Postnatal compartido: ¿Qué estamos haciendo mal?

Reportajes y Entrevistas

Postnatal compartido: ¿Qué estamos haciendo mal?

Por Victoria Misito / Fotos Constanza Miranda

Las cifran hablan por sí solas. Según el último balance de la Ley de Postnatal Parental, realizado en octubre del año pasado, 1.566 trabajadores han postulado a los permisos, es decir, solo un 0,2% de los derechos han sido traspasados a hombres. Este número mantiene en alerta al gobierno, que para este Día del Padre lanzó una campaña con la intención de fomentar las responsabilidades compartidas en el cuidado de los hijos. Sin embargo, las razones por las que ellos no acceden a este beneficio están lejos de ser la falta de ganas. Se trata de un problema mucho más profundo. Un problema que responde a estereotipos, roles de género, brecha salarial. Y que si se busca solucionar, requiere de un radical cambio cultural.

6 de octubre de 2011, comuna de La Florida. En un acto público, el presidente Sebastián Piñera promulga la ley que extiende el postnatal a seis meses. Las madres, gracias a este beneficio, podrán optar a 12 semanas adicionales de jornada completa de descanso y un tope de subsidio de 73,2 UF (equivalentes a $2.198.000) o a 18 semanas trabajando media jornada con un 50% de subsidio. Además, se podrá traspasar hasta un mes y medio de jornada completa al padre. Y si esto ocurre, el subsidio correspondiente se calculará en base al sueldo de él.

Casi ocho años después, son las dos de la tarde y el arquitecto Branko Halat (40) comparte con su hijo de un año, a quien apodan Brankito, en su departamento. Desde que nació se prometió a sí mismo escaparse a la hora de almuerzo para estar con su familia, compuesta también por su mujer, Cecilia Ortiz (38). A su alrededor se encuentran los miles de documentos que tuvieron que hacer para ceder el permiso de postnatal parental, las últimas tres semanas de éste. Desde que se enteraron de la promulgación de ley, aunque no estaban convencidos de ser padres, sabían que si lo hacían, optarían por este derecho. Branko quería ser un papá presente. Y los dos creían en una crianza compartida. Sin embargo, ninguno sabía la odisea que implicaría tramitarlo.

Cuando nació Brankito, en agosto del 2018, Branko se tomó el permiso de cinco días pagados por el empleador. Y, además, otros cinco administrativos. Estuvo dos semanas en su casa. “Para mí fue terrible tener que separarme de mi mujer y mi hijo después de eso. Veía a mi esposa adolorida post cesárea y no quería dejarle toda la carga a ella. Sentí mucha rabia por el poco tiempo que tenemos los hombres para involucrarnos con la crianza. Y eso que yo pude disfrutar del doble que el resto”, recuerda. Frustrado, volvió a su trabajo, pero con la esperanza de que en enero regresaría a su casa, ya que Cecilia le traspasaría las últimas tres semanas de su postnatal, aprovechando que ella, como es profesora, tiene vacaciones irrenunciables en el verano.

Branko forma parte del equipo de arquitectos a cargo de la infraestructura de una universidad y, como es funcionario público, quiso tramitar el permiso con bastante tiempo de anticipación. “Recuerdo que me metí a internet a averiguar y me encontré con la sorpresa de que no aparecía casi nada. Tuve que descargarme el Código del Trabajo y revisarlo completo. Después hablé con recursos humanos y como era el primer hombre en acceder a este beneficio, no sabían cómo se hacía. Fui a mi Isapre, donde me explicaron que tenía que escribir una carta con la solicitud. El problema es que no disponían de ninguna guía para hacerlo, así que bajé una que encontré por internet. Cuando la entregué en mi trabajo, me dijeron que no podían recibirla ya que debería haber avisado antes de que se terminaran los primeros tres meses de postnatal de mi esposa. Volví a la Isapre, me comentaron que era cierto, que ya no lo podía tomar. Insistí, exigiendo que me mostrarán en qué parte se señalaba eso. Y se retractaron, ya que aún podía tramitarlo. Nuevamente regresé a recursos humanos, me volvieron a decir que no podía y así estuve rebotando durante dos meses”, cuenta.

El cinco de enero de 2019 Branko volvió a su casa durante tres semanas. “En ese momento sentí una gran admiración por mi mujer. Estar solo con una guagua es súper agotador y demandante. Cuando estuve ahí, pudimos definir nuestros roles y hacer un trabajo mucho más equilibrado”. Aunque siente que no fue el tiempo suficiente, asegura que al menos le sirvió para saber lo que implica estar todo el día dedicado al cuidado. Y después de esa experiencia, asumió un rol mucho más activo en su casa. “Hicimos una especie de posta. Yo lo cuido de seis de la tarde hasta las seis de la mañana y ahí hacemos relevo. Como Brankito tiene problemas con el sueño, me hago cargo de él toda la noche para que la Cecilia lo pueda hacer durante el día. Una vez que despierta, le preparo desayuno a mi señora y vuelvo todas las tardes a cocinarle el almuerzo. Yo me quiero desprender de esa imagen machista que ridiculiza la crianza en los hombres”.

Historias como las de Branko son casi imposibles de escuchar. Y las cifras lo avalan: él forma parte del bajo 0,2% de los hombres que solicitó el permiso de postnatal parental el 2018, es decir, se encuentra dentro de los 63 padres que hicieron uso de este derecho. ¿Qué es lo que realmente está pasando? ¿Por qué, pese a que estén las facilidades, las familias no acuden a esta posibilidad de pos natal compartido?

Carla Rojas, directora académica del diplomado en Recursos Humanos y perspectiva de género de la Facultad de Negocios de la Universidad de Chile, lleva años investigando sobre los roles de género en el trabajo. “Hay que partir de la base de que estamos en una sociedad patriarcal machista. Mujeres y hombres lo somos. Y por lo tanto, los comportamientos de cada uno responden a esto. El cuidado está lejos de ser la excepción. Me ha tocado conocer diferentes casos de hombres que inventan que tienen que ir al doctor en sus oficinas, cuando en realidad tienen que llevar a sus hijos, por miedo a que los tilden de ‘macabeos’ o les pongan problemas”, dice. Según la experta, una de las grandes falencias es que las políticas públicas responden a estos estereotipos y no buscan derribarlos. “Los países desarrollados han logrado sobrellevar el tema de la participación laboral femenina y aumentar su tasa de natalidad gracias a que cuentan con leyes que apuntan a corresponsabilidad, a un cuidado compartido. En el caso de Chile, la única manera de que el hombre también se haga cargo es con la renuncia de la madre a su postnatal. Es el uno u el otro, cuando debería ser el uno y el otro”, aclara.

Sin embargo, la solución no está en hacer responsable a los dos padres; se trata de un problema que requiere de cambios más profundos. Para Rojas, otra de las grandes razones que explican el por qué los hombres no acuden a este permiso se debe a que en las empresas todos los valores de una persona están puestos en su producción. “Acá vivimos con la cultura del 24/7. El mejor trabajador es que el está más presente y eso provoca que nadie quiera ausentarse por unos meses. Usualmente los empleados están siendo sobre exigidos y este tipo de permisos dejan de estar a su voluntad. Si te vas, quedas fuera. Y es un error pensar que trabajar más tiempo asegura mayor producción. Está demostrado que los países que más producen son los que tienen mayor calidad de vida para sus empleados. Nosotros no logramos esas metas por la cantidad de horas que trabajamos. El chileno no es flojo, el chileno está cansado. ¿Cómo una familia que vela por la corresponsabilidad va a poder mezclar ambos mundos?”, dice. Y agrega: “Esta visión sobre el mundo laboral provoca que la maternidad sea castigada y, por consecuencia, lleva a una baja participación de mujeres en el mercado y la descarada brecha salarial. Porque ningún empleador quiere contratar a alguien que tenga más de una responsabilidad”.

El caso de Marcelo Sandoval (43) refleja muy bien esta realidad, quien es uno de los 220 hombres que en 2015 accedió al postnatal parental. Fue para hacerse cargo del cuidado de su tercera hija, Josefa, durante el sexto mes de postnatal de su ex pareja, Judith Peñaloza. Al igual que Branko, quería estar más presente en la crianza, cosa que no pudo hacer en el nacimiento de los dos primeros ya que no existía este permiso. Pero a pesar de su voluntad, también le costó meses conseguirlo. “La información no estaba al alcance y si la encontrabas, era difícil de entender. Nada estaba explicado directamente. Además, en la isapre estaban súper perdidos, mucho más que mi empleador. No conocían bien la ley y tampoco cómo aplicarla”, recuerda. Sin embargo, reconoce que lo tuvo que pensar bastante. “Yo me desempeño en el área de ventas de una multitienda y el retail es súper competitivo. Me daba miedo desaparecer por un tiempo y sentir que podía estar en desventaja a la vuelta”, dice. Lo insólito es que, además de querer formar parte de los primeros meses de vida de su hija, decidió acceder a este permiso porque Judith necesitaba volver a la oficina, ya que compartía el mismo temor que Marcelo. Cuando entró a trabajar al banco donde se desempeña actualmente, quedó embarazada y al año estaba de postnatal. No pudo evitar sentir culpa por estar ausente durante ese tiempo, así que acordaron hacer un traspaso para que se ‘afirmara’ en su puesto laboral.

Lo que dicen los expertos

La psicóloga de niños y adolescentes, y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Chilena, Lilian Hitelman, asegura que no le extrañan las cifras. Muy por el contrario, dice que la impresionarían si es que fuesen muchas las mamás que están dispuestas a ceder su postnatal. Para ella es importante que el padre se reintegre al cuidado desde temprano, pero no en reemplazo de la madre. “Lo más beneficioso para el hijo es que permanezca el mayor tiempo posible con su primer cuidador, ideal hasta los seis meses, y que después se vayan introduciendo distintos personajes. Esto porque al principio las guaguas solo tienen ojos para una persona y necesitan aprender a comunicarse con ella o él, dependiendo del caso. Que exista un cuidador principal les genera seguridad, constancia y entendimiento”, explica.

Sin embargo, esto no quiere decir que los padres no deben estar presentes. “Antes se pensaba que ellos eran solamente un sujeto separador de la relación madre e hijo, pero también se ha visto que es súper importante como sujeto de identificación. Aunque la guagua requiera de una figura principal, el padre debe cumplir con el rol de sostenedor de esa diada. Para que la madre pueda hacer un buen maternaje necesita de la contención de él. Y saber que si a veces está cansada, va a haber otro que la puede suplir. No se trata de apoyar a la mujer, sino de apoyar el vínculo entre ella y el hijo”, asegura.

Según la experta, existe una gran diferencia en el desarrollo de un niño cuando su padre está o no presente. “Que estén los dos cuidadores ayuda mucho a la salud mental del hijo. El año pasado hice un estudio sobre los trastornos alimentarios y cómo la ausencia del padre influye en estos casos. El hecho de que no esté, puede provocar que las niñas crezcan sin confianza y seguridad en sus recursos. Sin embargo, siento que ahora están mucho más involucrados. He visto cómo ha ido aumentando su participación en el cuidado y cómo se alejan de esa imagen de padre que solo está disponible para la diversión”.

Carla Rojas no está de acuerdo con esto. Para ella es un error afirmar que los jóvenes están dispuestos a generar un cambio. “La mujer avanzó, se reincorporó a los estudios, al mundo del trabajo, pero ellos no se han emancipado en el hogar. E insisto con que esto es a causa del patriarcado. Los hombres deben demostrarse entre ellos mismos quién es más hombre y la crianza no forma parte de esos requisitos”. Para llegar a estas conclusiones, la experta realizó un experimento con alumnos de primero año de la Universidad de Chile y otros de cuarto básico de diferentes establecimientos. El ejercicio consistió en preguntarles qué significaba para ellos ser un hombre exitoso y una mujer exitosa. En ambos casos la figura masculina fue asociada al trabajo, al dinero, los autos, las amantes y en segundo plano, a la familia. Y la figura femenina a una mujer que las hace todas, que trabaja y que además es una mamá presente. “Es un engaño pensar que las nuevas generaciones serán distintas, porque el estereotipo se marca a muy temprana edad. Y si no hay un buen ejemplo en la casa, la historia se volverá a repetir”, asegura. “El tema es que esto también se trata de una cadena que tiene que ver con el sistema, no sólo con lo doméstico. No sirve de nada criar a un hijo bajo la corresponsabilidad si después, al ingresar al mundo laboral, se encontrará con un mundo que no se lo permita. El cambio debe ser ahora, pero no sacamos nada haciendo uno superficial. El cambio debe ser profundo”.

Seguir leyendo