Para mi mamá

Reportajes y Entrevistas

Para mi mamá

Por Paula.cl

Invitamos a nuestras lectoras a compartir la foto favorita junto a sus mamás para homenajearlas en su mes. Este es el resultado.

“Esta foto es en Consistorial, un balneario de la Quinta Región que ha sido el lugar de veraneo por más de cuatro décadas en mi familia. Desde pequeña he escuchado las historias de mi mamá acerca de lo bien que lo pasaba ahí a mi edad. El año pasado fue un año lleno de desafíos, de trabajos internos y un sin número de caídas. Idas a varios psicólogos hasta encontrar el especialista que realmente me pudiera ayudar. Y mi mamá estuvo siempre acompañándome. Ella es una mujer fuerte, valiente, resiliente. Hemos pasado épocas sin ni uno, pero siempre se las ha ingeniado para que a mí y a mi hermano no nos falte nada. Nuestra relación es el lazo más fuerte que tengo en mi vida. Lo sé porque existen ocasiones en las que estoy triste por algún motivo, y en ese preciso momento recibo un mensaje o llamado de ella. Es como si por magia intuyera que algo me pasa”. Paula Molina.


“Hace un tiempo decidí irme de Chile para expandir todas mis fronteras, tanto intelectuales como geográficas. Y mi gran dolor es estar lejos de mi mamá. Nuestra relación siempre fue compleja. Ella quedó viuda con tres hijos adolescentes sin cumplir aún 50 años, siendo yo la más chica y, al parecer, la más complicada. Crecer sin mi papá, que era mi héroe, fue muy complejo para mí. Siempre renegué el parecerme a ella, y por muchos años nuestras discusiones fueron por las grandes diferencias que teníamos al entender las cosas. Reconozco que no soy una persona fácil de llevar, y ella a la vez tiene un carácter bastante marcado. Con los años y el tiempo, nos hemos ido dándonos el espacio para ser tal cual somos y querernos así. Para mí ella es mi gran orgullo, al ser mamá y papá de golpe. Sin tener nada previsto. Con la distancia, me he dado cuenta que siento que cada vez me parezco más a ella. En lo cotidiano percibo muchas cosas suyas, y me encanta. Lo único que espero es poder volver a vernos pronto, aunque, paradójicamente, estar lejos nos ha unido aún más”. Natalia Campos


“Esta foto es en la Isla de Maipo, en la casa de mis abuelos maternos. Mi mamá tenía 21 años y yo estaba en mi primer año de vida. La relación con mi mamá siempre ha sido buena, pero hemos tenido momentos altos y bajos. Ella es protectora, pero no exagerada, y siempre me ha dado las alas para volar y realizarme en lo que necesite y quiera. Es mi consejera y trata de que con mi hermana chica tengamos las herramientas necesarias para ser buenas personas”. Valentina Sepúlveda.

“Mi madre sufre de Parkinson hace 10 años, una enfermedad ruda, dolorosa y agotadora para el enfermo y su familia. La foto es de  septiembre de 2018, en Puerto Madero, luego de una semana de exámenes en un hospital de Buenos Aires. En ese viaje nos dieron la noticia de que mi mamá es candidata a una operación que puede transformar su calidad de vida. Además, por primera vez tuvimos vacaciones, descansamos y paseamos. Fuimos libres. Mi mamá fue madre soltera, carga social no menor, y nos educó con valores y fortalezas que agradezco. Ella es la menor de 10 hermanos, descendiente de italianos y alemanes, imaginarán su carácter. Fue profesora por 30 años, y no solo crió a sus dos hijas, sino que también educó y formó a muchas generaciones de niños como lo hacían las profesoras antiguas, era mamá/profesora. Trabajaba tres jornadas para que no nos faltara nada en casa. Sola adquirió su casa propia, nos educó y enseñó que en la vida nada es regalado y que “todo llega a su debido tiempo sí se es paciente y perseverante”. Constanza Freire.

“En esta foto debo haber tenido unos 6 años. Recuerdo todo: era el cumpleaños de un tío, y los adultos disfrutaban de la buena mesa, cigarrillos y música, mientras los más pequeños jugábamos y nos reíamos de cualquier tontera. No recuerdo quién nos sacó la fotografía, pero sí que mi mamá nos obligó a quedarnos quietos junto a mi primo para poder plasmar el momento. Nosotros queríamos sólo jugar, ya que eran pocos los momentos donde teníamos permiso para quedarnos despiertos hasta la madrugada. Recuerdo el calor de los abrazos de mi madre, una mujer muy liberal y atrevida para su época. Siempre decía con fuerza lo que le gustaba y lo que no. Con un corazón gigante para ayudar al afligido, aunque no tuviera nada material para entregar, se las arreglaba para ayudar de alguna manera a quien lo necesitara. Sin temor a hacer el ridículo, nunca pasó desapercibida en ningún lugar. Mucha gente la reconocía en una ciudad pequeña como lo era Punta Arenas en los años 80. Mi madre falleció cuando yo tenía 22 años, de un cáncer rápido y fulminante. Hoy tengo 34, y lo que dejó en mí como legado es: “vivir libre, empoderada y feliz”. Eso es lo que intento transmitir a mi hijo día a día. No hay dolor más fuerte que ver partir a tu mamá tan joven, y con tanto por hacer aún. Sin embargo, aprendemos que el amor se transforma en tiempo y espacio, y que nunca muere porque los recuerdos mantienen vivos a quienes adoramos”. Cristal Ovando.

“La foto es del año 1995 en un lugar que se llama Cerro Sombrero, ubicado en Tierra del Fuego. Llegamos ahí a vivir por una promesa de joven enamorado que mi papá no tuvo más remedio que cumplir. Mi mamá se estaba reencontrando con su tierra natal después de casi 15 años lejos, y como familia estábamos viviendo una etapa que nos marcaría la vida de una forma increíble. Ella es el cerebro y corazón de nuestra familia, compuesta por mi papá y yo. De joven marcó la diferencia en su familia, siendo  la primera mujer universitaria. Sé que hoy en día le da pena que nos separen miles de kms., pero en parte estoy haciendo una de las grandes cosas que me han enseñado ella y mi viejo: seguir con convicción y corazón las cosas que una cree y sueña”. Daniela Inzunza.

“Esta es mi mamá conmigo cuando yo tenía una semana de vida. En esa época vivíamos con mi hermano mayor en la casa de mi tía Olga, hasta que cumplí ocho meses. Mi papá en ese tiempo  trabajaba en Rancagua y vivimos separados hasta que mi viejo pudo comprar una casa. Debo decir que mi mamá es una mujer ejemplar y buena del alma. Es una mujer que no ha tenido una vida fácil, le ha costado mucho, pero con su amor y los pocos estudios que tenía -llegó hasta Tercero Básico-pudo lograr que sus tres hijos tuviéramos estudios superiores. Yo soy matrona de la Universidad de Chile. Cada vez que hemos necesitado algo mueve mar y tierra para ayudarnos y apoyarnos. Ha sufrido por nosotros y también ha celebrado nuestros triunfos. Creo que ella representa el amor hacia sus hijos, y esta foto es un reflejo de ello. Estoy eternamente agradecida de lo que soy gracias a ella”. Catalina Beltrán.

“Mi mamá es colombiana, y le dio el toque costumbrista, alegre y rumbero a nuestra familia. Nació en Colombia y creció junto a sus otros seis hermanos, todos criados en una finca por sus padres y su tía. A pesar de haberse ido muy chica de su casa para poder estudiar, siempre me ha contado que tuvo una infancia sencilla y feliz. Uno de sus recuerdos recurrentes es que en las mañanas con su papá siempre iba a tomar leche de vaca. Eso para ella es la parte linda de la vida; las cosas más simples. Actualmente lleva casi 32 años viviendo en Chile, y siempre que puede “vuelve a su tierra”, como ella dice. La foto es de nuestro primer viaje solas a Colombia, al que la invité como regalo de cumpleaños en 2013. Fuimos a San Andrés y pasamos el mejor tiempo madre e hija: recorrimos toda la isla, descansamos, y nos reímos como nunca”. Alejandra Martínez.

“Me gusta mucho esta foto, debe ser del año 1995. Yo tenía 3 años y mi mamá 27. Probablemente fue sacada cuando vivíamos en Londres junto a mi papá y dos de mis hermanos. Creo que la relación con mi mamá se basa mucho en el humor. Nos encanta pasar tiempo juntas, conversar de la vida y reírnos de nosotras mismas. Mi mamá es una mujer fuerte, con una confianza envidiable en sí misma y con una enorme capacidad de amar y ser amada. Agradezco mucho haber sido criada por una mujer así. Ella me enseñó a ver todas las posibilidades que uno tiene como mujer e hija”. María José Peralta.

“Cuando tenía 3 meses de vida, mi papá falleció en un accidente. Eso hizo que la relación con mi mamá fuese muy estrecha, era una relación maternal pero también de amistad y complicidad. Me acuerdo que nos gustaba mucho vestirnos iguales, por lo que si encontrábamos alguna prenda en talla para las dos, no dudábamos en comprarla. Mi mamá lamentablemente falleció de cáncer en mayo del año pasado, y este será mi primer Día de la madre sin ella. Me gusta recordarnos así, disfrutando de compartir el mismo look”. Javiera Escala.

“Mi mamá es la tercera de 11 hermanos, pero la primera mujer. De pequeña le tocó cocinar y cuidar a sus hermanos, de pequeña le tocó crecer. A penas pudo comenzó a trabajar, incluso sin haber terminado sus estudios, con el objetivo de buscar mejores oportunidades. A los 22 años conoció a mi padre. Después de una relación de cuatro meses se casaron. Ella era muy joven, pero era lo que estilaba en esos años. Pronto vino mi hermano, que nació de 6 meses con un embarazo complicado, y el mismo año, solo 11 meses después,  llegué yo. No estaba en los planes, la llegada de mi hermano mayor fue compleja por ser tan prematuro. A mi mamá le tocó verlo solo a través de la incubadora durante muchos meses, sin poder tocarlo ni amamantarlo. Dice que cuando supo que me estaba esperando, lloró a mares. Su experiencia como madre hasta ese momento había sido muy sufrida y no quería volver a pasar por lo mismo. En esta foto yo tenía 8 meses y mamá bordeaba los 25 años. Mi madre siempre fue una SuperMamá que hace y da lo que no tiene por su familia, trabajó de igual a igual con mi papá superándolo muchas veces en horas y carga de trabajo. Se las ingenió para buscar oficios compatibles con la crianza en casa. Siempre quiso darnos las oportunidades que a ella le fueron escasas. Hoy tengo 33 años y soy madre de dos hijos, sus primeros nietos. Disfruto con el alma verla sonreír con ellos y eso me hace sentir muy agradecida”. María José Muñoz.

 

“Mi mama es una mujer con una fortaleza impresionante. Su nombre es Marcela y es una de las pocas personas que conozco que ha sido capaz de cambiar su destino. Ella es adoptada y vivió periodos de mucha pobreza, sin embargo, a punta de esfuerzo y determinación, logró salir adelante, ir a la universidad y convertirse en una ejecutiva tremendamente exitosa. Mi mamá es única. Se ha deslomado por sacarnos adelante completamente sola y jamás se ha quejado, pese a que a veces pueda estar muerta de cansancio. Solo prende el calientacamas, se toma una copa de espumante y agradece. Por eso ella es mi inspiración y mi máximo orgullo”. Marcela Céspedes 

 

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