Ni un pelo de pava

Reportajes y Entrevistas

Ni un pelo de pava

Por Josefina Hirane / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Álvaro Renner / Maquillaje: Carmen Bottinelli / Agradecimientos: Rapsodia

La actriz que interpreta a la quinceañera despistada y con frenillos en Papá a la deriva (Mega) se parece muy poco a su personaje. Nació y creció en Israel en una casa con refugio antibalas, es bailarina de danza contemporánea de profesión, tiene 28 años y una hija de 6, lo que la ha empujado a abrirse un camino. “No puedo darme el lujo de no hacer nada”.

Paula 1183. Sábado 26 de septiembre de 2015.

“Nací y viví en Israel hasta los 10 años. Mi papá, chileno, y mi mamá, argentina, tenían una empresa textil y mi vida allá era normal. Aunque el conflicto político es muy fuerte, y se nota en las costumbres (como que las casas se construyen con refugios antibalas y antibombas) yo no vivía con miedo. Acá me relaciono con mucha gente que está en contra del Estado de Israel, y también con otra que es anti-Palestina. Yo puedo entender ambas partes, pero jamás estaría a favor de la guerra”.

“Soy judía por herencia, pero no practico la religión. Mi nexo con el judaísmo es cultural y trato de mantenerme involucrada en la comunidad. Mi hija Olivia, de 6 años, va en el Colegio Hebreo y a hashomer hatzair, una especie de scouts judíos”.

“Cuando llegué a Chile no hablaba una sola palabra en español. Entré a mitad de año al Colegio Francisco Miranda. Era el bicho raro y el centro de atención a la vez. Todos querían conversar conmigo y yo no podía. Fue tal mi necesidad de comunicarme, que al mes empecé a hablar español de corrido. Lo curioso es que, al mismo tiempo, el hebreo se me borró completamente. Fue una especie de trauma: tuvo que salir un idioma para que entrara el otro”.

“Siempre he sido insegura con mi físico, nunca me he sentido la media mina y en el colegio me iba pésimo con los hombres”.

“Mi única escuela en la actuación ha sido el taller de talentos que dirige Moira Müller, bajo el alero de Quena Rencoret. Ingresé ahí mientras estudiaba el último año de Danza en la Arcis. Fue un gran aporte. Aprendí mucho”.

“En el primer casting que hice para la televisión no quedé seleccionada y me frustré muchísimo. Era para la teleserie Volver a amar, de TVN. Dije: ‘qué voy a hacer de mi vida, de dónde voy a sacar trabajo’. Tengo una hija, eso influye mucho porque no me puedo dar el lujo de no hacer nada. Tengo que generar dinero. Y haber elegido ser artista es una decisión que hasta el día de hoy me cuestiono porque es realmente difícil acá en Chile. Mis primeras apariciones en televisión fueron muy esporádicas en Vuelve temprano (TVN) y en Pituca sin lucas (Mega)”.

“En carreras como la Danza y el Teatro el cartón universitario no te sirve de nada. Yo no estudié Teatro y a nadie le importa, ni a mis pares, ni a mis jefes. Uno puede ser artista si quiere serlo, creando, probando de manera autodidacta. Si tú eres bailarín, eres bailarín por lo que has hecho, no por dónde has estudiado. Lo mismo con los actores. Además, una carrera universitaria es carísima. Yo estudié con crédito y todavía debo tres años. Creo que no se justifica”.

“El personaje que hago en Papá a la deriva es muy desafiante, porque tengo que caracterizar algo que no soy. Una joven perna, incomprendida. El patito feo de la familia. En términos de casting, tengo muchas más posibilidades de hacer la típica rubia cuica, entonces encuentro muy entretenido ahora hacer una niña feíta medio pava”.

“Hay que asumir el tema del casting físico. Como sea tu cuerpo va a definir el tipo de papeles que vas a hacer. Si yo fuera morena, quizás podría haber actuado en la serie Sitiados, que trataba sobre la guerra de Arauco. Uno tiene que aceptar el cuerpo como un instrumento de trabajo. Eso ayuda a construir historiales reales. No puedes tener en una población a puros actores con el pelo rubio, porque el chileno no tiene el pelo rubio”.

“Cuando me veo en la tele caracterizada de Esmeralda, me encuentro horrible, pero no me afecta porque sé que no soy así en la vida real. Aunque no me cambian mucho, solo me ponen frenillos, pero creo que lo que me afea es la actitud, la caracterización que hago. A veces en instagram me escriben “eres muy fea”, pero lo tomo como un halago. Significa que estoy haciendo bien mi trabajo”.

“Estoy pasando por un momento en el que no me siento muy linda. Quizás inconscientemente tiene que ver con el papel que estoy haciendo, pero no me importa. En todo caso, siempre he sido insegura con mi físico, nunca me he sentido la media mina y en el colegio me iba pésimo con los hombres”.

*** Mira aquí el making of de la sesión de fotos. ***

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