No me pregunten por mi vida privada
pl1113, Felipe Braun

Reportajes y Entrevistas

No me pregunten por mi vida privada

Por Sofía Aldea / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Pablo Gálvez / Agradecimientos: Garçon García

Esta es la primera entrevista que da en casi dos años. Tras separarse de la actriz Mane Swett desapareció de la escena nacional y entró en el silencio mediático. Se fue a vivir a Colombia y ahora volvió con novedades: protagonizará una nueva teleserie y pronto será padre. Pero llegó blindado. Ante cualquier pregunta personal, salta a defender su territorio.”Solo hablo de mi vida profesional”.

Paula 1113. Sábado 19 de enero de 2013.

No se supo de él en un año y medio. ¿Qué había pasado con Felipe Braun? Estaba en Colombia. “Si en Chile se están haciendo 15 producciones, entre series y teleseries, en un año en Colombia se hacen 45. Estados Unidos manda a hacer muchas cosas ahí y existe un nivel de producción muy alto”, explica sobre la elección de ese país donde pasó el último año y medio. Dice que le encantó. Que allá trabajó como actor en la segunda temporada de la serie El capo (Fox) y Vengadoras (Sony) pero que lo más motivante fue que abrió en Colombia una oficina de contenidos audiovisuales. Se llama L90, –como el Teatro Lastarria 90 que formó hace años con su amigo y actual ministro de Cultura Luciano Cruz Coke– y está asociada a una reconocida productora de cine colombiana, Dínamo, que ahora incursionará en TV. En este emprendimiento piensa continuar sin abandonar sus nuevos compromisos en Chile, “estaré con una pata en cada lado”, resume.

Pero su temporada en ese país también fue una forma de marcar distancia. 2011 fue un año difícil para el actor que apareció involucrado en un confuso incidente con la actriz Begoña Basauri, a quien se indicó como la responsable de la ruptura matrimonial con Mane Swett. Sin embargo, Basauri dio a entender que no se había tratado de una infidelidad, sino que lo que había ocurrido había sido sin su consentimiento. Braun nunca aclaró los hechos.

En los estudios de TVN, el actor de ojos azules parece cómodo. Acaba de comenzar a grabar una nueva teleserie de mediodía, Los motivos de Julia, en la que interpreta a Emilio, un destacado cardiólogo que protagoniza un triángulo amoroso. Lo motiva ser parte de una historia de amor clásica. Y que, pese a todas las teleseries que ha hecho, es la primera vez que da vida a un personaje cuyo principal conflicto es una historia de amor.

“Desde Machos en adelante había vivido en una vorágine de teleseries que no me dejó tiempo para hacer las cosas que realmente me gustan. Entonces, en este año en Colombia me puse al día. Dediqué horas y horas a cocinar, algo que me fascina y que tenía muy botado”.

En una entrevista de 2004 contaste que tenías ganas de ser papá y que cuando eso ocurriera te gustaría dejar las teleseries para no exponer a tu familia. Ahora vas a tener un hijo, pero vuelves a las teleseries. ¿Cambiaste de opinión?
Mira, este tema es siempre muy delicado. Aparentemente hay mucha gente que se siente con el derecho de hablar de las vidas de las personas libremente. Ustedes los periodistas juegan con algo que yo encuentro súper curioso. Yo tengo un twitter abierto y la mayoría de la gente me hace preguntas y yo, la mayoría de las veces, las contesto. Y es muy poca la gente que me pregunta cosas personales. Diría que casi nadie. Nunca. Pero los periodistas tienen algo que tiene que ver con vender. Obviamente mi vida personal no está a la venta. No está dentro de eso y no la voy a meter nunca. Porque no tiene que ver con mi trabajo. Yo protejo mucho mi vida privada y ni en las buenas ni en las malas cuento nada. Muy pocas veces he contado algo personal, y si lo he contado me arrepiento.

¿Te arrepientes siempre?
Sí, totalmente. Es muy sencillo, y es que creo que a veces uno no tiene noticia simplemente. A mí hay cosas que me han preguntado millones de veces y no siento que haya novedad. Mi vida es tan compleja como la vida de cualquier persona y si tú quieres meterte en los detalles, seguramente puedes encontrar bastantes cosas. Pero no entro en ese juego, porque el juego no es honesto. Y no es honesto por el lado de nosotros, porque decimos lo que queremos, ni por el de ustedes, y ustedes ponen lo que les parece interesante.

 ¿Después de la acusación de la actriz Begoña Basauri te sentiste acosado por los medios?
No tengo nada que decir al respecto. No hablo de esos temas. Punto. Cada uno tiene su vida privada y hasta ahí llegan los límites. Me pregunto dónde se transforma en acoso. Creo que si te preguntan algo tienes el derecho de decir “no quiero contestar eso” y que ahí debería acabarse. Y no se acaba. Siempre va a haber alguien tratando de insistirte. Por eso no me extraña que haya personas que se salgan de quicio y les peguen a otras personas. Y lo encuentro espantoso, me carga la violencia. Lo encuentro pésimo. Algo no está funcionando y está haciendo que la gente se esté sintiendo agredida. Algo está mal y creo que hay que revisarlo. Y lamentablemente tiene que ver con el gremio de ustedes.

¿Tampoco quieres referirte a qué significa para ti la paternidad?
Absolutamente no. Sí, voy a ser padre y estoy muy feliz de serlo. Pero hasta ahí no más llega el tema. No hay nada más que contar.

Bueno, entonces hablemos de Colombia. ¿cómo fue ese año y medio allá?
Además de todo lo laboral que hice allá, fue muy entretenido. Desde Machos en adelante había vivido en una vorágine de teleseries que no me dejó tiempo para hacer las cosas que realmente me gustan. Entonces, me puse al día. Viajé harto, hice mucho deporte y le dediqué horas y horas a cocinar, algo que me fascina y que tenía muy botado. Una de las cosas que disfruté comer en Colombia son las hormigas culonas: riquísimas.

¿Eres bueno para comer?
Sí, soy súper bueno para comer. Pero ahora me estoy cuidando. No porque me importe engordar, porque me da lo mismo, sino que por el colesterol que ya me empezó a pegar, lo que es una lata. Pero me lo controlo con deporte, dieta y pastillas, porque también hay una causa genética.

¿Eres de comer chanchadas?
Sí. Me da por épocas. Soy de comer cosas grasientas, frituras, pero ya llevo un año y medio comiendo mucha fruta y verdura. En Colombia entré en ese rollo. También estoy metido con la comida casera, volviendo a las lentejas ricas.

¿Y eres bueno para tomar?
No, nada. Soy de comida. Pura comida.

 

SU LADO EMPRENDEDOR
Felipe Braun nació en Ciudad de México, pasó su infancia en Perú y volvió a Chile a los nueve años. Cuando salió del colegio estudió Comunicación Social en el Instituto Mónica Herrera, del que salió con un título de técnico en Publicidad. Luego entró a estudiar Teatro en la escuela de Gustavo Meza y en los 90 se convirtió en un cotizado galán de teleserie; ha hecho más de 25. Además, ha realizado talleres de guión en Cuba, cursos de dirección teatral en Barcelona y cine en Chile. Cada cierto tiempo, apuesta y prueba suerte en nuevos campos.

En 2001, junto a Luciano Cruz Coke, su amigo, socio y hoy ministro de Cultura, decidieron emprender y gestionar proyectos teatrales. Así nació Lastarria 90, que se consolidó como uno de los escenarios clave para el teatro emergente, con un sistema de gestión que permitió a jóvenes de compañías seleccionadas estrenar en forma gratuita en dicha sala. La vía de financiamiento –hasta antes de que Cruz Coke fuera ministro– venía de instituciones como el Fondart o empresas como Minera Escondida, que aportaban a través de la Ley de Donaciones Culturales.

Braun es muy amigo del actual Ministro de la Cultura, emprendieron juntos como socios en 2001, creando el Teatro Lastarria 90. “Luciano es un tipo con un ángel maravilloso porque las cosas que se plantea siempre le resultan. Y no conozco gente de derecha que tenga la pertenencia que él tiene con la cultura”.

Has trabajado como gestor cultural. ¿Cómo ves el panorama cultural chileno?
Tengo un balance súper positivo de Chile en ese sentido. No paramos de crecer. Y pasan los gobiernos y seguimos creciendo. No es que no tengamos problemas en las políticas culturales, tenemos hartos problemas, pero lo importante –igual que en la vida– es ir pasándolos y avanzar.

Particularmente en Lastarria 90, ¿les ha complicado mucho el estar inhabilitados para postular a fondos del Estado porque el socio ahora es ministro?
Por un lado ha sido complicado, porque es un proyecto muy exitoso y nosotros habíamos ayudado –hasta el año pasado pasado– a una cantidad de gente impresionante, y sin fondos del Estado ni el apoyo de Minera Escondida –que ya no trabaja con nosotros– se vino un poco cuesta arriba. Pero también siento que ya cumplimos con lo que queríamos hacer. Por otro lado también siento la libertad de que el proyecto pueda cambiar. Me encantaría que otra gente nos dijera “ya, sigamos para adelante”. Pero no sé qué va a pasar.

 ¿Cómo viviste el que tu socio y amigo ahora sea ministro?
La relación entre Luciano y la política es un tema que venía de siempre. Me parece muy interesante que alguien con quien tú planeaste muchas cosas esté ahora tomando decisiones que incidirán en las políticas culturales de los próximos 10 años. Yo sé que las modificaciones legales que él impulsa las hace con conocimiento. Luciano me sorprende, en el buen sentido de la palabra, pero también, como amigo, tengo miedo de que sea dañado, de que le den duro. Porque la política es pelea. No importa lo bien o lo mal que lo hagas, siempre vas a tener personas en contra. Entonces, al principio, obviamente estuve un poco preocupado, pero ahora estoy orgulloso de que ha hecho las cosas bien y de su muy buena aprobación. Luciano es un tipo con un ángel maravilloso porque las cosas que se plantea le resultan. Siempre. Y no conozco gente de derecha que realmente tenga la pertenencia que él tiene con la cultura.

¿Lo dices porque históricamente el ambiente del teatro y las artes ha sido un espacio más bien de izquierda?
Yo no soy de derecha. Soy cercano a la Concertación, incluso más de izquierda. Siempre ha sido así. Y creo que Luciano, siendo de derecha, ha sido sobrio y abierto. Dentro del mundo de la cultura no puede seguir habiendo tanto rollo. Creo que lo que importa es que las cosas, en el plano de la cultura, se hagan bien.

 

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