Nicolás Espejo: Artillero pro niños

Reportajes y Entrevistas

Nicolás Espejo: Artillero pro niños

Por Pilar Navarrete / Fotografía: Rodrigo Chodil.

Luego de tres años en Nueva York donde trabajó como asesor directo de la representante del secretario general de Naciones Unidas sobre la violencia contra los niños, el abogado Nicolás Espejo, experto en temas de infancia, aterrizó de vuelta en Chile, expectante de lo que, asegura, se viene en su área de expertise: un nuevo gobierno —“ que tendrá que solucionar el tema de Sename y que ha dado señales de que los niños serán una prioridad”—, un nuevo Congreso, y el debut de las recién creadas Subsecretaría de la Niñez y Defensoría de los Derechos de la Niñez.

Paula.cl

Nicolás Espejo (45) se detiene cuando la entrevista ya bordea las dos horas y busca entre sus recuerdos una escena que quiere citar. Le acabo de preguntar cuándo empezó a masticar la idea de volver a Chile tras pasar tres años en Nueva York donde trabajó como asesor de la representante del secretario general de las Naciones Unidas sobre la violencia contra los niños, Marta Santos Pais. Ahí ayudaba a los 190 países que participan en la ONU a crear políticas públicas que apunten a erradicar toda forma de violencia contra los niños. El sueño del pibe para un abogado experto en infancia.

Primero dirá que la idea comenzó a rondarlo el primer semestre del año pasado. “Me dio la impresión de que era imposible que se completaran todas las reformas que se requerían de infancia”, dice. “Y entonces los que esperábamos que ya estuviera resuelto el problema del Sename, la Ley de Garantías resueltas, nos dimos cuenta de que no iba a ser posible. Y en la nueva etapa que viene va a ser todo muy complejo, no solo por el cambio de gobierno, sino porque va a haber un Congreso muy distinto. Este es un país que va a la velocidad de la luz. Cuando me di cuenta de eso, que el tema de infancia se volvió políticamente relevante pero en un contexto donde si bien hay mucha claridad sobre los problemas, hay poca claridad sobre lo que se requiere, sentí que había un espacio en mi ámbito donde quiero participar con mi forma de entender las cosas”.

¿Y cuál es esa forma de entender las cosas?

Entonces Nicolás Espejo saca a flote su recuerdo:

“Cuando tenía 20 años llegué con traje y corbata a un estudio de abogados muy elegante. Me senté con el abogado jefe y lo primero que me dijo fue: ‘En la vida hay dos tipos de personas, las que dan problemas y las que los solucionan. Nosotros somos de los segundos. ¿Te quedó claro?’. Ha sido el mejor consejo profesional que me han dado. Y hoy creo que si uno no sabe una solución, mejor que no hable del problema. Si no, la gente dice “qué terrible, qué hacemos”, ¿y tú vas a encoger los hombros? Eso no se puede hacer. Me parece inmoral”.

Defender a los niños
Durante sus tres años fuera de Chile, Nicolás Espejo seguía atento lo que pasaba en el país. No solo a través de los diarios, sino porque le tocó viajar varias veces a apoyar la redacción de la Ley de Garantías y citado por la comisión de infancia del Senado. “Me llamaban para mirar un anteproyecto de ley. Y yo decía ojo con tal o cual cosa en la redacción”, explica.

Antes de dedicarse a temas de infancia hizo un doctorado en la Universidad de Oxford (donde actualmente hace clases como profesor visitante) y luego pasó una década litigando causas de derechos humanos ocurridas principalmente en democracia: a favor de la libertad de expresión tras la censura de El libro negro de la justicia chilena de la periodista Alejandra Matus; defendiendo el caso de un marino que escribió un libro sobre inteligencia militar —“donde aunque no develaba ningún secreto de la inteligencia militar chilena, molestó a un superior, y lo echaron sin debido proceso”, explica Espejo—. También tramitó los primeros casos de acceso a triterapia para personas enfermas de VIH Sida en Chile. “Fuimos por varios años presentando recursos de protección inadmisibles, admisibles, los perdíamos, ganábamos. Hasta que al final el Estado se comprometió con un acuerdo con el Banco Mundial a garantizar triterapia”.

¿Qué te vinculó con los temas de infancia?
En el marco del trabajo de Derechos Humanos que hacíamos en la Clínica Jurídica de la (Universidad) Diego Portales, la UNICEF nos pidió que empezáramos a hacer un seguimiento un poco más específico sobre los derechos de los niños. Antes me había tocado llevar el caso de un grupo de niños que murieron quemados en Puerto Montt en un centro de privación de libertad el año 2007 o 2008. Murieron quemados porque hicieron un motín y los colchones no eran antillamas. El ministro de la época siguió siendo ministro… Una cosa realmente inconcebible. Ahí empecé a meterme más en temas de infancia.

De hecho, entre 2009 y 2015 trabajó como asesor senior de Unicef en Chile, dando pauta y consejos a la primera administración de Michelle Bachelet, luego al primer gobierno de Sebastián Piñera y después al gobierno “Bachelet 2”, como él lo llama.

¿Pero qué hizo que de pronto descubrieras que infancia era el tema al que te querías dedicar?
Infancia es uno de esos temas donde tú ves que hay seres humanos que tienen Derechos Humanos, pero que siempre se encuentran en una posición eventualmente vulnerable frente a los abusos y como habitan en un mundo adulto, es difícil que eso se manifieste en los ámbitos de poder con la fuerza que requieren. Entonces sus demandas quedan ahí. Y es un mundo muy complejo, porque las maneras que tienen de expresar su frustración o sentimientos puede ser el silencio, puede que un niño arrastre una herida moral toda su vida y se manifiesta a los 30 o 40 años. El rol que un adulto que trabaja en Derechos Humanos puede hacer es muy importante, porque te permite ser un instrumento, una forma de mediación entre lo que pasa ahí y lo que pasa en el mundo del poder, del Congreso. Ese rol de mediación es el que he descubierto en mi vida en los últimos 10 años.

Ahora, ya de regreso, Nicolás vive temporalmente en el departamento de su hermano, el diputado (hasta marzo) Sergio Espejo, mientras busca un nuevo lugar donde instalarse. Dice que no ha buscado porque su cabeza “está en otra”: pensando proyectos, ideando cosas. Su escritorio es el comedor de la casa de su hermano: una enorme mesa de madera donde un cerro de libros rodea su computador portátil. El plan de Nicolás es, de ahora en adelante, trabajar desde Chile para el mundo. Sigue como asesor de la ONU y Unicef. “Pero este minuto siento que la urgencia de los cambios en Chile es tan importante que hay que estar aquí y que el conocimiento tiene que estar al servicio de la acción concreta”.

Hay varias señales de que en su área de expertise comenzarán a moverse las aguas: si su instinto no le falla y se cumplen las señales que ha anunciado el futuro gobierno –que los niños estarán primeros en la fila y la confirmación de que el futuro ministro de Desarrollo Social será parte de las reuniones del comité político—, el tema de políticas públicas sobre infancia será prioridad. Además, porque en ese nuevo escenario debutarán dos instituciones recién creadas por ley y que jugarán un rol importante: la Subsecretaria de la Niñez, dependiente de Ministerio de Desarrollo Social, y la Defensoría de los Derechos de la Niñez, un órgano autónomo que velará por la promoción de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Si bien oficialmente todavía no hay candidatos a Defensor (el mecanismo para buscarlos y elegirlos lo definirá recién en marzo la Comisión de Infancia del Senado), algunos ya piensan Nicolás Espejo para el cargo.

“Yo no soy candidato a nada”, dice él, enfático, cuando le preguntan por el tema.

Pero saliste en El Mercurio como posible candidato.
Yo no soy candidato a ningún puesto ni a ninguna cosa. Hasta que la comisión fije el procedimiento, a mí entender, no hay candidaturas de ningún tipo. Lo más importante en mi opinión es que si en Chile se peleó por esa institución, que va a ser el primer Ombudsperson  (Defensor del Pueblo, la autoridad del Estado encargada de garantizar los derechos de los habitantes ante abusos que puedan hacer los poderes políticos) en la historia de nuestro país, es que se garantice que el proceso de selección de, sea quien sea el defensor, responda a los principios que establece esa ley: una persona que cumpla con un perfil de autonomía e independencia por un lado y, segundo, de idoneidad para el desempeño de las múltiples funciones que la ley establece. O sea, desde hacer investigación hasta a representar casos de niños, participar en los procesos de legislación, recomendar al presidente, al Congreso, al Poder Judicial sobre lo que tiene que hacer. Lo peor que podría pasar es que el cargo del defensor sea resultado de una negociación política. Si fuera así, yo sería el peor candidato porque soy independiente y no quiero deberle favores a nadie.

¿Por qué se crea recién ahora la Defensoría de la Niñez?
Ha habido varios intentos en la historia de Chile por crear la figura del defensor de los Derechos Humanos: el ombudsperson. De hecho, se discutió al mismo tiempo que la creación del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). La decisión en ese minuto, en el primer gobierno de Michelle Bachelet, fue apostar por la creación del INDH y desechar la idea del defensor de la niñez en la expectativa de que el Instituto podía cumplir varias de las funciones del defensor. Pero en la práctica no es lo mismo. Entonces, en el marco de las reformas de la infancia que se dieron en el último tiempo, cuando se discutió qué se requería para Chile, varios planteamos que una ley marco que fije cuáles son los derechos y garantías de los niños y que fije una estructura institucional para garantizar que hay un sistema de protección integral a todos los niños. No solo para los que pasan por vías de medidas de protección a través del Sename, que es una proporción bajísima de la población de niños en Chile. Ahí surgió la idea de la Defensoría y de un sistema de protección integral de la infancia que en Chile no existe.

¿Qué es un sistema integral de protección de la infancia?
Primero, un conjunto de normas que fijan las reglas del juego y que te dicen, por ejemplo, “los niños tienen derechos”. Derecho a muchas cosas: a que un sistema de garantías promueva y potencie todas sus capacidades, que se les permita garantizar cómo acceder a una educación de calidad, vivir en un ambiente familiar que nutra sus derechos donde los papás sepan y tengan apoyo para desarrollar sus habilidades parentales. Barrios seguros, cómodos, que les permitan salir a jugar sin tener temor a que sufran delitos.

¿Eso hasta ahora no existe?
No. En Chile no hay una ley general que reconozca todos los derechos de los niños. Se aplica la Convención Internacional de los Derechos del Niño y hay normas en temas donde se reconocen algunos derechos específicos. En el sistema penal juvenil está el derecho a una defensa o si los padres se separan hay ciertas garantías para saber cuándo se les puede visitar. Pero no existe una ley marco que diga “mire, los niños tienen todos los derechos humanos porque son humanos y sobre esos tienen otros derechos adicionales de protección reforzada a esos derechos”.

¿Por qué es clave fijar esos derechos?
Porque si no puede prestarse para que se crea que los niños en realidad no tienen todos los derechos que establece la convención y requieren de una ley especial en cada momento para que así se haga. Eso uno lo ve en el Congreso donde no es raro escuchar “la ley no es explícita en que el niño tenga este derecho”.

¿Cuál sería un modo de participación de los niños?
Por ejemplo: hace unos meses participé en un proceso donde le preguntamos a niños de América Latina qué pensaban sobre la migración: si era seguro salir de su país o no, qué creían que les pasaba a los niños cuando salían, porque en muchos países los niños salen solos escapando de la violencia. Por medio de un acuerdo con Facebook o por mensajería de texto podían responder. Entraban desde su celular y les aparecía una plataforma que les decía “Hola, Bienvenido, ¿Qué opinas tú?”. Así recolectamos la opinión de miles de niños en América Latina. ¿Para qué? Para luego llevar esa opinión a las reuniones de alto nivel de Naciones Unidas en la Asamblea General en Nueva York decir “esto es lo que los niños opinan”. En las próximas semanas se está publicando un informe sobre niños y movilidad, donde vienen también los resultados de esta encuesta.

¿Para lograr eso se requiere que los adultos sean mediadores de las respuestas de los niños?
Lo clave es que sea el niño quien te pueda decir su opinión de la manera más directa y sin ningún tipo de control de un adulto. Pero crear ese proceso, diseñarlo y después pelear porque esa voz sea escuchada es una obligación de los adultos. Y eso es lo interesante de la participación infantil, porque requiere que nosotros los adultos entendamos que jugamos un rol instrumental para facilitar que la opinión de ellos sea desarrollada. No nuestra opinión. Y sobre esto tenemos muy poca cultura en Chile. Muy poca.

Cuando planteas esta idea acá en Chile, ¿qué reacción has visto?
Que hay poco conocimiento todavía.

Sename: solución radical o para la casa
Da la impresión de que la urgencia de generar nuevas políticas en torno a la infancia surgió con más fuerza después de la crisis que estalló del Sename. Si no hubiese sido ese el tema, ¿la idea de “los niños primero” se habría puesto tan fuerte en la agenda?
Efectivamente yo creo que lo del Sename era una bomba de tiempo. La gente tenía una cierta percepción de que las cosas no estaban bien, pero no al nivel de lo mal que estaban. La brutalidad de los hechos: niños abusados sexualmente, maltratados, torturados, niños que se suicidaron en centros privativos de libertad —cosa que me consta porque lo hemos monitoreado con las comisiones que supervisan los centros de privación de libertad—, falta de acceso a salud mental, física. Toda esa cuestión fue tan violenta que la gente cuando vio en detalle lo que había ocurrido tuvo una reacción moral que me parece entendible. Habla bien de Chile que la gente diga “esto es inaceptable”, “con los niños, no”. Además hoy la gente está más exigente sobre el cumplimiento que el Estado tenga de ciertos estándares. Porque cuando la gente ve que el Estado tiene instituciones, autoridades, recursos, estructura y dice, bueno, cómo con esta institución, con esta estructura el nivel de cumplimiento es tan bajo, dice no puede ser. Lo del Sename es algo realmente inaceptable.

¿Qué consideras es lo más inaceptable?
Mira, Chile es un país que pertenece al 20% de los países con más índice de desarrollo humano en el mundo. Junto a Uruguay, es el país con ingresos más altos en América Latina. Altos. Ni si quiera medios. Es un país donde solo 0,5% de los niños menores de edad tienen menos del peso normal que debieran tener. Hay 17% de pobreza que va en baja, 23% en el caso de los niños. Es decir, es un país que no puede permitirse seguir discutiendo la crisis del Sename. Primero, moralmente, y segundo, porque no tienen ningún sentido que con la cantidad de niños que pasan por el sistema, no tengamos una respuesta que les garantice dignidad, atención de altísima calidad, que los niños que requieren medidas de protección se revinculen con sus familias, y que los niños que están en conflicto con la ley penal tengan los mejores sistemas de prevención del delito y además las mejores tasas de desistimiento criminal. No nos podemos permitir eso.

¿Dónde han estado las principales trabas?
Primero, en que esto estuvo escondido durante mucho tiempo. Ahora la gente sabe y eso ayuda a que se ejerza presión sobre esto. Segundo: simplemente no ha sido una prioridad política. No puedo entenderlo de otra manera. Cómo puede ser que a octubre de 2017 había aproximadamente 6 mil niños en residencias, unos 5 mil en familias de acogida, 1400 en centros privativos de libertad: 12 mil niños. ¿Que el Estado de Chile no se pueda hacer cargo de esa cifra?… Es una cifra muy pequeña. Por eso no puedo entender por qué no ha sido una prioridad, sobre todo una prioridad política. Porque si con 12 mil cabros no te la puedes, mejor te vas para la casa.

¿Qué tan cruzadas están las soluciones de una decisión política?
Como el problema se ha vuelto en un tema político, la clase política ha reaccionado frente a eso y eso es una buena cosa. Pero uno de los problemas ha sido que cuando la autoridad política lo identifica como un problema, luego lo sectorializa. Entonces dice “ah, bueno, Sename es un problema grave, entonces vamos a designar a un nuevo director del Sename que se va a hacer cargo del problema”. Y esto es un grave error. Un grave error.

¿Por qué?
Porque el Sename es el síntoma, no es el problema. La cuestión es que efectivamente hay que tomar decisiones drásticas, radicales sobre qué va a ocurrir para tener en Chile los mejores programas para atención a niños por protección o por infracción de ley. Y para eso hay que tomar una decisión radical. Y las decisiones radicales pasan por distintos tipos: desde que se acabe el Sename, hasta intervenir radicalmente pero generando una serie de contextos integrales de protección a la infancia. Y eso requiere no solo hacerse cargo del Sename, sino que crear un sistema de protección integral de la infancia. El Estado se debe preguntar cómo garantiza que haya prestaciones en todas las dimensiones de la vida, del ciclo vital del niño, de su entorno comunitario, familiar, institucional, que le permita a un chico decir “ok, estoy protegido por algo. Si me caigo, no me van a pegar un palo en la cabeza, si no que alguien me va a dar la mano, para que yo vuelva a intentarlo”. Y como pasa con los niños —nos pasa a los adultos y no les va a pasar a los niños— uno se cae más de una vez en la vida.

¿Hay en Chile una mirada más pro punitiva que rehabilitadora?
Absolutamente. De hecho, los datos demuestran que si eres un adulto y cometes un delito la probabilidad de que estés en prisión preventiva antes de la condena es menor que si eres un adolescente.

Todo lo que hemos hablado no va a ocurrir de un día para otro. ¿Cuánto tiempo crees hay que esperar para que se genere ese tejido que permita funcionar todo esto?
Hay cosas urgentes como el problema del Sename donde la solución se tiene que definir en una semana. Así de práctico. Nada de que “oiga, mire, es que el sistema…”. La crisis del Sename no puede tardar. Es inmediato. Pero instalar un nuevo sistema de protección integral es un proceso largo. Chile ha promovido entusiastamente las metas de desarrollo sostenible para el año 2030 en distintas materias: cuestiones ambientales, salud, educación, acceso a la justicia, temas que afectan a los niños. Ya que existe ese año como fecha, Chile podría fijarlo también como metas de su sistema integral de protección de la infancia.

¿Cuáles consideras deben ser las primeras medidas a tomar por el próximo gobierno en temas de infancia?
En cuanto al Sename, la cosa tiene que ser simple y clara. Radical. Y llevado a alto nivel, no dejado de nuevo al control básicamente del propio Sename. No servirá de nada pedirle a un nuevo director del Sename que haga algo radical. Acá lo que se necesita es una intervención externa liderada por el Presidente de la República, acompañada por un grupo de expertos que le indiquen qué hacer. Todo esto con plazos muy claros y que indiquen con toda claridad cuáles van a ser los indicadores que en dos o tres o tales meses dará determinados indicadores de resultado de la mejora. Todo esto en un proceso público, transparente y simple. Para que la gente pueda entender lo que está pasando.

¿Qué debe pasar para que los temas de infancia pasen a ser una prioridad política?
Yo soy un convencido de que si tú quieres que una política pública funcione, tienes que acercarla al centro del poder. Ese ha sido el problema de las políticas de infancia en Chile: que permanentemente han quedado lejos del centro del poder. Pero tengo la impresión de que ahora hay buenas ideas y veo que hay un espíritu. Me gusta ver que el ejecutivo (el próximo gobierno de Sebastián Piñera) diga que esto lo va a poner de primera prioridad. Me parece fantástico que el Ministerio de Desarrollo Social pase a formar parte del comité político. Son buenas señales. Pero tengo la impresión, a su vez, de que el problema es más complejo de lo que se ve: va a ser muy complejo ir generando un ambiente que permita tender puentes, que permita ir generando los grandes acuerdos que se necesitan. Acuerdos políticos, técnicos, concretos, con plazos.

¿Crees que el problema de la infancia en Chile se ha cegado en el Sename?
Sí. Cuando uno conversa de esto entre especialistas se habla de la senamización del tema. Lo complejo es que la cosa se va a seguir senamizando si no se resuelve, lo que me parece insólito e inaceptable porque desde el programa de Eduardo Frei Ruiz Tagle se viene hablando de la separación del Sename. Como no hemos solucionado el problema, lo arrastramos hasta el día de hoy y eso no nos permite seriamente subir el estándar para llegar a la conversación que deberíamos estar teniendo en Chile, que no es cómo los niños no sufren tortura y abusos cuando están bajo el cuidado del Estado. Eso es como seguir en algo de la Edad Media. Por eso es importante solucionarlo bien y rápido. Si no, no vamos a pasar a segunda. Y la segunda es empezar a hablar de buenas historias de los niños. 

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