Naomi Natale, entre el arte y el activismo

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Naomi Natale, entre el arte y el activismo

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Artista y fotógrafa estadounidense, es la creadora de The Art of Revolution, una plataforma que utiliza el arte para transformar la opinión pública hacia el cambio social. Su obra colectiva, One Million Bones, llamó la atención del mundo al reunir a una red de 150 mil voluntarios de más de 30 países para concientizar sobre los genocidios en África, que terminó con una instalación de un millón de huesos de arcilla, papel maché y madera en Washington en 2013. Su próxima instalación colectiva, En la luz, se hace cargo de Chile, su memoria y la reconciliación.

Por Aleka Vial / Fotografía: gentileza Naomi Natale

Paula.cl

Nacida en Italia y criada en Estados Unidos, donde estudió Arte y Fotografía, desde muy pequeña Naomi se reconoció como una buscadora de lenguajes creativos para comunicarse con los demás.

Fue en la universidad donde se encontró con la fotografía. En el último año de su carrera tuvo una experiencia que le cambió la vida: “Fui a fotografiar niños huérfanos que vivían en barrios marginales y reservas tribales en Kenia y me di cuenta de que mis obras e imágenes jamás podrían decir lo suficiente sobre tantas cosas que quería comunicar de esa experiencia”, dice Naomi Natale hoy. En ese proceso de frustración, se tomó un par de años para comprender y reconciliar su pasión como activista y su vocación como artista.

–Cuando tenía 22 años alcancé un punto en mi vida en el que me sentía muy dividida. Con el fin de avanzar y no sentirme paralizada, construí un corazón humano de látex y lo suspendí en una caja con hilos tirando en distintas direcciones. Lo hice para, literalmente, tener la experiencia de estirarlo y observar lo que esto producía en el objeto con forma de corazón humano. No estaba tratando de hacer arte, sino atravesar ese momento en mi vida que tenía el potencial de paralizarme. Sé que esto suena cursi pero la caja con el corazón cuelga todavía en la pared del pasillo de mi casa para recordarme, que en mi caso, el camino para atravesar algo es mediante la construcción física de un vía para averiguarlo.

Así, después de estirar ese corazón, a los 24 años volvió a la mesa de dibujo e imaginó un espacio lleno de cientos de cunas vacías. Así nació The Cradle Project, un trabajo o práctica social, diseñada para llamar la atención hacia los 48 millones de niños huérfanos en África debido a la enfermedad y a la pobreza. La idea era reunir cunas hechas por artistas de todo el mundo –con materiales encontrados o desechados– y mostrarlas en un solo espacio contra un telón de fondo de arena cayendo. “Cientos de cunas vacías podrían hablar más ampliamente sobre la pérdida”, dice.

“Con el fin de avanzar y no sentirme paralizada, construí un corazón humano de látex y lo suspendí en una caja con hilos tirando en distintas direcciones. Lo hice para, literalmente, tener la experiencia de estirarlo y observar lo que esto producía en el objeto con forma de corazón humano”, cuenta Naomi.

Luego vino One Millon Bones, una instalación con huesos hechos a mano por más de 150 mil participantes de 30 países, con arcilla, papel, papel maché, otros tallados en madera, fundidos en metal o vidrio. El espectáculo de un millón de huesos en el mall de Washington DC en 2013 no solo fue bello e impactante. Estaban destinados a provocar preguntas: ¿A quién pertenecen estos huesos?, ¿qué papel juega la política estadounidense en la vida y muerte de los individuos representados en estos símbolos?, como ciudadanos y votantes en Estados Unidos, ¿cuál es nuestra responsabilidad ante las víctimas de la violencia masiva?, ¿qué puedo hacer para ayudar?

¿Cómo lograste transportar un millón de huesos desde 50 estados en Estados Unidos y 30 países hasta Washington y desplegarlos en el National Mall?
Esta historia es milagrosa. Tuvimos a 40 coordinadores estatales en todo Estados Unidos que trabajaron organizando la fabricación y el almacenamiento de los huesos durante todo el año previo a la exhibición. El almacenamiento fue voluntario y muchas veces donado por empresarios locales, iglesias u organizaciones que nos ofrecieron su espacio para guardarlos. Unos meses antes del evento, tuvimos que averiguar cómo traeríamos todos los huesos desde los diferentes lugares hasta Washington. Fue en ese momento cuando nos asociamos con una organización fantástica, Students Rebuild, que aportó mucho al proyecto. Ellos contactaron a UPS para ver si podían ayudarnos. Sería imposible para mí explicar la magnitud del apoyo que significó que ellos colaboraran con traer todos estos huesos a Washington, así como el heroico esfuerzo que demostraron en el National Mall, para asegurarse de que todo estuviera en el lugar preciso para desplegar la exhibición. Y luego recoger y empacar todos los huesos de nuevo para enviarlos de vuelta a Albuquerque (donde vive). Hasta el día de hoy, me siento conmovida.

El año antepasado 100 mil huesos de cerámica llegaron a Srebrenica, en Bosnia y Herzegovina, donde fueron exhibidos para la conmemoración del 20° aniversario del genocidio. La intención es hacer una exhibición permanente allí con esos huesos.

¿A dónde fueron donados los fondos de ambos proyectos?
Los fondos que se recaudaron a través de The Cradle Project fueron donados a The Firelight Foundation, una organización que otorga subvenciones a iniciativas de base que abordan directamente las necesidades de los niños afectados por el VIH en África. Los fondos que se obtuvieron a través de One Million Bones fueron donados a la labor de Care International en la República Democrática del Congo y Somalia. Los esfuerzos de  esta organización están destinados a salud y bienestar de mujeres y niños.

Mil huesos, mil estudiantes
Naomi vive en Alburquerque, Nuevo México, junto a su marido, quien trabaja en la protección de áreas protegidas. Instalada muy cerca de las montañas, se encuentra desarrollando un proyecto vinculado a Chile titulado En la luz, que busca desarrollar una tercera instalación colectiva a gran escala para contribuir a la reconciliación y reparación de las heridas que dejó en nuestro país el golpe de Estado. “Todo lo que se necesita es un símbolo para lograr una profunda conexión en las personas y movilizarlas”, declara.

Tú afirmas trabajar en “la intersección del arte y el activismo”, ¿qué es para ti ser una artista?
Escogí el arte porque es el idioma con el que mejor puedo expresarme. Eso no quiere decir que sea muy buena en ello; quiere decir que a través del arte he generado muchas de las preguntas y emociones que deseo provocar y están más allá del lenguaje. Por mucho tiempo me cuestioné si yo era o no una artista, porque muchas personas en esta profesión piensan que estos proyectos no son arte sino activismo, por su visión, o porque a través de estos recaudamos dinero para alguna causas. Al principio yo solía pelear por el título de arte para mi trabajo, pero ahora parte de mi tarea es constantemente reconsiderar qué significa para mí ser una artista, para validarme fundamentalmente conmigo misma, no con los demás, de manera de poder continuar creando de una forma que sea significativa. Para mí es muy satisfactorio cuestionármelo y por eso estudio permanentemente, ahora mismo estoy estudiando un magíster en Bellas Artes.

Alejandro Jodorowsky –artista, cineasta y escritor chileno– afirma que “el arte que no es para sanar no es arte”, ¿qué opinas de esto?
Bueno, supongo que esto dependerá de cómo definamos sanación. Hay un hermoso artículo que habla de esto en el que Rachel Naomi Remen declara: “La sanación no es tanto acerca de cómo mejorarte sino de cómo dejar ir todo lo que tú no eres –las expectativas, las creencias⎯ y convertirte en quien realmente eres. No un mejor tú, sino un tú más verdadero”. Y en ese sentido yo estaría de acuerdo con Alejandro. El arte que no está al servicio de una verdad no es arte. Aunque debo confesar que digo esto como alguien que cree que rara vez hay una sola verdad, pero que al reunir muchas verdades juntas podemos acercarnos más a ella y discernir lo que E. E. Cummings describe como “una pregunta más hermosa”.

¿Cuál fue tu sueño al crear One Million Bones?
Mi sueño inicial fue cómo podríamos utilizar este proyecto como una herramienta para el movimiento antigenocidio. Los activistas que trabajan en estos temas están familiarizados con las dificultades de organizarse alrededor de las atrocidades masivas. Son los temas que la mayoría de las personas prefiere no mirar porque revelan la peor cara de la humanidad. Yo misma, como activista antigenocidio, siempre encontré casi imposible involucrar a las personas sin horrorizarlas y, como muchos activistas que trabajan en estos temas te dirán, nosotros siempre somos los que echamos a perder la fiesta, porque estos son los temas de los que sí queremos hablar. Entonces muchas veces nos encontramos compartiendo información muy difícil sin tener una acción concreta para que quienes nos escuchan puedan procesarlo. Creo que este fue el gran aporte del proyecto One Million Bones, les otorgó a los activistas una herramienta concreta con la cual organizar a las personas. Y, además, les ofreció un plan de estudios para que los profesores pudieran enseñar estas materias a sus estudiantes.

¿Qué les sucede a las personas al participar de una obra que simboliza una historia tan dolorosa?
Hubo muchas historias que me marcaron, pero una de mis favoritas es la de un estudiante llamado Liam Davis-Wallace. Liam –un estudiante de quinto grado de la George Washington Middle School en Alexandria, Virginia– se enteró por primera vez de la crisis en Somalia a través de este proyecto. Su profesor había traído a One Million Bones a mil estudiantes de quinto y sexto básico a los que estaba enseñando acerca de los conflictos y hambruna en Somalia y el Congo. Esas clases, y la respuesta de Liam a estas, desencadenaron una cadena de acontecimientos maravillosos. Liam inició una campaña de recaudación de fondos, a través de Unicef, ​​para los niños en Somalia. Se comprometió a nadar y a correr en competencias y pedir a sus amigos, familiares y vecinos que lo patrocinaran, con una meta de mil dólares. Al final, Liam recaudó 3.589 dólares de 70 personas diferentes, se escribieron dos artículos de prensa sobre su esfuerzo y su familia hizo un video para compartir su historia. Toda su familia y varios de sus amigos llegaron al National Mall el 8 de junio para exponer los huesos con nosotros. Muchas cosas diferentes suceden a las personas en el proceso, yo por ejemplo, debía modelar mi pelvis pero elegí crear un hueso pélvico en honor a una mujer llamada Achta, quien tiene mi edad exacta y vive en Chad. Cuando hice la pelvis, me recuerda muchas cosas: la vida, el nacimiento, la belleza, la fragilidad de todo eso. Me recuerda la muerte, y la línea muy delgada entre ambos. Pienso en los cuatro hijos que Achta perdió en su viaje desde Sudán a Chad y en el campo de refugiados donde vive. Pienso en sus otros cinco niños que todavía están vivos, y en cómo su pelvis contiene todo eso.

¿Hubo resultados positivos a nivel político, líderes movilizados por esta obra?
Nuestros colaboradores que trabajan en el movimiento contra el genocidio nos contaron acerca de un día notablemente exitoso durante el proceso: el Día de Acción contra las Atrocidades, en el que hubo 200 autoridades participando en 97 reuniones en el Capitolio. En las semanas siguientes a la instalación de One Million Bones en la explanada presenciamos un importante movimiento político: el 18 de junio, el Secretario de Estado, John Kerry, anunció el nombramiento de la ex senadora Russ Feingold como enviada especial de Estados Unidos a la región africana de los Grandes Lagos y la República Democrática del Congo. Y un mes después de las reuniones supimos que la Cámara de Senadores aprobó de forma unánime la resolución 144 relativa al Congo. También, el senador Coons envío una Carta de Prevención de la Atrocidad al Presidente Obama, firmada junto con el senador de Nuevo México y el de Virginia. Y el diputado Gerry Connolly, de Virginia, habló acerca de One Million Bones y de la necesidad de abordar el genocidio en la Cámara de Representantes el 25 de junio.

Luz en Chile
Junto a Susan McAllister, Naomi creó un proyecto en Chile llamado En la luz, que trata sobre el periodo de tiempo alrededor del golpe de Estado y sobre la dificultad o reticencia que algunas personas tienen para hablar de ello.

–Es un proyecto en homenaje a la poesía, la pasión y la complejidad del pueblo chileno y sus cielos mágicos y místicos –dice–. Este trabajo sigue la luz de la estrella 58 Eridani, que es visible desde el cielo chileno, y está a 43 Años Luz. En el 2016, cuando lanzamos el proyecto, descubrimos que su luz había viajado 43 años hasta la Tierra, así que elegimos esta estrella en particular porque nos dimos cuenta de que estábamos presenciando la luz que ella emitió en 1973. Quisimos utilizar la historia de esta estrella para invitar a los chilenos a compartir un recuerdo de esa época, bajo una nueva luz metafórica. Muchas personas están grabando sus memorias que luego también anotarán en linternas de papel. Y nuestra idea es encenderlas en una ceremonia, un día 11 de septiembre, para crear una constelación de memoria chilena.

Todos tus proyectos están vinculados con episodios enterrados o invisibilizados, con el hábito de ocultar la historia del dolor humano.
Cuanto más profundo se halla enterrado este dolor, más difícil es conciliar todo lo que existe. En mi país nunca hemos reconocido el genocidio que tuvo lugar para que Estados Unidos se convirtiera en una nación. Por lo tanto, nuestra historia, la que se enseña en las escuelas y se vuelve a declarar y a recordar en nuestra memoria nacional, es una más de las omisiones antes que las verdades o la comprensión. No tengo duda alguna de que el clima político actual en nuestro país –y que condujo a la elección de un presidente cuya plataforma se basó en una ideología de supremacía blanca, misoginia, xenofobia y racismo– es el resultado de una nación que nunca ha abordado su pasado.

¿Cuál es tu fuente de sanación o práctica personal que te permite sostener tan altos niveles de compromiso, energía y convicción para movilizar a tanta gente?
Recuerdo que soy afortunada. Que me entregaron amor incondicional y que tengo la libertad de devolverlo de la manera que desee.

Tienes también un proyecto sobre el poder de los discursos, tú misma eres una gran oradora, ¿cuál es el poder de la palabra como medio de expresión personal y movilización social?
El proyecto al que te refieres se llama Retórica y revolución, y es en torno a la propia voz, a cómo encontrarla y sentirte cómodo al usarla. Está inspirado en el discurso de la gran poeta y guerrera, Audre Lorde: “La transformación del silencio en lenguaje y acción”, que es un discurso que me sacude hasta la médula cada vez que lo escucho. Ella dio este discurso cuando estaba luchando con su propia muerte por un diagnóstico de cáncer, y en este hace una confesión increíblemente profunda: que sus mayores remordimientos eran sus silencios. Debo confesar que yo también estoy continuamente acosada por ellos. Y lo que reconozco en esta declaración son las dos fuentes movilizadoras más significativas para mi trabajo: una es el miedo a perderme a mí misma, lo que soy, y lo que me importa; y la segunda es la increíble viabilidad de lo que es posible cuando logras utilizar tu propia voz y ofreces a otros la oportunidad para que también encuentren la suya.

Si tuvieras acceso a una señal telepática global que te diera un minuto para llegar a toda la humanidad, ¿cuál sería tu llamado?
Probablemente sería un mensaje sin palabras. Tal vez el mensaje sería uno dedicado al silencio y al acto de escuchar. Porque solo escuchando nos permitimos ser abiertos, empáticos y comprensivos. Y creo que en este momento estas son las cualidades que necesitamos más que cualquier otra cosa.

  • Todos quienes deseen involucrarse en este proyecto y compartir sus recuerdos buscar más información de cómo hacerlo en www.enlaluz.cl

 

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