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29 noviembre, 2017
orla

Si & No: Leonor Varela

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Por Carla Alonso / Fotografía Javiera Eyzaguirre


Paula 1240. Sábado 2 de diciembre de 2017. Especial Navidad.

    SI Creo en Dios y me comunico con él a través de la naturaleza. En los momentos de silencio y quietud. Siempre recurro a Dios en los momentos difíciles.     NO Fui al sicólogo obligada cuando era adolescente y estaba en mini faceta rebelde, pero no me sirvió mucho.    SI Encontré de grande una terapeuta más adecuada a mi sensibilidad espiritual. Recurro a ella cuando me siento estancada o cuando con mi pareja enfrentamos un desafío donde necesitamos un tercero para guiarnos. Se llama Sanda y haciendo el cálculo, ¡me doy cuenta de que son 14 años trabajando juntas!     NO El desorden no lo soporto. Soy borderline OCD –trastorno obsesivo-compulsivo, por sus siglas en inglés–. ¿O quizás soy una OCD funcional? Habría que preguntarle a Lucas (su marido).    SI Me hace sonreír un recuerdo de infancia que es una cosa sencilla: mi papá haciéndome unas trenzas, yo sentada en una silla de nuestra cocina en Boulder, Colorado. No le era fácil. Me daba risa sentir lo torpe que eran esas manos científicas al peinarme, pero lo quería hacer igual.     NO La piel de mi estómago después del embarazo no me gusta. ¡Terrible! No es grasa, ni gordura, porque soy una persona atlética. Intenté un láser en esa zona para aumentar el colágeno y me habrá servido en un 10 o 20% de mejoría, así que me doy por pagada y acepto esta nueva parte de mí.     SI He tenido que calmar mucho la moto con la maternidad. Bajar las revoluciones y rendirme más a la vida. La maternidad me enseñó que, a pesar de todos mis esfuerzos y duro trabajo, no tengo el control sobre la situación. Eso me lo enseñó sobre todo mi hijo Matteo (5) y su complicado cuadro de salud.   NO Cuánto cambiarían mi ritmo laboral y mis prioridades con el hecho de ser madre, no lo dimensionaba. Matteo, mi hijo mayor, vino a cambiarlo todo. Al entender la gravedad de su condición genética (leucodistrofia AGS, que se produce por una falta genética y que impacta, entre otros, la materia blanca en su cerebro, que conducen los impulsos nerviosos) di un giro de 180 grados. Cuando mi hija Luna (3) cumplió 1 año y Matteo comenzó a estar más estable, mentalmente decidí volver a lo mío: la actuación. Ha sido un largo camino para volver hacia mí.     SI Perdura en mí el impacto de ver a mi padre entregarse a la muerte de forma tan presente y entera, sin miedo, con dignidad. El cáncer y la lucha que dio por más de una década contra esta enfermedad… fui testigo de cómo mi papá se sentaba a meditar, en paz con él mismo y la situación. Fue como si todos sus estudios budistas y filosóficos estuvieran ahí, aplicados en esos últimos días de su vida. Fue muy fuerte.    NO Logro evitar la angustia cuando hay que tomar una nueva decisión médica para mi hijo. Su condición genética no tiene cura, no hay ningún tipo de camino ni de tratamiento para él, por lo que todas las decisiones recaen sobre mi instinto maternal. Siempre terminamos tomando la decisión adecuada con mi marido, pero no sin pasar por un periodo de angustia total para mí.     SI Tengo una pesadilla recurrente: que corro. A veces tengo que llegar a algún lado adonde voy atrasada, o a veces me persiguen. Pero siempre es un perpetuo impulso hacia adelante.     NO Dejo de hacer ejercicio cuando mi cabeza da muchas vueltas y necesito dejar de pensar, me cambia el switch; por eso lo necesito tanto.

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