El poder del rosa

Reportajes y Entrevistas

El poder del rosa

Por Florencia Sañudo / Fotografías gentileza Fashion Institute of Technology

Desde la perspectiva moda, la década del 1920 se caracteriza por la aparición del ‘little black dress’ de Cocó Chanel, pero también vio un aumento de la popularidad de toda una gama de rosas, coronada por el célebre rosa ‘Shocking’ de Elsa Schiaparelli (1890-1973), a finales de los años 1930.

El color rosa provoca sentimientos de atracción y rechazo, hay quienes lo encuentran alegre y relajante, otros lo juzgan infantil y cursi. De hecho, se lo considera uno de los colores más divisivos. “Por favor, hermanas, huyan del rosa”, instó la periodista Petula Dvorak del Washington Post cuando supo que decenas de miles de manifestantes planeaban usar gorros de ese color en la Marcha de las Mujeres de 2017. “Los problemas que enfrentan las mujeres son demasiado serios como para trivializarlos usando gorros rosados con orejas de gatito”, decía. Sin embargo, ¿qué otro color se identifica tanto con un género como el rosa con el femenino?

Femenino y unisex

Aunque el rosa se asocia con niñas pequeñas, bailarinas y todo lo femenino, el estereotipo de rosa para niñas y azul-celeste para varones recién se estableció en Occidente a mediados del siglo XX. En realidad, el simbolismo del rosa varió mucho a lo largo de la historia y de las civilizaciones. Al colocar ropa rosada para hombres, mujeres y niños en diferentes contextos históricos y culturas, la exposición del FIT intenta demostrar que es la sociedad la que define y da sentido a un color.

A través de una variedad de ejemplos de ropa rosada tradicionalmente ‘de mujeres’, la muestra ilustra la feminización del color en el siglo XIX y cómo aún en sus diferentes tonalidades, evoca ideas dispares sobre la feminidad. Por ejemplo, alrededor de 1900, el rosa pálido encarnaba una figura delicada y aristocrática, mientras que el rosa cereza vehiculaba una imagen osada y más vulgar. Desde la perspectiva moda, la década del 1920 se caracteriza por la aparición del “little black dress” de Cocó Chanel, pero también vio un aumento de la popularidad de toda una gama de rosas, coronada por el célebre rosa “Shocking” de Elsa Schiaparelli (1890-1973), a finales de los años 1930.

Yves Saint Laurent para Christiann Dior, 1960.

Tras la Segunda Guerra y su penuria vestimentaria, la década de 1950 se reconoce como la era de la “mística femenina” cuando los estereotipos de género se reforzaron en toda la sociedad: los soldados volvieron a sus trabajos y las mujeres al hogar. Fue en esos años que despegó realmente la codificación del rosa para el género femenino. En la década de 1960, sobre todo en la primera mitad, la ropa rosa, especialmente para niñas y jóvenes, siguió siendo popular, en cambio, en los años 70, los del surgimiento de la moda unisex, si bien hizo su aparición el rosa fluorescente (junto a todos los colores flúor de la estética pop), se registró una disminución en su uso.

En la segunda parte de la exposición se resaltan los conceptos clave en la historia del rosa. La primera sección, Pompadour Pink, presenta varios conjuntos del siglo XVIII, incluyendo un vestido estampado sobre fondo rosa, un traje y una túnica de entrecasa para hombre, ambos en rosa, prendas que demuestran cómo, en la Europa de ese entonces, era un color unisex, nuevo y muy de moda. “En el siglo XVIII, era perfectamente normal que un hombre usara un traje de seda rosa bordado de flores, incluso se consideraba ese color como ligeramente masculino por ser un diminutivo del rojo, un color de guerra, varonil”, explicó Valerie Steele directora del museo y curadora de la muestra, al semanario The Atlantic.

Otra sección expone la codificación de género rosa versus azul para la ropa de niños, una división que si hoy en día nos parece evidente, a finales de 1920 aún era incierta. Curiosamente, se concluye que una de las razones que empujaron a esta definición habría sido la popularidad que rodeó a la compra de dos pinturas del siglo XVIII por el millonario norteamericano Henry Huntington: The Blue Boy (de Thomas Gainsborough) en 1921, por una suma equivalente a 8.5 millones de dólares de hoy y Pinkie, el retrato de una niña (de Thomas Lawrence), seis años más tarde, por una cantidad presumiblemente similar. “Las adquisiciones de Huntington fueron muy publicitadas por la prensa americana y la gente comenzó a pensar que desde hacía siglos el azul era para los niños y el rosa para las niñas, lo que no era así”, explicó la curadora a la cadena de TV CNN.

Comme des Garçons, “18th Century-Punk” Collection, O/I 2016.

Rosa sexi

Asimismo, la exposición pone el rosa en un contexto global, explorando cómo es utilizado en las culturas no occidentales. En India, por ejemplo, los hombres usan tanto el rosa como las mujeres e incluso Diana Vreeland decía que “el rosa es el azul marino de India”, mientras que en México el tono Rosa Mexicano se asocia con la identidad nacional. Algunos diseñadores occidentales se inspiraron en estas culturas, como Elsa Schiaparelli para quien su rosa Shocking estaba explícitamente asociado con Asia y América Latina.

En otra parte de la muestra -Rose / Eros y Pink: The Exposed Color- se presentan prendas de lencería, corsés y vestidos de noche y se exploran las connotaciones eróticas del rosa. Entre las razones por las que en Occidente es considerado un color erótico, en particular el rosa-beige, es por su similitud al color de la piel caucasiana, que evoca la idea de la desnudez y con la que se lo asocia. Y en cosmética, aún en nuestros días, se usa el blush para simular el rubor, esa tonalidad rosa naturalmente producida por el aumento de la circulación sanguínea y de la temperatura de la piel en el estado de excitación sexual.

Otra galería muestra cómo los diseñadores contemporáneos desafían cada vez más las ideas tradicionales sobre la feminidad como Rei Kawakubo, la diseñadora radical de Comme des Garçons, quien ha sido especialmente influyente a través de sus colecciones “Biker / Ballerina” y “18th-Century Punk”.

Comme des Garçons, Primavera 2018.

Niñas de rosa, varones de azul…

A lo largo de la historia a los bebés se los vestía de algodón blanco, la mejor opción ya que podía lavarse y luego aplicarles un producto blanqueador. El color comenzó a aparecer tímidamente en el siglo XIX. A fines de ese siglo y a principios del XX, los niños y niñas vestían tanto rosa como azul, e inclusive en algunos libros y artículos norteamericanos e ingleses de entre 1890 y 1920 se aconsejaba el celeste para las niñas y el rosa para los varones. Como el blanco, los pasteles eran más lavables que los colores fuertes y acarreaban asociaciones simbólicas de inocencia y pureza, (el azul para las niñas se consideraba lo apropiado por la tradicional asociación del color con la Virgen María), pero como hasta finales del siglo XX era imposible predecir el sexo de un niño por nacer, por razones prácticas la mayoría de los guardarropas infantiles eran neutros.

Bailarinas en rosa, (1880), Edgar Degas.

En la década de 1930 -gracias en parte a las pinturas “Pinkie” y “The Blue Boy” el rosa para las niñas y el azul para los niños comenzó a convertirse en la norma en Estados Unidos, aunque se siguió usando rosa para los varones hasta la década del 50. A mediados de los años 60, el vestuario unisex se volvió a poner de moda, por razones tanto ideológicas como prácticas, se vestía a las niñas como varones y en cualquier color menos rosa. Esas mismas niñas crecerían y en la década del 80 y 90 terminaron envolviendo a sus propias hijas en rosa de la cabeza a los pies.

Jacqueline Kennedy en un vestido rosa Christian Dior en una cena en homenaje a André Malraux.

Pink: The History of a Punk, Pretty, Powerful Color, Fashion Institute of Technology, Nueva York, del 7/9/18 al 5/1/19

 

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