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22 septiembre, 2016
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Ojo con Christopher Murray

Hace un mes, le preguntaron al director artístico del Festival de Cine de Venecia, Alberto Barbera, a qué cineasta ponerle atención y él dijo que a un chileno que le había parecido muy talentoso y con un estilo similar a Pier Paolo Pasolini. Se refería a Christopher Murray (31) director de El Cristo Ciego, película que rodó en la Pampa del Tamarugal con un solo actor profesional; los demás, eran todos amateurs, gente de ahí. “Descubrí grandes actores”, dice sobre su apuesta.

Por María José Salas / Fotografía: Carolina Vargas / Producción: Paulina Wiegand


Paula.cl

“Mi película El cristo ciego trata sobre un hombre que está convencido de que puede sanar con sus manos a un viejo amigo de la infancia en el norte de Chile. Es emocionante que una película así haya tenido tan buena acogida en el Festival de Venecia, donde la presentamos a principios de septiembre. La sala estaba repleta; un lugar donde caben cientos de personas. Cuando finalizó la proyección nos aplaudieron de pie. Fue emocionante”, dice Christopher Murray de 31 años y pelo cobrizo, herencia de sus bisabuelos paternos que eran escoceses e irlandeses.

Y agrega: “No me quita el sueño la idea de éxito. Creo que es un estado muy transitorio. Tengo claro que hacer cine es una maratón, no una carrera de 100 metros. Lo tomo con serenidad”.

Su interés por el cine partió de adolescente, cuando junto a unos amigos del colegio arrendó una cámara mini DV, por 20 mil pesos los tres días, y se aventuró a dirigir un cortometraje que proyectó frente a amigos y familiares. La sensación le gustó. Estudió Dirección Audiovisual en la Universidad Católica, donde luego de titularse se quedó por cinco años haciendo clases de Espectáculo Audiovisual y siendo profesor guía de proyectos de título. Ha hecho tres películas. La primera, Manuel de Ribera, trata sobre un hombre que llega a vivir a una isla deshabitada. La segunda película, Propaganda, es un seguimiento documental a la campaña presidencial de 2013. Y la última, El Cristo Ciego, que ahora se encuentra en el Festival de San Sebastián.

Aunque nació en Santiago y siempre vivió en La Reina, en sus películas Murray sale a explorar. Manuel de Ribera la filmó en una isla de la zona austral y El Cristo Ciego en el desierto. “Me interesa salir de lo conocido. En un país tan dramáticamente centralizado como el nuestro, creo que es un aporte salir a buscar talentos en otras zonas. Salir de la capital genera un clima de concentración y vínculo con el equipo y con el lugar donde se está creando, que no se da en Santiago. Mi ánimo apunta a entrar en comunidades de diferentes partes de Chile y desde ahí contar historias”, explica.

Dos años recorrió solo el norte de Chile para dar con el lugar donde filmó su última película. Supo que lo había encontrado cuando llegó a la Pampa del Tamarugal. “Me cautivó por completo: es un lugar muy magnético, por varias razones. Primero, hay ahí un mundo religioso potente; también está la riqueza de la gran minería y el impacto que esta tiene, y la fuerte ola de inmigración que hay en esa zona y el tráfico de drogas, sobre todo de pasta base. Ese cruce de realidades en las comunidades que conforman la Pampa, como La Tirana, Huara, Pisagua o Pozo Almonte, genera historias de vida muy potentes que deben ser contadas. Muchas de ellas son parte de la película”.

Llama la atención que en la película solo el protagonista, Michael Silva, es un actor profesional. Todos los demás son actores amateur que consiguió en el norte. “Fue un trabajo muy lindo, en conjunto. Con ellos vi parte del guión y el vestuario, aportaron mucho. Sus experiencias de vida fueron fundamentales para crear esta película. Es fascinante ver que alguien no profesional logre trasmitir tanta naturalidad y espontaneidad en la actuación. Creo que descubrí a grandes actores”.

Al momento de esta entrevista, Murray estaba partiendo a Inglaterra, a estudiar Antropología Visual en Manchester. “Todo lo que he realizado tiene como factor común el trabajo en comunidades, con la realidad. Eso me inspira. Allá voy a aprender cómo hacer etnografía con herramientas audiovisuales, para registrar de mejor manera las distintas realidades de Chile cuando vuelva”, dice.

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