerca. Yo tenía algo que ellos no suelen tener: buenas notas. Entonces se daba una sociedad interesante. Otro ejemplo: cuando me cansé de la publicidad y decidí hacer televisión pensé: ‘No tengo contactos. ¿Cómo los consigo? Estudiando’. ¿Sabés por qué? Era la mejor forma de que los profesores que hacían clases me conocieran. Mi estrategia no fueron mis compañeros, fueron los profesores”.

Casona Pirque. Noche.

Nakasone entra al switch donde hay una treintena de cámaras que muestran los movimientos de cada uno de los participantes del reality. Los chicos se ven aburridos. Tendrá que hablar con ellos. Es parte de su trabajo. Él los calma, les da confianza y los motiva para que sigan dentro de la casona, compitiendo. Naka los necesita para seguir contando sus historias.

–Nakasone: “Soy el vínculo con la realidad que dejaron fuera. Soy el que les pone las reglas del juego y a quien recurren cuando tienen algún problema. Mi relación con ellos es de contención. Existe la idea de que los manipulamos, pero no, los que dicen eso lo hacen desde la herida que produce ser eliminado. Nunca les decimos qué hacer, por suerte no es necesario. Si fuera así, sería mucho más fácil. El aislamiento genera un escenario en que todas las conductas se potencian”.

A partir de esta premisa Nakasone se explaya en su idea de que no existe persona que no tenga una buena historia, que sólo hay que saber contarla.
–Nakasone: “Tengo la capacidad de ver y prever lo que puede suceder. Ése es el gran mérito y la gracia de un reality, no hay otra receta. Partamos de la base que un reality genera morbo. Y si metes a 20 personas cualesquiera, incluso sin casting, se produciría lo mismo por el aislamiento, que es súper potente.

¿Por qué, si se genera esa relación tan fuerte, cortas el contacto con los participantes una vez terminado el reality?
Sí, lo hago. No los quiero ver. En las fiestas de fin de rodaje me escapo de ellos, porque es parte de ser profesional romper ese vínculo. Ellos no deben confundirse, en el programa se genera una situación de poder súper importante pero muy antinatural; sería un error trasladar ese vínculo a la realidad.

Álvaro Ballero dice que es el único que ha traspasado esa barrera. Que si fueras Walt Disney, él sería tu Mickey.
(Risas) A Álvaro le tengo aprecio. Cuando terminó Protagonistas de la fama yo me fui a Argentina y no lo seguí viendo, pero mantuvimos contacto vía mail. Y sí, me tomo cafés con Ballero y siempre le digo que cuando se canse de estar frente a las cámaras se venga conmigo, que tengo trabajo para él detrás de ellas.

¿Cómo conociste el género?
Naka recuerda.

Flashback. Buenos Aires, departamento de soltero de Nakasone, madrugada, 2001.

El reality El bar TV, producido por Cuatro Cabezas, transmite en directo durante 24 horas todo lo que hacen sus participantes. Naka llega cansado de un carrete. “¿En qué estarán estos chicos?”, se pregunta, y enciende la tele. Nakasone se ha quedado pegado mirando cómo algunos concursantes duermen y otros conversan pelotudeces. No sabe por qué, pero lo cautiva durante horas. Espiar la vida de los otros es un vicio de Nakasone previo a dedicarse a hacer reality.

Retorno al canal. Noche.

Nakasone regresa en la van a su oficina, a seguir trabajando. En su mente aparece la imagen del rockstar o futbolista que quería ser de chico. Lo más cercano que ha estado a eso es durante la final de Protagonistas de la fama, en 2003, su primer reality en Chile, donde se desempeñaba como jefe de Guiones. “Fue increíble. Esa noche marcamos 62 puntos. Me arrodillé y lloré como pocas veces lo he hecho en mi vida. Nos abrazamos con Luis Rolls, el director del programa, y fue como el abrazo de Tarantini y Fillol cuando Argentina ganó el Mundial del 78”.

Tienes tu plata y apenas duermes. No comes bien, apenas sales, no tienes tiempo por vivir la vida de los otros.
Nada de esto lo podría hacer si Vero no estuviera al lado mío. Trabajar en pareja es un desafío, yo como jefe y ella como jefa de otros. Y lo sorteamos. Nos matamos cuatro o cinco meses y nos dedicamos un mes a nosotros. En cierta forma somos súper responsables en cuanto a la pega, pero también súper responsables con nuestra vida. Más allá de lo que nos condiciona el reality nos sentimos sumamente libres. Si un día nos cansamos de esto, nos vamos y nos dedicamos a otra cosa. En la vida real muy poca gente puede hacer eso. Éste es el momento de sacrificio.

¿No te cansas?
Antes nos vamos a cansar de hacer reality que de trabajar como lo hacemos. Por eso, difícilmente haremos otro reality. Hace muchos años que estoy en esto y necesito otro desafío. El otro día veía a Radiohead y decía: “Muero por hacer la cobertura de esto, la conceptualización” y creo que lo haría bien. Entonces es como una dualidad. Esto es lo que hoy me permite estar bien y vivir tranquilo; tal vez, si hiciera lo que me gusta, no estaría tan tranquilo.

¿Qué vas a hacer, entonces?
No lo sé, ésa es una pregunta que me vengo haciendo hace por lo menos un año. Hacia dónde quiero ir.

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